20.3.10

Animal #10

"La Resistencia”
Historia: Zirijo.

I

Agartha, centro de la Tierra.


Después de que reemplacé a mi hermano “Alma Brillante”, en el centro de la tierra, fui considerado como el nuevo Rey de la sociedad de los Agarthianos, pobladores del corazón del planeta. Pero nada es tan simple, y se realizó un torneo para determinar si era digno de tal honor. Lo que pasa cuando llegan extraños, es que los nativos se sienten amenazados, y es el caso del General Drilón, quién organizó una revuelta en contra de mi coronación. Sin más por hacer, que escapar para proteger a los que se oponen a este levantamiento, debo formar parte de la Resistencia.

Puedo escuchar el sonido del aleteo en la gigantesca galería del Coliseo Agarthiano. Los mismos pasillos que me dieron la bienvenida hace unas horas, ahora son mi laberinto de escape, ante mi seguro arresto.

Garras I, representante de una de las familias de Agartha, me encargó la seguridad de su familia, su única hermana de sangre, y debo acudir a su llamada, ya que él ha confiado en el juicio de mi hermano “Alma Brillante”, para convertirme en Rey.

Las Galerías del coliseo de Agartha son interminables. Sus interminables pasillos son imposibles de franquear sin un guía. En mi caso era Cascabel, quien es prisionero de Drilón. Drilón, como General de las fuerzas de defensa de Agartha, ha hecho una alianza con la familia de los insectos para evitar que yo pudiera acceder al trono. No es que me resista, pero estábamos siguiendo profundas tradiciones, las que, si no se cumplen, pueden ofender a más de alguien.

- Animal, creo que veo una luz – dice Mañke, héroe de guerras pasadas, candidato a ser Rey, pero que ahora me ayuda a escapar del General Drilón – pero hay que tener cuidado, puede que sea por donde vinimos.

- ¡Estoy harto de estos muros! – exclama B’Horn, representante de los insectos, que con un gran golpe de su cuerno, derriba muro tras muro.

Comenzamos a ver galerías que nunca había sido vistas por los agarthianos, que contenían pinturas rupestres ocultas por milenios.

Vemos como se intercalan pasillos oscuros y pasillos iluminados. Y escuchamos como la guardia de lagartos nos siguen, tras la huella que deja B’Horn. Seguimos a toda velocidad para que no nos alcancen.

De un momento a otro, B’Horn derriba el último muro, y vemos como la luminosidad de los cristales de luz da en nuestra cara. Iguala la luz del sol, aquel sol que está allá arriba, pero no es el mismo. En ese momento, somos rodeados por una gran cantidad de operativos reptiles e insectos voladores, y somos alcanzados por nuestros perseguidores.

- Completamente rodeados – dice Mañke - Los enfrentamientos que más disfruto.

II

- Has logrado un alto grado de subordinación, Garras I – le comenta el general Drilón a su prisionero.

- No fui yo, Drilón. Todos ayudamos para que los Agarthianos pudieran vivir una época de paz, luego de las tribulaciones que vivimos – responde orgulloso Garras I.

- No me recuerdes esa época de dolor – comenta el General, mirando en dirección de la arena – Nuestros padres pagaron por su ingenuidad… la misma ingenuidad que muestras al confiar nuestro reino a uno venido desde arriba.

- El Alma Brillante lo eligió, debe significar algo – dice Garras I.

- No es por defender a esa criatura – interrumpe Lady Ha’wk – Pero lo que me tiene más consternada es que has interrumpido un ritual sagrado... ¡parte de nuestras tradiciones!

- No sea exagerada, Lady Ha’wk, entiendo que quiera mantener sus reglas y esa basura, pero los tiempos cambian. Y es tiempo que un poco de sangre fría tome las decisiones en este lugar.

- ¿Cómo pudiste cooperar, Madre Antenas? – le pregunta Garras I a la más alta de todos los insectos.

- El General Drilón tiene razón – comenta la anciana hormiga – Ustedes llevarán a la ruina todo este tiempo de paz, que tanto hemos anhelado. Sólo el General Drilón puede llevarnos a los gloriosos días en que esta colmena era la más grande sobre la tierra.

- ¡Eso es mentira! – dice Lady Ha’wk – Drilón solo quiere hacerse del poder, ¡para instaurar una dictadura!

- No sea insidiosa, Lady Ha’wk. Mis aspiraciones personales no son tan mezquinas para querer llevar a esta comunidad a una dictadura… ese sólo es un paso, una parte del gran cambio que tiene destinado Agartha. – Se detiene para pensar un poco y sentir el ambiente – Llévensela, está causando mucho problemas…déjenme a este aristócrata… será divertido ver que más tiene que decir…

III

Rodeados, como dijo Mañke. Pero ese no es el peor de los problemas. Debemos cruzar una ciudad entera para poder rescatar a la hermana de Garras I.

- Bien, tengo un plan… - digo a mis tres nuevos aliados, pero soy interrumpido por B’Horn, quien se lanza en una carrera frenética en contra de los guerreros.

- Bien, te escucho – me dice Mañke, a mi espalda observando de frente  a quienes nos perseguían.

