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19.9.12

Zudo #15

El Camino del Guerrero (3 de 3)
“Vacío”
Historia: Zirijo


I
Ahora.-

- ¿Nos hemos refugiado lo suficiente? – pregunta León a su padre, el capitán de la nave Kraken, de Los Calaveras.

- Los Sky Rangers nos dieron la ventana perfecta para escondernos – responde Arthur Schweppes, padre de León.

Los Calaveras, con su flota compuesta por cinco barcos, hemos estado refugiados en las costa este de Estados Unidos, luego del ajetreo de los eventos ocurridos en New York.

- El GPS muestra que estamos cerca de K West... podemos ocultarnos ahí, y luego saltar a Cuba, ellos pueden ayudarnos – dice uno de los de abordo.

- Cuba no nos puede ayudar, debemos pedir asilo en Eria – responde el capitán.

- Zarpemos entonces – exclama León.

Los preparativos fueron hechos. Las cinco naves continuaron su viaje hacia el sur, tratando de burlar la seguridad norteamericana. El Kraken, nuestra nave, se eleva, tomando velocidad, activando sus sistemas anti-gravitatorios y de movimiento en el vacío.

- ¿Qué es eso que aparece en el radar? – pregunto, ya que no puedo dejar de mirar lo que pasa.

- Se mueve demasiado rápido, señor… se dirige hacia acá... ¡Cuidado!

Una poderosa explosión destruye el casco del Kraken. Un gran impacto dio con los motores, desestabilizando la estructura de la nave, precipitándose a suelo.

- ¡Todos a las balsas de transportación! ¡Cambien de barco! ¡Todos al Hydra! – era la orden de abordo.

Apenas podían moverse en el transcurso de la caída. Algunos llegaron a los dispositivos, otros entraron en pánico, y otros simplemente se aprestaron a morir.

- ¡Vete, hijo! ¡Debes liderar a estos hombres! – gritaba Arthur Schweppes en medio de la caída libre, a su hijo León.

- ¡No padre, moriré contigo aquí!... me hundiré con el barco.

- Este no es tu barco, hijo… es muy pronto para ti – dice el capitán, empujando dentro del dispositivo de transportación a su hijo, alejándolo de la catástrofe.

Desde lo alto, una figura se mantenía en suspensión. The American Dream miraba como se desplomaba el Kraken, sosteniendo en una de sus manos una pieza del destrozado motor.

- Dale mis saludos al Rey Negro… fue un placer haber servido con él – dijo Arthur.

- ¿De qué estás hablando? ¿Qué pasará con mis amigos prisioneros? – pregunto desconcertado.

Luego, el impacto con el suelo… y todo se vuelve oscuro.

II

Burbujas rojas y un mar de sangre. Puedo ver como los símbolos quemados en mi piel brillan e interactúan con la sangre en la que estoy sumergido. No puedo contener más la respiración, y dejo salir el aire que me quedaba en los pulmones.

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25.8.11

Zudo #14

El Camino del Guerrero (2 de 3)
“Fuego & Aire”
Historia: Zirijo

I

Ahora.-


Nunca antes había navegado en un barco. La brisa en mi rostro es refrescante, y la sal del mar se pega en mis labios. Es fácil que la mirada se pierda en el infinito del mar, que sigue hasta donde se acaba el mundo.

- No deberías perderte en el mar, tus dudas traen a las sirenas, que te llevarán con sus cantos y palabras dulces – me dice León Schweppes, hijo del capitán del Kraken, y de “Los Calaveras

- Es casi imposible no mirar el mar – le digo, sin quitar mi mirada del océano.

- Deberás hacerlo, Zudo. Mi padre quiere que encontremos al tuyo – dice el aprendiz abordo.

 - ¿Y no crees que lo he intentado? – le digo – Llevo todo este tiempo tratando de averiguarlo, y no sé donde se encuentra el maldito inglés.

- ¿Tu padre es inglés? – me pregunta, notando el detalle de cómo lo llamé.

- Si, Julius Price, graduado con honores en Oxford, y contratado por el gobierno de Eria.

- Pero los americanos los querían… – comenta León, apoyándose sobre el borde cubierta.

- Es una enredada historia. Nunca supe muy bien para quien trabajaban mis padres, pero lo que sí sé, es que mi padre comenzó a tener una extraña actitud desde que mi madre despareció.

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25.6.11

Zudo #13

El Camino del Guerrero (1 de 3)
“Tierra & Agua”
Historia: Zirijo

I

Ahora.


 Cada vez que termino inconsciente, despierto en algún lugar bizarro. La humedad de las barracas, el moho y el olor a podrido adornan la celda que nos mantiene prisioneros en este barco. Somos tres quienes compartimos el encierro en este lugar: Hefestos, Takumi y yo.

- ¿Crees que la princesa esté bien? – pregunta Hefestos a quien quiera responder.

- Está muerta, herrero – responde Takumi, mi nuevo tutor.

- Eso no lo sabemos  comento.

- El general Smash no permite que nadie que represente una amenaza siga con vida – dice Takumi – menos un miembro de honor de La Rosa De Colores.


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19.2.11

Zudo #12

¿Héroe? (2 de 2)
Historia: Zirijo

I

Una explosión, mucho polvo en suspensión y el cuerpo de Richard Butler, Ultrabot, volando por los cielos. Luego, una voz.

 - Zudo, por fin nos vemos otra vez… ¡Ahora terminaré lo que empecé en el desierto! – exclama Elena, con un cúmulo de energía oscura en sus manos.

- ¿Qué estás haciendo Elena? – pregunto consternado.

- Elena no, Shadow.

Luego de ser salvados de las manos de “Control”, Ultra Force me ofreció ayudar a Elena, que estaba muy dañada por el control mental de este villano. Ellos nos llevaron hasta su morada, nos recibieron con los brazos abiertos, pero…

- ¿Qué te pasa Elena? ¿El desierto?... no me digas que…

- Una trampa, Zudo… todo este tiempo ha sido una trampa – me interrumpe Shadow, ya no Elena… sino que su nombre clave como secuaz de Smash.

El Amo de los Espejos sale de la sala destruida por la explosión apuntando uno de sus “Rayos-reflejo” apuntando a la espalda de Shadow. Dispara, pero ella lo ve venir, y utilizando una de sus manos, llenas de energía oscura, absorbe el disparo.

- ¿Sigues aquí? – pregunta, arrogante – Pensé que con la explosión sería suficiente.

- Veo que no me conoces, muchachita. Esto recién comienza… Ultra Force, ¡Formación de batalla! – exclama el Amo de los Espejos.

De inmediato, los sorprendidos Halcón Dorado y Estrella Fugaz se alinean en algún tipo de formación circular.  El primero en lanzarse al ataque es Halcón.

Elena está buscando algo. Mira en todas direcciones, mientras se acerca Halcón Dorado con su ataque. Busca hasta que lo encuentra, y de un solo movimiento esquiva la estocada del héroe y lo lanza a los escombros. Sale corriendo y lanzando pequeñas bolas de energía oscura hacia el humo. Cuando, y por el ataque, se disipa la cortina de humo, veo a Scream.

- Ella es a la primera a la que debo eliminar – dice Elena, acercándose lo suficiente para esquivar el pequeño grito que logra emitir la heroína, y dejarla fuera de combate con un golpe, directo al plexo solar.

Elena, observa la situación, y espera.

- ¿Qué estás haciendo? Esto no debería estar pasando – le grito, desde donde estoy. No he dado ni un paso, congelado por la sorpresa y la amargura.

- Sigues siendo el niño que capturamos en Angalileo, ¿no es cierto, Zudo? No has aprendido nada. Ni siquiera te diste cuenta de las llamadas, de mis desapariciones. Ingenuo Zudo, viste lo que querías ver, y ahora tus amigos pagarán por eso.

Elena sigue lanzando energía hacia todas direcciones, levantando más polvo. Ella se mueve, busca la sorpresa y el descuido. Estrella Fugaz es el siguiente en caer. Un ataque por la espalda.

- Sigues tú, hombre calvo… tu equipo no puede conmigo – dice Elena, detrás de la cortina de polvo.

- Smash hizo un buen trabajo contigo muchacha. Debió entrenarte desde pequeña en el arte del combate – alaga el Amo de los Espejos a Elena - Pero hay algunos que nacen con algo que no se puede alcanzar… Valor.

II

¿Qué estoy haciendo? ¿Dónde estoy? ¿Qué quieren que haga? No puedo sacarme estas preguntas de mi cabeza. Desde que todo esto empezó me las hago más frecuentemente. Siempre quise una vida emocionante, pero no como ésta. Mi padre, que ni siquiera sé qué hace, ni quién es. Mi madre, que se fue de casa por culpa de mi padre. Mi hermano, lo dejé en Angalileo… La Casa Roja, Codex, Smash, Elena… tantas personas que hay en mi vida, y ni siquiera sé de qué se trata todo esto.

