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31.5.20

Fuego #11


Días Perdidos (4 de 4)
Historia: Zirijo

I

—Señor, tenemos una cuadrilla completa retenida en la cordillera —reportaba un funcionario de las fuerzas especiales de policía—. Los perdimos cuando incursionábamos por la zona.

—¿Y quién les dio esa orden? ¡Estamos hasta el cuello de llamados de desórdenes civiles! ¡El presidente está a punto de establecer la ley marcial, y ustedes se dan el lujo de meterse con esos malditos indios!

—Fue una orden superior, señor. El Suboficial mayor de zona nos envió… señor —respondió el Cabo.

—Bien… toma a las tropas que tengas… recuperen a los rehenes, y regresen… no podemos darnos el lujo de perder más hombres, con esta guerra acercándose… los norteamericanos amenazan con atacar Eria.

—Sí, señor.

II

El templo estaba levantado hasta la mitad. Dos días habían pasado desde que los policías estaban de rehenes, y Justin había estado trabajando muy rápido cortando rocas. Había pasado toda la noche pensando sobre lo que estaba pasando, pero no podía conseguir entender por qué le seguía la corriente a Escorpión. De todos modos, muchas de las cosas que había estado aprendiendo eran aspectos de su poder, que él, ni su hermano, nunca habían pensado. No depender del fuego, dirigirlo, controlarlo, su efecto psicológico en el enemigo… la guerra detrás del fuego. Lo que estaba haciendo era ser un nuevo Justin.

—Roca sólida… el templo es el reflejo de nuestros espíritus —dijo el Maestro Escorpión, asombrado por su obra—. Nuestro templo ahora es de piedra. Sólida y eterna.

—Señor, los centinelas han visto a más tropas de extranjeros acercándose —informó uno de los aldeanos al Maestro.

—Vienen por tus prisioneros —lo culpó Justin.

—Preparen todo… nos defenderemos hasta la muerte.

El pueblo completo se preparó para una emboscada. Las fuerzas policiales estaba peligrosamente cerca del pueblo. El Escorpión se sintió amenazado, así que preparó su aguijón y tenazas para atacar.
El difícil acceso hace que las tropas viajen a pie. Cada uno de los miembros de la tropa de policías de fuerzas especiales llevaban rifles de asalto, comunicadores individuales, y un tremendo arsenal defensivo. Avanzaban silenciosos desde la base de avanzada, ubicada a un costado del Río Grande.
Pese a todo esto, son los Escorpiones los que atacan primero, armados con lo que pudieron conseguir en sus casas y moradas, liderados por el Maestro del templo, Escorpión. A pesar de su pesado cuerpo, era silente y rápido. Su entrenamiento personal era doblemente riguroso, ya que el calor del desierto lo transformaba en una masa caliente y sofocante de concreto sólido.
Las fuerzas especiales de policía dispararon en contra de sus atacantes, balas reales. Una masacre en un instante. Escorpión se adelantó y derribó a varios, pero no fue suficiente, la matanza continuaba.

—¿Qué?… este no es el procedimiento correcto —susurró Justin, sorprendido por la aterradora y violenta respuesta de los policías, recordando lo que podía de su hermano George—. No… no permitiré esto.

El joven Hombre de Fuego se encendió en viscerales llamas, y se asomó desde lo alto del monte que albergaba la emboscada preparada por los aldeanos. En la cima del monte prominentes flamas salieron desde el cuerpo de Justin, que las formó como gigantescas e imponentes alas de fuego.
Voló desde lo alto, y combatió por esta gente… su gente, desde hace varios meses.

III

Cualquiera que viera una gigantesca bola de fuego acercándose directamente a una tremenda velocidad, mostraría la mueca de terror y espanto que pusieron esos policías. El calor era tan fuerte que las balas no alcanzaban a impactar en Justin, sino que se desviaban. Era imparable, y los ojos de aquellos hombres estaban conquistados por el miedo.
Al derribarlos, Justin se detuvo y observó. Estaba rodeado. Desde sus manos concentró tanto calor, que de ahí mismo se produjeron llamas más grandes, las cuales usó para embestirlos a todos.
La cola de Escorpión era pesada y densa. Por una jugada del destino nació con ella, pero fue fortalecida y entrenada a través de una severa ceremonia de iniciación para transformarse en un Guerrero Escorpión ejemplar. Avanzando junto a Justin, la desplegó para golpear y desestabilizar a los invasores, que seguían disparando al desenfrenado Maestro. Las balas no tenían ninguna posibilidad de atravesar el duro y sólido recubrimiento al que había sido expuesto hace no mucho.

—Ya.. ya lo entendí —dijo Justin muy fuerte durante el combate, iluminado por una epifanía—. Cuando veníamos hacia acá… me despedí de todo lo que me ataba a la vida de George… los Hombres de Agua, Espuma, la extraña Firice… todo eso era el mundo de mi hermano... no mío… fue una despedida.

Escorpión lo escuchó sin desconcentrarse, y lo aprobó.

—Entonces, vive por tu propia cuenta, Hombre de Fuego… toma todo lo que te han entregado y, ¡úsalo!

Justin se tornó fuego puro, y desplegó una luminiscencia destellante. Las flamas dominaban su cuerpo, desplegando una bola de fuego de todo su ser. Arrasó con todo lo que lo rodeaba. Con fuerza empujó a los policías, los nubló con el calor abrazante, y los hizo retroceder por la potencia del fuego. Nunca antes había sentido el fuego tan propio, nunca antes había usado el fuego así.
Las tropas atacaron entonces con más fuerza. Un grupo había avanzado en secreto hacia el otro lado del monte, y comenzó a disparar por la retaguardia. Escorpión los escuchó, y dejó a Justin solo en el frente. El imponente Hombre de Fuego estaba flotando a pocos centímetros del suelo, ennegreciendo las rocas, y alejándolas por la fuerza de las llamas. Algunos siguieron disparando, pero algo llamó la atención de Justin, mientras avanzaba. Un comunicador encendido, dejado atrás por uno de los policías que escapó de las llamas. La comunicación estaba abierta, y se oía fuerte y claro.

—¡Tropas, retrocedan! Tenemos un brote de Ébola Vastitas en el Hospital de Speedway City… no hay abasto en Angalil… necesitamos a todas las tropas.

Justin se sorprendió. Tomó el comunicador y se alejó, sin quemar el aparato, elevándose a los cielos.

—Pero… señor… —dijo, tratando de hacerse pasar por uno de los miembros de las fuerzas especiales—. ¿No es posible llamar a Defensores Unidos?

—Imposible, necesitamos a todas las tropas —respondió—. Defensores Unidos no están operativos… se encuentran ocupados con la guerra de los norteamericanos en todo el mundo…

—¿Guerra? —se preguntó Justin, dejando caer el transmisor, muy preocupado. Sus amigos estaban enfrentando una situación muy peligrosa, y él sin poder ofrecer su ayuda…

Justin miró hacia abajo, y vio como las fuerzas especiales avanzaban hacia el pueblo de los Escorpiones… no pudo hacer nada… Defensores Unidos lo necesitaba.

IV

Su vuelo era furtivo. Justin había estado demasiado tiempo fuera como vara ver venir esta situación. El Desierto quedaba rápidamente detrás de él, y Speedway City estaba en frente. Pasó como una fuerte ráfaga por sobre sus cabezas, y sobre los edificios. Su objetivo era Angalil y el salón de Defensores Unidos.
Una vez allá, vio una gran cantidad de héroes reunidos en las afueras del salón. Durante su vuelo sobre la ciudad, vio los disturbios, el desorden y el abandono de las calles. Nada estaba funcionando, estaban todos escondidos y temerosos ante la amenaza de guerra.
Alcanzó a escuchar la pregunta de su amigo Blackbird: “¿Alguno quiere unirse a Quick y a mí, en esta campaña?”*

—¡Yo iré contigo! —dijo Justin, en vuelo y envuelto en llamas aún.

—¿George? —preguntó Electric Man, escuchando un gran parecido con la voz del primer héroe en llevar el nombre del Hombre de Fuego.

—¡No… es Justin! —exclamó Quick, sorprendido, y feliz por unos instantes.

—Blackbird, cuenta conmigo —dijo luego, haciendo que sus flamas desaparecieran, mostrando su amable rostro, pero con una mirada diferente.

—¿Qué te pasó? ¿Por qué te fuiste? —preguntó Adam al abrazar a su amigo.

—Luego hablamos de eso… ¿Alguien más acepta el llamado de Blackbird? —preguntó Justin Smith, el Hombre de Fuego.

A pesar de las intenciones de Justin, nadie más alzó la voz.

—Entonces seremos nosotros tres —dijo Blackbird.

—Suerte chicos —dijo el Amo de los Espejos—, la van a necesitar.

V

—Hoy celebramos la muerte de muchos de nuestros hermanos, padres, esposos. Pero hemos defendido nuestro pueblo, nuestras tradiciones, de esos foráneos… Les hemos devuelto a nuestros rehenes, y nos aseguraremos que no vuelvan a molestarnos, ya que los hemos repelido por mucho tiempo más… —dirigía el Maestro Escorpión, en una orativa hacia los aldeanos del Pueblo de los Escorpiones, en el nuevo templo, completamente terminado.

Cuando la ceremonia había terminado, uno de los aldeanos, se acercó hacia el Maestro.

—Señor, ha despertado… el muchacho quiere hablar con usted.

Cuando el Maestro Escorpión entró al cuarto, encontró a Radsil mirándose en un espejo, contemplando su desfigurado rostro. Sin las vendas, se alcanzaba a distinguir una palma muy marcada en su rostro, la mano del Hombre de Fuego.

—Maestro, he tenido el sueño…

—Entonces estás listo para ser llamado “Guerrero Escorpión” —respondió el Maestro. Miró severo a los ojos de Radsil, cuando este se movió para mirarlo de frente. Su mirada estaba inflamada por el odio y el resentimiento. Una mirada bendita por Itprom, por el Aguijón del Escorpión.

—He soñado con fuego. Con un brillante y poderoso FUEGO.


Fin…

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*Esta escena ocurre en "IMPERIO" #6



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24.5.20

Fuego #10


"Días Perdidos" (3 de 4)
Historia: Zirijo


I

—Es perfecto —concluía un alto empresario del rubro de la energía al terminar de oír una exposición sobre un proyecto hidroeléctrico pensado en el medio del Desierto de Eria—. El río está justamente en un estrecho… podemos usarlo para la represa.

—Y es ideal, ya que debemos potenciar la entrada de energía al sistema interconectado. En Speedway City, la demanda de energía se ha triplicado en estos años, y ya no estamos dando abasto —agregó un asociado.

