12.10.09

Dragón Blanco/Negro #6

Ciudad Dormida (1 de 4)
“Cambio de mando”
Historia: Zirijo.

I

Tcheng, “el Manco”, le llamaban dentro de la cárcel. Tcheng era uno de los más fieles miembros de La Dinastía. Su labor en este mundo, según el mismo, era facilitar los planes para que el Emperador Meng Li tuviera control absoluto de China. Ese era su objetivo final.

Se había ganado su apodo desde el primer momento que entró a prisión. Tetsu no Samurai, un guardián de Oriente, le cortó la mano durante el enfrentamiento de Dragón Negro contra Goldhem*. Tcheng sabía que los contactos necesarios para lograr lo que Meng Li quería estaban en la cárcel, entre toda la basura humana. La verdad es que no todos los que entraban eran tipos malos, pero cuando salían, la cárcel los había cambiado. El trato, los delincuentes, todo conspira para que un pedazo del infierno se quede en tu corazón.

Tcheng había recibido una llamada, su primera llamada, desde que había entrado a prisión. Una voz familiar le advirtió que debía cumplir con el plan de contingencia, y con él adentro, sería un poco más fácil contactar a la gente que necesitaba.

- Amigo mío – saluda Tcheng a un reo que contemplaba la sombra de las nubes pasar por el patio de recreos – Tengo un mensaje para tu jefe.

- ¿Quién eres y qué sabes de mi jefe? – pregunta en seco el reo.

- Un simple mensajero – contesta Tcheng, mientras mira su única mano y mueve sus dedos de forma lenta – que tiene noticias para Kaito Tso.

El reo que escuchaba a Tcheng se levanta y dice:

- Hora de almuerzo, comedor principal, mesa cinco.

Luego se retira hacia el lugar donde estaban las celdas.

- Perfecto - comenta Tcheng.

II

Sector comercial de Beijing.

- Insisto en que Tao Po Fu se veía tierno con ese traje – dice Sú Fú, mientras vigilábamos la noche de Beijing.

- Ese traje perteneció a los ancestros de mi maestro Liu Cho. Él no tuvo nunca hijos, pero Tao Po Fu fue todo lo que un hijo puede significar. Le corresponde tomar los mantos del Dragón Rojo, pero no en este momento, debe pasar todas las pruebas de los Dragones de Mil Cabezas para poder vestir con propiedad ese traje – contesto, con mi traje de Dragón Negro.

- Y tú, ¿estás seguro que no tienes problemas con tu traje negro? - me pregunta Sú Fú.

- Shaman me recomendó que usara el traje negro lo más posible, para que al momento de cambiar de lado la cinta, el cambio no fuera tan brusco, como lo había estado haciendo hasta ahora.

- Aahh… - se detuvo un momento - Pero se veía tierno de todas formas.

- Como quieras, Sú Fú… puede que se haya visto tierno – contesto de mala gana.

- Lo otro que anda rondando en mi cabeza estos días es sobre la calma que se produjo luego de la guerra de La Dinastía, en Beijing. Es como si… nunca hubiera existido.

-Es cierto Sú Fú, no es normal. Es una falsa calma, esta ciudad está dormida. ¿Dónde están los gritos, y las llamadas de auxilio? ¿Dónde está la policía? ¿Por qué hay expertos artistas marciales robando como delincuentes comunes? Muchas preguntas, y pocas respuestas - me detengo y hago una pausa. No pienso mucho antes de seguir hablando - Hoy jugaremos a los detectives, Sú Fú. Veremos cuanto temple tiene el bajo mundo de Beijing.

Partimos con Sú Fú a levantar un poco de polvo de los callejones de Beijing. Preguntando, advirtiendo, amenazando, algo poco usual en nosotros, pero en la situación en la que estaba la ciudad, era necesario. En tiempos modernos, hay que utilizar métodos modernos. Mientras más difusa sea la línea que nos separe de los delincuentes, ellos no saben a que atenerse, no saben como vamos a reaccionar, no se arriesgan.