Mis pies quieren huir, estar lejos de todo este ruido y humo. Las ráfagas de viento y polvo no me dejan tranquilo. En esa pelea, en un lugar ya muy lejano de mi memoria, vi una sonrisa en su rostro. Vi que por primera vez hacia feliz a alguien con lo que hacía. Me llené de orgullo y seguí, pero… todo era una mentira. ¿Mi vida es una mentira? ¿Puedo seguir con esto?

¿Una puerta?, ¿Dónde estoy?... esta puerta… ya la había visto antes. Ya he estado aquí, con Control. Puertas abiertas, dan a cuartos llenos de recuerdos, llenos de lágrimas y sonrisas. Puertas que dan a cuartos llenos de momentos lluviosos, melancolía, dolor y pena. Pero hay una puerta cerrada.

Es distinta a las demás. En sus costados hay cristales… energía, calor y paz. Sellan la puerta por completo. La puerta está hecha por miles de trozos de otras puertas.  ¿Qué demonios, se puede oír algo?  ¿Son gritos? Si, son gritos, pero gritos llenos de odio, cargados de resentimiento.

Hay una grieta. Sale una especie de líquido rojo y negro… sale de a poco y está llenando los otros cuartos. ¿Qué pasa si lo toco? Toma vida… está tomando forma… ¿Un escudo?
Corre por mi mano derecha hacia la izquierda y se transforma en un escudo alargado. Siento mi corazón palpitar más fuerte… cada vez más fuerte. Cada latido hace que el escudo se vuelva más pesado y más grueso. ¿Qué hay del otro lado de la puerta?
 El liquido que brota de la grieta en la puerta se abalanza sobre mí. La puerta sigue agrietándose y al parecer, no resistirá mucho.

La espada nace de mi brazo, y luego… luz en mi espalda… luz en mi otro brazo… luz en mis piernas… luz por todo mi cuerpo. La puerta se rompe por completo. El  extraño líquido semejante a sangre, inunda cada habitación que tiene sus puertas abiertas. Por algún motivo hay una que logra cerrarse, con una señal muy extraña en ella, pero es demasiado tarde para las demás. Un mar rojo y negro inunda todo… no hay como respirar. De pronto quiero… quiero… gritaaaaAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!

III

- AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!! – puedo oír mi propio grito.
Abro mis ojos y allí está el Amo de los Espejos que sigue enfrentándose a Elena. Ella sola, y con el entrenamiento de Smash, pudo acabar con la formación de batalla de Ultra Force.

- Por fin despertaste, Zudo – dice el Amo de los Espejos, escupiendo un poco de sangre – necesito una mano con tu novia.

Mi cuerpo hierve, siento que mi piel no es suficiente para contenerme, quiero crecer… pero de formas desconocidas. Luego, comienzan a brillar letras de un dialecto antiguo, muerto, que no me dejan “expandirme”. “Codex”, pienso.

- ¿Qué estás esperando Zudo, una invitación? – pregunta burlona Elena, que aprovecha una pequeña distracción del Amo de los Espejos para atacarlo.

Puedo ver como se mueve. Se mueve lentamente, sé donde irá, sé por donde, sé cómo y cuanto tiempo le tomará hacer lo que quiere hacer. Puedo verlo.

Corro como nunca antes corrí, más rápido que en Las Vegas, más rápido que en contra de Control. Corro y pongo mi brazo para detener el ataque de Elena.

La explosión la hace volar lejos, pero yo estoy protegido por mi escudo, nacido milisegundos antes del contacto.

Me levanto y camino lentamente hasta donde cayó Elena luego de la explosión. Mi brazo está palpitando de energía. El escudo y la espada son pesados, pero no me cuesta moverlos.

- No eres nadie, Zudo. Has pasado tu vida huyendo. De tu realidad, de tus padres, de tus sentimientos, de Smash. Tu padre estaría desilusionado.

Al mencionar  a mi padre siento más ira. Una completa desconocida, ¿cómo sabe ella qué sentiría mi padre?

Elena concentra un poco de energía oscura en su brazo para intentar lanzármela, pero yo ya estoy ahí. Me lanza un golpe con la energía en su puño, pero me cubro con mi escudo, y antes que pueda suceder algo, le doy un gancho derecho.

- No sabes nada sobre mí, Elena. Pensaste que no podría hacer nada, pero soy diestro. No debiste bajar la guardia.

IV

- Fue llevada a prisión, Zudo, al igual que Control – me dice Scream, mientras toma mi hombro, tomando asiento en lo que queda de salón central.

- Lo siento, no… no quería que esto sucediera – contesto, ante la llegada del Amo de los Espejos al salón.

- Son los riesgos de ser lo que somos, hijo. Richard comenzó a sospechar de ella, y tenía razón. Debes evaluar con quien haces equipo.

- No más errores, Amo de los Espejos – contesto – De ahora en adelante iré solo en mi camino. Mis problemas, mis responsabilidades.

Se esboza una sonrisa en el líder de Ultra Force, que no entiendo, pero Scream es quien interrumpe el momento.

- ¿Dónde irás ahora? – pregunta ella.

- Debo volver a EEUU, a terminar lo que inicié en Chicago.

- Yo lo llevaré – dice Scream – Ustedes deben limpiar este desastre.

V

- Hemos vuelto. Espero que te haya servido de algo esta experiencia – me dice Scream, mientras descendemos en las afueras de New York.

- Sólo que no puedo confiar en nadie – respondo triste.

- Creo que deberías pensar un poco más sobre esto – me comenta, abriendo la puerta de salida y haciendo un gesto con la mano, algo así como una despedida.

Me bajo de la nave de Ultra Force y espero a que se vaya. No quiero seguir pensando en esto, quiero dejar de sentirme miserable y solo.

En eso, puedo sentir la presencia de más gente a mi alrededor. Los acusa un sonido imperceptible para cualquiera, pero con lo que me acaba de pasar en la base de Ultra Force, creo que ya no soy cualquiera.

- El Shogun quiere verte – dice alguien desde la sombra.

- ¿El Shogun? ¿Quiénes son ustedes? – pregunto.

- Somos parte de La Rosa de Colores. El Shogun Blanco desea verte, y envía un mensaje.

- ¿Qué mensaje?

- Dice que te prepares. Que se vienen tiempos difíciles, y necesitamos toda la ayuda posible. Que conserves esos momentos de felicidad en tu corazón, porque no volverán.

Epilogo.

La nave de Ultra Force parte hacia EEUU con Zudo en su interior, y deja a la base secreta del grupo de héroes, en ruinas. La sonrisa en el rostro del Amo de los Espejos es evidente, y es Estrella Fugaz quien no puede aguantar a preguntarle que le sucede.

- No deberías estar sonriendo en este momento, Luke, puedes ofender a alguien… no digo que a mí, pero a cualquiera que haya puesto mucho sudor y trabajo en lo que ha hecho este equipo – dice Estrella Fugaz, con la ironía a viva voz.

- No puedo contenerme, Estrella Fugaz. Una nueva generación de Ultra Force ha nacido hoy.


-
El fin, y un nuevo comienzo...
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3.2.11

Zudo #11

¿Héroe? (1 de 2)
Historia: Zirijo.

I

- “Justo como una mano…”- me comenta el líder de Ultra Force, el Amo de los Espejos, sobre su grupo de operaciones – Los cinco formamos un buen equipo, funcional y de muy bajo perfil.

- ¿Eso es bueno? – pregunto, inocente.
- Por supuesto que es bueno.  Nosotros hacemos el trabajo sucio… ese que “Defensores Unidos” no está dispuesto a realizar.

Luego de derrotar a Control, y de que Ultra Force me ofreciera su ayuda con Elena, vamos de regreso a su guarida secreta. No sé a dónde nos dirigimos, pero las nubes y el cielo azul es algo que no me había detenido a observar desde hace mucho.

- Mira muchacho… Zudo, ¿no es cierto? Defensores Unidos son aquellos que se enfrentan a amenazas extraterrestres en medio de Angalileo, donde los “flashes” y la atención de todos está puesta en ellos. En cambio, nosotros estamos donde nadie nos quiere, evitando atentados terroristas, asesinatos a líderes políticos, desarmando sectas peligrosas… Bajo tierra, donde nadie sabe que existimos...

- ¿Y qué tiene que ver lo de la mano? – le pregunto nuevamente, mientras ajusto mi cinturón de seguridad de la cabina de manejo de la “Ultra Nave”.

- Así me gusta ver a mi grupo: cinco integrantes, para cinco dedos de la mano, funcional, útil, flexible. Cada uno tiene un papel fundamental dentro del grupo. Por ejemplo, Ultrabot, el índice, guía moral del equipo y el con más experiencia. Segundo al mando luego de mí, y quien nos mantiene sanos, unidos.

- Ultrabot, el índice. Lo tengo… ¿y los otros?

