Mostrando entradas con la etiqueta - MP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta - MP. Mostrar todas las entradas

7.7.11

Mirox Presenta #6

“Zenith”
Historia: Zirijo.

I

La pluma empezó a quemar en el costado de Alexa Camus, mientras cruzaban la troposfera terrestre.

- Esta mujer fue víctima de los pecados del mundo* - le dice Metatron, actual encargado del Cielo, a uno de los ángeles que lo escoltaban. Él cargaba a Alexa Camus en sus brazos, envuelta en un manto divino y un halo de protección sagrada.

- ¿Qué podemos hacer nosotros, Metatron?- le pregunta el ángel que está a su otro costado - La única forma de que el Hombre sea salvo, es el arrepentimiento.

- Ella no cometió pecado por su propio libre albedrío, Zalaquiel, y por eso debemos salvar su alma.

La inmensidad del universo se despliega ante los hermosos ojos de aquellos ángeles que sobrevivieron a “La Última Guerra”.


Leer más...

27.2.11

Mirox Presenta #5 (reedición)

-

En un día como hoy, 27 de Febrero, pero hace un año, un violento terremoto y un posterior tsunami sacudieron el centro y sur de Chile, dejando una estela de destrucción y miles de damnificados.

En Marzo de 2010, Mirox publicó este especial conmemorativo, con una historia de ficción basada en hechos reales, escrito desde la experiencia en la zona afectada, como un respetuoso tributo a las historias personales de quienes sufrieron con la catástrofe.

Hoy, a un año de la tragedia, queremos compartir una vez más esta historia con ustedes, honrando la memoria de lo ocurrido y de quienes perdieron la vida ese fatídico día.


"S.O.S.: Magnitud"



_
Leer más...

28.3.10

Mirox Presenta #5

-
El Sábado 27 de Febrero de 2010, un terremoto de magnitud 8.8 sacudió a gran parte del territorio de Chile, durante más de dos minutos. La intensidad del sismo provocó un posterior Tsunami, que arrasó con la zona centro-sur del país.

A exactamente un mes de la catástrofe, hemos decidido publicar este número Especial de "Mirox Presenta", con la historia "S.O.S.: Magnitud", protagonizada por el equipo de defensores sudamericanos de nuestro Universo.

Esta historia de ficción, basada en los hechos reales, busca sensibilizar a los lectores, desde la experiencia de quienes vivieron la catástrofe en la zona afectada, y a la vez, con todo respeto, rendir un sentido tributo a las historias personales de todas las víctimas y damnificados de este lamentable suceso.


MIROX PRESENTA #5 - Descárgalo Aquí




_
Leer más...

15.8.09

Mirox Presenta #4

“Pimpinela Escarlata”
Historia: Rodrigo Roa.
Basada en los personajes creados por Baronesa de Orczy.


I

Hace 4 meses. Inglaterra.

Un carruaje descendía por las calles húmedas de Dover, y el ruido que éste hacía rebotaba en el ambiente, produciendo un eco particular en la noche de la ciudad.

Una vez que la lujosa mansión estuvo a la vista, el carruaje detuvo su marcha, y uno de sus pasajeros bajó y caminó hasta la puerta del iluminado recinto, presuroso. Llamó a la puerta un par de de veces, y una de las sirvientas atendió el llamado.

- Buenas noches, señorita. – dijo el visitante – Mi nombre es James Pitkin. Traigo un mensaje de importancia para el señor Preston Blakeney.

La mujer no tardó en comunicar esto a su amo, el cual recibió al visitante, a pesar de no tener idea exacta de su procedencia, y mucho menos, del mensaje que pudiese traer.

- Señor Blakeney – habló Pitkin, una vez que estuvieron solos en el gran salón de la mansión – He recorrido un largo trayecto, desde “El Descanso del Pescador”, para traerle esto.

El hombre le extendió un pergamino, que parecía tener una considerable antigüedad. Lo único que se veía, al tomarlo, era el dibujo de una pequeña flor roja, con forma de estrella, estampada en el papel. Pitkin siguió explicando.

- Esto, señor Blakeney, es parte de la herencia que su padre le dejó. Por mucho tiempo, trabajé con él, y me pidió que le diese esto a usted, en el momento oportuno – dijo, lo cual sorprendió a su interlocutor – Acéptelo, y cuente con todo nuestro apoyo.

El rostro de Preston Blakeney tras leer el mensaje, lo decía todo: había encontrado su destino, o más bien, el destino lo había encontrado a él.

II

Hace 3 meses. Londres, Inglaterra.

Marianne Blakeney era una mujer distinguida y muy inteligente. De origen francés, tras su matrimonio con Preston Blakeney, se había instalado en la gran casa que éste poseía en el centro de Londres. La hermosa mujer solía acompañar a su esposo en sus viajes de negocios, por toda Inglaterra, pero disfrutaba especialmente cuando pasaban algunos días en su mansión de Dover.

