3.4.13

IMPERIO: Daño Colateral


Historia: Rodrigo Roa.


Acto I: El Nuevo Orden

Bitácora 20JM13, año 2 DD:

Mi nombre es J. Monroy. Asumí la Dirección de “The Wall” justo antes de que esta guerra comenzara, y en estos meses tuve que tomar algunas de las decisiones más difíciles de mi vida.

Ahora, cuando la devastación ha concluido, miro hacia los días pasados y creo que hemos estado haciendo lo correcto. La devastación terminó, si... pero la guerra no.

Ahora somos O.M.E.N. No más “Departamento de Asuntos Extraordinarios”, no basta. Ya no pertenecemos a ningún país, sino que a todos. Ahora somos globales. Hemos reemplazado a la ONU, porque quedó demostrado cuán obsoleta estaba, desde hace mucho. Los nuevos tiempos requieren  de una Organización moderna, que se anticipe a los hechos, y que se ocupe de los eventos realmente importantes.

Somos la Organización Mundial para Eventos Notables, y a partir de aquí, tomaremos las riendas de este mundo, al menos hasta que los líderes mundiales y los pueblos sean capaces mantener el control y la paz por sí mismos...

No lo haremos solos, para nada. Los representantes de las naciones que pretenden la paz serán nuestros principales aliados. Los metahumanos que protegen a la población mundial, los siguientes en la lista.

Ya hemos comenzado nuestro trabajo conjunto. Partimos con la limpieza de los residuos radiactivos en lo que alguna vez fue Londres, Tokyo y el sur de Eria. Gracias a las habilidades de algunos, la información de otros y el genio científico y místico de nuestros hombres, hemos diseñado artefactos y contenedores que extraen y conservan la radiactividad fuera del alcance de los humanos comunes y corrientes. Estos contenedores serán los objetos más peligrosos del mundo por un tiempo, pero permitirán que a mediano plazo, la gente pueda volver a vivir allí.

Los Pershings, armas del Imperio, fueron desactivados gracias a la “señal de la muerte” que enviamos a los gobiernos del mundo. Perdimos Internet, que cayó en manos de The Cluster durante la guerra, así que entrar allí es muy peligroso... Lo clausuramos, y como red alternativa abrimos nuevos servidores de la Alternet que crearon los de Ultra Force, con la esperanza de que se convierta en la nueva plataforma pública de información global que nos conecte a todos, más limpia... más sana. A través de ella enviamos la señal, para su uso voluntario. Aparentemente, todos los países invadidos la activaron, y los Pershings ahora están fuera de servicio...

También hemos comenzado a ejecutar planes mucho más ambiciosos... El mundo es un lugar mucho más duro ahora...

Ya se construye una red de Refugios para metahumanos, a los cual tendrán acceso todos quienes sean parte de su comunidad, y aquellas personas que ellos lleven hasta allí, para su protección. Se construirán varios de estos centros, distribuidos por el mundo, pero sólo ellos y nosotros conocemos su ubicación y su código de acceso.

Pero quizá lo más ambicioso sea “El Torque”. Así llamamos a la nueva prisión de Seguridad Superior para población metahumana, ubicada en la órbita del planeta. Es un recinto único, en constante movimiento, girando por partes sobre un eje integrado, que permite que su forma nunca sea la misma. No tiene caminos fijos de entrada ni de salida, por lo que es imposible escapar de ella, y para acceder sólo se puede usar alguno de los teletransportadores ubicados en la sede de Defensores Unidos o en las sedes de O.M.E.N. por el mundo. Actualmente se construye usando todos nuestros avances en tecnología espacial, y una vez que esté completa será infranqueable.

Todo suena muy bien, ¿no? Realmente parecen un nuevo comienzo. Si, lo es. Pero los comienzos también indican finales... No todos han mantenido la calma en estos días...

Lo que estamos haciendo marcha bien, y sigo creyendo que hacemos lo correcto, no me preocupa equivocarnos. Pero quien realmente me preocupa, es quien solicitó un encuentro conmigo, en secreto, y a quien estoy esperando mientras registro esta bitácora.

Hace menos de 48 horas, Destructor nos sorprendió con un anuncio, interrumpiendo un discurso del Presidente de Eria, Ronald Jackson. Nadie se atrevió a intervenir u oponérsele, y sólo se dedicaron a proteger la integridad del Presidente, mientras permitían que Destructor declamara.

El mismo Destructor que decidió no intervenir en la guerra y vio morir a millones en Londres, su ciudad natal. El mismo que fue un Heraldo de Logos en los primeros días de este Nuevo Mundo y luego desapareció misteriosamente. El mismo que enfrentó innumerables veces a los héroes defendiendo su idea radical de destruirlo todo para crearlo nuevo y mejor. El mismo que alguna vez también fue un defensor...

Sus palabras provocaron un escalofrío entre quienes lo hemos visto antes, y quizás en todos quienes lo oyeron. He interactuado lo suficiente con él en mi carrera en The Wall, como para saber cuando está dispuesto a hacer algo hasta las últimas consecuencias... y hoy lo estaba.

Ya debe estar por llegar. Sus palabras aún retumban en mi cabeza, pero no puedo evitar revisar nuevamente la grabación. Debo estar preparado para lo que me dirá. Ninguna decisión o hecho ha sido más difícil de afrontar que lo que ocurrirá cuando esté aquí, a continuación...


Interludio: Manifiesto

“No es sólo para llamar su atención que he decidido interrumpir el discurso del Presidente de la República Democrática de Eria. Lo he hecho porque este acto representa algo: es el fin de una era de políticos y administradores, de líderes y caudillos, de héroes y villanos... ¡de embusteros! He venido a interrumpir a todos ellos, y a manifestar que hoy comienza la era del ser humano.

Durante mucho tiempo he sido considerado enemigo del mundo, por mis objetivos. Pero ustedes, seres humanos comunes y corrientes, no tienen absolutamente nada que temer. Esos objetivos siempre han sido crear un mundo mejor… mi única diferencia con el resto, es que yo sí estoy dispuesto a pagar cualquier precio por ello.

Los héroes me han condenado por mis métodos, pero déjenme decirles algo: no existe tal cosa llamada “heroísmo”. Sólo es otro concepto inventado para justificar diferencias, jerarquías, privilegios. Una ilusión que no todos pueden alcanzar, sólo unos pocos elegidos a los cuales ustedes les entregan su seguridad, su fe, sus vidas, ¡todo!... ¡¡Pura mierda!!...

Hoy les traigo un mensaje y una invitación, y ambas hablan de un futuro de grandeza y plenitud para ustedes, las personas de este mundo, sin diferencias.  Sé que la guerra fue terrible para quienes se involucraron, pero en cada destrucción subyace el germen de un renacimiento.

Cuando veía los conflictos, las batallas, las muertes innecesarias, no podía evitar pensar en todo el potencial humano desperdiciado en tanques, estrategias militares, armas y estructuras burocráticas que nunca fueron efectivas, pero que conservamos por miedo o por costumbre... por fuerza. El Imperio y sus actos son la mayor prueba de todo lo que hemos estado haciendo mal...

Pero yo vengo a ofrecerles una nueva opción, y espero que todos ustedes lo reflexionen fríamente antes de decidir. ¡Escuchen con atención, todos!:

A partir de este momento, el territorio sur de Eria, entre las coordenadas que comunicaré a las autoridades, está bajo mi soberanía, única y exclusiva, y allí construiré ciudades abiertas y sustentables. ¡Allí construiré mi utopía, abierta a quienes estén dispuestos a vivir en una nueva sociedad!

He trabajado junto a científicos e intelectuales, y hemos usado el conocimiento y la tecnología más avanzada que existe para diseñar una sociedad completamente al servicio del ser humano y sus necesidades. Allí no habrán líderes ni autoridades, no existirá el dinero ni las clases, y sus habitantes no le deberán nada a nadie. Desde la arquitectura hasta la salud, pasando por la economía y la ciencia; todo está diseñado para el bienestar y el desarrollo de las capacidades humanas... ¡y su construcción ya ha comenzado!

Invito a todas las personas que se atrevan y sueñen con una vida nueva, a venir conmigo. Dejen atrás los estados y las instituciones obsoletas, dejen atrás la miseria de esta sociedad colapsada, y empecemos un camino completamente nuevo, en una tierra fecunda, donde todos serán aceptados en tanto colaboren en la construcción de nuestro sueño...

Contemplen y crean en la nación definitiva: ¡sean bienvenidos a Finis Terrae!”


Acto II: Diálogos

Destructor. Su nombre real es Lance Harrington. Hace tiempo, fue un policía en Londres, frustrado por no poder hacer mucho para cambiar las cosas de fondo. Poco después, recibió una colección de amuletos provenientes de un planeta lejano que le dieron un poder inconmensurable. Fue un héroe, pero se dio cuenta que todo ese poder tampoco le permitía cambiar las cosas, así que decidió que la única forma de hacerlo era destruyendo todo para empezar de nuevo. Se le consideró un villano, y combatió contra los otros defensores del planeta, quienes lograron detener sus planes... Hasta ahora.

Hoy tiene la oportunidad de empezar de nuevo sin destruir nada, y está decidido. Lo veo aquí, frente a mí, a escasos metros, y el peso de su propia historia me agobia. No sé por dónde empezar.... así que lo hago por lo más obvio.

- Vi tu discurso, por supuesto. Directo al grano, Destructor. ¿Cuál es tu plan esta vez?

- Siempre hay más debajo de lo que ves, lo has aprendido bien, ¿no, Monroy?  Tengo entendido que llevas tiempo trabajando con hombres y mujeres que usan máscara, así que tienes experiencia en eso…

- Por eso mismo, quiero que seas directo. ¿Qué es lo que quieres? Sin rodeos, Harrington…

- Tal como he dicho, quiero crear una utopía… Verás, durante todo este tiempo he aprendido que el mundo post moderno no se detendrá. La inercia es demasiado potente, y no hay vuelta atrás en lo que está pasando… Así que la única forma de probar mi punto, es creando una sociedad completamente nueva, y para eso necesito un territorio. Esta es la ocasión perfecta – me dice, convencido y sorprendentemente tranquilo

- ¿Y de qué se trata esto? ¿Te encerrarás en tu feudo a proteger a tus encomendados?

- Jajajá... ¡Qué simple eres! ¡El mundo no es blanco y negro, Monroy! Y de partida no se trata de asistencialismos, no aceptaré que vivan sólo para pedir. Les enseñaré desde el comienzo a no caer en las bajezas de esta cultura, a no cometer los errores que se han cometido antes. No tendrán ejército, y sólo yo seré su protección... lo cual es más que suficiente, por lo demás... Y no dejaré que el resto del mundo se entrometa y contamine nuestra tierra. Nadie podrá interferir, a menos que yo lo autorice, mucho menos los “héroes” de mundo.

- ¿Por qué estás tan seguro de que funcionará? – le pregunto, ya sin ideas para desarmar su argumento.

- Porque es lo que siempre he planteado y ustedes no han entendido. La historia enseña muchas lecciones valiosas, Monroy, y esto es lo que yo he aprendido. Los seres humanos tuvieron problemas cuando comenzaron a ocupar mucho espacio: con el contacto, construyeron sociedad y lo hicieron mal. Somos las únicas criaturas que solucionamos un problema creando otro... Pero eso se acabó.  Finis Terrae es la tierra definitiva, es una tierra de soluciones.

Me quedo en silencio, contemplando su rostro,  serio, seguro. No quiero admitirlo, pero en cierta parte de mi ser, surge una intensa curiosidad... Esto es demasiado grande, no sé cómo detenerlo... y tampoco estoy seguro si pretendo hacerlo. Hablo, finalmente, para elaborar una pregunta que reconozco como retórica.

- No hay forma de detener esto, ¿verdad?

- No.

- ... Está bien, creo que hasta cierto punto entiendo tu postura y tu idea... Pero tú sabes que te estaremos vigilando constantemente, ¿no?... nosotros y todos los defensores... tú y tu país estarán en los ojos del mundo entero, y en sus espaldas habrá mucha presión... ¿Entiendes eso?

- Lo entiendo. – me responde, con mucha seguridad en su voz. Se mueve con la intención de dejar el lugar. – Por eso vine aquí, a hablar contigo. No vine a preguntarte nada, sino que a dejarte saber las condiciones... Y ya la sabes...


Epílogo: Comunicación

- Cientos de personas se han comenzado a desplazar hasta el territorio conocido como Finis Terrae, y se están sumando a los científicos e intelectuales que ya trabajaban con Destructor – escucho por la señal segura del comunicador.