- Halcón Dorado es el dedo medio. El equilibrio perfecto dentro del equipo. Para este tipo de trabajo necesitamos a sujetos que sean más rudos que el enemigo, y esa es la labor de Halcón. Agresivo, hábil con la espada. La punta de lanza de Ultra Force – dice, mientras regula los controles de la nave y mantiene su vista al frente - Scream y Estrella Fugaz son el anular y el meñique del equipo. Scream está hace poco con nosotros, pero es de gran ayuda. Su habilidad nos permite alternar ataques de corto y largo alcance, parte de tener gran impacto. Y Estrella Fugaz es quien nos mantiene frescos. Hay veces en que su delirante personalidad nos ayuda a seguir adelante.

- Entonces… tú eres… - digo, dudoso.

- El pulgar, Zudo, el último dedo que queda. Mantengo operativa esta mano. Permito que funcione de forma correcta.

Miro nuevamente hacia el parabrisas de la “Ultra Nave”, para pensar un momento, pero el Amo de los Espejos siempre piensa en todo antes que los demás.

- Ve a ver a tu amiga, está con Richard allá atrás.

II

Richard es el piloto de “Ultrabot”, la maquinaria de combate que se enfrentó con la controlada Scream. En la parte de atrás de la nave está Elena, en una camilla de emergencias, recibiendo tratamiento.

- ¿Cómo está ella? – le pregunto al hombre que la cuida.

- Está estable. No muestra signos de conciencia, pero con este suero puede que recupere un poco de estabilidad.

- ¿Estaba enferma? – pregunto nuevamente.

- No, pero estaba muy deshidratada y su cuerpo no estaba en las mejores condiciones.

-Debe ser porque hemos estado viajando hace semanas en un automóvil.

- Es posible. Dime, Zudo… ¿Por qué están viajando? ¿Huyen de algo, o alguien? – me pregunta Richard, luego de un momento.

- Eso es algo que no te puedo decir. Estamos en una misión secreta.

Richard mira a Elena, y monitorea sus signos vitales. Pasa un rato de vuelo. Todos están cansados y duermen, menos Richard, el Amo de los Espejos y yo.

- ¿Por qué me ofreció su ayuda el Amo de los Espejos? – le pregunto finalmente a Richard.

- Al parecer vio algo en ti, Zudo. Siempre ve cosas en el reflejo de los ojos. Puede que tengas potencial para ser uno de los nuestros… – me responde, dejándome más confundido que antes.

- ¿Y que se supone que debo hacer? – insisto.

- Aprende lo más que puedas, mira, observa y encuentra tu espacio. El Amo de los Espejos siempre tiene ese tipo de presentimientos. Creo que esta visita te ayudará mucho.

Apenas termina de hablar, la nave se detiene. Llegamos a la guarida de Ultra Force.

III

De inmediato bajamos, y una vez que me aseguro que Elena está siendo atendida por Richard en el centro de salud de la base, me dirijo a la sala principal, para descansar un poco. Ahí escucho unos golpes y movimiento. Es un saco de entrenamiento el que suena, al recibir los duros y precisos golpes que da Halcón Dorado contra él. No pierde el tiempo, desde que bajamos de la nave que está aquí, lo noto por su cansancio. Golpe tras golpe, el saco sale disparado, simplemente para regresar al mismo lugar donde lo espera otro golpe del héroe.

- No te preocupes, él está bien – me dice una voz femenina. Es Scream.

- Está solo entrenando – le digo, mientras no puedo dejar de ver lo preciosa que es.

- Él nunca está solo, Zudo. Ven, acompáñame a la cocina.

Estando en la cocina me doy cuenta que no como nada desde hace varias horas. La adrenalina de la pelea, todo el tiempo que estuve inconsciente y el viaje hasta aquí, es mucho tiempo sin comer.

- En la nevera hay pizzas congeladas, solo debes meterlas en el microondas – me ofrece, gentil.

- ¿Tu quieres una? -  le pregunto, mientras elijo una pizza de la nevera.

- No, yo tomaré un café.

- Uno olvida que todos necesitamos comer, incluso los héroes… – le digo, para hacer conversación – Siempre que pensaba en una base de operaciones, jamás imaginé que tendría una cocina.

- Son muchas horas de vigilancia, Zudo. Todos tenemos necesidades.

- Es cierto – respondo. Como en silencio, mientras puedo sentir que ella me mira fijamente. Luego me percato de un detalle del cual no me había dado cuenta.

- ¿Cómo sabes mi nombre? – le pregunto directamente.

- Estás en todos los noticiarios y en las listas del gobierno estadounidense, Zudo. Eres el criminal más buscado, por lo ocurrido en Las Vegas hace un par de meses – me responde mientras sale de la cocina. El movimiento de sus caderas me deja sin respuesta y desordena por completo mis ideas.

Salgo de la cocina para seguir conversando con Scream, pero ella ya no está. Nuevamente escucho los golpes al saco.

IV

Voy a sentarme a uno de los sillones que se encuentran en la sala central. Sin poder saber donde estaba Scream, decido quedarme observando a Halcón Dorado mientras entrena.

Ahora toma su mosquete y comienza a blandirlo en el aire. Su manejo de la espada es completo, y cada estocada que propina a un “enemigo invisible” va dirigida a dañar seriamente al contrincante. Uno tras otro, no se detiene ante el paso del tiempo. Creo que ya van 45 minutos de entrenamiento con la espada, cuando, por reflejo, hago una pregunta.

- ¿Es muy difícil manejar la espada? – pregunto, porque la mía solo aparece en situaciones límite. Pasan unos minutos hasta que con una estocada final, me responde.

- La simpleza y perfección en el arte de la espada está determinado por solo una cosa, comprender que la espada es una extensión de tu cuerpo.

- ¿De mi cuerpo? – pregunto, antes de darme cuenta que en mi caso, es así, la espada sale de mi brazo, no es algo que haya adquirido en algún lugar.

- Sí. Cada movimiento que realices con tu espada debe comprometer cada uno de los músculos de tu cuerpo. Todo tu cuerpo debe moverse con tu ataque o tu defensa, en una danza mortal. Toda tu mente y todo tu cuerpo deben moverse con tu espada.

- Es más complicado de lo que pensé – añado.

- Si no estás cien por ciento seguro de que lo que estás haciendo es correcto, entonces tu espada no prevalecerá en contra de la de tu oponente. – suspira por un momento – Tu espada es una extensión de tus ideas.

Lo miro fijamente, y él solo se da media vuelta y comienza a golpear nuevamente el saco de entrenamiento. Ahora no solo se escuchan los golpes que propina al saco, sino que también palabras muy bajas. No puedo entender lo que dice hasta unos minutos después…

- Un golpe más hermano, un solo golpe más.

V

- ¿Te vas a terminar de comer eso? Me pregunta alguien, mientras trato de entender lo que pasa con Halcón Dorado.

- No, no, ya no tengo hambre, puedes tomarla – le contesto a Estrella Fugaz, quien se había percatado de que todavía no terminaba de comer la pizza.

- Muy bien, es importante no desperdiciar nada… no sabes la escasez de pizzas en esta zona.

- ¿Escasez de pizzas? – pregunto, descolocado.

- Sí, no tienes ni idea lo que es encontrar a un repartidor de pizzas que llegue hasta aquí abajo, y más difícil aún es encontrar alguno que no cobre una propina descomunal.

-  Jajá, lo imagino.

- Dime muchacho, ¿te gustó el lugar? – me pregunta, mientras se come lo que quedaba de mi pizza.

- Es un lugar acogedor para ser una base secreta – respondo sinceramente.

- Es verdad, todo mundo se imagina una cueva llega de ratas voladoras, o una especie de sala de hospital de cristales. Este lugar es como un hogar para nosotros.

Este sujeto me saca una sonrisa, en medio de esta situación. Con Elena grave, la misión de las “Sandalias de Hermes”, y lo extraño que es que mi padre haya estado ayudando a estos sujetos con sus inventos, este tipo tiene el poder de hacerme sonreír.

- ¿Ya viste a la muchachona? – me pregunta ahora – Es el sueño de cualquiera...

- ¡Te oí! – se escucha una voz femenina desde una de las tantas puertas a las que daba el salón central.

- Esa era la idea – responde Estrella Fugaz, mientras avanza hacia Halcón Dorado.

- ¡He, he! ¡Halcón Dorado!… ¿qué tal? – pregunta Estrella Fugaz, apuntando con ambos índices y con una sonrisa irritante.

- Púdrete, Estrella – responde este.

- Muy bien – contesta el héroe, sin borrar la sonrisa de su rostro.

Una explosión interrumpe la cotidianidad en la base de Ultra Force, desde la sala de emergencia, y es el Amo de los Espejos quien sale del humo.

- No huyas, Amo de los Espejos… - se escucha desde el desastre. Es una voz femenina, una voz familiar.

- Zudo, por fin nos vemos otra vez… ¡Ahora terminaré lo que empecé en el desierto! – exclama Elena, con un cúmulo de energía oscura en sus manos.