Este matrimonio era reconocido en el país, y era visto como una de las parejas más ricas, y por tanto, poderosas, de la aristocracia local.

Entre ellos, sin embargo, existía cierta frialdad. Absorbido por sus negocios, Preston dedicaba poco de su esfuerzo a complacer a Marianne, por lo cual, sus vidas se desarrollaban de forma independiente, en muchos momentos.

A pesar de su distancia emocional, Marianne notó algo extraño en su esposo, desde la noche en que un visitante, desconocido para ella, le entregó un mensaje que parecía urgente. Aún notando esto, le sorprendió cuando su esposo le contó acerca de su siguiente viaje.

- Marianne… - le dijo, un tanto nervioso – Debo ir a París. Saldré en un par de días, y espero estar allá al menos una semana.

- Sabes que no puedo ir contigo, por más que quisiera visitar mi país – respondió ella, un tanto sorprendida por el anuncio repentino.

- Tranquila… - le dijo él, tratando de excusarse – Es sólo otro viaje de negocios.

Preston partió, pese a notar que su esposa no estaba conforme. En el fondo de su corazón, la amaba profundamente, y se prometió volver tan pronto como pudiese, y no volver a sorprenderla con otro viaje repentino.

Sin embargo, los viajes a París se hicieron cada vez más frecuentes. Entonces, fue cuando ella notó que algo había cambiado. Sin que ella lo supiera, en la mente de Preston aún daba vueltas aquella pequeña flor escarlata.

III

Hoy. París, Francia.

- En los últimos meses, las operaciones de este sujeto han sido frecuentes, y las pistas, aparte de esa estúpida flor, son mínimas… ¿Cómo puede ser eso posible?

Mientras bajaba las escalinatas del Congreso, el Senador Chauvelin cuestionaba a su asesor, el señor Desgas, escudriñándolo con su mirada penetrante, preocupado por el misterioso personaje que había permitido el escape de al menos una docena de inmigrantes, tanto legales como ilegales, que eran perseguidos por la policía francesa.

- Tenemos a algunos agentes de inteligencia trabajando en esto… - dijo, con timidez, Desgas.

- ¡No quiero más excusas! – interrumpió Chauvelin, con violencia – Si es necesario movilizaremos al ejército entero, ¡pero no se nos escapa uno más de esos imbéciles!

En ese momento, Brogard, otro de los asesores del Senador, corrió a su encuentro. Chauvelin lo recibió de mala gana, pero su expresión cambió cuando escuchó las noticias que le traía.

- ¡Señor! ¡Señor! Tenemos un informe de inteligencia… Han interceptado un mensaje… ¡Mañana mismo podremos atrapar a ese sujeto!

- Muy bien… Espero que sea así, citoyen – dijo el Senador, con un brillo de satisfacción en sus ojos - ¡Esta vez atraparemos a ese tal Pimpinela Escarlata!

IV

La mañana siguiente, Chauvelin acudió a las afueras de la gran ciudad de las luces, junto a Desgas, su brazo derecho. Había dado precisas instrucciones para que los demás agentes permanecieran a distancia, y sólo actuaran cuando él les diese una señal.

Ocultos entre los matorrales y sobre un montículo, Chauvelin y Desgas esperaban que el misterioso Pimpinela Escarlata hiciese su aparición.

Abajo, un hombre de raza negra, uno de los inmigrantes que el Senador perseguía, parecía esperar algo, afirmado en el tronco de un gran árbol. A la distancia, se lograba distinguir un trozo de papel en sus manos, lo que alegró a los ocultos observadores, ya que pensaron que podrían usar eso como prueba para encarcelar a ese hombre, junto a Pimpinela Escarlata.

Pasaron largos minutos, y nada extraño ocurrió. Chauvelin comenzaba a impacientarse, y de pronto, un sonido de movimiento en los matorrales cercanos desvió su atención. Ordenó a Desgas qué había provocado el ruido, y éste fue hacia los matorrales, removiéndolos, y siguiendo en esa dirección hasta perderse de vista.

El inmigrante que estaba abajo continuaba allí, sin moverse. Desgas se tardó varios minutos, y el Senador decidió llamar a su empleado.

- ¿Está todo bien allí, Desgas? – le preguntó.

- Sí, señor… todo bien – respondió una voz a la distancia.

- Entonces, ¿por qué tardas tanto, inútil? – volvió a preguntar, irritado.

Pero esta vez no obtuvo respuesta. “¿Desgas?”, lo llamó una vez más, y al no escuchar nada, se levantó y fue hasta los matorrales. Pasó a través de ellos, y a poco andar, encontró a su empleado en el suelo, inconsciente. No había nada más allí.