- ¿Qué me dices de la ciudad?

- Está emplazada sobre lo que alguna vez fue Walden City, esa ciudad-laboratorio de Quimera Corp... En el centro, hay un gran edificio panóptico desde donde Destructor vigila el resto del lugar. La ciudad tiene forma de círculos concéntricos que se alejan desde ese edificio central.

- He oído que Destructor tiene otra residencia... ¿Qué hay de cierto en eso?

- Es así. A algunos kilómetros de la ciudad, una especie de mansión de retiro, donde va cada cierto tiempo para estar solo, y reflexionar sobre lo que está haciendo, me imagino...

- Bien. Manténganse alerta. Infórmenme de cualquier cambio en la situación. Cambio y fuera - digo finalmente, cerrando la transmisión.

Está hecho. Ellos mantendrán la vigilancia. He logrado contar con su lealtad, y sé que puedo confiar.

Los Hijos de Perseo cayeron en una trampa del Imperio, y fueron traicionados por su líder, pero no volverán a caer. Ahora tienen mi protección, y pueden sentirse seguros mientras sean parte de La Liga de Pimpinela Escarlata.


Fin...
-
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12.12.12

IMPERIO #10

“El Fin”
Historia: Zirijo & Rodrigo Roa.


I

El sonido del puñetazo que dio Blackbird a The American Dream en la costa del territorio de los Estados Unidos del Mundo, resonó entre las olas, el humo y los edificios. La mente del defensor estaba nublada por la intransigencia de quien lo enfrentaba, y por la impotencia que lo había embargado desde el inicio de todo esto, del Imperio.

- ¡Quick, corre! – pidió Blackbird a su compañero velocista, al ver que los segundos pasados después del aquel golpe, aumentaban.

Cuando Quick emprendió carrera, el velocista de The All-Americans, Sonic Man, lo siguió, en dirección desconocida hacia el interior del país.

En la playa quedaron Blackbird y el Hombre de Fuego. Este último había encendido su cuerpo en llamas al ver el golpe que dio su amigo Adam. Se alejó un poco, y miró directamente a Agente, que se preparaba para sacar su arma.

- Chicos… ¿saben ustedes lo que es el fuego? – preguntó, al momento de envolverse en una gigantesca y atemorizante bola de fuego. Las llamas se figuraron como alas en la espalda de Justin, y este avanzó con gran fuerza contra el Agente.

No pasaron más de diez segundos en que todo sucediera. El rostro de American Dream estaba enfurecido por aquel golpe que lo tomó por sorpresa. Con rapidez sobrehumana tomó los brazos del defensor de Angalileo, y con un cabezazo reventó su nariz. Blackbird, adolorido, golpeó el pecho del sueño americano con ambos pies, logrando soltarse. Adam concentró energía entre sus manos, lanzándoselas e impactando con éxito. Pero aún así, The American Dream se incorporó del suelo, y Blackbird no pudo más que pensar en su próximo movimiento.

Quick, en plena carrera, esquivaba los discos que lanzaba Sonic Man a alta velocidad. Estos estaban afilados, y aumentaban de velocidad al estar en plena carrera. Ninguno dio con Roy, que en sólo unos instantes ya estaba en Los Angeles.

Allí, el General Burt Smash continuaba con el plan de retomar la ciudad, expulsando a los dos miembros de Le Projet Acadia, Monsieur Canadá y Polar, que continuaban con la toma de territorio norteamericano. El camino estaba cortado por un gran cráter, e impedía que vehículos militares entraran en la zona.

Rodeando la ciudad, Quick se dio cuenta que las tropas norteamericanas estaban expectantes por el momento apropiado para entrar y sorprender a los canadienses... pero justo en aquel instante, una sombra de aeroplanos se acercaba. Los Sky Rangers llegaban por el este, y abrían fuego contra los soldados.

Smash huyó junto a sus tropas hacia alguna base segura. Su misión fue obstruida, y Los Angeles era ahora territorio bajo el control de Canadá. Mientras, el joven velocista corría de regreso...

Al momento en que Quick regresó a la playa de Houlover, el Hombre de Fuego seguía atacando a Agente, que aún no había hecho uso de su arma, esperando. Justin encendió fuego en el suelo, y lanzó largas llamaradas hacia el comando especial. Este apuntó su arma mientras estaba en suspendido en el aire, esquivando el ataque, y disparó. Una gran red se desplegó en frente de Justin, empujándolo y desestabilizando su vuelo. El empujón fue tan fuerte, que llegó a hundirse en el mar.

- Tus esfuerzos por desconcentrarme con el fuego no sirvieron de mucho… por más que intentes encenderte, el mar es mucha agua incluso para ti – dijo Agente, burlándose de la estrategia de Justin.

Justin se incorporó en la playa. El mar no llegaba más arriba de su cintura, pero era más un acto de burla que una verdadera intención de detenerlo. Justin buscó en si algo, un pensamiento. El agua comenzó a lanzar vapor en torno del Hombre de Fuego, y este se encendió nuevamente en llamas, derritiendo la red por completo. Estas flamas eran más brillantes, más fuertes. Desplegó llamaradas a su alrededor, y nuevamente embistió con un ataque.

The American Dream se lanzó con los puños adelante y juntos, y golpeó en el estómago a Blackbird. Ambos siguieron con la trayectoria, incrustándose en la arena. El soldado norteamericano, vestido de franjas rojas y azules, con estrellas blancas en todo su traje, se puso de pie, y tomó del cuello a Blackbird, mirando hacia la playa. La semiinconsciencia de Adam impedía que reaccionara, haciendo que perdiera la vista del hermoso cielo despejado entre borrones negros.

Cuando los ojos del héroe se cerraban, de la nada un fuerte grito lo despertó, y el quejido de The American Dream le permitió zafarse de entre sus manos. Un extraño joven con un escudo y una espada en su brazo izquierdo fue quien le permitió escapar, con un corte diagonal en la espalda de quien había derribado la nave de los Calaveras. Era Zudo, entregado al vacío de sus actos.

- ¿Quién eres tú? – preguntó Blackbird, sin conocer al sujeto que lo estaba ayudando.

- Soy Zudo Price, y este tipo me debe una caída de al menos diez mil metros. ¿Quién eres tú? – preguntó el perseguido mensajero de la Casa de los Colores.

- Blackbird, de Defensores Unidos.

-Esa es una agresión a un oficial de ejército – dijo The American Dream, poniéndose de pie, incorporándose del ataque, con la capa que adornaba su espalda, cortada – Es un delito grave…

En ese momento, un mensaje corto y claro por fin pudo escucharse por el comunicador del líder de The All-Americans, que se había encendido durante la pelea con Blackbird.

- “American Dream, estamos siendo atacados por los canadienses, regresa inmediatamente a la capital, junto con Agente y Sonic Man”.

- Señor, tenemos intrusos en la costa sur...

-Me importa un carajo. Estamos bajo ataque, Washington es prioridad. Cambio y fuera.

Agente escuchó la conversación mientras seguía enfrentándose al Hombre de Fuego, pero con un rápido movimiento lo esquivó, y partió en dirección norte. The American Dream los miró, y se retiró en vuelo precipitado hacia la capital del Imperio.

II

- ¡Debemos seguirlos! – dijo, motivado, el Hombre de Fuego, cuando se reunió con Blackbird y Zudo.

- Quick, ¿me escuchas?

- Fuerte y claro – respondió Roy, tratando de perder la pista de Sonic Man, que lo perseguía entre cañones, bosques y praderas.

- Corre al norte… Corre a Washington… intercepta a The All-Americans, trata de ganar tiempo hasta que nosotros lleguemos.

- Ok... – y Quick cambió de curso, directo al norte... pero Sonic Man le dio alcance.

- No irás a ningún lado.

Quick fue obligado a cambiar de trayectoria, perdiéndose en terreno norteamericano.

De pronto, un fuerte dolor de cabeza embargó a Blackbird y al Hombre de Fuego, que en ese momento se presentaba con Zudo. Adam reconoció la interface… era Lady Star.

- Blackbird, lo siento, estoy tratando de hacer sinapsis grupal con los demás miembros del equipo… pero están todos muy lejos.

- ¿Qué te pasó? ¿Dónde has estado?

- Me quitaron todo, Blackbird... mi uniforme, el amplificador de ondas neuronales… todo. Pero he descubierto cómo usar mis poderes sin intervención externa. Me faltaba un poco de potencia… y Luz.

- Lady Star – saludó telepáticamente el Hombre de Fuego a su compañera de equipo.

- ¡Justin! ¿Estás con Blackbird? Bien… me han revelado algo, la ubicación exacta de una cura para la enfermedad que transmiten los insectos…. Fue todo una trampa. Los estadounidenses crearon el Ébola Vastitas, y ellos esconden la cura en el subterráneo de la Casa Blanca.

- No digas más… vamos en camino.

- Estoy con un amigo. No puedo dejarlo solo... – dijo Zudo, cuando se preparaban para partir en vuelo.

- No te preocupes… yo puedo llevarlo, he aprendido algunos trucos – dijo Justin Smith, salvando la situación.

Blackbird, Zudo, Hombre de Fuego y Hefestos, el amigo de Zudo que sobrevivió también a la caída del “Kraken”, partieron a toda velocidad, volando hacia el norte por la costa. El Hombre de Fuego no hacía ningún daño a quien cargaba de los brazos, ya que parte de su habilidad era controlar las llamas que salían de él.

III

En Washington, Ian Thomas ordenaba a Lady Bug desplegar a todos los insectos infectados en la ciudad, para atacar a los soldados canadienses que se abrían paso con las armas Q, cargadas con energía residual de Quasar. Los insectos iban con órdenes de atacar a los enemigos, pero eran tantos, que atacaron a todo ser humano que se cruzaba en su camino. Cientos de miles de insectos picando y mordiendo a civiles, aliados y enemigos por igual, contagiándolos con el horrendo Ébola Vastitas, llevándolos a su muerte segura. El caos era extremo, y las últimas fuerzas se resguardaban en la Casa Blanca.

Un gran destello los desconcertó a todos. Venía de algún lugar no identificado, y fue tan fuerte, que se pudo ver en todo el costado occidental del planeta.

- ¿Qué diablos fue eso? – preguntó Zudo.

- No lo sé, pero vino del norte… no puede ser bueno.

Con una velocidad impresionante, The American Dream y Agente hicieron arribo a Washington sin demora, pero se encontraron con la infestación de insectos, que también los atacaron a ellos. Agente, escondido en su vehículo hermético no tuvo mayores problemas, pero American Dream fue mordido y picado en varias oportunidades.

- No… espera… ¿me mordieron? ¿No me hicieron inmune a esto? – preguntó American Dream, fuera de sí, cuando llegaban a la entrada de la Casa Blanca - Hey, déjenme pasar... soy un oficial herido, tengo mis derechos… ¡dije que se quitara! – dijo desesperado, y ante la negativa de los guardias, los agredió, y no pudieron detenerlo hasta que llegó a la oficina presidencial.

- Cálmate, ya estás aquí… podemos ayudarte – lo trató de tranquilizar Agente, que una vez allí, se preocupaba de resguardar al Presidente Ford – No... no te acerques, American Dream... es una orden.

Lejos de entender, el emblema del Imperio, ese que recorrió el mundo derribando fronteras y arrasando con ejércitos completos, tomó a Agente y lo hizo volar.

- ¡Vamos! Les di todo, ¡les permití jugar conmigo! ¡Denme la Cura!

- ¡Aléjenlo de mi! ¡Ayuda! – rogaba Nelson W. Ford.

Descontrolado, The American Dream lo apretó tan fuertemente de la cara, que le fracturó la mandíbula, produciéndole un shock nervioso. Pero no pudo detenerse allí. Impotente, terminó por separar la cabeza del cuerpo del Presidente, del Emperador del mundo.

- ¡Ayuda! ¡Estoy infectado! ¡¡No!! – gritaba desesperado, pero un disparo lo redujo. Directo en la cabeza, con una bala especial preparada para algo como esto.

- No quería usarla… pero no me diste otra opción, American Dream – le dijo Agente, mientras la sangre fluía por la alfombra del salón oval.

IV

- Señor Storm, reunámonos en la sala de emergencias… ha ocurrido un imprevisto – comunicó Agente a su superior directo. Luego salió de la sala.