—Pero, según el estudio de impacto ambiental que desarrollamos, en esa área hay una comunidad de indígenas… inundaremos sus tierras de cultivo… —contrarió otro miembro de la mesa.

—Ofrezcan lo que sea necesario… constrúyanles una escuela, denle computadores… quiero esas tierras para la hidroeléctrica.

—Señor, ellos son los que han causado problemas a las autoridades antes… no dejan que se les acerquen… los caminos están cortados y hay muy poca información sobre ellos.

—Entonces prosigan con el proyecto… el Ministro del Interior me debe un par de favores… y no le conviene quedar mal conmigo. El proyecto va si o si...

—Sí, señor… —respondió la mayoría, entre risas y alegría.

Antes de abandonar la sala, victorioso, el dueño de la empresa se detuvo en la puerta, con una pregunta en su mente.

—¿Cómo se llaman esos indios que hay que desalojar? —preguntó en voz alta, al encargado principal del proyecto.

—Se les conoce como el “Pueblo de los Escorpiones", señor.

—Muy bien… vamos a sacarlos de ahí, cueste lo que cueste.

II

—¿Qué es el fuego? —preguntó el Maestro Escorpión a Justin, cuando éste entraba al perímetro del nuevo templo, marcados con grandes y gruesas rocas talladas en fuego.

El tamaño de la estructura doblaba al de su predecesora, y la quintuplicaba en firmeza. Habían pasado ya varios días desde el comienzo de la construcción, y todo el pueblo ayudaba a los miembros de la orden a transportar los bloques, que Justin cortaba con sus poderosas llamas. El tatuaje seguía doliendo, pero cada vez que se encendía en llamas, el joven Hombre de Fuego, ponía en práctica los ejercicios que Escorpión le había enseñado. Controlaba su respiración, sus pensamientos.

—El fuego es ímpetu —respondió Justin.

Había estado siendo acosado con esa pregunta todo el tiempo por su maestro. Al inicio de cada entrenamiento, Escorpión se la formulaba, y si Justin no tenía una respuesta, era obligado a realizar las tareas de todos los otros miembros de la orden y era enviado a la ribera del río grande, para buscar agua.
Escorpión sonrió. Por fin una respuesta que lo satisfacía… pero no completamente.

—¿Qué más es el fuego? —preguntó Escorpión, quieto en su trono piramidal.

Justin se alegró, porque no fue enviado inmediatamente a realizar las tareas de siempre, pero se contuvo, para no mostrar emoción frente a su maestro.

—El fuego es potencial, es energía, emoción... —siguió Justin, iluminado por una idea que lo mantuvo despierto toda la noche anterior.

Cuando incendió accidentalmente el templo, el Maestro Escorpión lo había culpado, por confundir la ira con el fuego… entonces, pensó sobre la idea, pensó sobre esa intensidad que le daba la ira a su fuego, a su fuerza. Pero la ira es solo alimento para la intensidad, para su espíritu. Dejó el fuego desnudo en su pensamiento, y llegó a esta conclusión justo con la salida del sol.
Escorpión estaba sorprendido. Solo los grandes filósofos de la tribu habían alcanzado aquél grado de comprensión de los elementos, en este caso el fuego, para poder poner palabras en un impulso tan grande y poderoso como para mover máquinas pesadas y complejas, como nuestro propio ser.

—El fuego… —continuó Justin—. El fuego es vida más allá de la vida…

—Espera... —dijo el Maestro Escorpión al escuchar la última frase—. Ven, dame tu mano.

Justin se acercó, pero Escorpión no le permitió subir a la pirámide sin cima que lo albergaba. Él bajó, y tomó su mano.

—Enciéndela.

Justin creó una flama brillante y pura. No había usado su fuego desde el día anterior, y solo lo usaba para cortar las rocas que conformaban ahora el templo.

—¿Puedes ver vida ahí? —preguntó Escorpión a Justin, luego de obligarlo a ver la flama por varios minutos.

—No… pero…

—No. Sin “peros”… el fuego no es vida, niño-fuego —corrigió su maestro—. El fuego es un instrumento para la vida… pero no es vida. Permite plantar donde ya había plantaciones muertas, pero el fuego no es vida. El fuego es un motor, es abrazador, imparable, es dinamismo, es chispa, esencia, pero no vida. Es potencial creador y destructor. El fuego es el más brillante de los miedo del ser humano —sentenció, soltando la mano de Justin, un tanto decepcionado por tener que hablar más que su propio discípulo.

—¿Miedo? —cuando nosotros ayudábamos a las personas de Northcrem, ellos nos saludaban, nos amaban… jamás sintieron miedo por nosotros.

—Claro… porque ustedes mostraban un fuego de niños… controlado, inofensivo… pero intenta sentir el miedo de un hombre a punto de ser rostizado, atrapado en su propia casa envuelta en llamas. El fuego en descontrol es el peor miedo… dicen bien que al quitarle el fuego a los dioses, los hombres se transformaron en dueños de su propio destino, porque antes de eso, el fuego era solo dolor, miedo y destrucción ante los ojos de los primeros hombres.

—Siempre hablas del fuego descontrolado… del control…  —replicó Justin.

—Por supuesto… el manejo, el uso… encender una cerilla ya es controlar el fuego… El fuego sin control es una fuerza desatada. Hay que controlar el fuego para poder usarlo a nuestro favor y conveniencia… si no…

—Maestro —interrumpió un miembro de la Orden de los Escorpiones—, los vigías han visto intrusos en el área del Río Grande… creo que son fuerzas policiales.

—No… nadie entra a la tierra de los Escorpiones… menos los usurpadores ajenos —respondió el maestro—. Llama a los estudiantes y a los aldeanos… Justin, es momento de usar lo que has aprendido.

III

Cuando llegaron los aldeanos del Pueblo de los Escorpiones junto con Justin Smith, a las laderas del cerro que colinda con el Río Grande, los vieron. Eran tropas de fuerzas especiales, que rodeaban el río, para poder pasar hacia el otro lado. Miraban hacia todos lados, pendientes de la presencia de los aborígenes de la zona.
Estaba claro que el Pueblo de los Escorpiones había repelido todo intento de que el Estado de Eria ingresara a su comunidad, con sus políticas y sus representantes, y por esto mismo, los indígenas no permitirían que usurparan sus tierras, ni que corrompieran
a sus hijos, lejos de las enseñanzas ancestrales.

—Los rodearemos, y los atacaremos por donde mismo llegaron. No tendrán más opción que separarse y regresar hacia sus inmundas ciudades —indicó el Maestro Escorpión—. Avancen… ¡Por El Aguijón!

—¡Por El Aguijón! —respondieron.

—¿Quién es ese tal Aguijón? —preguntó Justin a su maestro, que avanzaba furtivo, a pesar de su gran volumen.

—El Aguijón es otro nombre para Itprom, nuestro protector. Desde que nuestros abuelos conocieron por primera vez a los fuereños, estos los atacaron y se aprovecharon de ellos, por eso no los queremos. Pero “El Aguijón” nos protege; con sus enseñanzas y su código de guerra, hemos sobrevivido… y lo seguiremos haciendo.

Cuando los aldeanos del Pueblo de los Escorpiones estuvieron a la espalda de las fuerzas policiales, ellos se alzaron.
El Maestro Escorpión estaba en frente de la avanzada, mientras que Justin y el resto de los aldeanos, lo seguía. Se trataba de un pequeño contingente de fuerzas especiales ubicadas a un costado del río. No eran más de veinte efectivos, dispuestos uno al lado del otro, junto con un vehículo de detención y una camioneta. En el momento en que los aldeanos se hicieron presentes, la camioneta partió río abajo, dejando a los efectivos solos.
Escorpión, como loco, atacó directamente a los policías, que disparaban balines de acero, ilegales, para atacar a civiles.

—¡No entrarán a la fortaleza del Aguijón, las montañas nos resguardan, invasores! —vociferaba Escorpión, mientras golpeaba los escudos de los policías, reduciéndolos a basura, por sus pesados y fuertes puños de concreto.

Algunos aldeanos resultaron heridos por los balines, pero la mayoría de los ataques iban dirigidos a Escorpión, que los asustaba con sus feroces golpes. Justin no tuvo mucho que hacer, más que entrar al vehículo de detención, y verificar que no había nadie más adentro.
¿Cómo es posible que los hayan dejado solos?”, se preguntaba Justin, viendo el violento ataque que Escorpión les propinaba, dejando indefensos, uno por uno a los “invasores”.
¿Un señuelo?”, se preguntó luego, cuando decidió detener a su maestro. Con sus manos en llamas, Justin detuvo a Escorpión de propinar un golpe más a un desmayado policía. Todos estaban inhabilitados, con los brazos rotos, o inconscientes por el shock nervioso que representó recibir los poderosos golpes de la mole de concreto.

—Es una trampa —dijo Justin, cuando Escorpión estuvo un poco más calmado.

—Imposible… nosotros inventamos la guerra, sabríamos si una táctica así se estuviera gestando —respondió confiado.

—Debimos verlo cuando aquella camioneta huía… al parecer tu orgullo, y tu devoción a ese Aguijón te han jugado una mala pasada.

—El Aguijón es sagrado… no me obligues a someterte a su código —amenazó Escorpión—. Un hermano de guerra debe tener siempre el orgullo del Aguijón en su corazón, si no, la batalla está perdida desde un principio.

—¿Cegarte a un posible engaño? Tu dios… ok, nada… —se interrumpió Justin, no era conveniente para él perder la confianza de Escorpión—. Fueron más inteligentes que nosotros —dijo luego—. ¿Qué haremos con ellos?

—Son nuestros prisioneros —dictó Escorpión.

—No podemos retenerlos… son policías, estarías llamando a todas las fuerzas hacia tu aldea.

—Que vengan… nosotros tenemos al Aguijón en el corazón —respondió Escorpión.

IV

Era ya de noche en el Pueblo de los Escorpiones, y Justin Smith estaba en el establo que era su hogar en aquél lugar perdido en la cordillera de Eria. Miraba las estrellas, perdido en sus propios pensamientos.
Pensaba en los prisioneros, en la trampa, en que en algún momento los vendrían a buscar. Pensaba en El Aguijón, en el entrenamiento y en eso que Escorpión había dicho cuando se enfrentó contra Radsil: “Recogí a un hermano de guerra”.
Radsil seguía inconsciente, y con la quemadura en buen estado. Lo peor que podría pasar, es que se infectara.
La noche estaba calmada. Algunas luces de fogatas se veían en el pueblo, pero no lograban opacar el brillo de esas estrellas, que tenían hipnotizado a Justin.
Cada una de ellas es una bola gigantesca de fuego… miles de cientos de llamas flotando en la infinidad del espacio”. No podía dejar de pensar en el fuego como una imposición del miedo… no podía dejar de pensar en lo equivocado que estaba Escorpión.