De inmediato, Chauvelin volvió a su puesto de observación, alterado, y descubrió que el inmigrante ya no estaba. Bajó corriendo hasta el árbol en el que antes estuvo, y lo único que encontró allí, fue el dibujo de una pequeña flor de color escarlata, tallada en el gran tronco.

Chauvelin gritó de rabia y frustración. En los pocos segundos que tardó en encontrar a Desgas, lo habían burlado de nuevo, incluso, usando la voz de su propio empleado. Y de Pimpinela Escarlata no había rastro alguno, aparte de la firma que demostraba que lo había logrado una vez más.

V

Hace 4 meses. Inglaterra.

Mientras leía el mensaje que James Pitkin había traído, Preston Blakeney recordaba las historias que alguna vez le había contado su abuela. Sólo en esas historias había oído de las hazañas de un valiente y enigmático personaje, que arriesgaba su vida para salvar a los inocentes, burlando una y otra vez a sus perseguidores, usando su gran astucia, y el apoyo de otros valientes hombres y mujeres, dispuestos a todo por su causa. Sólo en esas historias, que parecían fantasía pura, había oído del audaz Pimpinela Escarlata.

Pitkin interrumpió esos recuerdos con sus palabras.

- Como dice en ese mensaje, señor Blakeney, sus antepasados han continuado con el legado del ya legendario Pimpinela Escarlata, desde la época del primer hombre que fue conocido por sus proezas: Sir Percy Blakeney. – tras una pausa, en la que se preparó para enunciar algo importante Pitkin agregó – Usted debe ser el próximo, el tercero en llevar ese legendario nombre.

- ¿Y cómo se supone que consiga el apoyo necesario? ¿Cómo podría ser digno de esta responsabilidad? – cuestionó Blakeney.

- No es necesario que se preocupe. Hay 19 de nosotros, dispuestos a dar nuestras vidas, si fuese necesario – respondió Pitkin – Personas como Sir Andrew Ffoulkes y su esposa, Suzanne, Adrian Saint Just, Anthony Dewhurst, y otros. Somos la Liga de Pimpinela Escarlata, y confiamos plenamente en usted y sus capacidades.

Lleno de orgullo, y con el peso de la responsabilidad sobre sus hombros, Preston Blakeney miró una vez más la pequeña flor estampada en el papel. Recordó de nuevo las historias de su niñez, y decidió que su amada Marianne debía quedar fuera de esto y de todo riesgo.

- Las mismas amenazas, en distintos escenarios… - pensó en voz alta, aún recordando las aventuras con las que su abuela lo maravillaba – Muy bien, señor Pitkin… ¿por dónde empezamos?

- Esperamos sus órdenes, señor Blakeney.

Durante los siguientes meses, el número de inmigrantes rescatados de la policía francesa, así como también de las fuerzas de la ley inglesa, se incrementó. Los golpes de Pimpinela Escarlata y su Liga, adornados con los rumores de las proezas de su astucia, se esparcieron, a pesar de la ira de algunos como el Senador Chauvelin.

¡Los inocentes habían vuelto a tener un salvador! Y el resto, es historia…


Fin...
_
Leer más...

22.7.09

Mirox Presenta #3

“Generaciones" (Especial 13 Años)
Historia: Rodrigo Roa.


Adam Johnson caminaba por las calles de Angalileo, como en un día cualquiera. Pero ese no era un día cualquiera.

Angalileo y el mundo festejaban un nuevo aniversario del día en que todo cambió: la primera aparición del Capitán Cometa original. Mucha gente visitaba ese día la tumba de quien era considerado el primer defensor, y se le recordaba en un acto conmemorativo, en el centro de la ciudad.

En su caminata, aquel día, Adam Johnson tenía un solo destino: el Cementerio General de Angalileo, donde se reuniría con algunos de sus colegas. Allí le esperaba Camille Sanders, mejor conocida en su identidad secreta de Lady Star. Ella lo había citado allí, y estaba acompañada por un hombre al cual el joven no conocía.

Se encontraban en el centro del Cementerio, frente al mausoleo en el que descansaban los restos del mítico héroe, que era enorme, reluciente, y estaba acompañado de una gran estatua suya. El lugar se imponía visualmente, y además, ese día, muchas flores lo adornaban aún más.

En el momento en que Adam llegaba al lugar, también bajaba del cielo el Hombre de Fuego, cambiando su forma ígnea, a su identidad de civil, Justin Smith.

- Me alegra que hayan venido – comenzó diciendo Camille Sanders – Creo que tu ya conoces al hombre que me acompaña, Justin. Pero para ti, Adam… te presento a Richard Butler. Quizás lo conozcas mejor como Ultrabot.

Tras los saludos de cortesía, Camille les explicó la razón por la que los había convocado.