- Dos flancos: aéreo y terrestre. Te encargo que derribes a la mayor cantidad de insectos posibles, mientras nosotros limpiamos el camino y logramos llegar a un lugar sin vigilancia – explico muy rápidamente.

- Se oye sencillo, me gusta. Vamos.

Mañke extiende sus alas, e inmediatamente somos atacados con lanzas. Mi misión primero, es permitir que Mañke despegue, y luego alcanzar a B’Horn.

Me lanzo en contra de aquellos lagartos que están en frente mío, con la rapidez de la chita, y con garras poderosas como las del tigre, destrozo cascos y pecheras. Su tecnología militar es antigua. Tan antigua como ellos. Mañke alcanza altura y comienza a repartir golpes a las avispas que nos sobrevuelan. Algunos reptiles tratan de derribarlo, pero me abalanzo sobre ellos, para que no lancen sus armas. Con un rápido movimiento regreso para dejar fuera de combate a nuestros perseguidores.

- ¡B’Horn! – exclama Mañke - ¡No te separes del grupo!

Pero B’Horn estaba cegado. No hacía nada más que lanzarse contra sus propios camaradas de colmena, y además en contra de las filas de reptiles.

- ¡¿Qué haces, estúpido?! – le dice uno de los guerreros del General Drilón – Debes seguir con las órdenes de la reina de la colmena, Madre Antenas.

Ante tal  comentario, B’Horn no hace más que seguir en su frenética carrera.

Mañke necesita ayuda. Está siendo rodeado y superado en el combate aéreo. Por lo que debo ayudarlo. Tomo tantas lanzas como puedo y comienzo a lanzarlas al aire, para poder, por lo menos, distraer a las avispas que atacan al campeón de las aves.

- Animal, B’Horn está avanzando hacia el centro de la ciudadela. Allí están los “nidos” de los mamíferos aristócratas.

- Seguiremos a B’Horn y lo cubriremos. Es nuestra mejor oportunidad para continuar libres y con vida.

Hicimos un alboroto tal, que la mayoría de las fuerzas que ocupaban el centro de la ciudadela subterránea de Agartha estaban tras el rastro de B’Horn.

Ya en la plaza central de Agartha, me sentía rodeado. El frenético avance de B’Horn por las calles de Agartha desde el coliseo, intimidó a muchas de los refuerzos que llegaron a intentar detenernos. B’Horn estaba cansado. Su furia no paraba, pero ya no podía seguir avanzando. Nosotros solo podíamos seguirlo y apoyarlo. Cuando nos vimos rodeados, y sintiendo el miedo de nuestros oponentes, debíamos cambiar de plan.

Cuando ya no tenía ideas, y pocas fuerzas  para continuar con nuestra resistencia, Mañke me indica en la dirección de una gran mansión, un lugar de ensueño. Con altos pilares y  un techo que define una punta en su centro, por un momento me pareció ver en él, reflejado, una construcción de la India. Luego recordé que estaba en Agartha.

- Ese es el “nido” de Garras I. En ese lugar debe estar prisionera su hermana.

IV

¿Cómo lograremos salir de este lugar?, me preguntaba, mientras observaba la situación. Rodeados por los guerreros del General Drilón, como fugitivos y con la misión de rescatar a un miembro de la aristocracia agarthiana.

Pero no estoy solo, tengo a nuevos compañeros. B’Horn, de gran fuerza y valor, y Mañke, experimentado guerrero alado. Otro recuerdo, pero esta vez es la primera misión que afrontamos con los Centinelas, y no puedo creer que ya no pueda verlos ni compartir con ellos la adrenalina de la “cacería”. Ahora somos la “presa” de esta manada de guerreros.

- B’Horn, ¿te quedan fuerzas para un último ataque? – le pregunto al tipo del gran cuerno.

- No lo sé, Animal, pero cuando me lancé por primera vez al ataque, tampoco sabía si tendría las fuerzas suficientes para seguir atacando.

- Necesitaremos de todas las fuerzas que nos queden, porque hay a una mujer a quien rescatar, y no podemos caer en este combate – dice Mañke, tratando de animarnos.

Sin más palabras, y como si todo se tratase de una coreografía planeada y ensayada desde siempre, no separamos en búsqueda de una entrada  a la mansión de los “Garras”.

Con B’Horn en un ataque frontal, subo a su espalda. Logro detener los ataques de las fuerzas del General reptil, repeliendo todo ataque que pueda recibir B’Horn por retaguardia. Mañke, por otro lado, extiende sus grandes alas, y levanta el vuelo inmediatamente. Sube tan alto como puede, y se lanza en picada en contra de las fuerzas que vigilan la puerta principal del palacio.

Con la arremetida de B’Horn, y las puertas abiertas, la entrada a la mansión de los “Garras” es espectacular. Agentes de seguridad volando por los aires, y yo saltando de la espalda del escarabajo gigante, cayendo en el centro de la sala, lugar donde convergen dos grandes escaleras.

- ¡No dejen que la mujer abandone su habitación! – ordena uno de los reptiles que vigilan a la hermana de Garras I.