V

Del Libro de las Ideas. Extracto de la Guerra por la Conciencia.

Y estuvo entonces la Guerra desatada. El hedor del Rey Vagabundo se esparcía por cada rincón, hogar y bosque, en que las espadas de ambos bandos se cruzaban. Las Hordas de Itprom se esparcían por todas partes, saqueando, violando, y quemándolo todo. El fuego era algo que Itmed le había dado como un instrumento, para reafirmar su poder, el terror sobre los corazones.
 Itprom, pues, recibió noticias de que el ejército de Itnok estaba masacrando a las fuerzas de Itmed, en las cercanías del palacio del Rey Vagabundo. Itprom acudió, pero ya era demasiado tarde. Itnok, con la voz del destino en su boca mutilada, había arrasado con Itmed y sus aliados. Este abandonó a los suyos cuando vio la batalla perdida, pero fue encontrado por Itprom en los bosques de las proximidades, escondido, entre los cadáveres de sus comandados. Itprom lo recogió y lo llevó con los suyos, tal como lo había estampado en su código.
Desde entonces todo aquél que vive bajo el código del Aguijón, adopta a los rezagados de batalla, los toma bajo su tutela, ya que es considerado como 'Hermano de Guerra'”.


Continuará…

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17.5.20

Fuego #9


"Días Perdidos" (2 de 4)
Historia: Zirijo


Un año antes de la guerra.-

—Has herido a uno de los nuestros, debes pagar por tu crimen —dijo el Maestro Escorpión, sosteniendo a Justin Smith por los brazos.

—¡No, espera! Tú me obligaste a hacerlo… no nos detuviste… —reclamaba el joven.

—Es la ley —respondió Escorpión—. Háganlo.

Justin entró en desesperación y comenzó a encenderse en llamas, pero esto no afectaba el sólido concreto que remplazaba la piel del Maestro Escorpión, quien lo apresaba como una avalancha. Un fierro muy caliente en forma de escorpión tribal se acercaba incandescente hacia el brazo derecho del Hombre de Fuego, que no podía moverse, por la fuerza constrictora de los dedos de Escorpión. El fuego que traía la vara era distinto al que producía el cuerpo del joven Justin Smith, era un fuego oscuro, con odio, alimentado por las ansias y la violencia de todo un pueblo dispuesto a pelear. Un fuego macabro, un fuego que se aposaba en el brazo de Justin, dejándolo realmente adolorido.
Justin perdió su forma ígnea, que se fue con su conciencia, pero en su brazo, el tatuaje del escorpión ardía… y nunca iba a dejar de hacerlo.

I

Hace seis meses. La guerra.-

Ellos se dirigían a la frontera con Estados Unidos para detener esta locura. Los Metal Knights proporcionaron a los últimos miembros de Defensores Unidos que quedaban en Eria, de su mayor capacidad tecnológica para apoyarlos en la operación. Blackbird, el Hombre de Fuego y Quick estaban una vez más reunidos.
Adelante la playa, y una columna de humo. Quick los esperaba, cuando Adam y Justin descendieron a la playa de Haulover, Miami. Las palmeras y los edificios se acompañaban de una larga columna de humo y unos extraños barcos que volaban, alejándose a toda velocidad.
Luego de un intercambio de palabras con tres sujetos de la seguridad nacional de los Estados Unidos, uno de ellos, conocido como The American Dream, se abalanzó contra Blackbird.
Justin, al ver a Adam, se encendió en llamas, y Quick preparó carrera, al ver las acciones de sus compañeros. Blackbird, Adam Johnson, evitó ser atrapado por el estadounidense, apretando su mano derecha con tanta desilusión y enojo, que se dirigió directamente al rostro del sueño americano, transformada en un fuerte puñetazo*.
El Hombre de Fuego, en el breve instante, un fugaz segundo, en que nadie supo qué hacer, preguntó a través del comunicador/espejo que los tres portaban:

—Chicos… ¿Saben ustedes lo que es el fuego?

Blackbird y Quick no supieron qué responder, y lo miraron, uno completamente y el otro de reojo.

II

Un año antes de la guerra.-

—¿Sabes lo que es el fuego? —preguntó nuevamente el Maestro Escorpión a Justin Smith, el Hombre de Fuego.

Ambos se encontraban dentro del templo. Escorpión ocupaba un gran montículo, en forma de pirámide sin cima, para sentarse, como un trono, mientras que Justin lo observaba desde el piso, de pie.
Desde el brazo del joven Smith nacían llamas, aunque él no estuviera transformando en su forma ígnea. Hace tres días había quemado en una prueba a uno de los estudiantes de Escorpión, y él seguía en estado de inconsciencia. Fue castigado como acuerdan las normas de la disciplina, como dictaba Itprom.
El templo no tenía ningún tipo de arreglo desde que todos tenían memoria. Aún usaba luces de antorchas, en vez de alumbrarlo con la energía que procedía del motor que la aldea había adquirido hace unos diez años. Uno de los Guerreros Escorpión de antaño lo trajo, para poder hacer la vida de los aldeanos más llevadera. Ningún aldeano del pueblo de los escorpiones podía hacer abandono de esta tierra. Sólo los Guerreros podían, y si alguien osaba a hacerlo, no tenía el derecho de regresar jamás. Era por eso que los habitantes del pueblo estaban muy desfasados en tecnología, materiales y ayuda del gobierno. Era un problema para el estado enviar ayuda, ya que al intentar acceder al pueblo, eran rechazados por sus propios habitantes. Era una isla en la historia, un pueblo hecho del pasado, con costumbres aún más viejas.

—¿Es un elemento? —respondió con una pregunta Justin.

—Tu hermano nunca se hizo esa pregunta, ¿no es verdad? —dijo el Maestro Escorpión, sin moverse de su trono—. Imagina las posibilidades… él fue un estúpido al no explorar todas las ventajas… el poder…

—No hables de mi hermano… —murmuró Justin, mirando al piso, sin ser capaz de enfrentar a quien había ordenado que le hicieran aquella marca, que ardía en su brazo.

—¿Qué? —preguntó Escorpión, sintiendo que se movía el aire del templo con las palabras a medio decir de Justin—. Tu hermano lo hubiera dicho fuerte y claro.

—No me compares con George… —dijo Justin un par de tonos más alto.

—¿Me estás hablando? Tu hermano…

—¡¡YO NO SOY GEORGE!! ¡¡NO ME COMPARES CON ÉL!! —gritó Smith, interrumpiendo al Maestro Escorpión.

Siempre había tratado de ser como él… toda la atención, todo el reconocimiento… de ser como él… pero ahora, le avergonzaba estar donde estaba… Su hermana, y el propio George, lo hicieron entrar en razón…. Ahora odiaba la comparación odiosa… se odiaba por haber seguido a Escorpión.

—Eso es el fuego, niño —dijo Escorpión. Se levantó y caminó a la salida del templo. Afuera estaban los estudiantes estirando, esperando al Maestro—. Se te está prohibido reunirte con los otros estudiantes, niño fuego, el templo será tu lugar de entrenamiento, y podrás usar el comedor cuando todos se hayan ido —ordenó.

Justin quedó pensando un instante. Calmó su enojo, y se estremeció por el dolor de la cicatriz. Era imposible taparla, las vendas entraban en combustión al tocar la herida. Luego salió, siguiendo a Escorpión para no quedar solo, pero ni éste ni los estudiantes estaban a la entrada del templo. De hecho, no se veía nadie alrededor.

III

—¿Sabes lo que es el fuego? – preguntó el Maestro Escorpión al siguiente día, cuando Justin abandonó el establo e hizo ingreso al templo.

En la mente del Joven de Fuego se cruzaban distintas preguntas, todas en relación con su vida, sus decisiones y el entrenamiento al que lo sometía Escorpión. Todavía se preguntaba por qué no se encendía en llamas y se largaba de aquél lugar de pesadillas. Pero algo lo motivaba a seguir aquí, a aguantar la tortura a la que su nuevo maestro lo sometía. ¿Qué es ser fuerte? ¿Cómo puedo ser fuerte?

—Es la furia —respondió Justin, envuelto en aquél sentimiento.

—¡¿Esto es el fuego?! —gritó Escorpión abalanzándose contra Justin, luego de un momento de pensar la respuesta de su estudiante—. ¡¿Esto es el fuego?! —gritó nuevamente.

Luego de haber dado un gran salto, desde el trono del templo, hasta donde se encontraba Justin, Escorpión dejó un gran cráter en el suelo, al intentar alcanzar a Justin.

—¡¿Esto es el fuego?! —gritaba constantemente, mientras atacaba a Justin, con sus puños y cola de concreto. Era increíble cómo Escorpión podía mover esa cola tan pesada, revestida absolutamente por concreto, con tanta velocidad y fuerza. Trozos de templo salieron volando con el ataque de Escorpión, antes de poder asestar algún golpe Justin, quien quedó absolutamente arrinconado. Todo planeado, todo fríamente planeado en el calor del combate.

—RESPONDE!! ¡¿Esto es el fuego!? —gritó Escorpión antes de que Justin entrara en estado ígneo para proteger su vida. El dolor de la cicatriz cesó en el momento en que las llamas emanaron del Hombre de Fuego.

Con un gran esfuerzo Justin concentró el fuego entre sus brazos, para amortiguar los golpes de Escorpión, o para intentar aminorar el ataque. Pero no resultó.
Justin se elevó en vuelo por la esquina del templo, llegando al techo, mientras que Escorpión dio un salto, incrustando sus manos en el muro en llamas, tomando impulso y golpeando al defensor. Cuando Justin se dio cuenta de la situación, el templo ya ardía. La madera antigua y completamente seca no tardó en incinerarse por completo.

—¡¿Estás loco?¡ Acabas de provocar un incendio en tu templo —dijo Justin, tratando de hacer entrar en razón al maestro encolerizado.

—Tú lo hiciste —respondió Escorpión dando el último golpe a Justin, lanzándolo fuera del edificio, atravesando la puerta y alejándolo del derrumbe inminente.

El edificio estaba completamente en llamas, y Escorpión se alejó caminando. Justin quedó mirando el templo que ardía, desconcertado.

IV

Al día siguiente, el templo sólo eran escombros y cenizas. Escorpión estaba sentado en el gran trono de piedra, donde su maestro, y los maestros de sus maestros se habían sentado por generaciones.

—¡Mira lo que has provocado! —exclamó Justin a Escorpión, mirándolo fijamente.