- Los he elegido a ustedes para que me acompañen hoy, porque cada uno de ustedes representa las distintas generaciones de defensores que hoy están aún activas. Richard y Justin estuvieron desde el inicio, y son los héroes más antiguos en actividad, a pesar de que hay una gran diferencia de edad entre ellos. Adam es uno de los más recientes, y yo comencé hace varios años, pero llegué cuando él ya no estaba con nosotros – dijo, señalando la estatua del primer Capitán Cometa, que coronaba su gran mausoleo.

- Así es – complementó Richard – Justin aún era un niño cuando todo comenzó… Pero yo recuerdo con claridad el día que lo conocí.

Adam puso mucha atención a la narración de Richard Butler. Sólo había escuchado hablar de este mítico defensor, pero nunca había oído una experiencia tan cercana. Justin también demostró interés, porque sabía que luego vendría su turno de hablar. Richard continuó.

- Nosotros rechazamos la invitación que el Capitán Cometa y el hermano de Justin, el primer Hombre de Fuego, nos hicieron para ser parte de la formación original de los Defensores Unidos… Poco después, creamos Ultra Force, en respuesta. Sin embargo, recuerdo que su presencia me impresionó desde el principio. El día en que nos reunió para hablarnos de su idea, todos lo escuchamos con atención…. No hablé directamente con él, pero lo escuché hablar con Hyperman y Electric Man… Sus palabras, su seguridad, su estampa… Era un verdadero héroe. Todos nosotros nos inspiramos en él para ser los héroes que debíamos ser.

- Algo parecido me sucedió a mi – dijo Camille Sanders, tomando la palabra – Cuando comencé, no quería asumir mi rol… Recuerdo que a Mark Campbell le costó trabajo convencerme. Pero desde el momento en que me puse el traje de Lady Star por primera vez, él fue el modelo a seguir, en él me fijé para actuar. Si no hubiese estado ese ejemplo previamente, quizás nunca habría logrado salir adelante.

Los más jóvenes escuchaban con atención las historias de los mayores. Pero Justin también tenía algo que decir. Había conocido al primer Capitán Cometa en sus primeros días como defensor. En esos tiempos, Justin Smith era conocido como el Niño de Fuego, y luchaba junto a sus hermanos.

- Aunque era apenas un niño… - recordó Justin – Jamás olvidaré que mis hermanos y yo lo conocimos en una de nuestras primeras aventuras… Fue todo un honor descubrir su sacrificio, su entrega completa a su misión. Mi hermano nos comentó lo sorprendido que quedó tras conocerlo. Después de eso, fueron amigos cercanos, y George siempre se sintió orgulloso de eso. Creo que eso nos hizo bien a todos, lo recuerdo bien… incluso, recuerdo que ese día enfrentamos a su archienemigo, el Diamante, y su ayudante, Beaver.

- Creo que Beaver, esa bestia que parecía una especie de “castor humano”, fue el primer enemigo que combatió, por ridículo o increíble que suene – complementó Richard Butler.

- Después de él, ya nada pareció increíble – dijo entonces Camille Sanders.

- Así es… una nueva era comenzó con el Capitán Cometa, y muchos más siguieron su camino… su legado - reflexionó Justin Smith – Él hizo que comenzara una era en la que podemos creer que lo imposible, es posible.

- Si… E incluso cuando murió, fue admirable, porque cayó luchando por las personas de la Tierra… el mundo se paralizó, y nos costó levantarnos – dijo Richard – Algunos incluso nos retiramos, y entre los defensores quedó un vacío por un tiempo, que sólo pudo ser llenado por otro como él.

Todos quedaron en silencio por un momento. Eran tantas las cosas que se podían decir, pero pocas palabras más podrían expresar realmente lo que querían. Adam, que se había limitado a escuchar, muy interesado, al fin decidió hablar.

- No sabía esto… no conocía ninguna de estas historias. Había escuchado hablar de los héroes que llevaron el nombre del Capitán Cometa, como si fueran una leyenda… Pero escucharlos a ustedes, hablando con tanta emoción de historias tan cercanas a él… es especial, inspirador.

- Eso es lo que quería que recordáramos hoy, precisamente – dijo Camille – Quería que tuviésemos presentes lo afortunadas que son nuestras generaciones, por haber tenido héroes como él. Y lo afortunados que somos nosotros, tanto quienes lo conocimos, como quienes han oído sus historias, porque podemos continuar su camino. Podemos recordarlo en los hechos, y podemos tomar su ejemplo para nuestras vidas.

- De eso se trata ser un defensor – complementó Richard – De proteger, de dar un ejemplo, y hacer todo lo necesario para el bien de todos los seres vivientes… El Capitán Cometa nos enseñó a todos, a hacer ambas cosas.