En el intertanto Quick logró llegar a un Washington infestado de insectos y soldados tirados en la calle, pero aún era perseguido por Sonic Man. Este lanzó uno de sus discos, pero esta vez Quick lo esperaba, tomándolo y lanzándoselo de regreso, a una velocidad mayor a la que le había imprimido el velocista norteamericano. El disco dio en la pierna de Sonic Man, haciéndolo caer de forma dolorosa y estrépita. Quick por fin lo perdió.

- Blackbird, ¿dónde estás? – preguntó por el comunicador.

- A unos kilómetros de Washington. Volamos al máximo que podemos – respondió su amigo.

- Cuidado, la ciudad está infestada de insectos… están mordiendo a todos. Es como si se los estuvieran comiendo vivos.

- Los espantaré con mi fuego. Apenas lleguemos nos reunimos – agregó Justin, ofreciendo una solución al problema.

Envueltos en una bola de fuego, Blackbird, Quick, Zudo, Hefestos y el Hombre de Fuego lograron llegar a la puerta de la abandonada Casa Blanca, donde los insectos reinaban y todos los guardias habían huido luego de la muerte del Presidente.

- Hey, ¿quiénes son ustedes? – preguntó Wild Dog, miembro del equipo del Proyecto R-Evolución, cubierto de un repelente especial, diseñado para evitar el contacto con los insectos – Esta es la Casa Blanca, no pueden estar aquí.

- Míranos – desafió Justin, que apartaba el fuego de entre sus manos y lo expandía por toda la Casa Blanca, incendiándola, alejándolo a los insectos con el humo y las llamas.

Wild Dog, protegiéndose de la onda de calor, se hizo a un lado, e hizo un llamado. En un instante, de otras habitaciones aparecieron otros miembros de R-Evolución: Puma, Lagarto, Rush, Hardcore y Ámbar. Todos dispuestos a apresar o eliminar a Defensores Unidos.

Mientras el Hombre de Fuego lanzaba largas llamaradas, Blackbird se acercaba a repartir golpes y Quick corría a enfrentarse directamente con Wild Dog, aún oculto.

Zudo y Hefestos aprovecharon la situación para escabullirse entre los cuartos, llegando al salón oval. La sangre de los cadáveres de The American Dream  y del Presidente Nelson Ford los recibió, con un fuerte olor. Vieron que una compuerta estaba abierta y entraron. En una sala oculta bajo unas escaleras, encontraron un maletín con unas cuantas muestras de un líquido de color lila.

- Según esto… es una estructura química capaz de desactivar los compuestos tóxicos de la sangre infectada… ¡es La Cura! – dijo Hefestos, revisando los pequeños papeles que acompañaban los recipientes.

- Debieron dejarla abierta… algo no está bien… alguien huyó sin llevarse la Cura.

Arriba, la pelea ya se había trasladado hasta la oficina del Presidente. Blackbird estaba allí con Lagarto y Rush. Zudo y Hefestos subieron. El escudo y la espada se formaron justo para cortar en uno de sus brazos a Lagarto, que estaba desprevenido.

- Tenemos la Cura, pero es imposible salir de aquí todos juntos – dijo Zudo a Blackbird, que había lanzado a Rush por la ventana.

- Vete, con tu amigo. Llévate la Cura a alguna parte. Repártela... ve a Eria, allá estarán seguros.

- Bien.

Zudo y Hefestos bajaron nuevamente, y encendieron algunas de las luces que aún funcionaban. Un vehículo hermético, como el de Agente, quedaba disponible. Sólo había espacio para dos, y uno de ellos ya había sido usado. Ambos subieron aquel vehículo, y se perdieron rompiendo paredes y atravesando escombros, entre las sombras de los túneles subterráneos que comunicaban la Casa Blanca con algunos de los túneles de trenes y alcantarillas.

Se escucharon explosiones a la distancia. La Casa Blanca estaba en llamas y los insectos continuaban atacando a la población, y no se detenían. Los enjambres se metían por todos los agujeros y orificios que estaban a su alcance. Entraban a las casas, infectaban a todo el mundo. Los soldados canadienses seguían disparando a diestra y siniestra, hasta que sus armas comenzaron a vibrar. Algo las llamaba, las excitaba. Quasar estaba cerca.

Con el poder del cosmos en su interior, Quasar lanzaba grandes cantidades de energía a los edificios, calles, puentes, y su grito de guerra resonaba por toda la ciudad. Sin discriminar, el arma perfecta y más poderosa de las galaxias estaba barriendo con el campo de batalla. Nada se iba a salvar de su paso.

Quasar sintió algo así como un dolor en su cabeza, cuando escuchó una voz familiar. El aún miembro de Defensores Unidos se recogió en sí mismo para evadir el dolor. Pero Lady Star logró entrar de todos modos a su mente. Era una tormenta ahí adentro. No podía dialogar con él.

Con otro gran esfuerzo Lady Star aguantó las ondas psico-cuánticas de la mente de Quasar, e implantó un pensamiento en su mente. Convulsionado, Quasar emitió una onda de energía gigantesca, que lo cubrió todo. El planeta completo. La onda no afectaba a nada más que a los insectos infectados, esos que seguían volando y repartiendo la enfermedad. Un solo pensamiento que dejó a Lady Star fuera de la red, desmayada en un estado de coma transitorio, pero que logró desintegrar a cada portador de la pandemia que afectaba al mundo.

Ya calmado, gracias a la intervención psíquica de Lady Star, Quasar se detuvo a observar la ciudad que se caía a pedazos. Muerte, fuego, y destrucción. Quasar levantó los brazos, convencido de que esta ciudad y esta gente no necesitaba más castigo, y comenzó a absorber la energía de las armas Q. La carga de las armas abandonó sus contenedores, y regresó con su original, que seguía suspendido en los aires.

Con el proyecto R-Evolución derrotado, y con Zudo y Hefestos perdidos, Blackbird, el Hombre de Fuego y Quick fueron en dirección a la oficina central de la O.N.U., donde el Amo de los Espejos le dijo a Blackbird que se encontraban algunos de los aliados que ayudaron a detener a las hordas de Pershings repartidos por el mundo.

Afuera, vieron como descendía Quasar, y los miraba con ojos de desolación, conscientes de todas las calamidades que había visto.

Desde el interior de la oficina, los miembros sobrevivientes de The Wall abrieron las puertas al asegurarse de que los insectos ya no estaban atacando, y que no había enemigos cerca. El mismo Comandante Monroe salió a saludar a los héroes en este día de destrucción...

- La guerra ha acabado chicos… gracias a ustedes hemos ganado esta guerra.

- Podremos haber detenido a Estados Unidos, señor Monroe – respondió Blackbird – pero las guerras no las gana nadie.


Fin...


Epílogo I

- Señor... – se escucha desde un receptor remoto de comunicaciones. Es Agente, junto a Dwayne Storm – La misión ha sido un fracaso.

- No te preocupes, vuelve con nosotros. Cambio y fuera – respondió la sombría figura que se comunicaba con Agente.

- Señores... – dijo luego, rodeado de no más de 5 personas – El experimento fue un fracaso, debemos comenzar nuevamente.


Epílogo II

Sobrevolando el hongo nuclear que dejaba el cadáver de AHB-42, al sur de Eria, Destructor pensaba y pensaba. Trataba de entender qué era esto... ¿Una tragedia, o la oportunidad de levantar un sueño?


Epílogo III

- Lady Star, ¿qué es lo que te sucede? – se preguntaban los soldados de The Wall ante la telépata que se desmoronaba en frente de ellos, en Los Angeles.

Lady Star caía inconsciente por el esfuerzo que representó presenciar la mente del atribulado y furioso Quasar.

- No, ¿estás bien? ¿Estás...? ¡Rápido! ¡Debemos llevarla de regreso a Eria, allí sabrán qué hacer!


Epílogo IV

- Ahí, ese camino nos sacará de aquí – dijo Hefestos a un nervioso Zudo.

Ambos llevaban en un maletín el suero para sintetizar cantidades masivas de La Cura, capaz de sanar a los millones de personas que aún luchaban para sobrevivir al Ébola Vastitas.

Afuera, la ciudad estaba desierta y en llamas. Una onda de destrucción había pasado por ahí, así que el camino era peligroso. Una mala maniobra los hizo estrellarse con un montículo de concreto, destrozando el frontis del vehículo.

- ¿Qué hacemos ahora? – preguntó Hefestos. Luego se percató de algo – Algo brilla en tu bolsillo...

- Es un espejo del Amo de los Espejos. Cuando estuve con Ultra Force me lo dieron… ¿Aló, alguien puede responderme?

Luego de unos minutos alguien respondió.

- Soy Richard Butler, identifíquense.

- Soy Zudo Price, Ultrabot… tengo una cura… logramos robar una Cura para el virus.

- Esperen donde están, iré por ustedes.


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10.12.12

DIVINIDADES


Encuentra aquí los datos de las divinidades del Universo Mirox, están ordenadas alfabéticamente!


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E     F     G    H

I      J     K     L

M     N     Ñ    O

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T       U     V   W

X    Y    Z





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28.11.12

Quasar #17

“Imperio” (3 de 3)
Historia: Zirijo


I

“¡POR EL AMOR DE DIOS, SAQUEN ESAS MÁQUINAS DE MI PECHO!”

Un estrepitoso nuevo día empezaba para el sargento de la fuerza aérea canadiense, Henry Levesque. Hoy, como desde todas las noches desde que había regresado del espacio, Henry soñó que estaba amarrado a una camilla, en una sala de operaciones toda teñida de una luz roja intensa, con tubos ingresando por su pecho, y brazos, drenando parte de su cuerpo. Un dolor intenso recorría su cuerpo en esos sueños, donde hasta en algunas ocasiones despertaba a su amada Mia.

- Amor, ¿otra pesadilla? – preguntó dulcemente la mujer que compartía su cama, y su futuro.

- Esta vez es peor… sentí todo lo que me hacían, Mia... fue… pero ya estoy despierto – se consoló Levesque.

- Hoy es el gran día, te darán una condecoración, y estaré en primera fila para sacarte una fotografía para el álbum.

Ese día le darían una medalla al valor y a la lealtad, luego de que regresara para desbaratar una conspiración dentro del ejército, que llevaba armas a la estación espacial.

Eso era lo que decían. Lo que no muchos sabían era que las medallas también se las estaban dando por haber “bajado” a su amigo, y compañero de misión, Jean Mills, luego de haber estado involucrado con aquel flujo de energía proveniente del vacío.

- Si no fuera por Mills… yo…

- ¿Me dijiste algo? – preguntó Mia desde el baño, donde se arreglaba, creyendo haber escuchado algunas pálidas palabras de Henry.

- No cielo, no es nada.

La sensación del sueño que Henry había tenido repetidas veces lo acompañó en el auto en dirección a la base de Melfort.

- Sargento Levesque, que alegría verlo – lo saludó un rostro no muy familiar en las instalaciones desde su regreso. Como él, el General Bernard Mathieu había sido ascendido por los logros de Levesque.

- General, Señor – se cuadró Henry al verlo, muy al pie de la formalidad militar.

- No sea tonto, Levesque. Usted y yo somos amigos, y como amigos, le contaré que “ese tipo” nos está haciendo un gran favor, a nosotros y a todo Canadá.

Un desagrado molestó el rostro de Henry, que no evitó el gesto.

- Su amigo Mills fue rebautizado como “Proyecto Quasar”.

- ¿Quasar? – preguntó Levesque, como si ese nombre le quemara la conciencia.

- Si... ¿Algún problema con el nombre? – preguntó extrañado Mathieu.

- No, señor... sólo me pareció haber escuchado ese nombre antes – dijo, ocultando la verdad.

- Claro, Levesque, por supuesto que lo ha oído antes. Usted es un astronauta, es un nombre que sacamos del espacio.

Mientras Mathieu y Levesque conversaban amigablemente, los preparativos de la ceremonia continuaban en curso, y los organizadores pronto dieron por comenzado el acto.

Avanzado el evento, con Mia en primera fila, y lleno de soldados, le tocó hablar al General Mathieu.

-... Y sin más preámbulos, dejo con ustedes al Sargento Henry Levesque.

- Es un honor estar aquí con ustedes para recibir esta condecoración – dijo Levesque sobre el escenario, ante el público. Mentía.

- Señor, tenemos un problema – se oyó en el comunicador.

- ¿Qué es lo que sucede? – preguntó Mathieu.

- Es Quasar... está abriendo los ojos… está consciente… ¡no!.. ¡NO! – logró oír Mathieu, antes de que se cortara la comunicación.

Una luz roja entró por las ventanas del recinto, y el techo fue removido de cuajo.