—Fue tu respuesta lo que provocó el incendio —respondió—. Eso con lo que alimentaste el fuego… Es tu responsabilidad.

—¡Tú empezaste a atacarme! —replicó Justin.

—Yo te ordené que no pasaras a tu estado de fuego —respondió el Maestro.

Justin no supo qué decir, pero estaba enojado.

—Esto pasa cuando confundes el fuego con el enojo. Nada de tu alrededor se salva de ser destruido.

La marca que llevaba en su brazo tatuado ardió, encendiéndose en frente de ambos.

—Concéntrate, llévalo a brazas inofensivas, deja que el fuego amaine... —ordenó Escorpión.

Justin lo miró con duda y dolor.

—Respira… la base para encender y apagar el fuego es la respiración. Intenta respirar con calma, y concentrarte en una sola cosa a la vez.

—Pero…

—Siempre hay un pero contigo… —dijo el Maestro—. Acepta tu soledad. El fuego, para ser el más brillante y magnífico, debe arder… y si ardes lleno de remordimientos y dudas, lastimarás a todos con tus llamas. Acepta tus habilidades… acepta que eres el Hombre de Fuego.

La respiración de Justin bajó de intensidad. Los recuerdos se transparentaban, pero nunca desaparecían. Es como si lo dejaran ver hacia adelante, alrededor. Las llamas bajaron, y el tatuaje fue brazas.

—La respiración es la base para entender lo que es el fuego —dijo el Maestro—. Ahora, vamos a las canteras, hay que levantar un templo nuevo.

V

—El templo anterior tenía el espíritu de los antiguos maestros —dijo Escorpión a Justin, mientras observaba la cantera del pueblo de los escorpiones. Hombres, mujeres y niños trabajaban acá, para poder labrar la roca y edificar en las montañas. Había cierta tecnología que aún escapaba del conocimiento de los habitantes del pueblo de los escorpiones, pero trabajar las canteras era la tarea principal por la que vivían estos hombres de la montaña.

—Cada persona que ayude a construir el templo, adornará con su esfuerzo y espíritu la obra de los Guerreros Escorpiones —seguía diciendo Escorpión—. Ahora, dirige el fuego.

—¿Cómo? —preguntó extrañadísimo Justin.

—El fuego es capaz de debilitar hasta la más sólida de las piedras… dirige tu fuego. Encuentra los puntos críticos. Ataca.

Justin vio la piedra preparada. Estaba sobre dos gruesos maderos y tenía una marca hecha con cincel. Pasó a su estado ígneo para usar su fuego, pero Escorpión lo detuvo.

—No, maneja el fuego, dirígelo… sólo de tus manos, sólo de tu boca… hazlo salir por donde tú quieras… no por donde el fuego quiera.

El joven de fuego no supo qué hacer. Pensó. Luego respiró. Pensó en sus manos, como un canal, una vía de escape. Pensó en el incendio, en lo que había generado sus dudas. Los recuerdos seguían ahí, pero ahora transparentes… eran una ayuda, y no un estorbo. Cuando la imagen de su hermano y su hermana aparecieron ante él, supo que la comparación ya no era molesta…. Volvía a ser agradable. Pero ahora como ejemplo. Se percató que el dolor de la herida ya no estaba, y miró sus manos y estaban ardiendo en llamas.

—Eso… ahora, concéntralas, hazlas precisas, no las desperdicies.

Justin respiró nuevamente con calma. Las llamas se hacían pequeñas, pero no dejaban de tener intensidad. Entonces, de pronto, oyó un sonido, como el que hace el fuego a alta presión, y una llama muy densa y muy caliente salía de sus manos.

—Pósalas en la piedra, en la marca.

Haciendo lo que su Maestro le pedía, Justin puso las densas llamas en la marca, para cortar la piedra, pero no se veía gran cambio. Estuvo así por horas, pero la roca seguía igual...

Cansado, Justin agotó sus fuerzas, y dejó de hacer presión en la piedra, viéndola negra, por la intensidad de la llama.

—Mira —dijo el Maestro, levantando uno de sus dedos, y golpeando la roca suavemente. Esta se partió en dos, perfectamente, ante los ojos del joven de fuego, asombrándolo—. Ninguna victoria se obtiene de un solo golpe, Hombre de Fuego —dijo, levantando la inmensa roca con sus manos, y llevándola al pueblo.

Ese día, el sol se escondió en el pueblo de los escorpiones, con la primera roca del nuevo templo.


Continúa…

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*En "IMPERIO" #7



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10.5.20

Fuego #8


"Días Perdidos" (1 de 4)
Historia: Zirijo

“¿Te duele? No te preocupes… es Dios haciéndote de nuevo”
Anónimo.

I

El despertador sonó una vez más en la casa de los Smith. Los lunes Justin siempre tenía problemas con las sábanas, que “no lo dejaban ir”, como acostumbraba decir.

—¡Tu celular despertador ha sonado cinco veces! ¡DESPIERTA de una buena vez! —lo regañó Julie, su hermana, que pasaba cada cinco minutos hacia el espejo que se encontraba en el baño.

—¿Te lavaste la cara, por último? —preguntó resignado George, el mayor de los hermanos Smith, al verlo llegar arrastrando los pies a la mesa.

—¿Podemos simplemente cambiarnos de ciudad, o de barrio, para asistir a una escuela de tarde? —le preguntó Justin a George mientras tomaba asiento, aún entre sueños.

—Tómate ese cereal… salimos todos en veinte minutos.

—¡Pero George… aún no estoy lista! —protestó Julie.

—...¿No les falta nada? —preguntó, George mientras los tres subían muy apretados al auto familiar. Un modesto modelo urbano, práctico, pero pequeño.

—No alcancé a terminar el desayuno… —dijo Justin.

—¡Hey! ¡No esperes que porque vuelvo antes que ustedes a casa, lave sus cosas!... ¿se creen que debo hacerlo porque soy mujer? —reclamó Julie, teniendo en mente las muchas veces en que volvía a casa, y debía ordenar el desastre que dejaba Justin antes de salir.

—Pero Julie, no te cuesta nada… es sólo un plato —respondió Justin, sin entender el reclamo de su hermana.

—No se trata de eso… —alcanzó a decir George, cuando fue interrumpido por la señal de radio, habiendo avanzado un largo trecho en el vehículo.

“Persecución en progreso” “Peligroso homicida huyendo de la escena del crimen” “se dirige al sur, por la autopista principal” “llamen a todas las unidades” “Avisen a la Familia de Fuego
Los tres se miraron con ojos de complicidad. George estacionó el automóvil y todos bajaron, dejando sus cosas en él.

—Te salvaste de las clases de esta mañana, Justin… pero no faltarás a las de la tarde —amenazó tiernamente George a su hermano más pequeño, con una sonrisa en el rostro.

—¡Para esto fue que me desperté en la mañana! —exclamó alegre Justin, alejándose de cualquier cosa que pudiera entrar en combustión.

Al notar que no muchas personas transitaban por el lugar, los tres hermanos se encendían en llamas espontáneamente, generando una onda de calor y brillo inusual. El trío de llameantes hermanos emprendió vuelo hacia donde los necesitaban.
Era todo diversión en el día de Justin Smith. Era un lunes cualquiera para la Familia de Fuego. Pero luego recordó que su hermano ya no estaba con ellos, y que su hermana había sido convertida en la “Elemental del Fuego” por la madre Gaia. Eran sólo recuerdos de días mejores. Era sólo un sueño, producidos por su mente, para escapar de una triste realidad.

II

Un año antes de la guerra.-

El relinchar de un caballo despierta violentamente a Justin Smith de su dulce sueño. El heno, la paja y el fuerte olor a guano le recordaron que dormía en un establo ahora, y que un sofocante calor lo obligaba a sudar toda la noche. El sol apenas estaba saliendo, cuando una voz familiar le habló.

—Niño fuego, es hora de empezar el entrenamiento.

—Si, Escorpión —reconociendo a quien le ordenaba levantarse.

—Maestro Escorpión, ahora —corrigió el guerrero—. Soy maestro ahora —susurró.

La silueta de Escorpión no cambiaba mucho de lo que alcanzaba a recordar Justin entre sueños, pero cuando el joven terminó de despertar, vio que ahora Escorpión era una mole de concreto en movimiento. Sus anchos brazos, su rígida expresión y una exuberante toga lo hacían ver mucho más imponente que antes.

—Tengo problemas con eso… —le dijo el menor de los Smith—. No me resulta cómodo.

—Tendrás que hacerlo… si no quieres ser expulsado a las montañas, y lapidado en el camino —respondió ante la confesión del joven de fuego—. Tendrás que cortarte el pelo —dijo el Maestro Escorpión a Justin, mientras caminaban iluminados por los primeros rayos de luz del día.

—Noo… —dijo Justin, respondiendo a la petición con una expresión de desagrado.

—Tendrás que verte como los demás estudiantes.

Cuando Justin salió del granero persiguiendo al Maestro, vio una fila ordenada de muchachos, todos menores que él, de pie en frente de un antigua edificación de madera. Ahí también estaba el Maestro Escorpión.
Todos vestían togas de un color blanco muy viejo, percudido y poco cuidado. Todos tenían sus cabezas rapadas, dejando solo una trenza nacida de la base de la nuca, con una punta de cola de escorpión forjada en acero. Justin, con su pelo desordenado y vistiendo un jeans roto, zapatillas, una camisa a cuadros, y un traje especial que resistía los embates de sus transformaciones, se formó en la fila.

—Su maestro ha muerto... —sentenció con fuerza y calma Escorpión ante sus nuevos discípulos—... y al ser el último de los Guerreros Escorpión que logró formar, debo reemplazarlo.

Los estudiantes no bajaron la mirada, mirándolo fijamente a los ojos. La noticia no los conmovió, como esperaría Justin, sino que los estudiantes lo miraban desafiante, acorde a sus enseñanzas. Justin notó que ninguno ponía atención a la contextura de Escorpión, que era producto de su enfrentamiento con el villano Espuma.
“Escorpión me dijo que se había encargado de él, pero… ¿dónde estaba?” se preguntaba Justin, en silencio, mientras Escorpión continuaba hablando.

—El maestro ha abrazado a Itprom, señor de la batalla, y lo ha integrado en su horda. Todos llegaremos a sus brazos, si es que continuamos en la senda de la disciplina, pero este ha sido su momento —dijo sentidamente a sus dirigidos.

Justin no entendió mucho de lo que dijo, pero sí recordó que en esta tierra, en la isla de Eria, el pueblo originario de la tribu de los Hachit adoraban a otros dioses, y asumió que Itprom era uno de ellos.