Los cuatro se miraron, y luego levantaron la vista, para observar la imponente estatua del primer defensor. Adam parecía ser el más emocionado, aunque todos ellos se sentían con energías renovadas, gracias al ejemplo del primero que llevó el nombre del héroe más grande de todos. Camille dejó una flor en el lugar, y Richard, Justin y Adam, cada uno a su manera, mostraron sus respetos.

Luego, caminando lentamente, los cuatro defensores, en sus identidades civiles, dejaron el lugar, y siguieron contando historias y anécdotas acerca del Capitán Cometa.

- Ahora que lo mencionaron… me pregunto… ¿qué habrá sido de ese tal “Beaver”? – preguntó Justin – Era muy extraño, y desde la derrota de Diamante, hace años, que no hemos oído nada de él…

- Seguramente debe estar escondido en algún agujero, esperando por algún nuevo amo…

Mientras los héroes se alejaban conversando y contando más historias, desde un rincón oculto del mausoleo, silenciosamente, una figura se erguía, si es que lo hacía. Era una criatura rechoncha, de un oscuro color de piel, y que en lugar de dedos contaba con unas extrañas garras como las de un animal. Estaba cubierto de pelos, y sus facciones no estaban tan cerca de lo humano como de lo animal. Su apariencia era la de algo así como un castor, o algo peor.

La criatura conocida como Beaver esperó que los defensores se alejaran, y se paró en frente de la tumba. Miró la estatua de su antiguo enemigo por un largo rato, y sus recuerdos se dirigieron a los viejos tiempos, y a todos los enfrentamientos que tuvieron.

Por fin, en un momento, Beaver volvió a la realidad. Su expresión, que era de melancolía, cambió a una de paz. Una pequeña sonrisa sincera se dibujó en su rostro deformado. Metió una de sus manos en la chaqueta que llevaba, y pausadamente, depositó una flor en la tumba de su viejo enemigo.

- Supongo que el ejemplo no sólo se lo diste a los “chicos buenos”… - susurró Beaver.

Con un rostro lleno de satisfacción, se alejó del lugar, pensando en el Capitán Cometa, agradecido por ser parte de su leyenda, y resuelto a comenzar una nueva vida, en un nuevo mundo.



Fin.
_
Leer más...

1.4.09

Mirox Presenta #2

“Espinas” (Parte 2 de 2)
Historia: Rodrigo Roa.

I

La policía no había hecho nada más que seguir los conductos regulares. Por eso, la búsqueda del ladrón que había entrado a la casa de la familia Espinoza había tardado, y no tenía ningún resultado.

Pablo escuchó atentamente a su madre, y decidió actuar. Quizás Miguel tenía razón, y él no debería quedarse con los brazos cruzados. Tenía una habilidad, y no podía desperdiciarla.

Tras asegurar todas las entradas de su casa, y tomando un abrigo, Pablo salió, decidido. Se dirigió al cuartel de policía, y pidió hablar con algún oficial que supiera algo del caso. Un policía lo recibió, y le explicó lo que sabía.

- Hasta ahora, no tenemos nada. Y la verdad es que estamos llenos de trabajo, así que tendrás que esperar…

- ¿Esperar? – preguntó el joven, sorprendido – Pero mientras, el tipo huirá lejos…

- Lo siento… Es el conducto regular – respondió el policía.

Ofuscado por la respuesta, Pablo volvió a casa. No podía entender como las cosas pasaban delante de las narices de la policía, y que no hicieran nada por detenerlas. Recordó otros tiempos, cuando esos casos eran resueltos por el Vengador Justiciero, antiguo héroe de la ciudad, ahora desparecido.

Una vez en su casa, Pablo se encerró por un instante en su pieza. Necesitaba pensar. Pronto, notó que alguna de su ropa había sido destruida en el robo. Mirando esos trapos, una idea se cruzó por su mente, y un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

II

Miguel había participado de todas las marchas de protesta en contra del Mercosur. Pero se daba cuenta de lo poco que conseguían. Los medios de comunicación los desacreditaban, y los políticos seguían adelante con sus planes. Este joven sabía a lo que se enfrentaba.

Su activa participación lo había puesto en contacto con otros movimientos, de mayor alcance, pero por ahora, hacía lo que podía. Y sabía que necesitaban tener más peso. Por eso, saber que su mejor amigo tenía el poder para hacer cosas que él no podría, lo hacía verlo como una posibilidad de algo nuevo e importante.

Pero Pablo siempre había sido distinto a él. Habían tenido vidas distintas, y a pesar de haberlas compartido desde pequeños, no veían el mundo con los mismos ojos. La situación de Pablo no le había mostrado lo mismo que a él. Miguel ya estaba cansado de las injusticias, y no creía que la solución pasara por nada que no fuera radical. Por eso estaba involucrado en lo que él llamaba “su causa”. Había hecho buenos amigos allí, pero jamás había conseguido que su mejor amigo lo siguiera en ese camino.