- ¿Qué está pasando aquí, “amigo”? – le pregunto a un tipo que sale corriendo de un callejón con la cara llena de sangre.

- No, no me lastimes… por favor. Ya dije todo lo que sé – dice suplicante.

- ¿Ya dijiste? – le pregunta Sú Fú – ¿Quién más los está “haciendo preguntas”?

- No sé… un tipo… disfrazado, igual que ustedes… déjenme ir… estoy herido, él me hizo esto.

- Vete… no quiero verte más por estos lados – digo, mientras lo suelto y éste corre en dirección a un hospital.

- Alguien está haciendo nuestro trabajo, Sú Fú – comento – Debe estar cerca. La sangre de este tipo aún está fres…

Pronuncio esas palabras, y Sú Fú comienza a recorrer el perímetro.

- ¡Lo encontré! – dice, volviendo con alguien en sus manos.

- … ca… - la miro, y veo entre sus manos a un muchacho con vestimenta de arte marcial.

- ¿Koi? – pregunta Sú Fú al niño, soltándolo - ¿Eres tú?

- Hola – contesta con una sonrisa en la cara – Creo que me descubrieron.

- ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué golpeaste a ese hombre? – le pregunta Sú Fú al joven ninja, mientras se sacaba el polvo de las ropas.

- Estoy haciendo un trabajo de investigación - contesta de una forma muy seria – Me envió Tetsu no Samurai para que viera como está la ciudad.

- ¿Pero era necesario golpearlo de esa forma? – pregunta la mujer más rápida de China.

- Él me dijo que fuese un poco más “duro” si era necesario – contesta ingenuo el muchacho.

- Es malo que Tetsu no Samurai te entrene en formas violentas – digo – pero en situaciones como las actuales, es absolutamente necesario.

Su Fú me miró con extrañeza, como si no fuera yo el que hablaba.

- ¿Qué te dijo el tipo? – le pregunto al muchacho.

- Dijo algo muy interesante, Dragón Negro.

III

13: 30 – Hora de almuerzo en la Cárcel China de Alta Seguridad.

- Esta debe ser la mesa cinco – se dice a si mismo Tcheng, que se sienta solitario en la mesa central del comedor de la cárcel de máxima seguridad. Esta está vacía, mientras que las mesas a su alrededor estaban copadas de criminales. Pasa un minuto, y Tcheng, con su nueva costumbre de mirar su única mano y mover sus dedos lentamente, espera que el mensajero haya hecho su trabajo. Pasa otro minuto, y se siente un alboroto fuera del comedor. Se abren las puertas, y entran exactamente cinco prisioneros, cuatro de ellos rodeando a uno. Pasan por el lado del comedor, y los reos que están en la fila ceden sus bandejas a estos reclusos. Todos con comida, avanzan hacia la mesa cinco, en la cual se encuentra Tcheng. Este se levanta y espera un recibimiento, el cual no sucede. Los cinco hombres se sientan en la mesa dejando un puesto en el medio de una de las bancas.

- Toma asiento, Tcheng “el manco” – dice uno de los tipos, el que quedaba directamente en frente del puesto desocupado – Tenemos que hablar.

- Sí, señor Kaito - dice Tcheng mientras se sienta entre sus guardaespaldas.

- Dime, ¿qué mensaje tienes para mi? – le pregunta Kaito Tso a Tcheng, mirándolo directamente a los ojos.

- Vengo a proponerle un trato, de parte del Emperador Meng Li – contesta Tcheng con un poco más de seguridad. Sus años de accionista le habían dado la capacidad de persuasión.

- Y qué es lo que el tan conocido Emperador Meng Li quiere tratar conmigo, buen colega – contesta en forma complaciente Kaito. Se forma una atmósfera de confianza.

- Necesita de sus servicios como administrador de La Dinastía, mientras él no está.

