4.6.11

Quasar Anual #1 (2011)

"Cacería”
Personajes invitados: Jeff Hunter – Grandmaster.
Historia: Zirijo.


I

- “Siempre para preparar una buena cacería, hay que tener la mejor de las carnadas… algo muy valioso para la presa”- comenta Jeff Hunter a uno de sus socios en el negocio de la venta ilegal de animales exóticos – Es simple, le ofreces lo que quiere tener, y ellos vienen sin saber qué los espera.

- Brillante, señor Hunter – responde adulante – Pero los animales son sólo animales.

- ¿A qué se refiere? – pregunta Hunter, mientras entran a la sala de trofeos de su propia mansión, en el Congo.

- Eso… que aunque me impresiona ver la cabeza la mayoría de los animales sobre la tierra aquí, en su sala, siempre hay un animal más difícil de cazar, uno tan impresionante que es similar a usted, o yo – argumenta el aristócrata que acepta con la cabeza, la invitación a un trago.

- Soy un Cazador, mi estimado, no soy un homicida – aclara Hunter, tomando asiento e invitando a su visita a que lo imite.

- Lo sé, señor Hunter… Pero si le hablo de una criatura… tan poderosa, que tiene aspecto humano…pero no lo es.

En ese momento la curiosidad del cazador más letal del mundo despierta, y mira atentamente a su interlocutor.

- Continúe, por favor… - dice Hunter, luego de que su visita toma un trago del whisky recién servido por uno de los sirvientes de la casa.

- Desde hace no mucho tiempo, los canadienses esconden a un monstruo poderosísimo, y me gustaría poner a prueba sus habilidades antes de darle el dato de la mina de diamantes que se encuentra cerca de aquí.

- Me gustan los desafíos, señor Wörner… En especial cuando la recompensa es tan “suculenta”.

- Usted mismo lo dijo, señor Hunter… a las presas siempre hay que atraerlas con lo que más quieren…

II


En un lugar desconocido de Canadá.

- “Teniente Henry Levesque” – suena desde un radio en la habitación en la que estaba confinado el soldado del ejército canadiense – “Teniente, se le neces…”

- “Él ya no es Levesque, ni tampoco es teniente – interrumpe el General Bernard Mathieu al muchacho de las comunicaciones – Quasar, se te necesita en la base principal, ¡ahora!”.

La arrogante voz del General ya no era sorprendente para Levesque, que lucía como cualquier otro soldado, pero que al escuchar que era llamado “Quasar” por la radio, su figura comenzó a temblar.

Era como si hubiera una especie de interferencia, y de pronto su cuerpo explotó en una gama de colores fulminantes, dejando una figura humana, pero de un tono rojo intenso, ojos de tonalidad amarilla y un inmenso poder. Su rostro seguía abatido, y en su cabeza sólo habían dos cosas: las palabras que le había dicho su novia, Mia, y las órdenes del General Mathieu. Eran órdenes, no podía discutir.

En la sala de la base principal, el General Mathieu caminaba sin parar, dando vueltas alrededor de una pequeña mesa de centro, llena de papeles. De un momento a otros, se siente cómo, a través de una entrada especial, aparece Quasar, descendiendo desde el cielo.

- Era hora que llegaras, no puede tomarte tres minutos venir desde tu habitación hasta aquí – protestaba por el “atraso” de Quásar, ante su llamado.

- Señor, ha cruzado todo el país para llegar hasta aquí – reclama uno de los ayudantes de Mathieu

- ¿Estás cuestionando mi juicio, jovencito? – pregunta sorprendido el General, que no había visto antes a ese soldado.

- No señor, pero…

- Nada de peros, soldadito. Queda relegado de la misión inmediatamente. ¡Guardia! Llévenselo, no tengo tiempo para tolerar este tipo de insubordinaciones – ordena Mathieu, mirando fijamente a Quasar.

- Esto es lo que me haces hacer, Quásar. Todo el mundo te defiende, pero no eres capaz de defenderte por ti mismo. Me das lástima, Levesque – dice el General.

- Lo… lo siento – susurra Quasar, ante la sorpresa del General. Este sólo mira hacia otro lado, desentendiéndose de las palabras de Levesque.