Pablo le contó acerca del robo. También le mencionó la rabia que tenía por la ineficacia de la policía. Y aunque no se lo dijo, Miguel notó las ganas que tenía su amigo de hacer algo por su propia cuenta.

- Pablo… No quiero parecer insistente, ni interesado… - le dijo – Pero creo que debes pensar acerca de lo que te he dicho… Lo que estás viviendo es una muestra de aquello contra lo que lucho. ¿No lo ves? La policía no trabaja de acuerdo a tus intereses, sino que trabaja para los intereses del sistema… Por eso, es lógico que estén más interesados en los conductos regulares, en mantener el orden y en aplacar las manifestaciones, que en atrapar a un tipo que le robó a una simple persona, común y corriente…

- No sé, Miguel… Entiendo que tengan otros casos que resolver… Pero, ¿por qué entonces no resuelven ninguno? – preguntó Pablo – No puedo creer que las cosas funcionen así…

- O que no funcionen, querrás decir… Es mucho más complejo, Pablo… Al final, la idea es que las cosas sean así… Así cambiamos nuestra seguridad por nuestra libertad… - Miguel hizo una pausa, y suspiró – Escucha, amigo… Creo que deberías informarte, y pensar… Alguien como tú le haría muy bien a nuestra causa.

Pablo miró a Miguel con curiosidad. Sabía que su amigo no se aprovecharía de él. ¿Podría tener razón en sus ideas? ¿Habría estado ciego todo este tiempo?

Con mucho en qué pensar, Pablo se despidió y se fue. Miguel lo vio partir, deseando que su amigo abriera los ojos…

III

Tres semanas después.

En todo el tiempo que había pasado, no había existido ningún avance en el caso del robo de la casa de la familia Espinoza. En cambio, si había un avance en el pequeño proyecto de Pablo. Durante los días que habían pasado, el joven ya había dado forma a un traje, hecho de los trapos viejos y rotos que encontró en su propio cuarto.

Aún no estaba decidido, pero la espera y la inoperancia lo tenían cansado, y ya había comenzado a tomar en serio la posibilidad de hacer algo por su cuenta. No era un chico muy seguro, pero sentía que había cosas que superaban las inseguridades. Por eso, estaba preparándose.

Había tomado un curso de defensa personal, y entrenaba en sus ratos libres. Algunos días se iba a algún lugar apartado, en el Cerro San Cristóbal, y perfeccionaba el uso de sus “espinas”. Y las palabras de Miguel daban vueltas en su cabeza.

Día tras día, fue a hablar al cuartel de policía. Pero día tras día, obtenía la misma respuesta: “no hay nada nuevo”.

Así, poco a poco, un plan fue tomando forma en la mente de Pablo. Poco a poco, nacía un nuevo defensor para la ciudad.

IV

Pablo se había propuesto que ese día sería la última vez que iría al cuartel, a preguntar los avances de su caso. Su madre lo acompañó.

Entraron al edificio, pero Pablo no tenía ninguna esperanza. Tal como él pensaba, escucharon la misma frase de todos los días. El joven ni siquiera se despidió del oficial de policía, y tomando a su madre del brazo, salió. Su rostro demostraba una gran furia y frustración. Una vez más, pensaba en las palabras de su mejor amigo.

Esa noche, Pablo se vistió con su nuevo traje. Encima puso su ropa normal, y salió a caminar por la ciudad, después de dejar aseguradas las entradas de su casa. Había memorizado las facciones del tipo, tal como su madre se lo había descrito, y tal como la misma policía tenía en sus registros. Cuando pensó en que a pesar de conocer incluso su rostro, la policía no había hecho nada, apretó su puño.

Decidió no pensar más en eso, y siguió recorriendo las calles. Anduvo por barrios llenos de gente, y vio un sinnúmero de hechos que llamaron su atención, y le parecieron sospechosos. Sin duda, estaba aprendiendo de la calle. Pero aún no encontraba al tipo que buscaba.

De pronto, en una esquina, tras recorrer la ciudad por varias horas, vio un rostro que se le hizo conocido. Trató de recordar donde lo había visto antes. No coincidía con las facciones del ladrón al que buscaba. Era otra persona… ¿pero quién? El sujeto hizo un movimiento, y comenzó a caminar.

Cuando Pablo lo vio moverse, logró al fin reconocerlo. Era el tipo al que había detenido tiempo atrás, aquel que le había robado su cartera a una mujer. ¿Por qué estaba libre? El tipo comenzó a seguir a una chica, y su actitud demostraba sus verdaderas intenciones.