- Henry Levesque… por fin nos vemos de nuevo – pronunció suspendido en el aire Quasar.

II

Un calor intenso y quemante sintieron los presentes cuando Quasar hizo presencia en aquel recinto militar, como s tuvieran a menos de 5 metros la superficie del sol. El rojo proyectado enturbiaba la vista, y nadie sabía que decir. Quasar habló nuevamente.

- La última vez que estuve consciente, tú, Henry Levesque, me llevaste a una trampa – dijo mirándose las manos, haciendo que vibraran – Mírame ahora Levesque… ¡mira lo que soy…!

- Un monstruo – susurró Mia, algo que solo Henry pudo oír.

- Antes de llegar aquí, logré entender que me llamaban Quasar… ¡Yo les voy a demostrar lo que es una verdadera explosión!

- ¡Corran! – ordenó Mathieu al momento en que Quasar comenzó a brillar y a tornarse más rojo de lo que estaba. Una onda de calor y energía lo cubrió completamente, haciendo reaccionar a los asistentes.

- Vámonos de aquí – dijo Henry, tomando del brazo a su amada.

-Esto es inevitable para ti, Levesque… tú y yo compartimos el mismo destino. – dijo Quasar antes que pudieran salir de la sala. Solo quedaban ellos tres – Todas las posibilidades, las múltiples opciones de múltiples universos nos llevan a esto... Tú y yo estamos hechos para ser uno…

- No… Vámonos Henry – le pedía Mia al hipnotizado Henry Levesque… las palabras que pronunciaba Quasar lo tenían prácticamente congelado.

- No puedo hacer esto, lo siento – dijo Mia soltándose de su mano y huyendo del lugar, dejando a Henry y a Quasar ahí, a merced de su destino.

- Levesque… no quieras escapar, somos uno, somos eso de lo que habló tu amada… un monstruo. Creados para ser un arma, para herir, para matar. Abrázame, Henry… llora y abrázame.

Quasar se acercó al paralizado Sargento, quien quiso sentir la compañía de Mia, pero ella no estaba... Luego, recordó las muertes, los asesinatos, todo lo que había hecho… no tenía palabras para expresar el dolor, la tristeza, la impotencia.

La energía abandonó el frío cuerpo de Jean Mills, y avanzó manteniendo su forma de Quasar hacia el Sargento Levesque. Una pálida y congelada lágrima fluyó por uno de sus ojos, y recorrió su mejilla. La soledad apabulló su corazón, y en el instante en que recibió el abrazo de Quasar, un agujero negro tomó su lugar, y una explosión lo tornó todo rojo.

III

Nuevamente el sonido de los grilletes, el mareo, la impotencia, y ahora un corazón roto, vacío y roto, acompañaban la oscuridad de los cerrados ojos de Quasar.

Los abrió nuevamente, y vio los brazaletes, recién abiertos y programados. Una vida de meses habían pasado en un parpadeo.

Con un esfuerzo Quasar hizo el intento de incorporarse, logrando levantar una rodilla del suelo. Miró directamente a la infraestructura de la Base, a espaldas de Mathieu y LaPreé, y con solo un deseo de su mente la hizo estallar.

El malestar cesó y Quasar fue libre. Libre de llenarse de una furia pura y un dolor profundo, por saberse solo... abandonado, maldito.

No reparó en fuerzas, y con un solo empujón, desintegró a media docena de soldados canadienses, que intentaron detenerlo, a la orden de Mathieu.

Mientras, el General corría hacia el Jeep en el que se acercaron a buscarlo, cargando la ilusa idea de esconderse de Quasar. Éste se movió a ras de suelo, dejando una zanja por donde se materializó su esencia, en forma de un aura roja. Golpeó el capó del Jeep con la palma de su mano, aplastándolo y derritiéndolo. El motor se fundió con las otras partes que constituían el vehículo.

- Es mi turno de jugar y dar órdenes, Mathieu – declaró Quasar – Vamos a dar una vuelta.

Quasar tomó a Mathieu del cuello, y lo arrastró con él hasta la Base. Justo antes de golpear el muro exterior, ambos alcanzaron la velocidad del sonido, con la fricción provocando un grito de dolor del General, quien no escuchó su propio grito hasta que fue un eco dentro del interior de la base.

Quasar lo levantó y emitió una onda de energía que salía de todo su cuerpo. A Mathieu sólo se le quemaron los vellos de la cara y algunos pelos de su cabeza, pero dentro de la base se produjo un cráter.

- ¿Por qué no me matas, Levesque? ¿Quieres que te tema? – preguntó a duras penas el General Mathieu – No lo haré… no le temeré a un monstruo.

- Soy lo que me hicieron – respondió Henry, con odio en sus palabras - ¡Mira lo que me hiciste!

- Yo no hice nada, Levesque… solo tomé lo que estuvo a mi alcance.

- Es cierto, General… pero mentes iguales a la suya me crearon. Ellos buscaban su mismo propósito… controlarlo todo, manipularlo todo.

- No… espera Quasar – interrumpió alguien. Era LaPreé, que los había seguido – Detente… mira, nosotros podemos ayudarte.

- No han hecho más que usarme.

- Pero es que no entiendes. Nosotros podemos sacarte de tu miseria, podemos darte un propósito superior. Servir a los intereses da Canadá. Mira lo que hemos logrado, ¡le dimos la pelea al Imperio Norteamericano! Ustedes, Le Projet Acadia, son los más fuertes del mundo – proclamó LaPreé nervioso.

- Canadá… este planeta es insignificante en comparación a lo que he visto… a lo que veo ahora mismo. Ustedes no son más que un experimento fallido, son el triste recuerdo de un error… igual que yo.

IV

- Suéltame, Levesque – le ordenó Mathieu a su agresor – Suéltame, basura… somos el glorioso ejército de Canadá, nadie nos menosprecia, menos un monstruo como tú.

- Voy a quemar cada una de tus neuronas antes de matarte, Mathieu – amenazó Quasar, que estaba exaltado por la furia.

- ¡Entonces, mátame de una buena vez! ¡Sé un hombre y mátame!

La vacía y fulminante mirada de Quasar se llenó de una ira primitiva, esa que sólo cabe en un corazón humano, y se enfrentó con el orgullo y decisión que inflamaban la vista del General Bernard Mathieu.

Un segundo. Diez. Un minuto. Quince minutos pasaron del enfrentamiento de voluntades, y nada. LaPreé observaba la escena, perplejo. Pudo huir, pudo atacar a Quasar o cualquier cosa, pero prefirió mirarlos, presenciar esto.

La mano de Quasar comenzó a brillar y a emitir calor. Los pies del General se movían espasmódicos, pero no decía nada. La hemorragia interna comenzó a hervir, la sangre comenzó a hervir. Vapor salía por los poros de Bernard Mathieu y la cascara seca del canadiense colgaba de la mano de Quasar, cuando este se dio cuenta que estaba muerto.

Una mirada infame dirigió Quasar buscando al Doctor LaPreé, luego de soltar al cadáver de su mano alzada, pero el Doctor ya no estaba allí. Quasar lo ignoró, y continuó mirando el cadáver, como tratando de buscar alguna sensación de compasión humana.

Nada. La muerte de Mathieu no significó nada para Henry, que ahora usaba un rojo intenso como piel. La impotencia del dolor lo pobló, dándose cuenta que nada de lo que hiciera le devolvería su vida.

Miró la fotografía de Mia, y la abrazó. La guardó entre su tejido cósmico, y se elevó en el aire.

Parte de él quería llorar, parte de él quería morir.

Una pulsión fatídica lo llenó y una mirada melancólica adornó su rostro. Una mirada que nunca más se iría.

Por un instante Levesque se supo arma. Como soldado, como Quasar. Y el propósito de toda arma, es ser usada. Quasar emprendió su vuelo en dirección a una guerra. Se dirigió directamente al corazón del Imperio.


Concluye en “IMPERIO” #10.
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21.11.12

IMPERIO #9

“La Batalla de Eria”
Historia: Zirijo & Rodrigo Roa.

El que no tenga el valor de sacrificarse, por lo menos debe tener el pudor de callarse ante los que se sacrifican”.
José Martí.-

I

El aire se tornaba enrarecido a su paso. Su cuerpo entero expelía un halo de radiación y terror al surcar los aires de aguas internacionales. Se dirigía a Angalileo, la capital de la República Democrática de Eria. Los protocolos de movimiento funcionaban a la perfección. Fue lo más complicado para los científicos contratados por los estadounidenses. Prófugos, mercenarios, criminales, nacionalistas y dementes fueron financiados para investigar sobre la supervivencia de organismos biológicos a las detonaciones nucleares. Fue un trabajo de décadas. En los 90’s integraron a clarividentes, mentalistas y chamanes. Todos llegaron a la misma conclusión: Metahumanos.

Eran los únicos posibles candidatos para desarrollar habilidades capaces de darles las respuestas que buscaban, sostener la vida a través de la radiación nuclear.

Fue necesario hacer quebrar a naciones, filtrando sus fondos de deuda externa, para financiar la investigación. Tomó modificar genéticamente a sujetos de prueba, y el sacrificio de cientos de voluntarios (y otros que no lo fueron) para obtener el cascarón clínicamente “vivo”.

No fue hasta que lograron hacerse con el meta-humano Luz, cuando adquirieron una fuente de energía constante y abundante, y los conectores psico-químicos del accidentado Tom Black, A.K.A. Toxik, cuando concibieron la idea de que podían hacerlo real.

Todo este conocimiento retorcido, y motivado por la avaricia, el odio, los prejuicios, hicieron posible a la criatura, el arma, conocida como AHB-42.

La “Atomic Human Bomb”, sin ojos, portando en su cabeza las cargas neuro-nucleares, y un sistema de activación a distancia, el golem nuclear, llevaba consigo las atormentadas almas de los perecidos en Tokio y Londres. Las llevaba hacia Eria, nación de héroes, para declamar a los inocentes.

Pero algo se había estado gestando en Eria. El ejemplo de un joven héroe conmovió a los avejentados y heridos corazones de los más experimentados. Algo organizado, algo preparado… resistencia unificada. La Liga de Eria.

II

Angalileo, Eria. Antes.-

- ¿Cómo dejaron que esos tres niños fueran a enfrentar al enemigo en su propio territorio? – preguntaba desconcertado Megabot.

- Tú no estabas acá, te fuiste a pelear tus propias batallas, ellos tomaron una decisión, y hay que respetarla, como nosotros respetamos la tuya de largarte a Venezuela.

- Allá no había nadie. Apenas S.O.S. podía resistir las tropas que los Estados Unidos habían enviado. Ellos se fueron, luego del apagón de las comunicaciones y sin Lady Star como lazo sináptico, no supimos que sucedía. Alcanzamos a interceptar a algunos soldados y nos revelaron que las órdenes venían desde arriba, que toda la flota que agobiaba a Latinoamérica estaba siendo llamada para regresar a casa. Ellos estaban bajo ataque.

- ¿Qué hace este tipo contigo? – preguntó el Amo de los Espejos, interrumpiendo la conversación entre Megabot y Electric Man, y señalando al otro que estaba allí presente.

- Una de los miembros de S.O.S. me ayudó a convencerlo para que viniera conmigo. Aquí lo necesitamos más.

Ellos se referían a Black Force, que estaba atento a todo lo que sucedía, pero muy incómodo entre todos los presentes, que iban en aumento tras enterarse de que el Presidente de Eria había hecho pública la postura en contra de los Estados Unidos del Mundo.

Muchos héroes se reunían en el salón de Defensores Unidos, hace poco más de un mes de conflicto. Todo había pasado sumamente rápido. Nadie vio como las tropas norteamericanas se esparcían como plaga, igual que la maldita enfermedad que flagelaba a las personas.

- Todo el mundo ya vio a esos chicos… y nosotros enfrascados en nuestros asuntos – dijo el Amo de los Espejos, dirigiéndose a la multitud – Es momento de madurar.

- No se trata de madurez, Amo de los Espejos – increpó Electric Man – En asamblea decidimos cada uno hacernos cargo de lo que nos pareciese correcto, y eso hicimos.

- Pero no funcionó. Apenas pude ayudar a S.O.S. cuando partí a Venezuela… si hubiésemos tomado las medidas correctas…

- Eso es pasado… hay que afrontar las cosas hacia el futuro. Los chicos tuvieron la razón en reunirnos, más que sólo a Defensores Unidos… hablo de Ultra Force, de los Metal Knights, y de muchos más, con los que jamás habíamos trabajado juntos, pero que compartimos esta tarea de proteger a los demás.