- ¿Qué estás haciendo Elena? – pregunto, consternado.

- Elena no… Shadow.


Continuará…
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17.7.10

Zudo #10

Los primeros días del resto de mi vida (3 de 3)
“La Bondad de sus Corazones”
Historia: Zirijo.

I

Un relato surrealista. Mazmorras, extraterrestres, habilidades súper humanas. Lo único que quiero hacer es salir de acá, llevarme a Elena conmigo y no tener que verle la cara a este sujeto llamado “The Drainer”.

- The Drainer ha esperado mucho tiempo para este momento, Zudo – me comenta “Control”, o mejor dicho, su huésped humano – Ha pasado largo tiempo practicando sus habilidades para poder quitarte tu energía.

- Casi no puedo respirar de la emoción – dice The Drainer, mientras de su espalda se desprende una máquina que puede caminar sola.

- Mientras tienes tu festín, Drainer, me llevaré a la mujer para obtener lo que quiero – le dice “Control” a su aliado.

- ¡Elena, despierta! – grito un par de veces - …despierta por favor…

Lo que sea que tiene Drainer en su espalda se acerca, como buscando mi energía. Sube por mi cuerpo rápidamente, hasta alcanzar mi cuello, donde entierra sus dientes. Una luz brilla, desde su boca, y puedo ver una sonrisa en el rostro del bastardo.

- Eso, Zudo – dice The Drainer – Enójate…libera toda esa Energía Cor negativa… dame todo tu poder.

Me empiezo a sentir debilitado, y siento que poco a poco pierdo el conocimiento. Trato de moverme para sacarme este parásito de encima, pero las cadenas me lo impiden y el cansancio se apodera de mí.

Veo como se aleja “Control”, junto con Elena, al otro extremo de la Mazmorra. Cuando están a punto de llegar a la puerta, se siente un estremecimiento fuertísimo. Control y The Drainer ponen atención al techo del lugar, pero es el muro que está en frente de Control el que explota. Cinco sombras aparecen tras el gran estruendo.

- ¡Somos Ultra Force, que nadie se mueva!

II

Un tipo calvo, una mujer de pelo negro, una máquina hecha para combatir, un sujeto con alas y espada, y un tipo con un traje raro entran de improviso a la habitación. El primero en hablar es el sujeto calvo.

- Hemos escuchado el escándalo de “Youngstown” esta mañana, y hemos llegado hasta aquí. Exigimos una explicación – dice el tipo calvo. Una rara luz cubre sus ojos, y usa una larga chaqueta.

- Amo de los Espejos… ¿quién más podría llegar hasta este escondite subterráneo? – responde “Control” - El problema es que no creo que puedas hacer nada para detenerme, ¿no es así, “Estrella Fugaz”?

El tipo de extraño traje se lanza a toda velocidad en contra de “Amo de los Espejos”. Su mirada había cambiado. Sus ojos ya no eran vivos como cuando entró al salón, se habían vuelto opacos, sin vida. Habían pasado a manos de Control.

El Amo de los Espejos saltó, y con algunas señas separó al equipo, para no bajar la guardia.

Con el poco espacio de la mazmorra, Estrella Fugaz, como lo había llamado Control, se abalanzaba en contra del Amo de los Espejos. El tipo de alas y espada se dirigió inmediatamente hacia mí. La criatura mecánica ya había abandonado mi cuerpo, y se estaba acoplando a The Drainer, mientras soy liberado.

- Soy Halcón Dorado – se presenta el sujeto de la espada – Descansa aquí, solucionaremos esto ahora.

-¡¡Aa!!  ¡¡Tanto poder!! – exclama The Drainer, cuando lo que estaba absorbiendo mi energía se posa en su espalda – Ahora te demostraré el potencial de tu propio poder, Zudo.

The Drainer comienza a lanzar energía por sus manos, energía similar a la que podía producir Elena. Halcón Dorado esgrime su sable y se coloca en posición de duelo. La energía va directamente a él, pero él ni se inmuta. Sólo cuando las bolas de energía están a su alcance, realiza movimiento. Con la punta del sable que porta, cambia la trayectoria de la energía disparada por The Drainer.

- Calma, Estrella Fugaz, soy yo, Scream – dice la mujer del grupo. Ella trata de hacer reaccionar al ahora esbirro de Control.

- Bella mujer, hay tanta “bondad” en tu corazón, que ahora me perteneces – demanda Control, que sin hacer movimiento, hace que los ojos de Scream pasen a no demostrar emoción alguna.

- Ultrabot, encárgate de Scream – manda el Amo de los Espejos, mientras sigue esquivando las embestidas de Estrella Fugaz, que, de a poco, se hacen cada vez más rápidas.

III

La máquina llamada “Ultrabot” comienza a moverse velozmente. La mujer aspira un poco de aire y comienza a gritar. Su grito es de tal alto volumen, que alcanza una onda de choque, que destroza todo lo que se cruza en su camino. Ultrabot se mueve rápido. A pesar de las dimensiones de la máquina, logra escapar del grito sónico de Scream.

Control trata de huir con Elena en sus brazos, aprovechando el alboroto de la batalla. El poder de controlar la “bondad de los corazones”, lo convierte en un verdadero monstruo, no permitiré que escape. Me logro incorporar luego de que The Drainer se llevara un poco de esta energía que recorre mi cuerpo.

La criatura llamada Control me observa. Sus oscuros y profundos ojos atraviesan los míos, buscando algo, cualquier cosa a que aferrarse con sus tentáculos mentales. Parpadeo, y vuelvo en mí. Comienzo una carrera para lograr salvar a Elena de las manos de Control.
Los gritos de Scream alcanzan a Ultrabot, dejándolo atrapado en las ondas sonoras que salen de la garganta de la heroína controlada. La máquina emite un sonido que es anulado por los gritos de Scream.

- Se ha activado el sistema de supervivencia, maldición – exclama el Amo de los Espejos – nada moverá de su lugar a ese maldito cabrón.

La situación se hacía insostenible. Dos miembros de Ultra Force bajo control mental, uno fuera de combate, hasta nuevo aviso. El que daba las órdenes en serios problemas, y el último miembro combatiendo a manos llenas.

- ¡No le harás daño, Control!, ¡no llevarás a Elena con Smash! – grito, mientras siento que mis piernas se mueven más rápido de lo normal. Siento cómo un impulso iracundo inunda mis músculos de poder, energía y vitalidad.

La distancia entre Control y yo se acorta a cada paso que doy. Cada paso más veloz y potente que el otro. Mientras me alejo de The Drainer, puedo sentir el impulso ir hacia mi brazo izquierdo. Siento cómo la opaca hoja de la espada, nacida de un oscuro corazón, brota de mi brazo. Ahora el dolor del corte es real, pero no hay herida, no hay pérdida de sangre. Sólo dolor y enojo. Segundos me toma dar forma al escudo para cubrir mi brazo.

- No te será tan fácil, Zudo Price. ¡Tendré a Elena y tu poder! – exclama Control. Levanta el brazo de su huésped humano, el cual porta una extraña pistola. La mirada de Control se intensifica, y aprieta el gatillo.

Una onda sale del arma. La misma sensación anterior me domina en este momento. Puedo sentir en mi mente como los tentáculos de Control se abren paso por mis pensamientos, recuerdos y emociones. Mi mente es su campo de juego. Abre puertas mentales olvidadas, desata la locura dentro de mí, libera ideas y emociones fuertísimas. Pero llega a un lugar escondido. Una puerta que, poco a poco, se ha estado abriendo, desde hace no mucho tiempo. Sus tentáculos se posan sobre esta idea bloqueada, abriendo, lo que para él es el fin del juego.

- ¡¿Qué es esto!? – exclama Control – ¡¿Qué es todo esto?!

Una abrumadora cantidad de pensamientos, ideas, y por sobre todo, energía, se sueltan por aquel espacio abierto. Rechazan al intruso, lo sacan con una oleada de sombras.

- Estas imágenes venían a mí en sueños, en ensoñaciones y pesadillas. No son mis recuerdos, sino que de todos aquellos de aquellos a quienes perteneció toda esta energía. ¡Te desafío a que los tomes! – exclamo, mientras una gran ola de sombras saca a Control de mi mente.

Recobro el conocimiento y reanudo mi carrera. Con la espada alejo la pistola, y doy un salto. Un gancho de derecha hace que Control y su marioneta pierdan la estabilidad. Miro directamente al Amo de los Espejos, que se apronta a esquivar otra embestida de Estrella Fugaz, pero esta vez nuestras miradas se cruzan, y confabula un plan en menos de un segundo. Estrella Fugaz se acerca a toda velocidad, mientras que el Amo de los Espejos lo encierra en uno de sus múltiples espejos portátiles. Me busca nuevamente, y dirige al espejo en nuestra dirección. Un proyectil incandescente de luz se avecina. Alcanzo a cubrirme con el escudo, pero es Control el que recibe el impacto de la lumínica embestida.