- ¿Quiere que me haga cargo de la organización criminal más grande del continente, más grande del mundo? – pregunta Kaito, casi burlándose.

Tcheng no sabe qué decir. La personalidad de Kaito Tso al mismo tiempo que burlona, es acogedora.

– Si – finalmente atina a decir.

- No te pongas nervioso, amigo Tcheng, esto ya estaba conversado – contesta en un tono más serio Kaito - Meng Li me contactó hace tiempo, explicándome que en su ausencia, yo, Kaito Tso, era el único que podía dar orden a La Dinastía. Predijo que algún día podía suceder esto. Esto es una mera formalidad, Tcheng.

La cara de Tcheng cambió completamente, sentía en parte decepción, porque el Emperador nunca le había dicho que mantenía relaciones diplomáticas con Kaito Tso, y en parte asombro, por lo bien planeado que tenía su señor todos sus movimientos.

- Ya tenemos gente en eso, reuniendo a los antiguos miembros y a los Ministros, para dar un golpe maestro.

- ¿Golpe maestro? – pregunta Tcheng.

- Si. Me tomé algunas libertades y decidí tomar la iniciativa. En estos días, China será mía.

Kaito Tso se levanta y con él sus guardaespaldas, quienes retiran todo de la mesa, dejando a Tcheng solo, con sus preocupaciones y su impotencia, tras ver que Kaito había tomado provecho de la desaparición del Emperador.

IV

Mientras que Dragón Negro, Sú Fú y Koi platicaban sobre la información que había obtenido el muchacho, en las entrañas de la ciudad de Beijing, se reunían sujetos con habilidades increíbles.

- No creo que reunirnos en esta pocilga sea digno de nosotros – le dice Fu a Hou, mientras entraban a una cantina de los suburbios de la ciudad.

- Es She al que le gusta frecuentar estos lugares, aunque para mí, no está tan mal – respondía Hou – mientras tengan cerveza bien fría, no hay problema.

- Vas a terminar mal si continuas bebiendo, Hou, sabes lo que le sucedió a mi padre.

- La verdad es que no, y espero no saberlo, así podré seguir bebiendo como siempre, Hu! Hu! – ríe Hou, en su particular forma.

Mientras se sentaban en una mesa, los dueños del local hacen un gran alboroto cuando el tercero, She, entra al local. No querían que entrara, pero este empujó al dueño y pasó sin importarle que este tuviera amigos “peligrosos”.

- ¿No podíamos reunirnos en otra parte? – pregunta Fu a She, que se sentaba en la silla que quedaba al paso.

- ¿Acaso te crees mejor que esto, Fu? – le pregunta su compañero She – Ahora estamos a este nivel, luego de lo que le pasó al Emperador.

- Es verdad, y después de lo que nos hizo Goldhem, no quiero ver a ningún miembro de La Dinastía nuevamente – acota Hou.

- No podemos generalizar Hou. Goldhem nos quería fuera del conflicto de intereses – dice Fu - Aunque él mismo participara de la pelea por el mando en La Dinastía.

- Pero no es excusa para dejarnos fuera, y menos tenernos como prisioneros – comenta She - Además, todavía no sabemos donde está Tang Lang ni Ying Zhao. Ellos no estaban con nosotros, de seguro escaparon.

- Todos sabíamos que en la primera oportunidad que tuviera, Tang Lang dejaría La Dinastía. Esta era su oportunidad.

- ¡¡Ah, que buena cerveza!! – exclama Hou – Lo malo es que Chi Ku está desaparecido.

- No por mucho tiempo… – dijo She – No por mucho.

En el momento en que She comienza a hablar, unos tipos se paran, a su espalda. Fu y Hou ya lo habían notado, pero se hicieron los desentendidos.

- Amigo, tendrás que irte del local – le dice uno de los tipos a She, que le daba la espalda, y bebía un poco de cerveza.

- Tendrán que sacarnos – responde She a la advertencia.