- Amo de los Espejos, ¿crees que con sermones detendremos al Imperio? – preguntó Electric Man.

- No, pero si escuchándonos unos a otros. Blackbird escuchó… fue llamado a la Unión Europea para formar la Liga de Europa… pero fallaron… Ahora estamos nosotros para detener a esa cosa… los mejores héroes del mundo... sigamos al chico, él tiene la solución.

Nadie habló. Pensaron en aquella idea, esa de trabajar unidos, pero luego pensaron en Londres… Solos no lo lograrían… Tokyo también era prueba de eso…pensaron.

- Bien… Propongo un trato – dijo Electric Man – Sólo por esta vez, trabajemos unidos… y los que quieran seguir trabajando de esta forma, que sigan, y los que no… que vuelvan a lo suyo.

- Sólo tenemos una oportunidad…

- Una oportunidad para estar unidos – sentenció Megabot, al momento en que se encendían las alarmas.

- La costa… AHB-42 se aproxima.

III

Los rostros de Maverick y Aser se mostraban preocupados. Hasta las molestas bromas de Aser ya habían desaparecido. Luego de que su posición en New York fuera comprometida, la misión en Radiogen resultara fallida, y los datos del exhumado “Hombre de Blanco”, desaparecieran, todo llevaba a una ilógica situación. El silencio del líder rebelde, The Outsider.

Ni una sola palabra. Cientos de miles de Hijos de Perseo, voluntarios reclutados para generar resistencia desde la gestación del Imperio, detenidos, expectantes a las órdenes del Outsider, gestor anónimo del movimiento.

Un silencio rotundo, perpetuo, mortuorio. Aunque las comunicaciones fueron cortadas, los Hijos de Perseo sostenían su propia forma de comunicación, sumergidos todos en su propia red, enlazando datos desde servidores privados.

- ¿Hace cuánto que estamos perdidos? – preguntó Aser al ver nuevamente una marca que ambos habían dejado en los túneles subterráneos de New York.

- No estamos perdidos, es un laberinto – respondió Maverick – Hemos pasado por acá, pero es necesario… en el corazón del laberinto, encontraremos al Outsider.

El mismísimo Outsider les había enviado las coordenadas para el encuentro. La señal de rastreo fue interferida e interceptada como un mensaje, y él la respondió con una invitación.

- Hey, esa puerta no estaba ahí… hace una hora.

- Si, Aser, siempre estuvo.

Con el corazón del laberinto en frente, ambos entraron, y la puerta se cerró, dejándolos aislados del exterior.

La sala a la que daba la puerta era de unos 16 metros cuadrados, de suelo, muros y cielo, de un blanco radiante, dejando ver solo un escritorio negro en el fondo.

- No es mi costumbre comenzar así una conversación, pero ustedes dos, hijos míos, me han decepcionado… en especial tú, Maverick.

- ¿Quién está hablando? – preguntó este último, al escuchar una voz reproducida por parlantes ubicados en el único escritorio de la sala.

- ¡Soy The Outsider! – respondió el parlante, desplegando una pantalla holográfica desde el mismo lugar de donde provenía el sonido, mostrando la identidad de su líder.

Era un sujeto no muy entrado en años, con ropa formal y un corte de cabello muy correcto y también formal. En la solapa llevaba una formidable nueva bandera de los Estados Unidos del Mundo.

- Esa bandera... ¿por qué la llevas? ¡Es imposible que seas el Outsider! ¡Él está en contra del Imperio… esto es una broma, una trampa!

- No, señores – interrumpió los alaridos de los Hijos de Perseo – Esto no es una broma. Desde un principio pensamos en una forma de cooptar y canalizar a mentes y personalidades como las suyas, incapaces de ver lo maravilloso de nuestro sueño. Todo este tiempo la resistencia fue controlada por nosotros mismos, para darles un espacio en el cual jugar sin salirse de nuestros planes...

- ¡Están matándolos a todos! – respondió Aser.

- Ellos lo hacen… se asesinan entre ellos. Las mentes pequeñas que no entienden el regalo que les estamos dando. Ustedes fueron creados para fallar, para quedar inhabilitados en el preciso momento en que el Imperio lo necesitara…

Aquel que se hacía llamar The Outsider activó pantallas holográficas de respaldo, mostrando las imágenes grabadas por las tropas norteamericanas en su avance

- Están viendo cómo construimos el futuro.

- ¿De qué futuro estás hablando? Esto es sólo placer por la muerte – interrogó asqueado Maverick, por las crudas imágenes de gente acribillada, sin motivo más que el del formar un mundo unificado.

- Estamos siguiendo el plan. Reduciendo la población mundial; instalando nuestro sistema económico, político y social; usando la información de todo el mundo robada por nuestros asociados de The Cluster; doblegando el espíritu de libertad de los ilusos… en fin… Somos el futuro, estamos plantando los cimientos de nuestra regencia mundial.

- Estás enfermo… exijo saber quién eres en realidad, para perseguirte y hacerte pagar por todo lo que le has hecho a todas estas personas…

- Eso es fácil… mi nombre es Dwayne Storm, pero lamentablemente ustedes no saldrán nunca de aquí – dijo el hombre proyectado por hologramas, al momento en que la escotilla que bloqueaba la salida era volada por explosivos y dejaba entrar a gran velocidad y presión el agua que se acumulaba en las alcantarillas – Además, si es que lograran sobrevivir… tengo la particular habilidad de hacer que toda la gente que me conoce, se olvide de mi… Ustedes ya no son una preocupación. En definitivas cuentas, esto si era una trampa… siempre lo fue.

La sala completamente inundada ahora contenía los desechos de toda la ciudad, eso de lo que no nos preocupamos cuando continuamos adelante en nuestras vidas… allí también estaban los Hijos de Perseo, que se alzaron contra su creador.

Sólo una última luz roja brillaba en el bolsillo del cadáver flotante de Maverick...

IV

El objetivo venía volando desde Inglaterra. Los héroes de Eria lo esperaban. Desde del centro de operaciones de Defensores Unidos, el Amo de los Espejos coordinaba la defensa.

- Richard, necesito que detengas a Electric Man… - le ordenaba el calvo héroe líder de Ultra Force a su compañero.

- Él solo se adelantó… no pude detenerlo – respondió Richard Butler, Ultrabot – Dijimos que trabajaríamos juntos, pero el solo se fue.

- Espero que sepa lo que hace.

En la playa, adelante, justo en la trayectoria del arma del Imperio, Electric Man lo esperaba. Concentró una carga muy grande de electricidad en sus manos, y la lanzó al aire. La carga eléctrica de la atmósfera cambió, y las nubes comenzaron a reunirse… negras, cargadas. Una tormenta esperaba a AHB-42.

Los relámpagos retronaban en alta mar, y el vuelo de la bomba atómica viviente era constante. Ni un músculo se movía de más, el nerviosismo no existía en él, y sentir la presencia de alguien en el radar incorporado en su cerebro, no le causó mayor impresión.

Electric Man se lanzó con todo. Descargas eléctricas de grandes proporciones, golpes directo a la cara, todo para detener al heraldo de la muerte.

Pero nada, ningún efecto sobre él... sólo un pequeño desvío en la trayectoria, pero nada que una recalibración no pudiera solucionar.

En la costa, ya estaban Ultrabot, Protector Omega y Superbot esperando a la aberración, con todo el poder de fuego de las magníficas máquinas de guerra. Gastaron toda la munición antes de darse cuenta que nada hizo efecto en él. Una nube con aroma a pólvora cubrió la ciudad de Northcrem, al norte de la capital.

- Sigue en camino... – dijo Electric Man por el comunicador, al quedar rezagado del paso de AHB-42 – No pudimos con él...

- Síguelo… de todos modos, aún nos queda algo.

El veloz paso de AHB-42 sufrió un traspié. Una fuerza poderosísima lo obligó a detenerse. De un gran salto, Black Force lo abrazó y lo llevó al suelo.

- Di algo, maldita máquina – lo increpó Black Force, ante la nula respuesta del invasor. Una mascarilla tapaba su boca y sus ojos no se lograban distinguir. No se lograba ver expresión alguna… solo un tétrico brillo verde.

Black Force se abalanzó contra él, pero la impía creación humana lo detuvo, con sus brazos. Luz incandescente verde se filtró por entre sus músculos, permitiéndole derribar a un Black Force cegado y herido.

- Vamos, no queda mucho para que llegue a Angalileo – le dijo entonces Electric Man a Megabot – Sube con Butler, y tratemos de alcanzarlo.

V

A unos kilómetros de Angalileo estaban Scream, Estrella Fugaz y Halcón Dorado, en la nave de Ultra Force, sobrevolando la salida norte de la ciudad.

- ¿Estás seguro que funcionará? – preguntaba Scream al Amo de los Espejos, que a su vez estaba en el centro de mando.

- Si no lo hace… Eria no nos lo perdonaría.

Estaban los tres expectantes a una figura que se acercaba. Efectivamente era AHB-42, que apresuraba el ritmo, aplicando algoritmos y definiciones en su tabla de control ubicada en su brazo.

“CHAKRAS ALINEADOS, MODALIDAD KUNDALINI EN DETONACIÓN INMINENTE”

AHB-42 había entrado en la etapa final de su detonación. Nada ni nadie podían detener la explosión. Hasta que la dulce voz de una mujer dijo lo contrario.

El poderoso grito sónico de Scream impactó con el arma viviente más poderosa de la historia humana. La onda atravesó su dura armadura, alcanzando la estructura cerebral del portador humano de la carga nuclear. El grito fue tan fuerte y desmedido que reventó el tímpano del sujeto, desconfigurando su plan de orientación. Sin ojos, ni boca, no pudo expresar el dolor que sintió en aquel momento. Pero la carga ya estaba activada. La señal remota de vuelo pasó al comando central, pero el factor humano de la bomba, estaba roto.

- ¿Habrá funcionado? – preguntó Scream dentro de la nave, desde donde emitió el grito.

- ¿¿AH?? – preguntó Estrella Fugaz, al ver que Scream se dirigía a ellos – Nos lastimaste los oídos a nosotros también – respondió a gritos, bromeando, el miembro más alegre de Ultra Force.

AHB-42 continuó volando con fuerza, pero su trayectoria declinaba.

- ¡De todas formas explotará en la ciudad! -  sentenció Scream, por el comunicador abierto.

- Hay que alcanzarlo… - susurró el Amo de los Espejos – nadie está lo suficientemente cerca, y con la fuerza necesaria para desviar su vuelo.

Una centésima de segundo tardó en gestarse la idea, desde un pensamiento de entrega total por el bienestar de millones de personas.

- Dile al Amo de los Espejos que se puede beber la cerveza que escondí en el refrigerador – dijo Estrella Fugaz a Scream, que no pudo tomar del brazo a su apurado compañero.

La reacción se demoró, pero cuando a Scream se le escapó un pequeño y diminuto “no” de los labios, Halcón Dorado salió persiguiendo a su amigo.

Es pesado, es una locura... es muy pesado” pensaba Estrella Fugaz, cuando tomó por los hombros a AHB-42, que descendía estrepitosamente. No lo pensó tanto cuando otros brazos tomaron por el costado al monstruo. Unas alas completamente extendidas y destinadas a elevar el vuelo cubrieron de los rayos del sol a AHB-42 y a Estrella Fugaz.

- Aumenta la potencia… creo poder elevarnos un poco para no caer tan cerca – ordenó Halcón Dorado, que les dio alcance.

Así, un fuerte impulso se llevó a los tres a varios kilómetros al sur. Nadie los vio, y sólo los habitantes de Angalileo, más tarde, pudieron describir la estela dorada que los cubría. El llanto de Scream abarrotó las líneas de comunicación, apenas segundos después de la inmensa explosión.

Kilómetros a la redonda fueron destruidos y contaminados por la radiación nuclear. El hongo atómico se vio desde la capital de Eria, pero estaba lejos, lo suficientemente lejos para no herir a nadie. Ese día, los héroes salvaron varios millones de vidas… pero perdieron a dos de las más preciadas para ellos.

Perdieron a sus amigos.


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14.11.12

Quasar #16

“Imperio” (2 de 3)
Historia: Zirijo


I

Jamás lo había pensado de esta forma. Siempre es ahora. El ayer es ahora, mañana es ahora” pensaba Henry Levesque, mientras avanzaba hacia la siguiente base militar canadiense, a ciegas, por la venganza.

Venganza contra esos que lo usaron como a un perro de caza, como su escudo y su imagen. Ellos querían que Quasar fuera su cara visible al mundo, su cuota de poder dentro del escenario mundial.