IV

- The Drainer ha escapado– dice Halcón Dorado, luego de revisar todas las instalaciones subterráneas.

- Aprovechó el impacto lumínico de Estrella Fugaz para escapar – responde el Amo de los Espejos.

- ¿Quiénes son ustedes? – les pregunto, sosteniendo entre mis brazos a Elena.

- Ultra Force, muchacho. Somos defensores, de Eria.

- Yo... yo también soy de Eria – contesto, sorprendido - No había escuchado hablar de ustedes antes. Solo conocía a los Defensores Unidos.

- Esa es nuestra labor. Pasar desapercibidos – contesta Halcón Dorado – Ahora debemos sacar a nuestro amigo de su vehículo de guerra.

- ¿Amigo? ¿Hay alguien allá adentro? – pregunto.

Todos nos acercamos a ver a Ultrabot. Estrella Fugaz patea el vehículo tratando de encontrar respuesta. Recibe el sonido de dos golpes desde el interior.

- Podrías simplemente hablarle desde el comunicador – le dice Scream a su compañero de equipo.

- Me gusta el drama – contesta este.

El Amo de los Espejos saca otro espejo de algún bolsillo y lo deja en el piso. El héroe se mete dentro, al interior del espejo, desde donde sale unos segundo más tarde, junto a otra persona.

- ¡Uff, no saben el calor que hace ahí dentro! – dice el sujeto con el que sale el Amo de los Espejos.

- Debes hacer algunos ajustes a tu máquina, Richard – dice Halcón Dorado – no tuviste oportunidad contra Scream.

- El Ultrabot está diseñado, aparte del combate, para la supervivencia del piloto. El grito supersónico de Scream es sorprendente.

- Lo siento, Richard – se disculpa la heroína.

- ¿Qué haremos con estos muchachos? – pregunta Richard al Amo de los Espejos.

El Amo de los Espejos nos mira, y se toma un minuto para pensar.

- Muchacho, estás en deuda con nosotros – por fin dice el héroe – Y tienes mucho que contarnos sobre estos tipos. Sobre este tal Control, y su compañero, The Drainer. Vendrás con nosotros a Eria, a la base de Ultra Force.

- Aparte, podremos ayudar a tu amiga – agrega Richard.

Es cierto. Si no fuera por ellos, probablemente yo estaría muriendo en estas mazmorras, y Elena estaría siendo torturada por Smash. Les debo una, debo ir con ellos.

- Primero llevaremos a Control a prisión, ayudaremos a su marioneta, e iremos por ayuda para Elena – dice el Amo de los Espejos.

- ¿Podemos pasar por una pizza? – pregunta Estrella Fugaz, para romper con la seriedad del momento.

Sin embargo, no sé nada sobre Ultra Force, no sé nada sobre los héroes, no sé nada sobre este tal Control. Solo sé que debo ayudar a Elena, y por ella, daría la vida… ¿Podré con todo lo que conlleva esta vida, este camino…el camino del héroe?


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19.11.09

Zudo #9

Los primeros días del resto de mi vida (2 de 3)
“La mente sobre el cuerpo”
Historia: Zirijo.

I

- “Los Truenos de Zeus”, “Sandalias de Hermes”… ¿Qué viene ahora? ¿Los calzones de Hércules? – preguntaba a Elena, mientras somos guiados a una sala de reuniones en la Sears Tower.

- No seas ridículo, Zudo… tanto tiempo lejos te ha hecho perder un tornillo – me contesta con una sonrisa maravillosa.

- Todo para estar con ustedes… contigo – susurro.

- Bienvenidos, dama y caballero – nos saluda el Conde Brown, cuando llegamos a la sala de consejo - De ahora en adelante formarán parte oficial de la “Rosa de Colores”. Como se los informó el Barón de la Casa Roja, ustedes no tenían el “perfil” para ingresar a nuestra organización, ya que poseen poderes más allá de los humanamente “cultivables”… ¿Me explico? Pero por los sucesos que han ocurrido, y el especial interés que ha tenido el General Burt Smash en ustedes, hemos decidido hacer una excepción, e incluirlos en las filas de la organización. Serán los mensajeros oficiales… algún día podrán aspirar a un título.

- No sé qué decir… gracias, creo – respondo.

- Ahora, pasando directamente a lo que nos convoca, hemos empezado a desarrollar conversaciones con otro grupo de renegados, al cual hemos prometido surtir de armamento y tecnología, por su privilegiada posición en el mar… su poder son las comunicaciones intercontinentales. Nos referimos a “Los Calaveras”.

- ¿Los Calaveras? – pregunta Elena – ¿Harán tratos con piratas?

- Así es, señorita Krumm. Creemos que alejarnos de la ley es la única herramienta que nos queda para seguir resistiendo a los constantes ataques que recibimos del Gobierno. – se detiene Brown por un momento - Está claro que no compartimos sus métodos violentos, ni sus intereses personales, pero ellos se rigen por un fuerte código de honor marino, por lo que podemos confiar en que las alianzas son respetadas ante todo.

- Encuentro que es un plan un poco peligroso – comenta Elena.

- Señorita Elena, me agrada que esté interesada en los detalles del plan, pero es una decisión tomada. De hecho, su misión es entregar la primera herramienta de trueque, las “Sandalias de Hermes”.

- Espero que sea un nombre clave, porque si nos toca repartir un par de sandalias, sería vergonzoso – acoto.

- No, señor Zudo, y aprecio su sentido del humor… en realidad son Chips alterados, que aumentan la eficiencia de los motores de cualquier tipo. En este caso, serán usados en los motores de los barcos de “Los Calaveras” – me aclara el Conde Brown.

- Bien – continua – sin más que decir, sus vehículos están afuera. La motocicleta será guardada en el edificio, señor Zudo, y arreglada. Mientras, pueden tomar un automóvil y continuar su viaje hasta New York, lugar donde se encuentran las “Sandalias”, y la residencia de Violet Princess.

II

Ya en el auto, encendemos la radio, para enterarnos de lo que está pasando. Nos perdimos un buen rato, así es que informarse hace bien.

Y continuamos con las informaciones. Ayer se dio a conocer el nuevo consejero del Departamento de Defensa de la nación. Se trataría de uno de los más influyentes creadores de tecnología militar, nos referimos al destacado empresario Gregory Wörner, de las Industrias Wörner. La noticia se supo luego de intensas reuniones con el recientemente asumido Presidente Ford. La decisión nace por el atentado ocurrido en el periodo de candidatura, lo que ha hecho que el discurso ante el terrorismo se vuelva más inflexible…”.

- Cambia esa porquería… un empresario más que juega a ser político… la misma historia de siempre – comento, mientras cambio de estación.

…Que es inaceptable la posición que ha tomado la policía al no poder detener esta ola de desapariciones. Ni siquiera se sabe quien o quienes, están realizando este crimen.
- Pero tampoco existe un modus operandi de quien sea que esté realizando estos secuestros, no se piden rescates, ni se han encontrado los cuerpos de los desaparecidos.
- Puede que sea un intento político… algo que quieran ocultar.
- No caigamos en la paranoia, sr. Carrie, no estamos en países tercermundistas, donde las diferencias políticas se solucionan con asesinatos.
- No sea ingenuo, Larry…”.

Apago la radio, porque sólo transmiten basura. Lo extraño es que ambas noticias interesaron mucho a Elena, pero no hizo nada para impedir que cambiara de estación, o que la apagara. Más bien se hizo la desentendida.

- ¿Estás segura que quieres conducir hasta New York? – le pregunto.

- Si, no hay problema… además tú no sabes conducir automóviles… ni motocicletas… ¿Cómo llegaste hasta aquí sin saber conducir? – la invade el desconcierto.

- Aprendí en el camino… – respondo, tomando el peso de lo que hice – Estaba tan desesperado, que aprendí a andar en motocicleta, y creo poder controlar la espada también.

- Si, esa es otra cosa… ¿Una espada? Ya tienes un arsenal temible en batalla cuerpo a cuerpo. ¿Qué vas a crear ahora? ¿Hay un límite de esas cosas?

- No lo sé… creo que responden a situaciones específicas… aquella vez en Las Vegas quería protegerte de Blackjack, y apareció el escudo. Con Sight pasó todo lo contrario… quería alejarlo de ti, pero también quería atacarlo… quería realmente hacerle daño, y apareció la espada de hoja oscura.

- Deberías explorar un poco más tus habilidades, Zudo… – me dice – Puede que algún día necesitemos otra cosa, y puede que la puedas… “crear”.

- Sería bueno saber qué más puedo hacer...

III

Necesariamente debemos parar. El agotamiento hace que Elena casi se quede dormida al volante, por lo que paramos en Youngstown para descansar y pensar en otra cosa.

- ¿Y finalmente que pasó con el Trueno de Zeus? - le pregunto a Elena, que estaba tomando un poco de agua.

- No lo sé, al parecer en la batalla con Sight se dañó, así es que lo están arreglando. Se lo llevó consigo Hefestos.