Ese hombre no debería estar aquí”, pensó Pablo. Furioso, dándose cuenta de cómo funcionaban las cosas en realidad, tomó una decisión. Se escondió en un callejón, y se puso la máscara que había diseñado. Entonces, salió, decidido, en busca del delincuente.

Se había dado cuenta de que su caso no era un caso aislado, y que las personas necesitaban ayuda y protección. No podía dejar que esto pasara una y otra vez, sin que nadie hiciera nada. No sabía si Miguel tenía razón o no, pero no le importaba. A partir de ahora, él haría algo al respecto.

En el momento en que se había puesto su máscara, había nacido Espinas. Y el nuevo defensor de Chile estaba completamente dispuesto a detener todas las injusticias.


Fin...
_
Leer más...

18.3.09

Mirox Presenta #1

“Espinas” (Parte 1 de 2)
Historia: Rodrigo Roa.

I

Santiago, Chile. Hace unos meses.

La protesta había transcurrido con calma hasta ese momento. Una multitud se había reunido en frente del edificio presidencial, y la mayoría portaba pancartas y gritaba con efusividad.

La reunión del Mercosur no había pasado desapercibida para cierto sector de la vida política del país, y los civiles que comulgaban con esas ideas, estaban dejando saber su opinión. La policía tenía bien resguardado el lugar. Por eso, a pesar del ruido, la calma dominaba en la escena.

En medio de los manifestantes, se encontraba Miguel Álvarez. El estilo punk con que vestía, demostraba la gran rebeldía de cada aspecto de su ser. Era uno de los más entusiastas de la multitud.

A unos metros de él, Pablo Espinoza trataba de pasar con dificultad entre la gente. Quería llegar hasta su viejo amigo Miguel, pero no estaba seguro si debía estar allí. Las ideas de ambos amigos eran muy diferentes, a pesar de que su amistad los unía desde muy pequeños. Mientras Miguel era punk, y participaba de movimientos populares, Pablo se preocupaba completamente de estudiar y hacer lo que su madre decía.

- ¡Miguel! ¡Miguel! – Pablo trataba de hacerse oír en medio del ruido, pero sólo cuando Miguel miró de casualidad en su dirección, consiguió su atención.

- ¡Pablo! ¡Qué bueno que viniste! – dijo Miguel apenas lo vio. Ambos hicieron un esfuerzo para acercarse, y poder hablar con ese ruido - ¡Al fin te veo en una marcha! ¿Cambiaste de opinión?

- ¡No! ¡La verdad, aún no sé qué hago aquí! ¡Sólo te buscaba a ti! – respondió Pablo.

- ¡Pues, deberías pensarlo mejor, y estar con nosotros en esto!

Pablo no alcanzó a responder, cuando escuchó el ruido de una explosión en las cercanías. Apenas unos segundos después, la policía avanzaba contra la multitud, y ésta respondía con un alboroto de proporciones. Los escudos policiales comenzaron a recibir piedras, y las personas comenzaron a sentir los golpes de las lumas.

En medio del caos, Miguel y Pablo trataban de huir, pero era demasiado tarde: estaban rodeados. Pablo trató de tomárselo con calma… Pero en ese momento, Miguel lanzaba una piedra contra uno de los policías… y la calma se acabó.

II

Fue como si por un segundo, todo se detuviera. Pablo jamás pensó que se vería envuelto en un desorden como ese, y menos que su gran amigo Miguel hiciera algo tan… atrevido. La piedra impactó de lleno en el escudo de uno de los policías, y rebotó lejos. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Pablo.

De inmediato, los policías se abalanzaron sobre ellos. Uno tomó del brazo a Miguel, y otro sujetó la polera de Pablo. Miguel trató, con ímpetu, de zafarse, pero Pablo no hizo ningún movimiento. Los policías los agarraron con más fuerza, y el joven punk se resistió aún más.

En ese momento, que le parecía eterno, Pablo vio como uno de los policías movió su brazo con la intención de golpear a Miguel. Asustado, no se pudo quedar de brazos cruzados, y se interpuso entre la luma y su amigo.

La expresión del policía cambió radicalmente, y un grito de asombro se escapó de su boca. Frente a él, del cuerpo del muchacho que se interpuso en su golpe, habían brotado extrañas púas, afiladas y pequeñas, hechas de material óseo, y eso había bloqueado el golpe.

Todos los policías se detuvieron, y se alejaron unos metros. Miguel estaba igual de sorprendido, pero al ver la oportunidad, tomó del brazo a su amigo, y juntos, corrieron. Los policías tardaron unos segundos en reaccionar, y luego persiguieron a los jóvenes que huían. Pero Miguel y Pablo fueron más veloces.

Y las “espinas” del cuerpo de Pablo aún no desparecían.

III

Le costó trabajo, volver a la normalidad. Una vez que se concentró e hizo un esfuerzo, las “espinas” volvieron a entrar a su cuerpo… y así descubrió que eran retráctiles. No sabía qué pensar.

