24.2.10

Blackbird #10

“Hijo de la Fe” (Parte 4 de 4)
Historia: Rodrigo Roa.


“Teme… teme de algo… o el mundo podría ser tuyo”.


Omar Mundaca.-

I

- ¡El miedo! Ese es el poder más grande que existe, ha existido y existirá… - decía con energía el horrible Itmed, dios del miedo – ¡No hay nada  ni nadie que pueda superarlo!

- No lo escuches, Adam… - advirtió la diosa Itfad -  Sus palabras son sucias y oscuras, y su único objetivo es llenar de terror los corazones de los hombres.

- ¡Calla, insulsa diosa de la fe! – la interrumpió con violencia Itmed – Es hora de que el mundo deje de soñar, y comience a aceptar la realidad… El miedo lo controla todo… Incluso los más poderosos temen de algo, e incluso en los momentos de mayor seguridad en las vidas de los hombres, existe una mancha, un punto de temor… el miedo siempre está ahí, jamás desaparece… te limita o te impulsa, pero nunca desaparece… ¡te domina!

Adam no sabía qué decir. Pensaba en su propia vida, y le parecía verdad. Itmed hablaba con pasión, con una energía única que realmente generaba incertidumbre. El dios del miedo continuó.

- El miedo siempre está ahí, susurrando, amenazándote con tiempos oscuros… Ni siquiera la Fe es lo suficientemente fuerte para hacerlo desaparecer… ¡Mientras exista la incertidumbre, el miedo dominará a los hombres!

La forma de Itmed ya se había materializado completamente, y su oscuro color hacía aún más terrible su imagen. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Blackbird, y realmente el miedo fue la emoción que lo dominó en ese momento.

La oscuridad y el miedo rodeaban el lugar, que ya no parecía tan puro como antes. Las emociones de Blackbird se manifestaron a su alrededor con la energía negra característica, pero esta vez estaban fuera de control, y él sentía una especie de nudo en su garganta.

- Déjate vencer por el miedo… ¡Abrázalo y hazte uno con él! – dijo Itmed una vez más – Acepta su poder…

En ese momento, su madre, Itfad, puso una de sus manos sobre el hombro del joven defensor, y sus emociones comenzaron a fluir de una nueva forma.

- No… - dijo Blackbird, luego de un momento de silencio – No me dejaré vencer tan fácil… ¡Enfrentaré al miedo, mientras tenga vida!

- Entonces… - la ira de Itmed se hizo notoria con un gran resplandor en sus ojos - ¡Enfrenta al más terrible de tus enemigos! ¡Cae ante el miedo!


II

En la tribu de los Hachit, ya bien entrada la noche, el caos no se detenía. El fuego arrasaba con las chozas sin que pudiesen detenerlo. Los animales salvajes corrían desbocados, y las personas huían despavoridas. La noche parecía ser más negra que de costumbre.

Rodlick, acompañado del joven Balir, y de Christian McKenzie, tras encontrar el cuerpo inconsciente de Adam, se habían refugiado en la altura de un pequeño monte, y desde allí observaban la catástrofe de la tribu.

- A esto se referían mis visiones… - pensó en voz alta el Guía de los Hachit – El último día de nuestra tribu… el miedo se ha levantado…

- No lo entiendo, Rodlick – comentó McKenzie - ¿De qué se trata todo esto?

- Su llegada era el momento en que nuestra actual vida llegaría a su fin… Y el responsable es un dios largamente olvidado por nuestro pueblo, cuyo nombre se ha vuelto impronunciable a través de los años… Él es el Miedo…

-¿Y es ese “dios del miedo” el que provoca todo esto? ¿Y qué tiene que ver con lo que sea que le haya pasado a Adam, y conmigo? – preguntó McKenzie.

- El joven pájaro es quien debe enfrentar el miedo… En este momento es cuando debe pasar su gran prueba… el Destino se lo exige, y la Fe lo guiará… - explicó Rodlick – Pero aún así, el Miedo tiene gran poder… y afectará su vida de maneras que ni siquiera logrará ver…

Christian miró preocupado el cuerpo inconsciente de su joven amigo. Era un hecho que en este viaje no sólo conocería la verdad acerca de su origen, sino que además, su vida cambiaría para siempre. ¿Cuál sería su destino?

“Vamos, Adam… tú puedes superarlo...”, susurró McKenzie.

Los dos hombres siguieron observando la destrucción de la tribu, sin poder hacer nada. El amanecer estaba cerca, y la batalla que estaba librando Blackbird era su única esperanza.

III

Sophie no había podido conciliar el sueño esa noche. Ya eran altas horas de la madrugada, y aún tenía sus ojos abiertos y su mente funcionando a toda velocidad.

Sentía que no debió ser tan sincera con Cat O’Neal, pero también sentía que no debería haberse acercado tanto a Adam Johnson… Era como si se arrepintiese de todo lo que había permitido recientemente, y como si quisiera haber estado todo ese tiempo en otro lugar…

De pronto, se dio cuenta de que se había comprometido a juntarse con su viejo amigo Matt, horas atrás, y que lo había olvidado por completo.