- Era un arma brutal ese trueno – comento.

Elena me ignora, pero no me doy cuenta hasta que hace un comentario fuera de lugar.

- Muévete Zudo, nos están observando – me dice mientras se levanta – Vamos rápido al vehículo.

- ¿A dónde creen que van? – nos dice una persona que va pasando.

- No tienen escapatoria – nos dice otra que pasa a nuestro lado.

- Soy Control – dice una mujer a nuestra espalda.

- Y no pueden ir a ninguna parte.

Miramos hacia todos lados, y las personas que iban caminando a nuestro alrededor se empiezan a acercar.

- El maldito Smash está desesperado… envió al propio Control para acabar con nosotros – dice Elena mientras comienza a golpear a las personas que se nos acercan.

- Pero Elena, ¿qué estás haciendo? – le pregunto desconcertado.

- Estas personas están bajo las ordenes de Control – me contesta – Tal como Blackjack, en Salt Lake City, no entenderán si tratamos de dialogar… Control puede poner bajo sus órdenes a personas con Energía Cor positiva; la gente “buena” es el blanco al cual él puede manejar a su antojo.

Miro a los ojos de las personas que se acercan a un paso bastante calmado, pero de forma aterradora. Sus ojos no reflejan ni una pizca de voluntad, están oscuros como la noche, y profundos como el abismo. Yo también comienzo a golpear personas para poder escapar, ya que la cantidad de gente bajo las órdenes de Control era muchísima.
La multitud se aglomera, y es Elena la que abre fuego primero. Comienza a alejar a la gente con barreras de energía oscura, y nos hacemos camino hacia el automóvil. Comienzan los disparos. Uno da en la espalda de una mujer que creo nunca haber visto. Son policías que nos disparan, y tienen el mismo negro en sus ojos.

- Es Control que nos dispara a través de ellos, debemos salir de aquí – me dice Elena.

Mi escudo aparece, y trato de cubrirme de los disparos, mientras que las balas dan entre la multitud, dejando un mar de cadáveres. Escucho un grito de Elena. Se pierde entre toda la gente.

- Entrégate, Zudo – dice la multitud – Tengo a Shadow en la mira, y si no te entregas, ella tendrá el peor final que puedas imaginar.

Miro a mi alrededor, y es la multitud la que asfixia, ata y amordaza a Elena. Deshago mi escudo y levanto mis brazos, y lo siguiente, es un golpe en la cabeza.

IV

Me acostumbro a ser noqueado y aparecer en otro lugar. Ya han sido muchas veces… creo que pensaré en crear un casco de energía o algo así.

Despierto del golpe en la cabeza, y ya no estoy en las calles de Youngstown, sino que en una especie de mazmorra medieval. Veo que a mi lado está Elena, inconciente y colgando, al igual que yo, de los brazos, atados a cadenas.

- Zudo Price… es un verdadero placer conocerte – se escucha desde la única entrada a la mazmorra – Eres la persona que más problemas ha traído al General Smash en todos sus años de servicio.

- ¡Da la cara, imbécil! – exijo.

- Es lo mínimo que podría hacer antes de dar fin a tan gran rival – dice la voz.

De la oscuridad de la entrada se deja ver un tipo común y corriente, pero que en su cabeza tiene una especie de calamar extraño. La completa oscuridad reina en los ojos de este sujeto. Puedo verlo ya que se acerca mucho a mí. Miro al calamar en su cabeza, y es este el que me mira con su completa atención.

- Me presento como debe ser – dice el hombre – Soy Control, amo y señor de seres de buen corazón, y este es mi huésped.

- ¿¡Qué has hecho con Elena!? – le pregunto con odio.

- Interesante… tus niveles de Energía Cor negativa son tan altos, que mis poderes de dominio son inservibles, por eso no pude controlarte antes… eres una persona muy interesante, Zudo Price.

- ¡Contesta! – le grito – ¡¿Qué le has hecho?!

- Sólo está en un trance momentáneo… descansa para lo que viene… – el huésped de Control no expresa nada, ni una pizca de humanidad ya – Ha recolectado mucha información gracias a que ha estado junto a ti todo este tiempo… ahora es sólo cuestión de leer su mente.

- Déjala en paz, no sabes con quien te estás metiendo.

- ¿Ah, sí? ¿Qué es lo que crees que puedes hacer ahí encadenado, niño?

Comienzo a concentrar energía en mi brazo para generar mi escudo, y la espada… pero no sucede nada.

- Qué… ¿qué es lo que pasa? – me pregunto en voz alta.

- Me diviertes, Zudo Price. Tu problema es que crees saberlo todo. Ahora quiero que conozcas al responsable de que no puedas hacer nada para salir de aquí: The Drainer.

En ese instante, entra otro tipo. Este sujeto es diferente. En sus ojos se puede ver el goce que le produce vernos atados a mí y a Elena.

- Esto he estado esperando por largo tiempo… tu energía, Zudo… ¡tu energía será toda mía!


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17.10.09

Zudo #8

Los primeros días del resto de mi vida (1 de 3)
“Erase una vez…”
Historia: Zirijo.

I

El camino es largo hasta llegar a Chicago. Por lo que alcancé a entender, el General Smash tiene de rehenes a Elena y a Hefestos, quienes me han estado acompañando en este viaje para encontrar a mi padre. El viento en mi cara, la velocidad, y esta nueva determinación me dan tiempo para recordar.

Mi primer encuentro con Smash fue lo más extraño que me ha pasado en toda mi vida. Luego de haber perdido contacto con mi familia, de haber encontrado una extraña roca en el medio del bosque de Angalileo, y de haber sido atacado en mi propia casa, desperté en una instalación subterránea en las afueras de Las Vegas, en Estados Unidos, transformado en una bestia salvaje, un lobo. Fui torturado para que entregara la información sobre una extraña roca que mi padre había ayudado a descubrir, un poder similar al del legendario Capitán Cometa. Luego de pelear contra Shadow, o sea Elena Krumm, Codex, un hechicero muy poderoso vino buscando la forma de poder controlar el poder que el meteorito me había dado. Acompañado de un ritual místico que me devolvió mi forma humana, Codex me reveló el origen del meteorito y de este extraño poder.

Hace milenios, una civilización perdida en el universo decidió ser perfecta y trató de almacenar en un recipiente toda su energía Cor Negativa, almacenada por su tradición barbárica. Tanto poder habían reunido, que les pareció peligroso tener el cristal en su planeta, por lo que lo dejaron vagar por el infinito universo. Con la explosión de la Nube de Oort, el cristal fue arrojado a la Tierra, donde quedó sepultado de los ojos del hombre hasta que en mi familia, la eminencia en astros y científico, el Doctor Jules Price, y mi madre, Almirante de las fuerzas armadas de Eria, descubrieron el misterioso meteoro. Ese trágico día, mi madre desapareció para siempre y mi padre se encerró absolutamente en su trabajo. No fue hasta hace poco que Jules Price desapareció, y vinieron por mi y mi hermano.

- Maldito Smash – pienso, mientras cargo combustible en algún lugar de la carretera.

Yo encontré la roca, gracias a un fragmento que dejó mi madre antes de desaparecer, y fui capturado por una fuerza secreta del ejército de Estados Unidos, en Eria.

II

El sol sale mientras me dispongo a retomar mi viaje a Chicago. No noto nada extraño en el camino, solo la usual paranoia que siente todo prófugo de la ley.

Cuando llegamos a Las Vegas ya había escuchado la historia de Elena, que de ser mi captora, pasó a ser mi compañera de viaje. En Las Vegas, un avión cayó sobre la ciudad y fuimos inculpados por el Sargento Blackjack, quien trabaja para Smash, al igual que lo hacía Elena. Fuimos perseguidos, y fue la primera vez que creé, con mi energía, el escudo que me acompaña desde ese día. Protegí lo más que pude a Elena, y huimos.

Luego de nuestro primer encuentro con Blackjack, llegamos a The Red House, donde fuimos reclutados por el Barón de la Casa Roja, para ser sus mensajeros.

- ¿Qué será del Barón? – me pregunto, cuando intento comer algo en un local de camino a Chicago.

Nos entregó una misión: ir por Hefestos y “el Trueno de Zeus”. El Barón de la Casa Roja pertenece a una organización clandestina, llamada “La Rosa de Colores”. Extraño nombre para un montón de tipos que trabajan clandestinamente, armando planes para contrarrestar las acciones de Smash y su grupo gubernamental de meta-humanos.

III

Cada vez me acerco más a Chicago, pero es más difícil esconderse de los controles policiales. Después de todo, soy el tipo más buscado de Estados Unidos.

Cuando llegamos a Salt Lake City, tratamos de contactar con un amigo de Elena. Ella estaba segura de que él era una buena persona y que nos ayudaría. Nunca me dijo que eran novios, por lo que, lo que había pasado en el bar que visitamos antes de llegar a la ciudad me había dejado muy confundido. Ella estaba explorando algo en mi, algo que ni yo sabía que podía ser.