- Lo que te trae hoy aquí, es una misión importante. Hemos recibido un llamado desde el Congo, afirmando que hay una flotilla de armas nucleares que se contrabandean por esas tierras. El Primer Ministro de Canadá está por esas tierras, en un viaje diplomático, así es que necesitamos toda la seguridad necesaria. Debes partir al Congo a interceptar esas armas.

La sentencia de Quásar es clara.

– “Si, señor”.

III

Al mismo tiempo que una gran caravana de camiones circula por una carretera muy alejada en el corazón del Congo, el Primer Ministro de Canadá pisa suelo de ese país, Quasar parte de la base de su país en dirección al continente africano, y Jeff Hunter toma posición entre arbustos a un lado del camino.

- La carnada ha sido lanzada, se ha tentado a la presa y esta no puede resistirse ante tamaña oportunidad. Sólo queda esperar – dice Hunter, instalando las partes de su rifle especialmente modificado.

En el piso a su alrededor, se pueden ver un par de maletines y unos cuantos controles remotos, preparados para el escenario montado por el cazador.

Los camiones siguen avanzando pero un fuerte sonido los preside. Una gran estela roja pasa por encima. Quasar reconoce las patentes de los vehículos, ya que inteligencia de Canadá los había detectado como posibles sospechosos. Se detiene en el aire, y desciende hasta quedar a unos centímetros del piso. Los camiones no se detienen, aún cuando la presencia de Quásar se hace amenazante.

- Perfecto – dice Jeff Hunter, tomando uno de los controles que estaba en el piso – y…. uno, fuego.

Desde uno de los camiones de la caravana se descubre un gran proyectil que se dirigía directamente a Quasar. Este hace impacto, pero del humo, la figura del soldado canadiense sigue inmóvil.

- Como supuse – dice Hunter, mientras presiona otro botón del mismo control remoto.
Esta vez, una bazuca es disparada desde otro camión, en conjunto con varios tipos de municiones. Todos impactan en Quasar, que ni siquiera se inmuta con el estruendo y las explosiones.

Los camiones no se detienen, y actúan como “balas gigantes”, incrustándose en el cuerpo del canadiense. Unos tras otro, todos los vehículos que conformaban la caravana sospechosa dan con Quasar y explotan en conjunto con su carga: explosivos de todo tipo. Pero nada era capaz de dañar al ser rojizo.

- Muy bien… plan “B” – dice Jeff Hunter, que espera hasta que el humo se disipe para apuntar con su propio rifle – Esta joyita me costó mucho dinero...

Una extraña bala se carga en el rifle de Hunter, y es disparada por el experto cazador, dando en el brazo del canadiense. Quasar mira fijamente su brazo y ve como la bala, de a poco, se abre paso por el tejido cósmico que compone su ser.

- Con eso será suficiente. Esa “Bala Cuántica” costó tres veces lo que me costaría una bomba nuclear coreana – dice Hunter, bajando el rifle y esperando la reacción de su “presa”.

Quasar, sorprendido, siente como la bala se aloja en su brazo, explotando dentro de él, y provocándole una extraña sensación, algo parecido al dolor, pero a nivel subatómico. Su cuerpo comienza  a temblar… Quasar implosiona, y el paisaje se ve como si nunca hubiese estado ahí.

- Creo que con eso será suficiente. He grabado todo… tengo las pruebas suficientes para cobrar mi recompensa – dice para sí mismo el cazador, satisfecho por su hazaña.

Pero lo que nadie sabía era que a kilómetros de ahí, y tal como los electrones que giran alrededor de un núcleo atómico, Quasar aparece inconsciente en medio de la jungla. Una gran fogata se encuentra cerca, y uno de los presentes, que medita observando el crispar de las flamas, siente como la conciencia de Quasar entra en su rango de noción.

- Grandmaster – dice uno de quien lo acompaña, viendo como el rostro de su maestro cambia - ¿Se siente bien?

- Si, Gore. Creo que tenemos visitas…

IV

El hombre al que llamaban Grandmaster es un gran psíquico, hábil en la comprensión y manejo de ondas de conciencia. Por su gran poder mental, decidió entrenar en las peligrosas artes del manejo del fuego autogenerado a los radialterados Lanzallamas y Fogata, y reclutando a Gore, formó el grupo “The Resilience”.