¿Quién puede hacer frente a este magnífico ser? Se preguntaban, orgullosos de la monstruosidad que cometían. Lo encadenaban a sus deseos, sus pequeñas carencias.

Todo en Quasar era perfecto para los canadienses. Su obediencia, su poder, su silencio.

El silencio producto de millones  de vidas y estrellas del cosmos que le tocó vivir. Todo se resumía en un solo instante, que pasaba por sus ojos.

La mejor de las vidas, y la primera que recordaba, era esta, la de Henry Levesque. De alguna forma mantenía consigo la fotografía de Mia, el ancla que lo ataba.

¿Este soy yo? ¿Estas son mis emociones?

Se preguntó una y otra vez, hasta aceptar a Henry como el original él. Todas las vidas del universo, todas versiones retorcidas y fragmentadas de Quasar.

Es tan minúscula la vida cuando la miras desde el corazón de un agujero negro. Es tan absoluto el universo cuando lo observas en la punta de tus dedos.

En frente, un nuevo “Escudo Q”. Esta vez, la venda de emociones estaba calmada, y allí se detuvo.

Quasar se ve a sí mismo reflejado, pero con la oscura sombre del cosmos a su espalda. El reflejo de una vida capaz de albergarlas a todas… ¿O el reflejo de todas las vidas del universo eras las que formaban la suya propia?

En tan sólo unos minutos fue rodeado por soldados canadienses armados hasta los dientes con el arsenal, resultado del Proyecto Quasar 1.5, abriendo fuego a la orden de Bernard Mathieu.

Un ensordecedor grito de furia salió de la boca de Quasar.

II

- Señor, tenemos noticias desde New York – interrumpió un soldado de comunicaciones los pensamientos del General Mathieu – The Wall está ayudando a nuestras tropas a tomarse el edificio de Naciones Unidas.

- Bien, ordene al comandante a cargo que coordine sus tropas con las de Campbell.

- Nos informan que no es él quien lidera el ataque.

- ¿Quién, entonces?

- No lo sabemos, pero no permite la comunicación con nosotros.

- Entonces apenas tengan seguro el edificio, los eliminan.

- Sí, señor.

- Señor, Quasar se está acercando a la segunda base… la que está en rango de impacto con civiles, y en la que se encuentra el depósito de armas de “rayos Q”.

- Ordene a las tropas que tomen posición de defensa del recinto. Que salgan… - se interrumpió Mathieu al ver el rostro de desesperación del soldado, por la sola idea de enfrentar a Quasar – Deme eso.

- ¡Salgan del recinto todas las tropas, para tomar formación de defensa alrededor de Quasar… recuerden: esto no es un ejercicio, él es el enemigo! – repitió Mathieu directamente al comunicador.

- Sí, señor – recibió como respuesta.

- ¿Cree que eso lo detendrá general Mathieu? – preguntó el Doctor LaPreé al militar – No sea iluso.

- Es la única manera que tenemos para detenerlo por ahora… de hecho es lo único que podemos hacer - respondió Mathieu.

- Aún podemos ponerle los brazaletes… debilitarlo para poder tenerlo bajo nuestro control.

- ¿Cómo, LaPreé? ¿Cómo quiere fabricar ese milagro?

- Con lo mismo con lo que lo interceptamos cuando regresó del espacio... con un pulso de Bosones.

- Explíqueme eso, Doctor – exigió Mathieu, al físico de la armada canadiense.

- Los Bosones son partículas elementales capaces de desarrollar supersimetría, estructuras que generan una idéntica a si misma... entre las cuales se desarrollan los Gravitones… En definitiva lo bombardearemos con gravedad.

Mathieu quedó preocupado… no parecía suficiente en su cabeza para detener a Quasar en su avance…

- Señor, hemos perdido comunicación con la base en Melfort…

- LaPreé… dispare todo lo que quera disparar… vamos a detener a ese monstruo.

III

Una escalofriante vibración recorrió la espina dorsal de los soldados que intentaban acribillar a Quasar, cuando éste soltó un grito de furia.

Los “rayos Q” provocaban pequeños espasmos en la superficie de Quasar, y cientos de disparos se hicieron sentir en su rojo y brillante ser. Como pequeñas quemaduras de cigarrillo, esa era la sensación correcta que lo embargaba cada vez que un disparo lo impactaba.

Él giró en sí mismo, aún suspendido en el aire, sobre la base militar de Melfort, la segunda en su camino. Observó a los soldados, y miró a través de su composición atómica. Él no vio sus emociones, ni sus sueños, no vio a hombres disparándole; él presenció la magia que ocurre entre las partículas que conforman la vida presente en cada uno de aquellos canadienses. Y también se vio a sí mismo, en cada arma, una pequeña parte de él, disperso, cercenado.

Con sus manos extendidas absorbió la energía de cada arma de los presentes, dejándolos desprovistos de ataque, e incapacitados para cumplir su misión. El escudo vibró a la vez que Quasar terminaba de recibir las fracciones de sí mismo que estaban disgregadas en el armamento. Se sintió enjaulado, apresado, detrás de la anomalía isotópica. Un espejo, un bastardo de sí mismo, al frente, desplegado sin voluntad, sin albedrio. Eso era para Levesque el escudo que estaba enfrente de él.

Con un movimiento de dedos, y abriendo sus brazos de par en par, Quasar comenzó a dar forma al escudo, separándolo de su fuente de poder, completando la burbuja en la que se escondía el arsenal que clamó por volver con su progenitor. Juntando sus brazos, la burbuja comenzó a apretarse, reduciendo su tamaño drásticamente. Apenas la burbuja ocupó el espacio de un segundo, la partícula, feliz de volver a su tamaño real, estalló en una explosión descomunal, opacando al sol, y a las estrellas más cercanas.

Desde fuera del sistema solar, se observó como si una fotografía hubiese sido tomada a la eternidad vestida de lentejuelas negras. Estrellas hechas vestido.

La explosión consumió al menos 50 Km a la redonda, hasta que Quasar, apenas medio segundo después de ella, absorbiera la onda expansiva, mientras su cuerpo brilló en un rojo potente.

¿Será que no pertenezco aquí? ¿Es que son reales las cosas que veo?” se preguntó Levesque, pero sintió la pesada ancla que portaba en él. Mia.

Sacudió sus ideas y abandonó el lugar de la catástrofe, ahora el objetivo estaba claro: Mathieu.

Avanzando, y al dejar la característica estela roja a su paso, Quasar notó la presencia de dos antenas justo en frente de las últimos dos “Escudos Q” que quedaban en pie, por sobre un nevado bosque de pinos. Las antenas eran verdaderos ojos, y con su paso emprendieron vuelo los cuervos que las usaban de nidos.

Cuando Quasar se aprestaba a fusionar ambos escudos cercanos, estos se desactivaron y dispararon ondas de partículas supersimétricas. Las antenas que quedaron a su espalda también dispararon estas ondas inmediatamente con la desactivación del escudo, encerrándolo en una jaula invisible.

El mareo, las náuseas, el vértigo embargaron al ahora indefenso defensor, quien de a poco descendía de los cielos. Una sensación ajena, de hambre y jaqueca, apretaron su estómago y su cabeza, agobiándolo más.

Las antenas continuaban disparando las ondas de Bosones, y Quasar caía de rodillas en el suelo, con sus manos en la cabeza, doliente, vencido.

Cerró los ojos, escuchó como se acercaba un vehículo militar. Los pasos de dos hombres. El sonido de grilletes. El silencio...

IV

Era un silencio familiar. Algo que antes había oído. Luego, oyó una orden.

- “Sargento Henry Levesque. ¿Me escucha?” – se oyó desde el comunicador del traje espacial.

Henry abrió sus ojos y vio que estaba el planeta Tierra en frente. Escombros de la Estación Espacial Internacional lo rodeaban y un ser rojo y brillante estaba a su lado.

No veía a su amigo Jean Mills, sino que sólo a esa figura que le recordaba algo.

- Señor, los escucho, hemos sido atacados. Un gran y brillante rayo de energía se dirigía a nosotros, pero mi compañero Jean la recibió por mí.

- ¿Él está muert...? ¿Él… falleció? – preguntaron desde la Tierra.

- No… pero algo extraño pasó con él.


Continúa…
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6.11.12

Quasar #15

“Imperio” (1 de 3)
Historia: Zirijo


I

En fuego y vacío ha sido bautizado. Henry Levesque, siguiendo la infinita luz de las estrellas, se encontró con el peor castigo para un hombre: perder su identidad.

La violenta estela roja plasmática que deja a en su camino hacia el norte, revela la velocidad de su carrera. Alejado de su mente, esta arma que han llamado “Quasar” es ahora su piel, su maldición. Maldición que sienten los árboles, caminos y rocas que se han cruzado en su camino de venganza.

- Señor, hemos encendido las alarmas, debemos movilizarnos... – alerta un soldado de las fuerzas canadienses a su máximo superior, el General Bernard Mathieu.

- No iré a ningún lado. Si Quasar se atreve a ponerme uno de sus monstruosos dedos encima, caerá toda la ley de este país sobre él. Es un delito marcial atacar a un superior – responde el General Mathieu, sin mostrar el miedo evidente que todos los que lo rodeaban sentían.

- De todas formas, Mathieu, creo que debemos poner las barreras necesarias – dijo LaPreé.

- Doctor LaPreé, aprecio su confianza, pero no referirse a mí teniendo en cuenta mi rango militar le podría traer serios problemas – respondió Mathieu.

- Yo no soy el enemigo… General Mathieu… - aclaró LaPreé – estoy aquí como un consultor y un asesor, en el caso de que ocurran cosas como estas.

- Bien, entonces activen los Escudos Q, y todos ustedes carguen sus armas  - ordenó el general.

Una tenue luz roja alberga ahora a cuatro de las más importantes bases militares canadienses, elevándose varios metros sobre estas, Escudos creados gracias a las investigaciones sobre el mismo miembro de Defensores Unidos, que permitieron desarrollar tecnología inimaginable hasta entonces.

- Dijiste que los brazaletes eran a prueba de fallas – dijo luego Mathieu a LaPreé, en un tono menos agresivo.

- Lo son... lo siguen siendo – respondió LaPreé – En ningún momento fueron los brazaletes de control los que fallaron. Algo más tuvo que afectar la psiquis de Quasar.

- Ya tuvimos un incidente similar con estos telépatas, en aquella misión en África* – acotó Mathieu – En esa ocasión dijo que estaba trabajando para impedir que Quasar fuera vulnerable a sus ataques.

- Y trabajé en ello, Los brazaletes interceptaron grandes nubes de datos que eran incompatibles con la psiquis de Levesque… las trabajó y las bloqueó en alguna parte de su cerebro, pero alguien, o algo más tuvieron que interceder.

- ¡Necesito comunicación inmediata con Monsieur Canadá, pónganlo en línea! – ordenó el General.

II

Levesque no estaba acostumbrado a esto. Su mente se retorcía entre recuerdos, premoniciones, futuros inciertos, y presentes múltiples. La revelación de su propia identidad y la rabia que sentía, hacían que su psiquis se paseara por lugares inexplorados de su mente.

Él sabía todo por lo que los canadienses lo hicieron pasar, pero como un observador, como un espectador alejado de su propio cuerpo. No se reconocía en mesas clínicas, ni en laboratorios siendo puesto a torturantes pruebas. El dolor, la rabia, la nostalgia, la alegría… emociones que no había explorado desde hace mucho, almacenadas en un rincón de su ser, ahora, volviendo loco su cerebro, haciéndolo explotar nuevas habilidades, nuevas destrezas.

Imágenes congeladas, reanimándose nuevamente, recuerdos producidos por clarividencia, emociones extrasensoriales. Todo tan nuevo, y tan conocido… todo tan olvidado… desde la primera vez que fue Quasar.

En aquel momento… justo cuando su psiquis se fundió con la energía proveniente de un rincón del universo, estas cosas ya estaban ahí. Los saltos cuánticos que dio su alma fueron infinitos, hasta que la plausibilidad de su ego coincidió al cien por ciento con las posibilidades individuales de su conciencia, cruzándose en el mismo sitio. Ahí nació nuevamente Henry Levesque, y ahí nació también Quasar.

La luz y la sombra que se crían en la infinidad de vacío, vieron salir de la nada a esta creatura, resultado de la manipulación absoluta de una inteligencia superior... Cosas que Henry no entendía, cosas que nunca quiso entender. Su interior era tan grande como lo es el universo que nos sustenta; su mente, capaz de viajar por las distintas posibilidades de la existencia. Su deseo, no era ninguno, solo existir, y por eso lo usaron.