James resultó ser uno más de los hombres de Smash. Nos traicionó y entregó nuestra ubicación a Blackjack, con quien nos enfrentamos nuevamente. Es extraño, porque Blackjack, al igual que Elena, estaban bajo un trance hipnótico, que entregaba su voluntad absoluta a alguien más. Codex lo vio, y temió de que nos encontráramos, dijo que era un ser muy peligroso y que se pondría a investigar sobre el tema. Luchamos y los derrotamos a ambos. Nos perdimos en la ciudad, y emprendimos la búsqueda por Hefestos.

Encontramos una fábrica abandonada, la cual era la base secreta de Hefestos. Este había dejado de comunicarse con el Barón y nos envió para que entregáramos su trabajo en Chicago, al Conde Brown. Lo sorprendente de aquel encuentro fue que también di con una pista de mi padre desaparecido. Warren era el lugar de donde enviaron las notas para la construcción del “Trueno de Zeus”. Esta máquina infernal es un cañón de electricidad estática, capaz de producir destrucciones a gran escala.

- Smash también se llevó el “Trueno”, maldita sea.

Partimos entonces a Warren, donde nos encontramos con nada menos que con otro de los subordinados a Smash: Sight.

IV

Sight era un francotirador increíble. Nos interceptó en el camino a Warren, y nos enfrentamos a la policía carretera. Saltamos de un abismo, pero alcanzamos a sobrevivir. Sight nos encontró en un motel en la carretera, donde tuvimos nuestro enfrentamiento más intenso. Hefestos disparó el “Trueno”, mientras que Sight iba por Elena.

Yo, mientras, me había entregado para no provocar más daño del que ya había hecho, pero cuando Sight tenía en sus manos a Elena, un sentimiento que me sobrepasó me empujó a un duelo de segundos. Él disparó a Elena, mientras que en mi nació una espada, que encontraba materialidad desde mis propios pensamientos de venganza. Una hoja tan oscura como la noche brotó de mi brazo izquierdo, degollando a Sight, manchando con sangre mi conciencia. Desesperado, no supe como reaccionar y salí corriendo, perturbado y temeroso de dañar a alguien más con mi nueva habilidad.

Luego de correr hasta más no poder, fui encontrado por un campesino, que me tendió una mano. Pude entender mi nueva posición en este mundo violento, ya no tuve miedo y volví con mis amigos, pero ellos no estaban.

Chicago, mi destino. Encontrar a mis amigos, mi misión.

V

Dejo la motocicleta estacionada en el centro, por si hay que escapar o perseguir a alguien. Camino unas cuadras, cuando siento la sensación de que me siguen. Camino un poco más rápido, y noto que son tres personas las que me siguen. Doblo en un callejón, pero cuando intento darme la vuelta y enfrentarlos, desde mi espalda aparece alguien que me da una descarga eléctrica. Suficiente para dejarme inconciente.

- ¿Dónde estoy? – pregunto antes de lograr distinguir a alguien.

- En Chicago, en la Sears Tower, la morada del Conde Brown – me saluda un afroamericano muy bien vestido. Parece que tiene un puesto de trabajo muy distinguido en el edificio.

- Mis amigos, fueron capturados por el general Smash, tienen el “Trueno de Zeus” con ellos. Hay que liberarlos – le digo muy rápidamente, levantándome y cayendo al sofá en donde estaba recostado, inmediatamente gracias a un mareo.

- ¿Nos buscas a nosotros? – pregunta la voz de una mujer desde la puerta de la oficina.

- ¿Elena, eres tú? – pregunto, sin creer lo que ven mis ojos.

- Si, y Hefestos también está bien, por si es que querías saber de él.

- Pero, ¿dónde está? – pregunto nuevamente. Muchas preguntas, para tan poco tiempo.

- Fue enviado a otro puesto de trabajo, debe terminar un nuevo proyecto – contesta el Conde Brown.

- ¿Y la nota? ¿No fuiste atrapada por Smash? – digo, dirigiéndome a Elena.

- No, de hecho fueron las tropas del Conde las que llegaron al motel para ayudarnos. Curaron mis heridas también.

- Pero la firma y la nota… pensé… pensé que ya no te vería más – le digo sin vergüenza.

- Eso no es así, ahora tenemos una nueva misión y somos bienvenidos en la Rosa de Colores.

- Así es – interrumpe el Conde – Ahora si están seguros. Mientras sanábamos las heridas de Elena, encontramos la razón de porqué habían sido encontrados por los hombres de Smash tantas veces.

- Portaba un chip de rastreo. Podían encontrarme en cualquier parte del mundo si quisieran. Por eso nos encontramos con Blackjack dos veces, por eso Sight también dio con nuestro paradero – comentó Helena.

El Conde Brown me queda mirando un segundo más y nota algo, mi ropa, la chaqueta del granjero.

- Esa chaqueta, Zudo, ¿de dónde la sacaste? – me preguntó al fin.

- Me la prestó un amigo – le dije, para no poner al granjero en peligro.

- Esa chaqueta pertenecía a uno de los miembros de esta institución, un renegado, un auto exiliado, el Duque Verde.

Lo miro por unos segundos y todo lo que me dijo ahora tenía sentido, sobre su cruzada personal, y esa visión tan rígida sobre la vida.

- Creo que me queda bien – le digo, para desviar el tema y su preocupación.

- Es perfecto. Tienes su aprobación. Es un loco autoexiliado, pero en su tiempo fue uno de los más altos cargos de esta organización. Con su beneplácito ahora deben ir donde Violet Princess, en New York, donde serán informados sobre su próxima misión, y sobre las “Sandalias de Hermes”.

Esto de los títulos de nobleza y los nombres griegos ya me estaban cabreando, pero lo atribuí a esta cosa que recorre mis venas, el poder absoluto. Debemos seguir con nuestra loca carrera por este país, antes de poder encargarme de mis propios problemas, que por lo demás, son bastantes.


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17.9.09

Zudo #7

“El error”
Historia: Zirijo.

I

Mi corazón palpita a una velocidad increíble. Y miro como la sangre chorrea por el piso, miro como la sangre de Sight y la de Elena se mezcla con un charco de agua. Mis manos están manchadas, y creo que mi alma también.

- No… qué… ¿Qué he hecho? – me pregunto en voz alta. No sé porqué lo hago. Debe ser porque el control ya no existe, sólo dolor y vergüenza.

- Zudo… Elena está viva – me dice Hefestos, mientras verifica los signos vitales de nuestra compañera de misión.

No digo nada, mi cara se llena de una sonrisa enferma, que me hace sentir menos dolor, pero más vergüenza.

- No podemos llevarla a un hospital, harían demasiadas preguntas… - continúa hablando Hefestos, mientras levanta a Elena del piso y la toma entre sus brazos.

Miro en todas direcciones, perdido. Trato de encontrar sentido a todo lo que está pasando, pero no puedo… mi mano derecha no para de temblar.

- …Vamos Zudo, no podemos quedarnos aquí, debemos irnos… – alcanzo a escuchar a Hefestos decir.

- No… no puedo… - digo, y me siento.

- ¿Qué? … vamos, no seas estúpido, debemos parar la hemorragia, o Elena realmente morirá.

- No… no puedo.

En ese instante salgo corriendo en ninguna dirección concreta, sólo corro. No puedo quedarme ahí y seguir viendo el espectáculo de sangre, dolor y lágrimas que yo mismo ayudé a crear. Debo salir de aquí, pero no con ellos, no conmigo…. no sé que podría hacerles a ellos.

- ¡¡Zudo… Zudo… vuelve!! – se escucha a lo lejos. Las nubes se están separando y dejando pasar los rayos del sol. Ese sol que dejará al descubierto mi pecado, mi error. El resultado de mi ira, el resultado de mi venganza.

Corro a más no poder. Corro. Ya no sé donde estoy, ni que hora es… sólo el sol que quema las nubes y las deja de un color rojo, como la sangre. Rojo como mis manos, rojo como la maldita espada que está en mi brazo izquierdo. Rojo.

Sigo corriendo, no puedo parar, mis piernas no contestan al dolor, sólo a la vergüenza, y sigo corriendo. Corro hasta que mis ojos no ven nada, corro hasta que el cielo se vuelve tan oscuro como el pecado perpetrado. Corro hasta que el cansancio llega a mi mente e impide cualquier movimiento. Caigo de rodillas en medio de la nada, mientras el cielo se esclarece y toma un tinte celeste.

- No puedo… - susurro, mientras dejo salir mi último aliento de conciencia.

II

En un oscuro salón de “Red House”.

- El trueno no ha llegado a mis manos todavía, Barón – se escucha del otro lado de la línea telefónica.

- Lo sé, Conde Brown, pero mis mensajeros salieron desde Salt Lake City hace unos días, y van por tierra. Hay que darles un poco más de tiempo, eso es todo… - responde el Barón de la Casa Roja.