- ¿Sacarnos? – preguntó Hou – ¿Por qué nos involucras siempre en tus problemas?… -
se escucha el sonido de vidrios rotos interrumpiendo las palabras de Hou, mientras el tipo que había hablado, cae, con el rostro ensangrentado.

Hou salta desde el lugar en donde está sentado y se deja caer sobre el pecho de otro de los sujetos que venían a sacarlo y comienza a golpearlo en la cara.

- Es más divertido mientras participas que si solo miras, ¡hú, hú! – le dice a Fu, mientras este se levanta de la silla y esquiva los golpes del último de los matones que quería sacarlo de la cantina.

- Vámonos de aquí, no quiero darle excusas a la policía – dice Fu, mientras deja noqueado de un solo golpe al matón.

Los tres Ministros salen de la cantina corriendo a la calle. En el rostro de She se dibuja una sonrisa de satisfacción, por no haber huido de la pelea, mientras que Fu se iba con rostro de reprobación, por la evidente falta de madures de sus colegas. Hou simplemente excitado por la adrenalina, iba haciendo piruetas por el aire.

- Creo que Meng Li debe pagar unas cervezas cuando sea Emperador, ¡hú, hú!

V

- Tenemos que encontrar a Chi Ku y a los otros Ministros, antes que esos que pusieron precio a sus cabezas – digo a Sú Fú, luego de escuchar la información que había obtenido Koi.

- Por eso la ciudad está así de quieta – dice Sú Fú - Todos están buscando a los dos Ministros que se perdieron mientras duró la guerra de bandas.

- Eso es todo lo que pude averiguar. Ahora, si me disculpan, debo volver a Japón. Tetsu no Samurai espera la misma información que acabo de darles.

- No, espera – le digo a Koi – Necesito que sigas con tu trabajo, puede que encuentres más información. Nosotros mientras haremos lo mismo, pero en otras zonas de la ciudad. Debemos encontrarlos ya.

Nos separamos nuevamente, dándole instrucciones precisas a Koi de cómo encontrarnos en caso de que sepa algo nuevo. Koi sigue en los barrios bajos, mientras Sú Fú se traslada a la zona costera y comercial. Yo, por mi parte, me dirijo a un lugar de altura, donde pueda ver un panorama completo de la ciudad, y pueda identificar alguna zona donde puedan estar ocultos los Ministros de Meng Li. El viento se siente diferente, es como si cambiara de dirección a cada momento. Cuando estoy en la cima de un edificio, me doy cuenta del porqué. Saco la cinta negra de mi cabeza, y la cambio al lado blanco, me concentro un poco, y trato de hacer contacto psíquico con Shaman.

- ¿Shaman, puede oírme? – pregunto en mi mente.

- Si, Dragón – contesta desde el Templo de los Mil Dragones – ¿Qué sucede?

- Dile a Tao Po Fu que se ponga el traje de Dragón Rojo, y que saque un pergamino especial del Cuarto de los Secretos. Necesito que contacte a Sú Fú, y que lo traiga lo antes posible al edificio Xinhua.

- Bien, Dragón, pero ¿qué sucede?

- Un cambio sorpresivo de planes. Estoy sobre el edificio más alto de Beijing, y veo, a la distancia, una fuerza destructiva que se acerca a una velocidad sorprendente. Y por su trayectoria, creo que “alguien” la está provocando.

- Bien, le diré inmediatamente.

Voy al encuentro de la fuerza desconocida. Esto interrumpe todos los planes, pero espero salir bien de esto y poder encontrar a los Ministros. Puede que este “ruido” los saque de su escondite, o algo así. No lo sé.

A la distancia, se escucha una advertencia, una amenaza:

- Humanidad, ya pasó su hora. ¡¡Ogusa está aquí para el cambio total!!


Continúa…
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* ver “Alianzas” #5: Guardianes de Oriente

1 comentario:

Marvin Moe dijo...

Wena...!! a mis favoritos!!