—Y ahora yo estaré a cargo —continuó—, de enseñarles lo necesario para ser parte de la orden.

—¿Ahora cualquiera puede ser un Guerrero Escorpión? —preguntó el mayor de los muchachos formados, con sarcasmo, a su maestro, mirando a Justin.

—No cualquiera puede ser un Guerrero Escorpión, Radsil —respondió violentamente el Maestro, reafirmando su autoridad—. Incluso ustedes pueden no ser elegidos como Guerreros… ustedes están acá para pertenecer a la orden. Yo sólo hice lo mismo que hizo Itprom al recoger a su medio hermano Itmed, tras ser vencidos por Itnok, el Destino, en la guerra por la conciencia. Recogí a un hermano de guerra.

III

Delante estaba el templo. Era una vieja estructura de madera. Aunque las edificaciones en las que vivían los habitantes del pueblo de los escorpiones era mucho más sólidas y modernas, el templo continuaba siendo prácticamente el mismo desde que habían llegado a estas tierras, como era el deseo de los antiguos maestros.

—Yo fui entrenado bajo la tutela del “Maestro Iluminado” —siguió explicando Escorpión luego de la interrupción—. Él nos hacía la “prueba del alma”, para identificar qué tipo de entrenamiento debía llevar cada uno de sus estudiantes… Ustedes debían enfrentarse a mí, o a cualquiera que sea parte de nuestra comunidad, para probar sus habilidades, y probar su alma.

Justin se preocupó. Ya había enfrentado a Escorpión antes, pero no pudo vencerlo. Ni siquiera junto a su hermana pudo hacerlo… solo George podría… y ahora tendría que hacerlo solo, para “probar su alma”. Recordó la primera regla del entrenamiento que le impuso, allá en las cenizas de lo que fue su hogar… “nada de llamas”, pensó.

—Radsil, al ser el estudiante con más tiempo bajo la tutela del “Maestro Iluminado”, eres el primero en pasar por la prueba.

El maestro dio dos pasos al frente, y se ubicó dando la espalda al templo, esperando al joven aprendiz para iniciar la prueba.

—Maestro Escorpión —respondió Radsil, humilde ahora, por la fuerte respuesta de su maestro—. Escojo al nuevo estudiante que trajo, al foráneo, para probar mi alma.

IV

El joven Hombre de Fuego miró sorprendido a Radsil. Le devolvieron una mirada altiva, y desafiante. Ni una hora había pasado desde que el sol hizo su aparición por el este, y ya el calor era abrazador. Todos estaban empapados de sudor y los estudiantes estaban atónitos por la petición de Radsil.
El Maestro Escorpión regresó a donde estaba dando la plática, e indicó a Justin pasar al frente.
Ambos estudiantes se pusieron en posición, y Radsil adoptó la característica pose de combate de los Guerreros  Escorpiones: la rodilla doblada en la pierna de apoyo, ambos brazos hacia adelante y la pierna delantera estirada.
Justin, nervioso, puso sus puños en frente de su rostro, imitando la postura del boxeo, como lo hacía de niño para “defender” a sus compañeros, pero en realidad no tenía idea de lo que hacía.
Radsil estaba decidido. No había miedo en sus ojos, por el contrario, tenía un brillo especial, algo que hacía entender que quería probar de qué estaba hecho el extraño. Por qué el maestro lo había llevado con ellos, los elegidos, los destinados a portar el título de Guerrero Escorpión.
Justin se defendía como alcanzaba. Los golpes que Radsil lanzaba eran rápidos, certeros y limpios. Era un prodigio. Con sus puños apretados, Justin protegía su rostro, pero recibía todos los demás dirigidos al hígado, al estómago y a las piernas.
Cuando el Joven Smith alcanzó a Radsil en el rostro con un puñetazo, este se encolerizó, y atacó con más furia, sin control.
La mirada del maestro seguía atenta al enfrentamiento, mirando y midiendo sus almas. Con el siguiente golpe que asestó Justin, este estaba agotadísimo. La lluvia de golpes a la que lo sometía el oriundo de estas tierras era agobiante.
Desesperado por la deshonra que significaba para Radsil recibir los golpes de este desconocido, el muchacho sacó una daga que escondía en uno de sus tobillos, tumbando a Justin y sometiéndolo, tratando de clavar el afilado acero en su rostro. Justin lo miraba desde el suelo, y con ambas manos sostenía el arma con la que pretendían herirlo, en el mejor de los casos.
Escorpión seguía observando la situación. No había hecho ningún gesto cuando su pupilo había sacado la daga, y no hacía nada ahora, que Justin estaba en serio peligro. La adrenalina terminó llenando las venas del joven miembro de “Defensores Unidos”, y la desesperación se apoderó de él. El fuego comenzó a nublar sus pensamientos, y las flamas poblaron su cuerpo.
El sorpresivo fuego asustó a Radsil, que al detener la presión, vio como la palma en llamas de Justin se apoyaba en su rostro, y lo empujaba a un costado, alejando la daga del guerrero en combustión.
Radsil rodó por el suelo, y Justin Smith se puso de pie, en su forma ígnea. Estuvo así un momento, y luego miró con odio a Escorpión.

—¡Tú me hiciste hacerlo! ¿¡Por qué no lo detuviste!? – gritó Justin, abandonando el fuego, quedando vestido sólo con su traje resistente a sus transformaciones.

—Estaba viendo de qué estaban hechas sus almas —respondió calmado el Maestro.

Justin se acercó a Radsil, que seguía tumbado en el suelo, y revisó sus signos vitales. Estaba inconsciente, pero seguía con vida, a pesar de la horrible y profunda quemadura que le quedó en el rostro. Una mano ígnea, que marcaba su mejilla y ojo derecho.
El joven defensor lo levantó y lo llevó a algún lugar donde pudieran atenderlo. Por hoy, el entrenamiento se había acabado.

V

Diez años antes.-

—¿Qué es lo que pasa, Justin? —preguntó George Smith a su hermano menor, que estaba recostado con la mirada fija al techo, inusualmente tranquilo.

—Tienes que ir mañana a ver a la directora de la escuela —respondió el pequeño Justin, triste.

—¿Qué es lo que hiciste ahora? —le preguntó el mayor de los Smith, tomando asiento al borde de la cama, con tono comprensivo.

—Estaban golpeando a Ignacio en el patio, y me puse a defenderlo.

—¿Te descubrieron golpeando a un niño? —respondió sorprendido George.

—Era mayor… dos cursos mayor —dijo Justin—. Pero en realidad yo no quería hacerlo —susurró Justin, suspirando luego.

—¿Y por qué lo hiciste? —preguntó George.

—Lo hice porque tú lo hubieras hecho —respondió.

George quedó sorprendido. Era la primera vez que Justin le confesaba eso. Era extraño para él tener que enfrentar este tipo de situaciones, luego de que sus padres…

—Justin, si tú no tienes el deseo de hacer algo, no tienes por qué hacerlo —le dijo George.

—Pero es lo correcto —respondió Justin—. Tú lo haces todo el tiempo… tú eres policía.

—Soy detective... —dijo junto a una ligera risa—. Pero que yo haga algo, no significa que tú tengas que hacerlo… sólo haz lo que a ti te nazca…. Lo único que quiero es que Julie y tú sean felices.

—Lo sé, hermano…

—Bueno, mañana iré a tu escuela, pero luego tengo que ir a hacer unas compras al centro comercial… iremos con Julie también.

—¿Iremos al Chuck E. Cheese's? —preguntó Justin, entusiasmado.

—Puede ser… puede ser..

—Ok, ok, será genial —dijo Justin.

—Sí, lo pasaremos muy bien…


Continúa…



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31.10.09

Fuego #7

Cenizas (3 de 3)
“Justin”
Historia: Zirijo.

El menor de los integrantes de la Familia de Fuego, junto a su mayor enemigo, ha emprendido un viaje para descubrir lo que significa ser fuerte. Abandonado a su suerte, Justin Smith ha dejado todo lo que lo ataba a su antigua vida, y ha comenzado la aventura que lo definirá como el nuevo Hombre de Fuego.

I

- Escorpión, ¿por qué vamos a la cordillera? – preguntó al fin Justin, luego de comer.

- Porque ese es mi hogar.

Ninguno siguió hablando. Justin quería saber cómo, cuándo y por qué Escorpión había decidido dejar su pueblo, escondido en las montañas, e ir tras el Hombre de Fuego. Pero no se atrevía, ya que al ver el rudo rostro de Escorpión, era fácil entender que no quería hablar.

Luego de dos noches de caminata, Escorpión sintió que el frío de la noche del desierto era mayor que el de costumbre.

- Algo no está bien – comentó Escorpión, mientras miraba en todas direcciones.

- Ahora tienes paranoia… - reclamó Justin, que no tenía idea de lo que estaba pasando.

Escorpión no cambió de parecer, y siguieron avanzando. En un momento, el guerrero miró el cielo, y vio que la constelación del Escorpión estaba llegando a la cima de la montaña.

- Hay que apurarnos… deberemos caminar de día también – ordenó, mientras que Justin se preparaba para cavar su “cama”.

- No puede ser… moriremos de calor y sed – dijo Justin, pero no obtuvo respuesta de parte de Escorpión, que continuó caminando.

De día, el calor acosaba las mentes de estas almas errantes. Mientras que Escorpión luchaba para mantener la seriedad, Justin peleaba para mantener la cordura.

- ¿Quién diablos eres? – preguntó Justin, en un momento de divagación.

Escorpión esperó un minuto, y comenzó a hablar. Contó su historia y la de su pueblo. Dijo que venia del “pueblo de los escorpiones”, y que él, antes de ser de concreto, y antes de ser el guerrero que era, fue un monje. Dijo también, que un día tuvo una revelación en un sueño, y que se sometió a un ritual para transformarse en un “Guerrero Escorpión”.

- ¿Y con qué soñaste? – interrumpió Justin.

- Con fuego.

II

Hace 15 años.

- Maestro…estoy preparado para lo que sea. Conozco las exigencias y lo riesgoso del ritual, pero podré soportarlo – dijo un muchacho muy flaco y calvo.

- Cuando me contaste sobre tu sueño, no pensé que fuera una revelación… pero luego de consultarlo con el libro de las meditaciones, en éste está escrito que el que tenga el sueño del símbolo del escorpión, hecho de fuego, es el elegido para ungirse como “Guerrero Escorpión” – contestó un anciano que, sentado en el suelo, tocaba una tabla con ranuras y rallados.

- ¿Cuándo será el momento indicado para el ritual? – preguntó el muchacho, que observaba como el maestro, con sus ojos cerrados, tocaba la tablilla, buscando respuesta.