Sintió un escalofrío y un nudo en la garganta. Le había fallado a su mejor amigo, y no tenía excusas. Algo estaba mal en su vida, y no lograba encontrar la causa. La angustia se apoderaba de ella, y no sabía a qué o a quién culpar. Sólo se cruzaba Adam por su mente. Era lo único que había cambiado de su vida reciente… ¿Podría ser esta la causa?

Se acurrucó en su cama, y quiso llorar, porque se sentía perdida. ¿Por qué estaba así? Era muy extraño…

Trató de aislar sus emociones y sus pensamientos, para poder definir lo que le pasaba. No sentía rabia ni pena, tampoco soledad… Era algo más grande, que abarcaba todo eso, pero que iba más allá… algo que había nacido por sí solo, algo que era natural a los seres humanos, pero algo que hasta ahora ella había podido enfrentar y mantener a raya…

Tras horas de vacilación, se dio cuenta que lo que invadía su ser, era un enorme e inexplicable miedo…

No podía quedarse así…. Debía eliminar ese miedo. Entonces, descubrió que una buena parte de aquel estaba relacionado con Adam Johnson.

Cuando al fin se durmió, Sophie ya lo había decidido. Era momento de poner las cosas en orden, tiempo de empezar de cero, y si era necesario, cambiar todo aquello que no la dejara vivir en paz. Necesitaba hablar seriamente con Adam.

IV

Blackbird trataba de resistir los ataques de Itmed, pero éstos no solo afectaban su cuerpo, sino que también su mente y sus emociones. Le costaba concentrarse, y pensaba que no sería capaz de sobreponerse en esta batalla.

- Hijo… no lo escuches – le decía Itfad, la diosa de la fe – Sigue adelante, deja que la Fe te guíe… tal como hacía tu padre…

- ¡Calla! – gritó Itmed – Adam, ¡Tu padre fracasó! No logró vencer al miedo, y al final se rindió… ¡La Fe falló en su vida, y también falla en la de todos, porque no es suficiente contra el miedo!

- Mi padre no se rindió… - dijo en voz baja el defensor – Mi padre hizo lo que debía hacer, incluso en el final… fue honesto, siempre quiso lo mejor para el mundo…

- Jajá… - rió el dios oscuro, mientras una gran concentración de su energía rodeaba a Blackbird - Caerás, tal como él cayó… ¡Ríndete ante el miedo!

El defensor sentía un gran dolor, y un extraño nudo en su garganta. Su mente no lograba enfocarse, y sus emociones, incontrolables, no eran reconocibles por él. La energía de Itmed parecía ser más fuerte que sus poderes. El defensor cayó de rodillas.

- Hijo… - habló, preocupada, Itfad – Hijo… no te rindas… Debes reconocer tus emociones… debes entender que jamás podrás dominarlas, pero sí puedes conocerlas, reconocerte en ellas… ¡Ser tú! – poco a poco, la voz de la diosa se hizo más firme – Ten Fe en ti mismo… porque eres más… dentro de ti hay mucho más de lo que crees, ¡dentro de ti está la fuerza suficiente para derrotar al miedo!

Adam escuchó las palabras de su madre, y cerró los ojos. En su mente, apareció la imagen de su padre, el glorioso Capitán Cometa, el héroe más grande que el mundo haya conocido. Una cándida voz masculina, que demostraba gran seguridad, le habló.

- No tengas miedo, y podrás lograr lo que quieras.

La energía de Blackbird comenzó a redirigirse, y a mezclarse con la energía emanada del dios del miedo. El aura del defensor creció, y sus emociones generaron más y más poder. En ese momento, la energía oscura de Itmed comenzó a ceder.

- No temeré, padre… Creeré en mi, madre… - repetía Blackbird, mientras comenzaba a dar un paso, y acercarse a Itmed.

Primero fue un paso, luego otro… Itmed no tenía respuesta, mientras el defensor avanzaba. La ira y la esperanza dominaban entre sus emociones, y esto se manifestaba en grandes cantidades de energía que emanaban de su cuerpo. Una vez que estuvo a su alcance, Adam miró frente a frente al dios del miedo.

- No, Itmed… No temeré, porque creo en mí y en mi misión. ¡Tal como mi padre lo hizo, enfrentaré al miedo una y otra vez, mientras tenga vida!

Y diciendo esto, lanzó un poderoso golpe, con su puño cargado de energía, que impactó en Itmed, y, mezclándose ambas auras, se generó una gran descarga de luz, que llenó el espacio donde transcurría el combate.

La energía emanó en todas direcciones, y tanto el dios como el defensor desaparecieron de la vista de Itfad. De inmediato, con un potente destello, ambos dejaron ese plano.

Itfad miró el espacio vacío, y en lugar de entristecerse, se tranquilizó, porque el combate ahora estaba en manos de Adam, y sabía que estaba preparado. A su lado, apareció súbitamente su hermano Itnok, dios del Destino.

- Está enfrentando a un dios, no ganará… ¿Realmente crees tanto en él?… ¿Crees que sea digno de su destino? – preguntó Itnok.

- Si, hermano. Él será digno del legado de su padre… con el tiempo.

