14.10.09

Arcángel #5

“Gangs War” (Parte 2 de 3)
Historia: Rodrigo Roa.

I

Apenas unos minutos después de que el sonido del disparo llamara su atención, Angela Jamseck llegó hasta la entrada del Domo. Allí, vio como Arcángel se sostenía de pie apoyado en uno de los muros, y cubriendo una herida en su abdomen con una de sus manos, manchada de sangre.

- ¡¿Qué pasó?! – preguntó alarmada.

- Yo… traté de detener a unos tipos… Pero Jake… ¡Argh! – Arcángel apenas podía hablar, y el dolor lo abrumaba.

- Fue un accidente… ¡Lo siento! Realmente lo siento… - repetía una y otra vez Jake Stone, sintiendo un escalofrío por su estúpido error – Yo sólo quería ayudar… fue un accidente… no fue mi intención… ¡Lo siento!

- Ven, Jeremiah, debemos curarte… - dijo Angela, entrando al Domo junto al defensor. Mientras, Jake quedó atrás, lamentándose, con un horrible sentimiento dentro de él.

Una vez adentro, y tras unos minutos, Angela sacó la bala, y comenzó a limpiar la herida del héroe, que seguía quejándose.

- Afortunadamente, la bala no se incrustó a mucha profundidad, gracias a tu traje. Y debes agradecer que yo haya estudiado medicina, y haya visto muchas heridas como estas en mis años de trabajo. – le dijo, sonriendo, y tratando de calmarlo - Ahora debes descansar…

- No. No puedo descansar – respondió Jeremiah, furioso, y tratando de contener el dolor de su herida – No le digas nada de esto a Joshua y la abuela… y asegúrate que estén seguros. Debo seguir buscando a esos tipos, o las cosas se pondrán feas allá afuera.

- ¡¿Estás loco?! – lo increpó Angela – ¡Tienes una herida de bala, y no puedes salir así nada más!

- Gracias por sus consejos, doctora Jamseck… Ahora, si me permite… - el defensor trató de irse, pero en ese momento, Jake Stone lo detuvo.

- Jeremiah… Sabes que fue un accidente, ¿verdad?... No quise hacerlo… Perdóname…

- Pues… Eres un estúpido, Stone… No vuelvas a meterte en lo que no te corresponde – sentenció el defensor, y abriendo sus alas, se elevó.

- ¡¡Arcángel!! – gritó Angela, desesperada por el carácter del héroe - ¡Vuelve aquí, maldición!

Pero ya era tarde. Arcángel volvía a la acción, desobedeciendo una vez más, y poniéndose en riesgo a sí mismo, sólo por su testarudez. Jake Stone, por su parte, ya no podía sentirse peor…

II

- ¿De verdad no sabes por qué te queríamos a ti? – preguntó burlescamente Arlequín, que tenía amarrado a Bloodface – Tan feo y tan inocente… ¡HAHAHA!

Apenas consciente, Bloodface no reconocía el lugar donde estaban, y sólo podía escuchar las palabras del payaso. Notó que a su alrededor aún estaban los miembros del Circo de la Sangre.

- Hace mucho tiempo, tú eras un importante jefe del bajo mundo… ¡Pero ya no! – comenzó a explicar Arlequín – Sin embargo… aún hay muchos elementos muy valiosos que son fieles a ti… Y por eso, tú eres valioso para mí. ¡Y no te entusiasmes, no! ¡HAHA! Verás… la única forma de enfrentar a Nest… ¡Es siendo más que ellos!

- ¿Qué… demonios… quieres? – preguntó Bloodface, con el resto de fuerzas que le quedaban.

- Quiero… Quiero… Quiero que le digas a tus fieles seguidores, que ahora trabajan para mi… ¡Todos ellos! O mis fieles asistentes aquí, estarán encantados de degollarte, ¡y no bromeo! - cuando dijo esto, Risa y Sonrisa mostraron dos grandes cuchillos que portaban, y dirigieron una mirada macabra hacia Bloodface - … Que se prepare Serpentario… Porque Arlequín está aquí para controlar esta ciudad, ¡HEHE!

Bloodface reaccionó escupiendo la cara del payaso. Pero lo único que consiguió, fue que una risotada estruendosa y muy desagradable, resonara en todo el lugar. Estaba en desventaja, y no le quedaba nada más que hacer lo que le decían, si quería sobrevivir.

III

Las calles de Delta City habían sido tomadas por Nest. Esa noche, con cientos de barricadas, los pandilleros habían salido a reclamar el dominio de la ciudad para Serpentario, tal como él se los había ordenado.

La policía no era capaz de contener los desordenes, y los ciudadanos comunes se encerraban en sus propias casas, mientras los delincuentes corrían libres sin restricciones.

Las calles bloqueadas, las vitrinas rotas y las tiendas saqueadas eran el saldo, y las peleas callejeras continuaban.

Desde el techo de un pequeño edificio, Arlequín observaba, rodeado de sus hombres, a los cuales instruyó para bajar a provocar aún más caos. Abajo, los antiguos aliados de Bloodface se les unirían para enfrentar a los miembros de Nest.