- Pablo… - dijo Miguel, con preocupación – Esas… cosas… ¿sabías que las tenías?

- Jamás me había ocurrido esto – respondió Pablo, muy confundido.

- Y… ¿te duelen? – preguntó el joven punk.

- No… Es extraño, pero a pesar del esfuerzo, no siento ni una pizca de dolor – respondió Pablo.

Miguel quedó pensativo por un instante. En silencio, meditó algo, y Pablo trató de descubrirlo con su mirada. Pero lo que le dijo, no era lo que esperaba.

- Pablo… Eso que tienes… es un superpoder, ¿no? Como los defensores, esos de la tele…

- Si… Eso creo… ¿a dónde quieres llegar? – preguntó Pablo.

- Y después del Vengador Justiciero, Chile se quedó sin un héroe… - Miguel hizo una pausa, para darle importancia a lo que diría luego – Estaba pensando que quizás… tú podrías tomar ese rol…

- ¡De ninguna manera! – dijo Pablo, exaltado.

- Piénsalo, amigo – continuó Miguel – Podrías asumir una identidad secreta, combatir el crimen… incluso podrías ayudar a nuestra causa…

- No, Miguel. No haré nada de eso que me dices. Mis poderes serán un secreto entre tú y yo, y no haré nada con ellos. Y no hay peros… Ahora… debo irme.

Pablo no dijo ni una palabra más, y se fue, con dirección a su casa. Miguel quedó pensativo. Veía los poderes de su amigo como una gran oportunidad…

IV

Contrariado por lo ocurrido, Pablo Espinoza caminó lentamente hasta su casa. Pensaba en lo que le había dicho su amigo Miguel, pero quería convencerse de que no era posible. Él no estaba hecho para ser nada más que un chico normal. O eso quería creer.

Una vez que estuvo solo, en una calle, y mirando atentamente su brazo derecho, hizo salir las “espinas”, y vio como, con un poco de esfuerzo, le era fácil sacarlas y volverlas a esconder dentro de su cuerpo. Respiro hondo, y levantó su cabeza para seguir caminando.

En ese momento, un grito interrumpió el silencio de esa calle solitaria. Era una mujer, y el eco de sus tacones se oía a distancia. Pero delante de ella, un hombre delgado corría en dirección a Pablo, y llevaba la cartera de la mujer en sus manos.

Al verlo, Pablo titubeó. Pero el delincuente pasó muy cerca de él, así que en un segundo, decidió armarse de valor. Girando, y sacando las espinas de su brazo, hizo un rápido movimiento, y las lanzó hacia el tipo. Las púas se incrustaron en una de sus piernas, y el delincuente cayó, lanzando un grito de dolor.

Pablo fue hacia él, aún nervioso, y tomó la cartera, que había caído a su lado. Miró al ladrón, y vio cómo le costaba ponerse de pie por las espinas en su pierna. A lo lejos ya se escuchaba la sirena policial. Entonces, el joven sacó más espinas de su brazo, e incrustó la ropa del tipo contra el suelo, para que no pudiese escapar. Luego, la mujer, con su teléfono celular en la mano, recibió la cartera de parte del improvisado héroe, y le agradeció con sinceridad.

Antes que llegara la policía, Pablo echó a correr, con una extraña sensación, y una sonrisa en su cara.

V

A Pablo le parecía que había vivido un día larguísimo. Cuando estaba cerca de su casa, deseaba con todas sus ganas dejarse caer sobre su cama, para pensar en todo lo que había pasado.

Pero apenas abrió la puerta de su casa, y vio q las luces estaban apagadas, supo que el día estaba lejos de terminar. Su mamá, encerrada en su pieza, había llorado por un par de horas, y la casa estaba completamente desordenada.

- ¿Qué pasó, mamá? – preguntó Pablo, apenas la vio.

- ¡Nos robaron todo, hijo! – respondió la mujer, sollozando – Un tipo entró a la casa, me amenazó, y se llevó todo…

- ¿Y llamaste a la policía? – preguntó Pablo, alarmado.

- Si… Pero me dijeron que no pueden hacer nada, porque no dejó huellas… ¡El tipo ya debe estar demasiado lejos!

Pablo sintió un nudo en la garganta. Si la policía no podía ayudarlos, ¿quién podría? Todas las imágenes del día se sucedieron en su mente. Había salvado a Miguel de una golpiza, y había salvado a esa mujer de un robo… Y ahora la víctima era su propia madre.

Entonces, Pablo miró hacia el cielo, y volvió a suspirar. Luego, habló, aunque no tan decidido.

- Mamá… necesito que describa al tipo que entró a la casa… Quizás pueda hacer algo…


Continúa...

_
Leer más...