- Sé que salieron hace unos días, también tengo mis informantes. Lo que pasa es que ya deberían estar aquí. Se les vio en Colorado la última vez, en una persecución policial, donde uno de mis oficiales infiltrados salió herido. Necesitamos ese Trueno ahora, Barón. Esto no es un juego.

- Por supuesto que no es un juego, Conde, todos lo sabemos. Por eso mismo, su siguiente misión es ver a Violet Princess… tengo planes muy especiales para estos chicos.

- Tienen al herrero con ellos, Barón. El herrero debería estar construyendo ya las “Sandalias de Hermes”. Pero no, está perdido con tus mensajeros.

- Las “Sandalias” es un proyecto casi terminado. Además, no son para nosotros, hay que dárselas a los Calaveras. Ellos son los verdaderos interesados.

-No hay necesidad de excusas, Barón… Tus mensajeros deben están aquí lo antes posible. Están en territorio del Duque Verde. No podemos arriesgarnos a que se pierdan al igual que ese traidor.

- Muy bien. Tomaré cartas en el asunto, Conde Brown. Ahora, si me permite, tengo una reunión en cinco minutos… seguiremos en contacto.

III

- Despierta, chico – escucho, mientras recupero el conocimiento.

- ¿Qué?... ¿Dónde estoy? – pregunto al campesino que me despierta. Veo a mí alrededor, y una desoladora niebla tapa todo, impidiendo ver más allá de un metro de distancia.

- Estás en mi propiedad, así es que identifícate o prepárate para recibir plomo en tu trasero.

- Mi nombre es Zudo, señor… Zudo Price – contesto. Mi escudo no está y mi última adquisición, la espada, tampoco está a la vista.

- Bien muchachito, quiero saber porqué estás tirado en medio de mis tierras con sangre en tus manos – pregunta el anciano, con su rifle apuntándome directamente al pecho.

- Yo… este… un error, señor – contesto, mirando al suelo.

- ¿Un error, ah? – responde, mientras baja el arma y se ajusta su gorra verde. - ¿Y qué clase de error te hace aparecer en un lugar desconocido?

- Uno muy grande, señor.

El anciano respira, ajusta nuevamente su gorra, y continúa hablando.

- Ven, muchacho. Vamos para que te laves eso, y podamos conversar un poco más sobre ese “error” del que estás escapando.

El campesino me da una mano, y logro levantarme del suelo. Caminamos en dirección desconocida, hasta que la niebla permite ver su casa.

IV

Es un casa muy vieja, pero en buen estado. Paso al baño, y limpio mis manos de la sangre de Sight, mientras revivo cada segundo de lo que pasó en las afueras del hotel. Salgo nuevamente, y el campesino tiene la mesa servida. Un desayuno de los que casi no recuerdo, con fruta, cereal, leche, pan, huevo y un sin fin de manjares que no había probado desde que estuvimos en la casa de James.

- Disculpe, señor… ¿cuál es su nombre? – pregunto, para dar las gracias.

El anciano sonríe y pregunta.

- ¿De qué está escapando, chico?

- Mmm… sucedió algo que escapó de mi control… lastimé a alguien, tratando de salvar a una amiga – respondo mirando la mesa.

- ¿Y eso que tiene que ver con tu error? – pregunta el campesino, extrañado.

- Que… yo no quería lastimar a nadie… sólo quería que las cosas resultaran bien.

- ¿Y crees que huyendo vas a solucionar las cosas? – me pregunta el viejo campesino, sacándose su gorra y dejándola sobre la mesa - ¿Crees que escapando de tus problemas vas a hacer que tu amiga esté mejor?

- No lo sé, señor – contesto, mientras las lágrimas se aglutinan en mis ojos.

- No, muchacho. En mis tiempos, cuando defendí a mi país de su propia tiranía, todos nosotros debíamos seguir adelante y golpear a la cara a aquellos que querían acabar con nuestra felicidad. ¿Crees que teníamos tiempo para llorar nuestros errores? No, muchacho. Podíamos hacerlo, pero tenía que ser en el campo de batalla, protegiendo lo que nosotros pensábamos era lo correcto… ¿Crees que no cometí errores como los tuyos? – continua luego de una pausa – Claro que los cometí, y muchas veces. Pero los volvería a cometer si eso significara mantener a salvo a mis compañeros de batalla.

- ¿Pero cómo puedo estar tranquilo si sé que lo que hice está mal? – pregunto desesperado.

- No puedes ir por la vida huyendo, Zudo Price. Debes enfrentar lo que has hecho y seguir adelante, seguir por un bien superior. Aunque eso signifique tener que dañar a mucha gente, tener que cometer “errores” nuevamente. Pelea por lo que tú encuentres que es justo.

- ¿Y mi conciencia?... ¿Cómo puedo dormir por las noches, pensando que viviré cometiendo error tras error, aunque sea por una causa noble?

- Siempre va a existir alguien que esté mal Zudo. En algún momento te va a tocar a ti… como me sucedió a mí… pero hasta ese momento, debes enfrentar todas tus acciones chico, no puedes darles la espalda y correr.

Respiro hondamente, y trato de procesar cada palabra que me dice el amable campesino. Mis manos están limpias de nuevo, y ya no siento ese vacío que invadía mi ser. Me siento ligero. Quiero ver a Elena. La dejé sola y mal herida con Hefestos, por no poder encarar lo que hice, por no tener las agallas de mirar de frente mi error y aprender algo de eso. Por un instante siento la potencia necesaria para generar la espada oscura que atravesó el cuello de Sight, pero no para crear un río de sangre inocente, sino de quienes quieren hacer de este mundo una mentira.

- Ahora vete, Zudo. Veo en tus ojos algo nuevo, algo diferente.

- Y usted, señor, ¿se quedará acá? – le pregunto.

- Si, muchacho. Es mi casa, y por si no te haz dado cuenta, ya ha despejado la niebla.
Miro por la ventana, y veo el paraíso. Árboles, arbustos y extensas áreas de un verde intenso. La niebla mojó un poco el pasto… se ve todo claro y despejado ahora… ¿No es así, Zudo?

- Si… así es, señor.

V

El granjero de sombrero verde me dio todas las instrucciones para llegar al motel donde fuimos atacados por Sight. No sé cuanto tiempo pasó desde que los dejé. Recuerdo pasar un día entero corriendo, y no sé cuanto más inconsciente, tirado en la propiedad de…

¿Cómo se llamaba el granjero?... nunca supe su nombre. Pero no importa, lo que importa es que me dio la confianza que necesitaba para volver a mirar directamente los ojos de Elena, y no sentir vergüenza por lo que hice. Son errores que pueden suceder, si es que estás firme con una causa. El granjero me prestó su motocicleta y su chaqueta, unas muy antiguas, que le ayudaron a recorrer el país en su cruzada personal. No sé a que hizo referencia con la guerra, pero lo que si sé, es que somos soldados en esta tarea. Ya no más un niño asustado, ya no más un niño perdido. Soy un hombre, en una misión de vida o muerte. Debo entregar el maldito Trueno de Zeus en Chicago, y luego podré dedicarme a encontrar a mi padre, pase lo que pase.

Cuando llego al motel, veo que está todo en orden. Lo que me parece extraño, después de que Hefestos comenzara a disparar los truenos, y que por eso explotaran un par de vehículos. No se ve secuela de ningún tipo de enfrentamiento ni de explosiones.

- Disculpe – interrumpo a la recepcionista que revisaba unos papeles – ¿Qué sucedió con las personas que alquilaban el cuarto 301?

- ¿Hace cuantos días? – me pregunta.

- No lo sé… de la última semana – no creo que haya estado tanto tiempo inconsciente.

- La última vez que esa habitación estuvo ocupada fue… - se detiene para verificar los datos de la computadora – hace tres semanas.

¡¡¡TRES SEMANAS!!!”, pienso.

- ¿Está segura señorita? ¿Podría verificar de nuevo? – le pregunto, para tratar de convencerme.

- No hay errores en los datos, señor… ¿Es usted policía? ¿Me podría dar su apellido, por favor? – me pregunta.

- Price… Zudo Price, señorita… y no soy policía – respondo, ingenuo.

- Price… señor Price, hay una correspondencia aquí para usted, no la había visto nunca… puede que la hayan dejado hace poco – y me entrega un sobre cerrado.

- Muchas gracias – contesto sorprendido, mientras la recibo.

Camino hacia la motocicleta del granjero, mientras abro el sobre. En medio del camino me detengo para volver a leer lo que decía la carta:

- “Si quieres ver de nuevo a tus amigos, ellos te esperan en Chicago, Zudo”.

S.

Tomo mi motocicleta, y parto inmediatamente hacia el norte. Chicago es la siguiente parada. Puedo sentir como mis cejas se arquean por el enojo:

- ¡Smash, si les has hecho algo a Elena, te voy a partir en dos!


Continúa...
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