Sin pensarlo dos veces, Mañke vuelve a emprender el vuelo, en dirección de las habitaciones superiores, mientras que trato de memorizar la estructura del edificio lo más pronto posible. Con una mirada es suficiente, para recordar las vigas principales, accesos y lugares de resguardo.

Doy un gran salto y llego junto con Mañke al segundo piso. B’Horn está en la entrada, repeliendo a quien quiera entrar a la mansión. Arriba, dos guardias resguardan una gran puerta, lugar donde posiblemente esté la hermana de Garras I.

Los guardias salen volando hacia el primer piso, y logramos entrar a los aposentos de aquella mujer. Cuando entramos vemos una gran cantidad de velos y cojines por toda la habitación. Aromas exóticos llenan mi nariz, produciendo variados sentimientos. En eso, entre los velos, veo un rostro. Un rostro familiar.

- ¿Quienes son ustedes? – pregunta la mujer, que no deja que la veamos.

- Hemos venido a liberarte de esta prisión – le dice Mañke, al instante.

- Debemos salir de aquí, inmediatamente – les digo, tratando de ignorar los penetrantes y marcados ojos de la tigresa que me observan – no tenemos mucho tiempo.

- ¿Cómo saldremos de aquí, Animal? – me pregunta Mañke, luego de tomar el brazo de la hermana de Garras I.

En ese instante sentimos un gran estruendo, y escuchamos como parte de la casa se derrumbaba. Salimos inmediatamente de la habitación, y es B’Horn quien arremete contra las vigas, para aplastar a los soldados del General Drilón.

La estructura de la mansión de los “Garras” comienza a ceder, ya que son tres las vigas que son derribadas por el poderoso insecto.

Desde fuera de la mansión se puede ver como colapsa la gran mansión de los “Garras”, produciendo una gran nube de polvo, que ciega por horas a los soldados reptiles e insectos, y quedan sorprendidos ante tal suceso.

V

El ambiente en el coliseo no es el más grato. Luego de que Animal, B’Horn y Mañke dejaran la arena, los soldados de Drilón no permite que nadie haga abandono del lugar. La tensión se siente en el aire, mientras que el General Drilón acompaña a “Garras I” en las graderías de aquella monumental edificación.

- Garras I, agradecería que no estuvieras tan tenso, todo esto es un proceso por el cual debemos pasar.

- No creo nada de lo que dices. Tu miserable ambición no permite que puedas ver más allá de esta celebración.

- Nada que venga de la superficie puede traer Paz, Garras I, y por lo tanto ese tal Animal no está capacitado para gobernarnos como corresponde. Debemos ser nosotros mismos los que dictemos nuestras propias leyes.

- No puedes negarte al cambio, no puedes cambiar la decisión del “Alma Brillante” – responde “Garras I”.

- No, lo sé… pero tú puedes ayudar un poco – dice “Drilón”, quien prepara todo para que “Garras I” se dirija hacia los agarthianos que se encontraban en el Coliseo.

- Diles que Animal no es bienvenido como postulante al trono. Diles a todos que vamos a estar bien así, diles que somos sus amigos, y que si todos cooperan, nadie tendrá ningún problema – ordenaba el general Drilón a “Garras I”.

Mientras el general Drilón le decía esto a “Garras I”, este último pensaba en todo lo que debía hacer para mantener al pueblo de Agartha saludable y valiente.

Pasa al podio preparado por los soldados de Drilón, y comienza su discurso:

- Hombres y Mujeres de Agartha, les hablo hoy no para darles un mensaje de paz. No les hablo hoy para decirles mentiras, les hablo para que se preparen, les hablo para que lo que escuchen aquí, se los digan todos cuanto vean, les hablo, para que apenas termine mi mensaje, corran, corran y difundan el mensaje. Les hablo aquí, para hablar en nombre de la cordura y la dignidad; les hablo en nombre de la fortaleza y la valentía; les hablo desde lo más sagrado que cada uno de todos ustedes pueda tener; les hablo aquí y ahora, porque me obligan, me obligan a decir cosas que realmente no siento…

Con las palabras de Garras I comienza un operativo para bajarlo del podio, pero algunos de los asistentes, en su mayoría aristócratas impiden el paso de los militares.

- … Les digo, agarthianos… ¡Luchen! Les digo… ¡Defiendan lo que crean importante! Les digo, ¡no acepten a  estos confabuladores en sus casas, ni en su tierra! Les digo que sean valientes y no se dejen amedrentar, les digo que se levanten y peleen, ¡por nosotros!, ¡por Agartha!... y ¡por nuestro próximo rey!...

Cuando el representante de una de las tres familias pronuncia estas palabras, quienes habían detenido a los soldados estaban tumbados en el suelo, los asistentes al coliseo corrían despavoridos, buscando un lugar por donde salir y dar el mensaje, se escucha un largo rugido… Un fuerte y profundo rugido que retumba por el coliseo, que llega a la ciudadela, que recorre todas las calles y que se adentra entre los pasillos perdidos de Agartha. Ojos furtivos, de personas que huyen se detienen para mirar hacia atrás, mirar y oír el fuerte, profundo, y último rugido de Garras I.


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