Había caminado por los senderos de la casuística indescifrables veces, todo esto en un instante, alcanzando una sabiduría absoluta, pero su mente se cansó. Envejeció tanto al momento de su nacimiento, que no tuvo fuerzas para demandar. Y no fue más que una herramienta usada para propósitos mezquinos, comparados con la vida del universo… un arma absurda. Un títere. Hasta ahora.

La suave mano psíquica de Camille Sanders lo hizo despertar. Él debía ser él nuevamente, dejar de seguir las insignificantes órdenes de los hombres, para perseguir su propio objetivo.

Pero por la mente de Henry Levesque no pasaba ningún objetivo... solo confusión y enojo. Sus ojos vacíos veían entre las cuerdas que sujetan esta realidad, su piel sentía morir los taquiones en sí mismo, y a su alrededor... El poder de sus puños almacenando explosiones que sólo se ven en la superficie del sol, y su mente está en todas partes.

Quasar avanzaba por suelo canadiense. Se dirigía a la primera base. Podía ver el halo que la protegía, pero no le importaba. Dentro de la cápsula las probabilidades se reducen a cero. Su poder es incapaz de ver a través de sí mismo, y la contradicción se vuelve isotópica. Nada de eso le importaba a Levesque. Él sólo quería satisfacer el deseo más humano de todos. Venganza.

III

- Señor, el ataque fue un éxito. Hemos podido manejar la situación sin Quasar. Hemos repelido a las tropas especiales estadounidenses, y volvemos a tener el control sobre Los Angeles. – respondía Monsieur Canadá a las preguntas que formulaba el General Bernard Mathieu a través de los comunicadores a larga distancia.

- Pero aún no me dicen qué fue lo que le sucedió a Quasar para que se descontrolara así – indicó Mathieu, irritado.

- Al entrar a Los Angeles, Quasar se hizo cargo de inhabilitar las vías terrestres, tal como usted señaló en la reunión de estrategia, mientras que Polar y yo nos encargábamos del tránsito aéreo y de la población – respondió el hombre con la gran bandera de Canadá en el pecho –... Pero luego soltaron al monstruo.

- ¿Qué monstruo? – preguntó LaPreé.

- Llegó agitado, muy rápidamente, y se lanzó contra Levesque de inmediato. No pudimos interferir, ya que algunas tropas de las fuerzas estadounidenses se infiltraron en la ciudad.

- ¡¿Qué monstruo, preguntó el doctor?! – interrumpió el General.

- Se presentó como Luz, y apenas llegó causó interferencia en los comunicadores y las imágenes que estábamos enviando.

- Luz… - susurró LaPreé.

-¿Eso le dice algo, Doctor? – preguntó Mathieu.

- No, sólo tratando de hacer memoria... – respondió el Doctor – De todos modos, el enfrentamiento con Luz no sería capaz de alterar la onda de control de los brazaletes.

- Luego una mujer intervino….

- ¿Qué mujer?

- No lo sé, señor – respondió el heraldo canadiense – Ella simplemente venía con su rostro pintado, pero no llevaba ningún tipo de uniforme. Cuando ella se puso entre el camino de esos dos, algo pasó que comenzaron a convulsionar y a brillar de forma anómala.

- ¿Quién podrá ser? – se preguntaba LaPreé.

- Según Polar, ella era Lady Star. La reconoció por la descripción que le dimos, y por la forma en que estaba de pie, tomándose la cabeza… al parecer es una telépata muy poderosa.

- Sí, una telépata… ella podría haber entrado a la mente de Quasar, para alterar las ondas de recepción de las señales… eso explica la pérdida de control.

- ¿Cómo lo volvemos a controlar? – preguntó Mathieu, luego de cortar la comunicación.

- Es imposible.

- ¿Cómo que imposible?…. Lo tenemos trabajando con nosotros porque usted es una eminencia en el campo de la ciencia… no puede decir que es imposible.

- Es imposible… En nuestra actual posición, no podemos asegurar que Quasar regrese en forma pacífica, y nos deje colocarle nuevos brazaletes… a larga distancia es imposible.

- ¿Entonces? – preguntó ofuscado Mathieu.

- Debemos tenderle una trampa.

IV

Cuando Henry Levesque hizo contacto con el Escudo Q, la sensación fue como la de golpear su cuerpo con su propia mano. Las ondas emitidas por el arma canadiense poseían la misma contextura molecular que la del héroe. Los nuevos pensamientos nublaron su mirada y los transportaron a través de un salto cuántico, a una de las múltiples realidades a las que tenía acceso su agotado poder.
Se vio a sí mismo atrapado en una máquina infernal, de frente a un sujeto con un gran enchufe, atravesando su corazón, tratando de hacer girar el mundo de nuevo. Un gran dolor lo agobió y lo hizo saltar de nuevamente.

Ahora estaba en una cama, acostado al lado del amor de su vida, tratando de descubrir los misterios ocultos de las palabras. Ligando ideas a través de lazos neuronales, rápidamente, inalcanzables, ni siquiera por los iones de luz.

Cuando su alucinación terminó, Quasar se vio tendido en el suelo nevado de Canadá, en el peor de los inviernos que les haya tocado pasar. La base estaba completamente destrozada, ya que Levesque había impactado con la edificación al caer, nublado por las visiones de universos perdidos.

- ¡Alto, Levesque! ¡Estás detenido por actos de rebeldía! – le informaba un soldado que había recibido la orden desde el cuartel principal.

Sin pensarlo dos veces, Quasar expulsó una onda de energía de todo su cuerpo, golpeando a sus compañeros de armas, y lanzándolos al suelo, mientras que el edificio completo tembló, por la gran cantidad de poder emitido. Algunos dispararon al incorporarse, y otros lo hicieron del suelo, pero pasaron inadvertidos para Quasar, que se elevaba unos centímetros del suelo y avanzaba atravesando los muros de la institución militar.

Buscaba algo. ¿Venganza? No, eso todavía podía esperar. Buscaba algo que vino a su mente en ese instante de divagación dimensional, algo que lo ataba a esta realidad. Un recuerdo, de ella. Mia.

No podía dejar de pensar en Mia al momento de despertar. Una intensa lluvia de meteoritos impactó en sus recuerdos sobre ella, volviéndolo ciego ante lo que lo rodeaba.

Los soldados continuaban atacándolo, pero este ni se inmutaba. Henry estaba buscando a Mia. Era absurdo. ¿Por qué buscarla en un recinto militar?... Hasta que llegó a la sala que le sirvió de recámara los primeros días de Quasar.

Para él, Mia estaba prohibida. Sentimiento alguno estaba prohibido. Pero eran órdenes fáciles de cumplir. Sus propias emociones estaban tan ocupadas tratando de sobrevivir al frío vacío que comenzaba a predominar en el interior de su nuevo ser. Pero a pesar de todo eso, los meses en los que estuvo cautivo por LaPreé y Mathieu en este recinto, una sola cosa lo mantenía unido a esta realidad. Ese pequeño trozo de papel al que buscaba. Una fotografía de Mia que guardaba en su casillero en la base militar en sus tiempos de soldado. La recuperó gracias a un sueño, y no la dejó ir hasta su inclusión en Defensores Unidos. Un ancla de papel y recuerdos.

Henry la vio, en el mismo sitio en que estaba en todas las dimensiones la misma fotografía, y exactamente las mismas palabras que se iban a repetir una y otra vez, eternamente, nacieron de su boca.

- Te extrañé.

V

- Tenemos información de la base Suffield. Su Escudo Q fue destrozado al menos hace tres horas. Tenemos una destrucción masiva de la instalación, y no se reporta ningún superviviente – dijo el encargado de las comunicaciones del Cuartel de Mathieu – Señor, repito: ningún superviviente.

- Ese infeliz debe estar alterado… nuestros psiquiatras lograron sacarle que en los primeros días, el imbécil de Levesque nos obedecía por haber asesinado accidentalmente a cuatro de nuestros hombres… cuatro, por favor… ¡perder cuatro soldados no es nada comparado con lo que ganamos! – dijo Mathieu, perdido en sus propias divagaciones - Ahora elimina a todo un pelotón de hombres y ni siquiera da muestras de arrepentirse.

- No se observa movimiento – interrumpió el soldado, molesto por el comentario de su superior.

-  General, debemos prepararos para su arremetida – dijo entonces LaPreé – Él está buscando llegar hasta acá… se lo aseguro.

- ¿Entonces por qué no viene directamente a enfrentarme? – preguntó consternado Mathieu.

- Creo que quiere que le temamos.

- Imposible… Levesque es un inútil… ni siquiera en sus más ambiciosas fantasías podría pensar en un juego psicológico con nosotros… es un estúpido… es un soldado más.

- Creo que lo subestima, General... – dijo LaPreé.

- Lo que hago es pensar con la cabeza fría – aclara Mathieu – Como usted bien dice Doctor, lo esperaremos... pero con lo que él menos se espera.

Una interrogante se dibuja en el rostro de LaPreé, hasta que ve que Mathieu toma un arma desarrollada bajo el rótulo de “Quasar 1.5”.

- Con esto estamos masacrando a los estadounidenses…. – explicó Mathieu, sosteniendo un arma de energía residual del mismo Quasar –... y con esto mismo lo detendremos.


Continuará…
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* En “Quasar Anual” #1


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26.9.12

IMPERIO #8

“Mentiras”
Historia: Zirijo & Rodrigo Roa.


I

No importa donde estuvieses, ahora el peligro estaba en todas partes. El Imperio no es seguro, el Imperio lo quiere todo. El miedo dentro de sus corazones sólo lo hacía más fuerte, y eso estaban haciendo los habitantes de Los Angeles, que estaban bajo sitio, por las tropas de Le Projet Acadia.

Habían estado rodeando y cortando las fuentes de comunicación con el resto del país. Estados Unidos del Mundo, como lo llamaban las fuerzas políticas de ese país, estaba en peligro. Su propaganda del terror por fin se estaba dando vuelta contra ellos, en manos de la nación vecina de Canadá. Monsieur Canadá, Polar y Quasar forzaban la evacuación de la ciudad. Pero estaban solos. Quasar hizo intransitables los accesos terrestres y las comunicaciones inalámbricas, mientras que Polar hizo lo mismo con los aeropuertos.

Por las radios se oían noticias de que la costa Noreste estaba bajo ataque por los mismos canadienses, que portaban armas cargadas con la misma energía residual de Quasar. Era la mano de este miembro de Defensores Unidos la que doblegaba ahora al Imperio, pero este respondió con algo salido del mismo abismo. Una criatura capaz de cualquier cosa. Luz.

- Somos Luz, y pagarán por lo que me hicieron – dijo el extraño ser, capaz de brillar como cien soles, y generar energía como nuestro astro padre.

El General Burt Smash aprovechó el intertanto para atacar a Polar y al campeón canadiense, mientras que Luz no paraba de mirar a Quasar.

Éste, con la mirada perdida, por un momento esbozó una expresión de lástima, pero luego, un golpe electromagnético liberado por sus brazaletes lo hizo perder cualquier atisbo de compasión.

- “Ataca” – susurró la voz en el oído de Quasar.

El arma más poderosa de Canadá no dudó. Levantó uno de sus brazos y concentró un poco de energía, lanzándosela inmediatamente a Luz. Pero éste la recibió con sus manos, produciendo un destello que segó a todos los presentes por unos instantes, haciéndola desaparecer en su propio cuerpo. Luz se lanzó en embestida.

Ambos se cruzaron, arrasando con todo a su paso, incluyendo toda la North Grove Avenue, entrando en un parque residencial.

La población estaba histérica. De ahora en adelante, ningún lugar era seguro.

                                                                           II

- ¡Debemos mantenernos firmes, Presidente! – le decía el ministro de defensa a Ronald A. Jackson, Presidente de la República de Eria.

- Sabe lo que significa eso, Ministro... es en definitiva una sentencia de muerte para nuestros ciudadanos.

- ¿Me está diciendo que no vamos a defenderlos de esta estupidez? – recriminó el Ministro de Defensa.

-  No se trata de defenderlos o no… se trata de mantenerlos vivos. Eria siempre se ha caracterizado por mantener neutralidad en este tipo de conflictos, ya vio la Primera y la Segunda Guerra Mundial. No nos involucramos… esta no será la excepción.