Sólo Risa y Sonrisa se quedaron, acompañando a su jefe, y cuidando a su cautivo, que estaba amarrado y amordazado.

- Muy bien, Bloodface. Todo estará bien si no haces ninguna locura… ¡Esas me las dejas a mí! ¡HAHA! – dijo burlescamente Arlequín – Haz lo que te corresponde y no saldrás lastimado.

A continuación, le desataron la mordaza que le impedía hablar, y lo llevaron hasta la calle, donde esperaban sus hombres. Todo estaba acordado y planeado desde antes, tal como Arlequín quería que fuera. Los pandilleros los vieron aparecer y se pusieron en guardia, pero dispuestos a escuchar.

- Ahora, mi queridísimo rehén… les dirás a tus hombres lo que todos queremos oír – dijo Arlequín - … Vamos, diles…

- Yo… escuchen… - comenzó diciendo Bloodface, lentamente – Yo… Arlequín quiere que…

Pero la ira lo hizo reaccionar, y mientras sus venas y arterias de tono rojizo se marcaban en su cara, con un empujón logró zafarse, y de inmediato, cambió de tono.

- ¡Arlequín es su enemigo! ¡Acaben con él de una buena vez!

Sorprendido por la traición, el payaso trató de atacar a Bloodface, pero sólo logró golpearlo en el estómago. De inmediato, silbó con fuerza, y sus asistentes sacaron sus cuchillos para defenderse. Poco después, el resto del Circo de la Sangre y otros de sus hombres, llegaron a su lado, tras escuchar el silbido.

- ¡Este imbécil nos traicionó! ¡Debe morir! – gritó Arlequín, desaforado.

Los miembros de ambas pandillas se arrojaron al ataque, empeorando los conflictos que ya provocaban el caos en las calles. Cuchillos y cadenas, además de los propios puños, servían para destruir al oponente, hasta el punto que fuera necesario para triunfar.

Los hombres de Nest, los seguidores de Bloodface y los cómplices de Arlequín transformaban completamente las calles de Delta City en una zona de guerra. Sus líderes, sin embargo, comenzaban a huir. Sólo los pandilleros peleaban, y la gente común seguía oculta, atemorizada por la extrema violencia, la sangre, el caos absoluto en que esa noche estaba convertida la ciudad.

Ni siquiera la policía era capaz de detenerlo, y ya se habían rendido, dejando todo en manos de los vándalos.

De pronto, hubo un pequeño momento de tensión silenciosa. Un ruido provocó que todos los que peleaban miraran hacia arriba. Allí, sobre una de las azoteas, la silueta de las alas de Arcángel se recortaba en el oscuro cielo. Algunos pandilleros huyeron, pero la mayoría comenzó a gritar, desafiando al defensor a bajar y pelear.

Arriba, el héroe dudaba. Quería atemorizarlos con su aparición, pero se preguntaba si debía seguir adelante. Mareado, con su visión borrosa, y un gran dolor en su abdomen, sentía que los músculos no le respondían del todo, y tampoco su mente estaba clara.

Pero la ira era más grande. Tomando aire, y con decisión, Arcángel saltó al vacío, y sus alas lo llevaron rápidamente, directo al centro de la pelea, directo al peligro. Una sola idea rondaba en su cabeza a esas alturas: patear el trasero de todos esos tipos, para que aprendieran la lección de no meterse con él otra vez.

IV

Jake Stone aún no se reponía del accidente. Trataba de olvidarlo mientras trabajaba, restituyendo el sistema de seguridad del Domo, que había sido quebrantado.

Pero en su cabeza daba vueltas su error, y se lamentaba... Aunque no era lo único que daba vueltas. Había un extraño sentimiento hacia Jeremiah Burke. No era odio, pero si había un resentimiento, así como también en contra de Angela. Se sentía injustamente desplazado. Sabía que si él hubiese heredado el manto de Arcángel, no habría cometido errores. No como Jeremiah… el inmaduro y testarudo Jeremiah, que sólo causaba problemas y desprestigiaba el nombre del gran defensor…

Eso pensaba y se lamentaba, confundido y enojado, cuando oyó fuertes ruidos de vidrios quebrándose en las calles cercanas. Los ruidos se multiplicaron, y se oyeron más y más cerca.

Jake se preparó para lo peor, y sacó el arma que llevaba consigo. Pero cuando vio que se trataba de un grupo bastante numeroso de pandilleros armados, tuvo miedo, y prefirió entrar al salón del Domo que daba hacia la calle, el único que estaba abierto.

Pero los tipos lo vieron, y lo siguieron rápidamente, lo cual lo hizo llenarse de escalofríos, y quedarse paralizado por un momento, suficiente para darles la ventaja.

Cuando aún no salía de su estupor, Jake notó que uno de los pandilleros se acercaba directamente a él. Inmovilizado por la sorpresa, no atinó a hacer nada, y un golpe seco en su rostro lo hizo perder la conciencia…


Continúa...
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