La mirada severa de Itnok no lo hacía parecer convencido de esto. Pero la diosa Itfad sólo atinó a susurrar, como si Adam la estuviese oyendo.

- Ten Fe, hijo.

V

La noche ya daba paso al Sol, y poco a poco, la tranquilidad regresaba a la tribu Hachit. Sin embargo, la destrucción acaecida esa noche, había dejado la tribu desolada, sólo con restos humeantes de lo que alguna vez fue su hogar.

- No puedo creer esto… - expresó Christian McKenzie – La tribu… de un día a otro… totalmente destruida… Lo siento… lo siento mucho, Rodlick.

- Tranquilo… – respondió pausadamente el Guía de los Hachit – El Creador nos guiará… sabremos reponernos a esto…

- Tal vez no debimos venir… tal vez es nuestra culp… Un momento… - interrumpió sus palabras McKenzie - ¿Qué está sucediendo? Es Adam… ¡Adam está… volando!

En ese momento, el cuerpo de Adam Johnson se elevaba, a la vez que era rodeado por varias columnas de energía oscura. Cuando ya estaba a una altura considerable, el joven abrió sus ojos, y un gran grito resonó en el valle.

Blackbird se alejaba en el cielo, y la energía que emanaba de su cuerpo chocaba una y otra vez con una energía oscura que a ratos tomaba una forma coherente, aunque terrorífica. El héroe trataba de zafarse, pero la figura de Itmed lo envolvía.

- ¡Lo superaré, Itmed! ¡Superaré el miedo! – gritó Adam, mientras su energía crecía.

Con una poderosa descarga, producida por el choque de las energías en combate, el defensor se perdió de la vista de Rodlick, Balir y Christian McKenzie, y se perdió en el cielo, en la lejanía.

- El miedo… ha surgido el miedo, y sólo él puede superarlo… - reflexionó Rodlick tras ver esto, repitiendo lo que sus visiones le habían mostrado.

- ¡¡Adam!! Yo… debo… ¡debemos ayudarlo!…

- No, Christian. – sentenció Rodlick – Es el momento de que el joven pájaro pase su gran prueba, esa que dirá si es o no digno de su destino… - hizo una pausa, y luego miró a McKenzie - … y también es tiempo para que otros pasemos por nuestras propias pruebas.

- ¿A qué te refieres?… ¿Qué harán ustedes ahora?

- Los Hachit debemos emprender un viaje. Hemos de aprender de esto, y descubrir lo que El Creador y nuestros dioses tienen deparado para nuestro futuro… - explicó el indígena - Debemos encontrar nuestro lugar… tal como tú debes hacerlo… Ven con nosotros.

Christian lo miró sorprendido, pero supo que no mentía ni exageraba. Rodlick le estaba ofreciendo una oportunidad para aprender, para conocer su nuevo lugar en el mundo. Sabía que debía encontrarlo, porque su antigua vida de sacerdote, y su papel como el tercer Capitán Cometa eran parte del pasado, y las había dejado para seguir un camino que la vida le habría de mostrar… Debía estar ahí para guiar a Adam, porque el mundo lo necesitaba. Pero eso, y todo lo demás, debía ser descubierto por él… y aquí estaba su oportunidad.

Christian McKenzie aceptó, y poco tiempo después, los Hachit emprendieron su viaje. En el fondo de su corazón, aún temía por Adam y el resultado de su batalla, pero tenía un futuro esperanzador por delante, junto al pueblo más antiguo de la Tierra.

Y los Hachit caminaron con rumbo desconocido, siguiendo el camino que El Creador trazó para ellos, un camino que sólo unos pocos podían seguir…

Epílogo.

Tras varias horas de combate, Blackbird cayó. Agotado, y con sus emociones aún a flor de piel, se dio cuenta que estaba en un lugar que no conocía.

Había caído durante un largo rato. Sabía que se había librado de Itmed, pero que no había ganado la batalla. Algo le decía que esto no hacía más que complicarse.

Se levantó lentamente, y frente a él, vio aún la silueta oscura del dios del miedo de los Hachit.

- Blackbird… - le dijo, con una voz ronca – Te has sobrepuesto esta vez… Pero la batalla contra el miedo nunca termina…

- Te enfrentaré de nuevo ahora mismo, si es necesario – respondió el defensor, desafiante.

- No… No ahora… Pero si a través de tu vida. El miedo es el único enemigo que nunca deja de pelear… Y créeme, jamás lo vencerás, porque tocará tu vida de formas que ni siquiera imaginas… Tal como ya lo hice en la tuya… - el oscuro dios rió, a pesar de que Adam no entendía a qué se refería.

Una vez que acabó de reír, Itmed comenzó a desvanecerse, y dejó a Blackbird completamente solo, en este lugar desconocido.

El defensor comenzó a observar, y de inmediato notó que frente a él se extendía un espeso bosque, que tenía algo especial… algo que lo llamaba a entrar…

Mientras tanto, en Angalileo, Sophie Evans despertaba de su sueño intranquilo, con un extraño nudo en su garganta. Tal como había ocurrido en los días recientes, el miedo, una vez más, la dominaba…


Fin...
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