- Presidente... – interrumpe uno de los asistentes de la cámara presidencial – Hemos vuelto a estar en línea… me dicen que un tal J. Monroe está intentando entrar en nuestro sistema de defensa.

- ¿Monroe? – se pregunta en voz alta el mandatario.

- Es uno de los hombres de Campbell… es The Wall que está haciendo lo que nosotros deberíamos - respondió el Ministro, dirigiéndose con rapidez hacia el salón de monitoreo e inteligencia.

- Señores presidentes y primeros ministros – dijo la figura distorsionada de un sujeto moreno, bajo y de lentes – Mi nombre es J. Monroe, y estoy ingresando en sus archivos. No les pido permiso, ni les he enviado una misiva antes, pero teniendo en cuenta la situación que atraviesa el mundo, me vi en la obligación de actuar.

La guerra está en su punto más álgido. Canadá ha dado el primer golpe. Nosotros hemos dado el segundo. Espero que con esta comunicación entren en razón sobre su posición en esta guerra. Hoy Estados unidos es el enemigo, pero cuando lo derrotemos, y estoy seguro de que así será, todos aquellos países que lo hayan apoyado, verán la determinación de The Wall.

- Señor, el discurso es una treta… están activando una sistema de comunicación unilateral con nuestros servidores…

- Desconecte el Internet, la señal… ¡o lo que sea que estén utilizando para hacer eso! – ordenó el ministro de defensa.

- No podemos, ellos tiene una cosa llamada “Alternet”. Se alimenta del Internet, pero la utiliza como canal de entrada… ellos tienen su propia señal de conexión.

- Un regalo. La señal de muerte, para ustedes… la clave para desactivar a los vehículos militares llamados “Pershings”... úsenla solo si están seguros de qué lado del conflicto están.

- Señor, ha alojado un archivo malicioso en el servidor. La computadora lo identifica como un virus, pero en realidad no sabemos qué sea.

El presidente de Eria se sentó, superado por la situación… pensó, se tomó la cabeza... siguió pensando.

- Den la orden de acuartelamiento…. Estamos en pie de guerra. Eria no se rinde.

Una extraña sonrisa invadió el rostro del Ministro de Defensa. Una mueca entre alegría y miedo. Era una victoria para la libertad, una señal de amenaza para el Imperio.

III

- Lo que más me sorprende es que en las noticias no dicen nada – le comentaba Mary Baker a su novio, Harry Daniels, o más conocidos por sus nombres clave: Adrenalina y Riesgo.

- Por eso el mundo nos toma como tontos… nunca nos informamos lo suficiente – respondió Riesgo – Pero es momento de movernos.

Ambos, a bordo de sus tablas deslizantes se movían al norte. Las estaciones de radio avisaban que en Detroit fuerzas extranjeras estaban atacando a ciudadanos civiles norteamericanos, y que todos debían hacer evacuación de la zona. Riesgo y Adrenalina tenían que estar ahí… debían ayudar.

Cuando estuvieron allí no supieron qué pensar. Los soldados de Canadá, que apenas dejaban verse, estaban en un constante tiroteo con policías y algunas tropas de reserva del ejército, tratando de hacer frente a los invasores. Pero estos disparaban rayos poderosísimos de energía, con propiedades cuánticas. Eran rayos rojos, poder visto sólo en un sujeto: Quasar.

Las armas estaban cargadas con energía extraída del mismísimo miembro de Defensores Unidos, y los soldados las apuntaban sin piedad. Algunos eran desmaterializados y otros teletransportados; no se sabía a ciencia cierta cuál era el efecto real de las armas.

Los soldados canadienses también se movilizaban abarcando la costa este del país. Iban hacia la capital de la nación. En ese lugar los esperaban los miembros del Proyecto R-evolución, los cuales tenían problemas para repeler el ataque de los canadienses, fieros y decididos. Grandes enjambres de avispas y de insectos circulaban por New York, por obra de Lady Bug, apoyando los ataques mancomunados de Wild Dog y Lagarto... pero la munición cuántica seguía siendo más efectiva.

IV

Las explosiones habían empezado hace horas. La ciudad de Los Angeles estaba en completo caos. Dos figuras luminosas se movían por los cielos de la ciudad, mientras la gente estaba desesperada. No sabían dónde ir, ni donde refugiarse.

Una mujer miraba la situación, y pasaba desapercibida entre la masa. Ella mantenía la mirada fija al cielo, como un reflejo que aún quedaba de su actuar. Ahora no tenía la fuerza de antes… se la habían robado. Se sentía llamada a moverse, a reaccionar… de hecho sabía que podía un poco… pero estas eran fuerzas descomunales, era una pelea entre dioses… como en la antigüedad. Camille Sanders dudaba de su capacidad. Sabía que aún tenía algunos poderes telepáticos y telekinéticos, pero…

Quasar y Luz pasaron por entre medio de un alto edificio en el centro de Los Angeles, dejando caer vidrios y estructura sobre los civiles que corrían por todos lados. Los gritos no esperaron y Camille no dudó en mover su mano y mover su mente hasta los objetos amenazantes. Estos se detuvieron en el aire, y las personas entre sorprendidas y agradecidas corrieron hacia las afueras de la ciudad.

Su mano temblaba. “Esto es lo que puedo hacer”, se trataba de decir a sí misma. “Esto es todo”, se repetía, mientras los demonios caídos de las estrellas destellaban en cada ocasión en que golpeaban.

- ¡Mira lo que nos han hecho! – gritaba Luz con cada golpe que asestaba a Quasar - ¡Míranos!

Quasar no respondía. Y esto más irritaba a Luz.

Quasar recibía los golpes, pero no sentía dolor, ni curiosidad por las incoherencias que gritaba Luz en su ataque. Los golpes daban en su rostro, estómago y brazos, pero nada podía sentir este hijo de las estrellas. Gracias a los brazaletes que el Doctor LaPreé había puesto en sus antebrazos, nada quedaba de Henry Levesque. Ondas de caos y electromagnetismo nuclear provocaban un estado hipnótico sobre el poderoso canadiense, desligándolo de su voluntad y conciencia. Luz en cambio, era todo ira.

En un momento de duda, Camille Sanders, se concentró. Sintió el espectro magnético bio-psíquico de Luz, que era fuerte y constante, mientras que la presencia psíquica de Quasar era vaga, y casi intangible, como si estuviera siendo atraída por un imán de ideas.

Entonces lo entendió. Camille no necesitaba un uniforme para hacer lo que hacía. No necesitaba un permiso o una insignia, ella simplemente podía… quería ayudar. Se concentró con todo su poder sobre ambos poderosos entes, y sintió como muros caían en su psiquis, cómo el poder fluía...

V

Acostumbrada a entrar en la mente humana, Lady Star atravesó la nebulosa de pensamiento que representa la cobertura superior de la psiquis. Dentro, su presencia se condensó en su propia figura, con su característico uniforme, flotando en el espacio que podríamos llamar “la mente”.

Como la explosión de habilidades fluyó de forma violenta, en realidad no sabía dónde estaba, si en la mente de Luz o Quasar, o incluso una mezcla de ambas. Tenía conocimiento de que podía generar puentes y conexión entre psiques, para generar escenarios compartidos e interacción sináptica en cadena.

Imágenes congeladas configuraban los recuerdos que podía identificar en una mente violenta, llena de marejadas de emociones y cicatrices. Vio entonces un espejo, miró a través de él y vio un mundo completamente diferente a lo que ella comprendía. Burbujas ataban la realidad, distorsionando la radiación del sol y generando escudos de rebote, que hacían que la luz se dispersara. Dentro del espejo, vio el reflejo de dos sujetos.

- “¿Quiénes son ustedes?” – dijo y pensó Lady Star. A estas alturas, era lo mismo.

- “¡Ayúdanos! ¡Llevamos atrapados años en él!” – gritaban los prisioneros del espejo – “Tratamos de advertirle que no es cierto, que lo están manipulando”.

- “¿Le? ¿A quién tratan de advertir?” – pregunta Lady Star.

- “A él... a Luz”.

Lady Star miró por todos lados y vio extrañas imágenes. Se acercó y vio cadenas sobre los recuerdos, sintió las cicatrices con sus dedos, y vio los hilos que incrustaban imágenes falsas a la mente de Luz. Vio situaciones irreales, e incongruentes, y vio retratados a todos los integrantes de Defensores Unidos haciéndole un tremendo daño a la criatura hecha de destellos.

Lady Star desprendió y cortó las cadenas con su mente, reuniéndolas todas, aquellas que parecían falsas, y las compiló en un cofre arquetípico. “Con esto será suficiente”, pensó luego, mirando el espejo.

- “¡Sácanos de aquí!” – gritaban los reflejos… avejentados.

Trató de hacer algo con su telequinesis, pero nada. Por ello, materializó una objeto puntiagudo, para romper el espejo.

Lo elevó, y lo dejó caer. Apenas el objeto tocó la superficie de la prisión, todo comenzó a temblar, a desfigurarse… la mente de Luz, supo que había un intruso en su inconsciente.

Luego de ser expulsada de la mente de Luz, Lady Star despertó en una hermosa representación de la Vía Láctea. Brazos de nubes estelares adornaban el completo vacío de lo que se podría pensar como espacio exterior. Luego, una firma psíquica… “Alguien estuvo acá”, pensó, al ver una extraña materialización de una escalera, que se extendía horizontalmente hacia el centro de la galaxia.

En la escalera, atados en capsulas, habían pensamientos, reflexiones y conocimientos sobre la mente humana muy profundos y dignos de un maestro. Lady Star los recogió todos, hasta llegar al corazón de la galaxia, un agujero negro. Cerca de él, en el horizonte de eventos, una máquina capaz de desestabilizar el agujero negro, emitía señales de onda corta, como tratando de entrar. Una nube de gases cósmicos estaba dispersos, lejos del potente foco de gravedad absoluto del fenómeno astral. El agujero no tenía con qué alimentarse.

Dentro de su poco conocimiento astronómico, Camille Sanders sabía que de los agujeros negros se podían generar grandes explosiones de este gas, conocidos como quásares... ahora todo tenía sentido.

Con un cúmulo de gas, hizo que el agujero negro comenzara a activarse. La máquina no aguantó el estrés astral, y provocó una chispa. Esta chispa encendió el gas que rodeaba al agujero negro, despertando al quásar.

- ¿Qué haces aquí? – pregunto una voz omnipotente.

- ¿Quasar?, trato de ayudarte – respondió Lady Star, buscando la fuente de aquella voz, pero era como si proviniese de todas las diminutas estrellas que conformaban la galaxia.

- Henry es mi nombre… - respondió la voz, provocando que una gran ráfaga sideral empujase a Camille al corazón del agujero negro.

Luego… Los Angeles.

Luz se retorcía en el suelo, enceguecido por el dolor, tomándose la cabeza, mientras que Quasar, flotando en el aire, no atendía a emoción alguna.

- Ellos nos engañaron…. Nos mintieron… hicieron que lastimáramos a toda esta gente – repetía Luz, atontado, aturdido, perdido.

Pero Quasar, sintió el golpe electromagnético de LaPreé y se encorvó de enojo. De una sola descarga desintegró los brazaletes, cortando la comunicación que se mantenía con los cuarteles del Ejército de Canadá. Miró a su alrededor y vio la destrucción. Vio al Luz y vio a Camille recuperándose de su “irrupción” en la mente de ambos.

- ¡Responde Quasar! ¡Hemos perdido la señal! ¿Qué es lo que sucede? – se oía en los oídos de Quasar. Palabras llenas de imposición y autoritarismo.

- ¡Mi nombre de Henry! ¡Soy Henry Levesque!  ¡Y YA NO SOY SU MASCOTA! – gritó enfurecido Quasar, emprendiendo un violento vuelo hacia el norte, en dirección a su propia nación, dispuesto a arreglar cuentas con sus superiores.

Epílogo.

- “Activar código tántrico up.8654.move.D.S”. Alineando chacras catódicos. Forzando códigos de alineación”.

La máquina de destrucción masiva conocida como AHB-42 se ponía en funcionamiento otra vez. De las ruinas de lo que alguna vez fue Londres, esta abominación científica se ponía de pie y digitaba códigos dictados en microondas, desde la base ubicada en el corazón del Imperio. De su brazo se desplegaba un teclado y dejaba ver una pantalla verde. Los números y ecuaciones desfilaban por la pantalla tan velozmente que en un par de tecleos la bomba atómica humana terminó su tarea.

- “Ingresando coordenadas de detonación. Objetivo: Angalileo, Eria”.


Continúa en Quasar #15 y #16 y en IMPERIO #9…
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