- Cuando descienda el Escorpión a su morada.

Y así fue. Una noche, cuando las estrellas que forma un Escorpión en el cielo, se colocaron por sobre las montañas, comenzó el ritual de fuego y sangre. Mil y un torturas recibió el muchacho dentro de la cueva sagrada. Su piel fue golpeada y quemada tantas veces, que se hizo inmune al dolor. Su cuerpo modificado, de tal forma que obtuvo una nueva extremidad, y su mente tan fuertemente traumada, que nunca más sería capaz de sentir alegría. Eran todas estas cosas necesarias para poder ser como el Escorpión, un ser de resistencia infinita.

Luego de que el Escorpión se escondiera tras las montañas, todo el pueblo expectante del nuevo guerrero, lo esperó en su salida. Cuando todos lo vieron, fue recibido con gran bullicio y alegría. Prepararon un gran festín, que duraría hasta que el sol saliera, donde participaron todos los habitantes del pueblo de los escorpiones.

Durante el festín, el nuevo guerrero fue embriagado, agasajado, y se le entregaron todos los placeres que se pueden tener en esta tierra, puesto que sería la última vez que podría tener goce su alma. Cuando estaba por terminar la gran celebración, el muchacho fue llevado a lo alto de un monte, donde estaba su maestro, y antiguo sabio, y los grandes representantes del pueblo.

- Aún no puedes ser nombrado como “Guerrero Escorpión” – le dijo su gran maestro.

- ¿Qué es lo que debo hacer ahora? ¿Qué dicen las escrituras? – preguntó este nuevo ser.

- Debes derrotar al guerrero más fuerte. Debes enfrentarte al fuego que viste en tus sueños.

Y así comenzó su búsqueda por su enemigo, por ese fuego. Hasta que supo de boca de uno de aquellos a quienes derrotó buscando al guerrero más fuerte, que en Northcrem, ciudad del norte, existía un ser que mostraba su fuerza en forma de flamas, y del que decían, que nadie podía derrotarlo.


Ahora, en el desierto de Eria.

- Entonces, así fue como llegaste a nuestra ciudad y comenzó nuestra pelea – comentó Justin, luego de escuchar atento cada palabra de Escorpión.

- Muy linda historia, muchachos, pero es tiempo de que interrumpa su reunión – dijo una voz femenina, a ambos caminantes.

Sin darse cuenta, el sol estaba en lo más alto del cielo, pero la temperatura era como si estuviera amaneciendo. Luego miraron en todas direcciones, y vieron una figura femenina a sus espaldas.

- ¿Qué haces aquí, Firice? – preguntó Justin.

III

- Supe que el hombre de Fuego ya no vive – contestó la villana, que de cierta forma aún sentía algo especial por George Smith, el antiguo Hombre de Fuego.

- Si, así es… ¿Es por eso que vienes ahora a eliminarme? ¿Crees que sin mi hermano no puedo defenderme? – preguntó desafiante Justin.

- Nada de eso, niño. Vengo a darte mi pésame por tu pérdida – contestó la mujer mitad hielo y mitad fuego.

Estaban a la mitad del desierto; Justin era guiado por Escorpión, su fiero enemigo, hacia su aldea, para ser el hombre fuerte que todos querían que fuera; y había sido interceptado por una de las más grandes villanas que había enfrentado en su vida, para decirle que sentía dolor, igual que él, por la pérdida de su hermano. Era la situación más ilógica que había vivido en toda su vida.

- ¿Qué estás diciendo? ¿Te estás burlando de mí? – preguntó entre lágrimas y rabia.

- No. El Hombre de Fuego es el único hombre que he amado, y al no estar aquí… bueno, pensé que podrías estar mal, y quise que supieras que no eres el único que siente su muerte.

Justin por un momento despreció al mundo que protegía. En este momento, un villano era más humano que cualquiera de los héroes de todo el planeta. Un villano era la única persona que se detuvo a pensar en su dolor. Justin respiró hondo, y buscó fuerzas para no romper en un llanto, que si comenzaba, no terminaría nunca.

- Gracias, Firice – contestó Justin al fin – puedo ver que al ser de hielo y fuego, eres capaz de hacer sentir las más profundas paradojas.

- Por eso tu hermano me amaba – contestó la villana, que en de un momento a otro comenzó a hacer que la temperatura del desierto disminuyera unos grados - Con eso podrán llegar cuerdos a las montañas… creo que es lo único que puedo hacer para que puedas ser como tu hermano… pero… diferente, al mismo tiempo – completó Firice, que desaparecía caminando por donde vino.

- ¿Cómo supiste que estaba aquí, y que yo era el hermano de George? – preguntó gritando Justin, que en ningún momento cambió a su forma ígnea.

- Aparte del alboroto que estás dejando a tu paso… tienes su mismo olor – respondió.

IV

- Creo que es evidente lo que está pasando, muchacho – dijo Escorpión en el momento en que la ayuda de Firice se mezclaba con el frío de la noche, y ambos alcanzaban la falda de las montañas.

- No creo entenderte, Escorpión – contestó Justin, mientras hacía un esfuerzo para poder comprender las palabras de su guía.

- Hasta que no hayas entendido, no podrás dejar estas montañas – dijo luego de que encontraran una gran marca en una piedra del cerro.

- ¿Qué es esto? – preguntó Justin.

- Es la marca que dejé cuando me fui a buscar al guerrero más fuerte. Esta marca nos lleva a mi pueblo… “el pueblo de los escorpiones”.

Siguieron ambos por pasos entre las montañas. En algunos casos, escalando grandes muros hechos de roca, y pasando por cuevas que daban a lugares de descanso entre las montañas.

- Mañana, el Gran Escorpión se posará sobre las montañas, y comenzará el período de entrenamiento.

- Espera un momento… ¿Me someterán a esas extrañas torturas de las cuales hablaste en el desierto? – preguntó Justin, mientras se quedaba parado, hasta esperar la respuesta de Escorpión.

- Ni lo pienses… el “placer” de ser un “Guerrero Escorpión” es sólo para gente del “pueblo de los escorpiones”, no para personas comunes y corrientes como tu – contestó.

Justin se enfadó un poco por lo de “personas comunes y corrientes como tu”, pero también se tranquilizó por que no lo iban a torturar.

Pasaron todo el día ascendiendo por las montañas, y descendiendo, buscando el pueblo de los escorpiones, pero no podían encontrarlo. Justin estaba un poco desesperado, porque no estaba seguro de que Escorpión supiera a donde se dirigían ahora, pero este último no dejaba ver ningún tipo de preocupación.

Cuando el sol cayó tras las montañas, ambos se encontraban en la cima de una, buscando la entrada al pueblo. Con el correr del viento en la cordillera de Eria, el maestro y el discípulo, buscaban una señal de vida. Cuando Escorpión estaba dando por perdido al pueblo, una tenue llama comenzó a encenderse en la falda de un cerro cercano.

- Ese es… es la señal, el Portero. Es el primer paso para llegar al pueblo – dijo Escorpión, mientras se lanzaba montaña abajo, sin importar la altura de ésta.

Justin tomó su forma ígnea y se lanzó en picada. Notó que el fuego que lo envolvía tenía otra textura, algo diferente… más fuerte.

- Te dije que no usaras el fuego, a menos que fuera de vida o muerte – le reclamó Escorpión, mientras arrasaba con todo lo que se le pusiera en frente mientras bajaba.

- Era de vida o muerte… si me quedaba ahí, moriría… pero de aburrimiento – contestó ingenioso el Hombre de Fuego.

Cuando ambos llegaron donde el Portero, Justin abandonó su forma de fuego, y caminó a un lado de Escorpión, con mucha seguridad.

- Hermano, he regresado – le dijo Escorpión a la distancia al Portero, que a pesar de su nueva forma, reconoció al joven monje que salió para convertirse en el “Guerrero Escorpión” - He vuelto para cumplir mi palabra. Traigo al hermano de aquel que es más fuerte que yo… un digno discípulo para mí y el maestro.

- El maestro murió, Guerrero… murió hace 15 lunas atrás.

- ¿Qué sucederá ahora? – preguntó Justin, luego del silencio de Escorpión.

- Por legado, el discípulo debe transformarse en Maestro. He vuelto justo a tiempo para remplazar a mi sabio maestro, que fue un “Guerrero Escorpión”.

- ¿Y qué pasará conmigo?... – volvió a preguntar.

Mientras avanzaban a una iluminada locación, entre las montañas más ocultas de Eria, Escorpión dijo a Justin:

- Tu, apenas estás empezando…


No es el Fin…
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6.10.09

Fuego #6

Cenizas (2 de 3)
“Julie”
Historia: Zirijo.

I

El rostro de Escorpión no expresaba ninguna emoción aparte de la severidad. Junto con el último de sus más grandes enemigos, la Familia de Fuego, partió en un viaje hacia la cordillera de Eria, un lugar difícil, su hogar.

- ¿No sería mejor rodear el desierto? ¿O ir volando? – preguntó Justin, perdido en el cansancio.

- ¿Y qué merito tendría eso? – devolvió la pregunta Escorpión.

- No lo sé… Ninguno, creo – después de eso, Justin calló.

Siguieron su camino. Habían salido de Northcrem hace un par de días, y habían recorrido ya unos miles de kilómetros, hasta que dieron con el desierto de Eria. Ese desierto era uno de los más secos del mundo, y en verdad, nada podía crecer ahí.

- Descansaremos hasta que sea de noche, luego continuaremos – ordenó Escorpión.

- Creo que dormiré un poco – dijo Justin, mientras se tiraba en el suelo árido.

- No, debemos buscar agua y alimento, para llevar con nosotros. El desierto no nos proveerá de nada. Ya cometí ese error una vez.

Comenzaron la búsqueda de alimento y agua. Mientras caminaban en sentido sur, encontraron un pequeño pueblo, que no estaba en ningún mapa. “Si hay personas, hay agua”, pensó Justin, mientras se acercaba a ver si podía conseguir algún tipo de ayuda, mientras que Escorpión tomó su propio camino, buscando algo para comer más adelante.

- ¡Aló! ¡¿Hay alguien en casa?! – llamó Justin a la puerta de una de las casas, pero nadie atendió.

Continuó su caminata, hasta que encontró un pozo en medio del pueblo. Avanzó hacia él para ver si había suficiente agua. Encontró, mientras caminaba, un par de botellas, que limpió y se dispuso a llenar con agua. Cuando bajó la cubeta, escuchó un sonido desde el pozo. Un violento chorro de agua salió desde el fondo, mientras que unas cuantas formas hídricas se formaron en frente de él. Eran los Hombres de Agua.