Ahora, en la mitad de la selva del Congo, ha encontrado a un ser tan poderoso que sus ondas mentales son débiles ante él. El cuerpo de Quasar pulveriza todo rastro de vida a su alrededor, ya que en su estado de inconsciencia no puede controlar ningún aspecto de su gran poder. Una potente luz roja adorna el cuerpo del caído, lo que hace más fácil que sea ubicado.

El cuidado y la cautela regían los movimientos de Grandmaster frente a este poderoso ser aparecido de la nada. Todos sus sentidos buscan algún tipo de movimiento, algo que indicara si estaba vivo o muerto. Su cuerpo no se movía y respirar no era una preocupación  para este ser de poder prácticamente ilimitado.

- Debe tener algún rastro psíquico si es que murió hace poco. Podré saber quién es, y dar aviso si es que lo están buscando – dijo para sí mismo, pero en voz alta, Grandmaster.

Toma posición de meditación a la altura de la cabeza de Quasar y pone sus manos en lo que parecen sus sienes. Realiza un esfuerzo mental para poder hacer contacto con su psiquis. La energía que contiene Quasar en su cuerpo es tanta, que genera una fuerte barrera, que ni siquiera las ondas de conciencia pueden atravesar fácilmente, ya que todo su ser hace interferencia con su mente.

Grandmaster construye un puente psíquico entre su conciencia y la mente de Quasar, poniendo barreras de pensamiento ante el ajetreo en que se aloja su conciencia. Al llegar a algo parecido a lo que podemos llamar mente, Grandmaster presencia un espectáculo de ondas, vigorosamente vibrante y frenéticamente activo: luces, ideas, imágenes, significados, recuerdos, visiones, todo mezclado y chocando entre sí.

El líder de “The Resilience” es conmovido por los recuerdos de Quasar, su origen, su pérdida y su actual condición, y tras un arduo trabajo de orden, vinculación y  fragmentación de los pensamientos del ex Teniente Henry Levesque, da con un espacio dentro de su compleja mente… Un espacio que no podía ser llenado con nada, porque era infinitamente inconmensurable. Vasto y profundo, como el universo mismo, se ve como un gran vacío. Grandmaster trae hasta ese lugar un pensamiento de Quasar.

- “Pensar” – ordenó, con el fragmento de una idea de Levesque.

Ante tal hecho, se produjo un desencadenamiento en masa, y por un momento todo el orden que había puesto Grandmaster, peligró. De aquel lugar vacío aparecieron incontables nuevos pensamientos, recuerdos… pero recuerdos futuros.

No tenían sentido, y ni siquiera estaban conectados unos con otros. Se le presentó el universo, el nacimiento del tiempo y el espacio, estrellas más allá de lo conocido y mundos tan distantes que escapaban a la imaginación. Vio átomos, células, criaturas de mundos distintos, todo y nada al mismo tiempo. Se vio a si mismo ayudando a Quasar, y al final, vio una gran destello blanco, que brotaba de una figura humana.

V

Cuando Grandmaster abre los ojos, ve como el color de Quasar cambia. Se vuelve un tanto más opaco, y se incorpora inmediatamente. El recién recuperado canadiense observa a su alrededor, y queda mirando fijamente a Grandmaster.

- ¿Usted pertenece al ejército de Canadá? – pregunta inmediatamente Quasar, al hacer contacto visual con aquel extraño sentado en el piso.

- No, Henry. No pertenezco a ningún ejército – contesta el líder de The Resilience.

- Entonces, debo irme – dice Quasar, sin prestar atención a que Grandmaster lo llamó por su nombre.

El rojizo soldado emprende el vuelo, dejando atrás la tupida selva, a Grandmaster y a su misión inconclusa.

Cuando Grandmaster regresa al campamento, Lanzallamas es quien lo espera.

- Maestro, nos dijeron que partió muy temprano al amanecer, y ya ha caído el sol – le comenta a su maestro y líder.

- Estaba ayudando a un dios, Daniel… Sólo estaba ayudando a un dios.


Fin… 
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