II

- Hombre de Fuego, hemos venido ya que no cumpliste tu parte del trato – dijo una de las figuras de agua.

Justin los reconoció inmediatamente: eran los mismos “tipos de agua” que le ofrecieron la tregua, por la información para encontrar al desaparecido Hombre de Agua. Lo que no sabían ellos, era que el Hombre de Agua se había convertido en un Elemental, y que su identidad había desaparecido.

- Hombres de Agua, su compañero atlante ha pasado a otro plano… ahora es un Elemental.

Al escuchar esto, los atlantes dudaron un momento, pero luego continuaron firmes en la emboscada.

- Patrañas. Solamente hay una respuesta para su desaparición. ¡Tú lo mataste!

La acusación era ridícula. Estos mismos tipos fueron los que lo invitaron a investigar sobre el paradero de su antiguo enemigo, y ahora lo estaban inculpando por su desaparición.

- Eso no es así. Yo no le he hecho nada al Hombre de Agua, él se transformó…
Desapareció – trataba de hacerlos entender Justin, pero los Hombres de Agua no querían excusas, y se lanzaron al ataque.

En el momento en que Justin iba a tomar su forma ígnea, por su espalda pasó fugazmente una sombra, que chocó frontalmente con el atacante del joven defensor. Era Escorpión, que con el impacto hizo disipar al ser hídrico, que retrocedió, y se alineó con sus compañeros.

- Recuerda la lección número uno – dijo Escorpión a Justin, sin mirarlo, mientras observaba a los enemigos de su “discípulo”.

- No te entrometas en nuestros asuntos. Este es un ajuste de cuentas entre el Hombre de Fuego y nosotros – le dijo uno de los “tipos de agua” a Escorpión.

- Sus problemas, ahora son también míos – respondió el hombre cubierto de concreto.

- Como quieras.

III

Dos figuras hídricas se lanzaron en contra de Escorpión, mientras que uno iba en contra de Justin, que por la fuerza de la costumbre, tomó su forma ígnea.

- ¡No!, eres vulnerable – gritó Escorpión al Hombre de Fuego, que intentó frenar el ataque del agente atlante, pero este se impulsó en el piso, y alcanzó a cambiar de dirección, dando de lleno en el pecho del joven ígneo.

Escorpión, en tanto, miró a estos Hombres de Agua, y se quedó parado en el piso. Todos los ataques que realizaban los agentes que querían venganza, no hacían más que reventarse en contra de Escorpión, que gracias a Espuma había adquirido una “fachada” de concreto.

Del contacto entre uno de los Hombres de Agua y el Hombre de Fuego, se formó una nube de vapor. Justin, por la fuerza del impacto y la reacción al fuego y el agua, cayó al suelo, donde cambió de forma, y se escabulló hacia el interior de una de las casas.

Al interior de aquellas casas había varios utensilios eléctricos; el pueblo se proveía de electricidad gracias a placas solares. Justin, al entrar, se dirigió directamente a la cocina, donde preparó una emboscada contra su atacante. Tumbó el refrigerador, y comenzó a llenar de objetos metálicos la parte de atrás. Solo tenía que esperar.

Escorpión, mientras, seguía aguantando los constantes ataques de los agentes atlantes, y esperaba que Justin estuviese siguiendo sus instrucciones. Por lo menos ya no veía flamas cerca.

- Deja al muchacho, esta es nuestra oportunidad para acabar con esa escoria. Nosotros obtendremos nuestra venganza, y tú, lo que sea que quieras – le dijo uno de los agentes, que no paraba de atacar.

- Tú obtienes lo que quieres, yo no – contestó Escorpión, que de un momento a otro, dejó pasar uno de los tipos de agua, y luego al otro, esquivando sus arremetidas.

- Tú lo quisiste – amenazó una de las figuras hídricas.

Mientras, dentro de la casa, a Justin le parecía muy sospechoso que no hubiera nadie a quien pedir disculpas por lo del refrigerador, pero ya se había percatado que el pueblo fue abandonado de repente.

La cocina tenía una puerta que daba hacia el patio trasero. Por ahí apareció la figura de agua, que creyó atrapar por sorpresa a Justin, pero éste saltó sobre el refrigerador tumbado y tomó forma ígnea, lanzándole una gran bola de fuego. Esto obligó al “tipo de agua” a ir por abajo, lo que provocó que hiciera contacto con los objetos metálicos y con el motor del refrigerador. De inmediato se produjo una fuerte descarga eléctrica, que dejó fuera de combate al atlante.

- No puede ser – dijo muy bajo Justin, mientras volvía a forma humana, para no seguir con los destrozos, y mientras veía como el agua que quedaba tirada se reunía y tomaba forma “humanoide” una vez más.

Escorpión, por su parte, mantenía la distancia de sus enemigos de agua, los que comenzaron a mover sus manos de forma extraña. Luego, Escorpión sintió cómo un poderoso chorro de agua salía del pozo, al cual le había dado la espalda. El torrente de agua era poderoso, lo que hizo que al impactarlo, Escorpión cayera de rodillas.

- No debes meterte con los “Hombres de Agua”. Ahora tu también serás llevado a la Atlántida, para ser enjuiciado, por la muerte de nuestros agentes.

En eso, Justin salió corriendo de la casa, con un extenso cable. Aprovechó que todo el piso estaba mojado y lo dejó caer, electrocutando a los Hombres de Agua que habían hecho caer a Escorpión. Tal como su compañero, al deshacerse las figuras, tomaron forma humanoide, forma atlante.

- Buena idea, niño. Ahora hay que irnos de aquí. Debemos seguir con nuestro camino – dijo Escorpión, mientras se levantaba. La descarga eléctrica no le produjo más que una leve molestia, ya que su cobertura de concreto no permitía que la electricidad llegara a sus órganos internos.

- Pero, ¿y el pueblo? Está vacío. Alguien debe haber estado aquí y haber hecho algo – dijo Justin, que trataba de encontrar una explicación.

IV

- No son nuestro problema – dijo Escorpión.

- Claro que lo son. Son mi problema. No me iré de aquí, hasta que sepa que sucedió con los habitantes del pueblo – dijo Justin, mientras que sin esperar respuesta, comenzaba a caminar en dirección de las casas cercanas.

Sin poder obligar al joven Hombre de Fuego, Escorpión lo ayudó a tratar de descubrir qué había pasado con las personas. Luego de recorrer muchas casas, dieron con un gran establo, en el cual estaban todos reunidos, amarrados, y algunos inconcientes.

- ¿Qué sucedió? – preguntó Justin a una señora, a al cual desamarró y despojó de su mordaza.

- Unas figuras de agua nos obligaron a dejar nuestras casas, llegaron muy temprano hoy, salieron del pozo – respondió.

- Ubique inmediatamente a los policías del pueblo. Dígales que hay que llamar a las fuerzas de “The Wall”, de Northcrem, para que se lleven los cuerpos de esos atacantes – le dijo el Hombre de Fuego, mientras salía del establo.

- Esos tipos te buscaban para que pagaras por la muerte de sus agentes – dijo Escorpión a Justin, mientras que abandonaban el pueblo con las provisiones que lograron reunir.

- Lamentablemente, era mi hermano quien debería haber respondido por su muerte, no yo… – contestó Justin, apesadumbrado.

- Bien. Ya está anocheciendo, y hay que darnos prisa. Queda un desierto por delante.

V

- Tu capacidad de generar fuego es muy útil – dijo por fin Escorpión, luego de una noche entera de un largo silencio y caminata – Te recomiendo, para aplacar el frío nocturno del desierto, que logres que tu forma ígnea sea tan leve, que ni siquiera salga de tu piel. Creo que debes entrenar el control de tu temperatura interna.

- Nunca lo había pensado – respondió Justin, luego de reflexionar sobre el uso que daba a sus poderes – Sólo los usábamos para combatir.

- Ese es tu problema. Vez el fuego como algo externo a ti, no como una extensión de tu propio ser. Debes entrenarlo, como los deportistas entrenan sus brazos, piernas o puntería – completó Escorpión.

El Sol salía por el Este, y la temperatura comenzaba a elevarse.

- Nos detendremos aquí – ordenó Escorpión – hasta que el sol esté por sobre nuestras cabezas, cavaremos un agujero en el suelo, donde pasaremos el resto del día.

- ¿Esa es tu solución? – preguntó Justin, que no esperaba eso.

- Es la única forma de aplacar el calor del día. Aunque puedas tomar forma de flama, el calor puede volverte loco si es que no tienes control sobre él.

Ambos cavaron hasta crear perfectas “tumbas”. Mientras que se tapaban con la misma arena que habían sacado, dejaban sus cabezas fuera de la arena.

- Creo que esto no va a funcionar – dijo Justin, mientras tapaba su cuerpo con arena.

- Tapa tu cabeza con algo, puede que con tu playera. No querrás que algún alacrán u otro bicho se te meta por las orejas, ¿o si? – preguntó Escorpión, que ya estaba completamente enterrado.

- Bien – respondió a regañadientes Justin.

Durmieron hasta el anochecer. Desde donde estaban se lograba ver solo las puntas de las altas montañas que conformaban la Cordillera de Eria. Esta Cordillera era famosa por separar tres climas diferentes: la selva al sur, el bosque al norte y el desierto al Este. La cordillera impedía que la vegetación se extendiera más y que el desierto avanzara hacia el Oeste, así se mantenía una especie de equilibrio climático en aquella zona.

Cuando Justin despertó, vio que Escorpión había encendido fuego y cocinaba la liebre que capturó antes del ataque de los agentes atlantes.

- Apresúrate en salir de ahí. Nos queda una noche de caminata. Si te das cuenta, ya se ve la codillera de Eria. Es ahí donde vamos.


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29.8.09

Fuego #5

Cenizas (1 de 3)
“George”
Historia: Zirijo.

I

Respirando lentamente, comienza el día para Escorpión. Con su nuevo cuerpo debía adquirir un nuevo procedimiento de entrenamiento. Más intenso, más severo. Pero… ¿para qué?

No sentía que ningún héroe ni villano en este planeta pudiera hacerle frente en una batalla cuerpo a cuerpo. Su meditación fue interrumpida por este pensamiento, y apretó muy fuertemente sus manos. En medio de la nada se escuchó cómo el golpe de su puño dio contra el piso desnudo, dejando un cráter pequeño.

- El Hombre de Fuego – susurró.

II

Justin había perdido todo, su familia y su hogar. Ya no le quedaba nada, sólo sus buenas intenciones, pero con eso poco podía hacer. Se sentía impotente, por no poder hacer nada para rescatar a su hermana de la nueva posición en que la había puesto Gaia, de haber perdido todos sus recuerdos de su hermano George, y de no haber terminado su primera misión como el Hombre de Fuego. Se sentía perdido, casi al grado de no querer volver a su forma ígnea. Miraba sus manos buscando una respuesta. Así pasaban las horas, y no se movía de las cenizas que alguna vez fueron su hogar. En eso, sintió una presencia a su alrededor, pero al girar no vio a nadie.

- ¿Quien anda ahí? – preguntó, perturbado.

Desde los escombros se levantó una figura imponente. Era Escorpión.

- Dije que volvería, y aquí estoy, Hombre de Fuego – le dijo, severo, al muchacho que no tenía ni siquiera fuerzas para levantarse.

- Has venido en el mejor momento Escorpión… puedes darme el golpe de gracia… acaba conmigo, ya nada vale la pena – respondió sorpresivamente el defensor, luego de volver su mirada al piso.

En los ojos de Escorpión se notaba que la bienvenida que le dio Justin no era la que esperaba. Él buscaba un poco de resistencia.

- ¿Esto es lo mejor que puede dar el elegido para seguir con el legado del Hombre de Fuego? – preguntó Escorpión, tratando de provocar una respuesta del despojo de hombre que tenía en frente de si.

- No soy nadie, Escorpión… me tienes aquí, indefenso y sin ganas de nada… todos los enemigos de mi hermano estarían contentos de acabar de una vez por todas conmigo – respondió Justin. Su voz era la de un muerto en vida…. a punto de romper en llanto.

Escorpión apretó sus manos de concreto, se acercó, y levantando a Justin, mirándolo fijamente a los ojos, le habló.

- ¿Qué te dijo tu hermana antes de convertirse en ese monstruo, niño?

- Que… que me hiciera fuerte – dijo entre dientes Justin, que colgaba de la mano de Escorpión.

- Pues eso te estoy ofreciendo: la oportunidad de ser fuerte, tan fuerte como yo.

III

¿Qué quería este sujeto?”, se preguntaba Justin, mientras por fin le devolvía la mirada a Escorpión. ¿Se había vuelto completamente loco? ¿Qué ganaba con que el “Joven de Fuego” se hiciera fuerte?

Mientras miraba fijamente a los ojos de Escorpión, encontró la respuesta en lo profundo de su ser. Un enemigo… un rival. Eso era lo que quería Escorpión, alguien que le diera lo que la Familia de Fuego le daba.

- No caeré en tu juego enfermo, Escorpión – dijo el muchacho, mientras se soltaba de las manos de éste – No seré yo quien te entretenga ahora.

- Eso es lo que necesito muchacho, esa energía, ese ímpetu. Yo puedo hacerte fuerte, niño, puedo darte las herramientas para que seas un hombre.

Justin no sabía que decir. No le quedaban argumentos para debatir con Escorpión. Todos le decían que debía ser fuerte, que debía sobreponerse, pero nadie le decía cómo, y frente a él, uno de los enemigos más fuertes con los que se enfrentó alguna vez en su vida, le daba la mano y le entregaba el método necesario para ser fuerte. ¿Qué debía hacer? ¿Qué harían sus hermanos?... Cuando esa pregunta vino a su mente, la respuesta estaba clara.

Tomando su forma ígnea, Justin… no… El Hombre de Fuego aceptó la invitación que le hacia Escorpión. Sin embargo, Escorpión le dio un súbito golpe en su cabeza.

- Primera lección: sobrevive sin poderes.

- Pero esto me hace ser el Hombre de Fuego – le contestó Justin.

- No es cierto. No usar tus poderes te libera de la necesidad de ellos, por lo que tendrás tiempo para pensar formas nuevas de usarlos cuando te lo permita – dictó el nuevo maestro.

Con una mirada de duda, Justin dejó su forma de fuego, y quedó firme frente a Escorpión.

- Segunda lección: debemos alejarnos de este lugar. Está lleno de trampas y fantasmas, ellos te retrasarán en tu entrenamiento. Volveremos al comienzo… a mi comienzo.

IV

La mirada de Justin se volvió de duda. Nunca en realidad supo de dónde venía Escorpión, ni cómo se había vuelto tan fuerte. Sólo sabía que un día él los atacó de la nada, y sólo quería medir su fuerza con George y sus hermanos.

- ¿A dónde nos iremos? – preguntó Justin a Escorpión.

- A las montañas, a la cordillera de Eria, el lugar en donde nací.

- ¡Pero para llegar allá hay que cruzar el desierto! – exclamó Justin.

- Mejor aún – contestó Escorpión – El desierto forja carácter.

Todo con Escorpión era sorprendente. A pesar de que la Familia de Fuego y Escorpión habían combatido durante años, nunca antes había pasado tanto tiempo sin intercambiar golpes con ese hombre. Ahora que Escorpión era su maestro, no podía desobedecer las órdenes que éste le daba, aunque en el fondo de su corazón quisiera todo lo contrario.

- ¿Y cuándo partimos? – preguntó Justin, luego de que Escorpión revisara lo poco que quedaba de la casa de los Smith.

- Ahora mismo. No necesitas nada más – contestó Escorpión, mirando fijamente el cielo – Es mejor que nos vayamos de inmediato, así la lluvia nos encontrará en medio camino.

- ¿Lluvia? ¿Estás loco? El día está completamente despejado. Sólo esta molesta brisa, que no para de poner mi piel de gallina, pero nada más… es un día perfecto – contradijo Justin.

- Vamos ya… lloverá en menos de tres horas.

Y así fue. La lluvia encontró al actual Hombre de Fuego y a uno de sus más grandes enemigos, caminando en las afueras de Northcrem.

- Ok, tuviste razón, se puso a llover. Una sola cosa me preocupa ahora. ¿Quién quedará cuidando de Northcrem, ahora que no estoy? – se preguntó en voz alta el defensor, sin tener en cuenta que Escorpión lo oía.

- No te preocupes por eso. Tus enemigos ya no existen: de Espuma me encargué yo; el Hombre de Agua es un monstruo igual que tu hermana; yo no soy una amenaza… por el momento; y sólo te quedan esos lunáticos religiosos que se instalaron en tu ciudad. Escuché que tuviste problemas con ellos.

- Primero, mi hermana no es un monstruo, y segundo, ¿cómo sabes todas esas cosas? – preguntó el muchacho, que estaba completamente empapado por la lluvia.

- Tercera lección: si no sabes cuáles son los enemigos de tu enemigo, no estás en condiciones de establecer alianzas o aprovechar una debilidad surgida de un enfrentamiento. Te falta mucho por aprender, niño.

El rostro del joven Hombre de Fuego dejaba ver el enojo que producía cada palabra que pronunciaba Escorpión. No sabía cómo se había dejado convencer de emprender este estúpido viaje.

V

Era media noche, y las almas solitarias y atormentadas vagaban por los caminos, dejando que la luz de la Luna abrigara sus escuálidas esperanzas. Así también se veían estos dos hombres que ya no tenían nada por qué seguir de pie. Así se veían el joven Hombre de Fuego y Escorpión.

- ¿Cuánto tiempo llevas sin convertirte a tu forma ígnea? – preguntó Escorpión, interrumpiendo el sonido de sus propios pasos.

- Desde que nos vimos, y antes de eso… un par de semanas. Desde que volví de África – respondió Justin, sin ánimo de pelea, ya que el cansancio y el hambre lo agobiaban.

- Sólo por esta vez puedes llamar a las flamas. No me sirves si es que pescas un resfriado. Tu ropa sigue mojada – dijo Escorpión, escuchando el sonido que producía la ropa mojada en fricción.

Justin trató de transformarse, pero no pudo. Estaba agotado por la larga caminata. Ambos no se habían detenido desde muy temprano en la mañana de aquel día.

- No puedo. No me quedan fuerzas, y tengo mucha hambre – comenzó a quejarse el muchacho.

- Bien. Entonces ya es hora de la primera parada. Ya sólo queda el desierto ante nosotros.

Sin darse cuenta, Justin había caminado kilómetros, acercándose cada vez más al desierto de Eria. No se dio cuenta como la vegetación iba cambiando. Northcrem había quedado atrás hacía muchas horas, y el último rastro de civilización lo habían pasado hace sólo un par.

- Enciende una fogata, niño. Yo iré por comida – ordenó Escorpión.

- Pero no puedo crear fuego, ya te lo dije – respondió el joven.

- Los cavernícolas no podían convertirse en “hombres de fuego”, niño. Prende una fogata como sea. Volveré enseguida – contestó furioso Escorpión. Luego se perdió en la vegetación.

- ¡Mierda! – decía a regañadientes Justin. Todo esto le parecía una locura.

Con un poco de pasto seco, Justin comenzó a frotar dos varas. Como no llevaba consigo encendedor ni fósforos (ya que explotarían si es que tornara a su forma ígnea), tuvo que recurrir a lo que recordaba de su estancia en la brigada de exploradores del colegio. Fue idea de su hermano George que entrara en la brigada, ya que crearía lazos de amistad y esas cosas. Ahora agradecía esas expediciones, y las largas y tediosas horas de clases.

Escorpión volvió cuando el fuego ya estaba encendido, y Justin estaba sentado secando sus ropas. Entre sus manos traía un par de liebres, que sería la cena de hoy; desayuno y almuerzo del día siguiente. Comenzó a despellejarlas, y las colgó de las patas en el fuego. Mientras esperaban que estuviera la comida, si es que se le podía llamar de esa forma, Justin observaba como Escorpión entraba en un trance… meditaba.

Cuando las liebres estuvieron cocinadas, Escorpión volvió en sí, y comenzó a comer lentamente.

- Come despacio. Saborea cada músculo, puede que sea el último que comas – dijo Escorpión en una pausa. Justin no supo que responder.

La fogata duró hasta que se consumieron todos los leños, mientras que Justin y Escorpión durmieron. El alba los alejó de sus sueños.

- Caminaremos hasta que caiga el sol, luego, buscaremos recursos para cruzar el desierto. Espero que tengas buena vista… caminaremos de noche, desde mañana.

- ¿Cuándo comenzará el entrenamiento? – preguntó, impaciente, el joven defensor.

- Apaga bien esas cenizas. No queremos que nos sigan – dijo Escorpión, sin tomar atención a las palabras de Justin.

VI

Unas siluetas se detuvieron ante una fogata a medio apagar, ante el sol de la mañana.

- ¿Es el Hombre de Fuego? – preguntó uno de los que inspeccionaba las cenizas.

- Si, con otro sujeto. Se dirigen al desierto. Hay que detenerlos antes que lleguen ahí – respondió uno de sus acompañantes, que se levantaba y tomaba una forma hídrica, para avanzar con mayor rapidez por un canal que corría cerca…


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