13.7.11

Quick #3

"Malas Vibraciones" (3 de 4)
Historia: Jairo Guerra

I

Llevaba al menos dos semanas como un humano normal, y ya lo odiaba. Roy (ya no Quick) caminaba a la parada del autobús, caminaba del autobús a la escuela, caminaba a su pupitre y estaba estático por horas y horas, viviendo la peor de las pesadillas de un velocista: vivir la lentitud de una persona común.

Se arrepentía profundamente de haber renegado en un momento del don que se le había dado. Qué daría ahora por una carrera sobre la tensión superficial del agua, sentir incluso aquella vibración molesta que lo invadió en el último mes. Ahora todo era ralentizado, como visto en cámara lenta.

Pero algo lo atormentaba aún más. Aquel hombre en esa habitación, aquel que había detenido su vibración y luego, lo había enviado de vuelta a su habitación. Había una extraña conexión, algo relacionado con el origen de sus poderes y el del hombre misterioso.
¿Pero con quien consultar algo así? La comunicación entre los miembros de Defensores Unidos estaba botada hace semanas, estaban ocurriendo extraños sucesos en el mundo, quizás su crisis tenía que ver con esto… Era todo, todo tan extraño y molesto, se sentía tan impotente… Shark ya se lo había dicho, la época de la pubertad es un balancín hormonal…

Su cabeza era un remolino, deseaba escapar a este sueño, esta pesadilla, y la única salida, eran respuestas. Y sólo tenía preguntas.

 
II

Recostado en su cama, estaba Drake. Un hilillo de sangre le corría de los oídos, los ojos y las fosas nasales. Un gesto de intenso sufrimiento marcaba su cara. Buceando las ondas que circunvalan la esfera terrestre, parece no encontrar lo que busca.

Hay algo. Hay una barrera. Un límite. ¿Será el límite de su habilidad? ¿Tiene un alcance, como una antena? Quizás es la gravedad del planeta, quizás es la magnetósfera que le impide avanzar más allá. Lo que sea lo está frenando en seco, pues ya está completamente seguro de que aquello no está en la Tierra; la ha recorrido mil veces ya, pero no hay rastro de lo que busca. Sus captores, los que le hicieron lo que es, están afuera, en la infinita galaxia. Pero para saberlo con propiedad, debe forzar su cerebro más allá.

Y así empezó a empujar su mente; a taladrar la muralla que le cerraba el paso.

Por cada golpe (mental) que daba, su cuerpo sufría un pequeño espasmo, doloroso y agudo. Pero la llave de las respuestas está al otro lado, se decía y volvía a embestir.

Durante horas, su mente se estrelló contra el muro. Hasta que de pronto, cedió. Y rápidamente, avanzó.

El colapso fue total. Sus sentidos chocaron, se confundieron, se mezclaron, se apagaron y se encendieron intermitentemente, a la vez que su mente se adentraba en algo completamente extraño, algo sublime, superior a todo lo que había explorado. Millones de sonidos sintió con sus oídos, sus ojos, su piel, todo su ser vibraba a la par de constelaciones de ondas, en una experiencia sinestésica sin precedentes. Sentía que avanzaba, sin embargo, sumergiéndose en las profundidades de mundos desconocidos; pero la opresión en su cabeza no podría soportarla mucho más.

Y los oyó. Los vio. Los sintió. Pero no tenía sentido: la ubicación de los malditos, era allí, en la Tierra.

III

La imagen de Drake retorciéndose de dolor se congela. Una mano toma la imagen y la guía a través de la pantalla líquida a una carpeta con otras imágenes congeladas de Drake, ordenadas por fecha y con pequeñas anotaciones.  Junto a la última, aparece:

“Fase final. Viaje completo. Sujeto no resistirá físicamente. Se anticipan dos o tres experiencias más antes del colapso”.

- Pronto debemos cosecharlo.

- Mientras antes, mejor. Es el único que ha resistido un viaje y no ha muerto. Sus características deben ser replicadas.

- Pero está demasiado dotado de voluntad. Nos encontró, recuérdenlo.

- No importa, no tiene ni la más mínima idea de lo que está haciendo, ni forma de llegar físicamente hasta aquí.

La pantalla liquida se desvaneció. Una tenue iluminación permitía ver una silueta, de la cual parecían emanar todas las voces.

- Ahora queda encargarse del velocista.

- Sus personalidades están siendo trabajadas, no tengan dudas de que una vez anulado completamente, el control sobre su poder será nuestro.

No hay signos de nada más. La luz tenue se desvanece, y todo queda en oscuridad.

IV

Drake vomita en la losa del baño. Se ha levantado a duras penas, sintiendo que sus huesos se han separado y vuelto a juntar. Pero aún con todo el dolor físico, no puede dejar de pensar en el sin sentido que acaba de experimentar. Su mente ha barrido demasiadas veces el planeta, es imposible que se le haya escapado… no, algo más acababa de suceder; alguien lo había rastreado y lo había drogado… no, es demasiado elaborado y bastante improbable; además no tendría sentido confundirlo de esa manera, por qué no matarlo solamente… ¿qué significaba todo esto?

Vuelve a vomitar, siente que se desvanece pero no puede perder tiempo. Debe recomenzar su búsqueda, ir a ese lugar e inspeccionarlo, debe comprobar por sí mismo si sus trastocados sentidos lo han engañado.

Se lava la cara, y se dopa con ibuprofenos. El lavamanos se mancha con restos de sangre y bilis. Apoyado frente al espejo del baño, cierra los ojos y se concentra; su mente recorre las autopistas de información y llega al lugar. No hay nada. Sus recuerdos son escasos, pero claros: este es el lugar geográfico exacto, pero no el que sintió hace un rato. ¿De qué se trataba todo esto?

Hizo la desconexión mental y se desplomó. Un último pensamiento lo asaltó antes de desmayarse sobre la fría losa:

- Quick…

V

El mar estaba tranquilo. Shark se mantenía suavemente con la mitad cuerpo sobre la superficie. Roy lo miraba desde un bote alquilado.

- Y entonces, ya no corres más.

- Ni diez metros sin agotarme.

- ¿Nunca te había pasado antes?

- Sólo el descontrol del que te hablé la vez pasada. Pero nunca a este nivel… nunca al nivel de humano normal…

Shark lo miró compasivamente.

- Mira chico, agradezco que hayas venido y confiado en mí, pero no puedo serte de mucha ayuda. No puedo devolverte los poderes, ni menos hacer que alguien te los devuelva… no funciona así.

- Entiendo. Pero gracias de todos modos. Es bueno poder hablar de esto con alguien.

- Roy, espera… ¿tú no sabes cómo obtuviste tus poderes?

- La verdad, recuerdo haberlos tenido siempre. ¿Tienes alguna idea?

- Podrías pedirle a Oliver que te ayude a desenredar tu pasado… quizás obtengas alguna respuesta en algún punto de tu concepción o de tu niñez temprana…

- Eso haré… gracias de nuevo… Shark.

- Sólo Alan, chico.

Mientras remaba de vuelta a la bahía, Roy tuvo una extraña sensación. Algo no estaba bien. ¿Por qué le estaba sucediendo esto a él? ¿Que tenía de especial un chico que puede correr muy rápido? Alan, Oliver, Defensores Unidos, a nadie parecía importarle o interesarle. Sintió una opresión en el pecho, su respiración se hizo rápida y anaeróbica, sus músculos comenzaron a tiritar. Una desazón increíble lo invadía, sentía el peso de los problemas que caía sobre sus hombros…

Y entonces, como flashes de información, recuerdos comenzaron a llenar su mente: una sala, manos, agujas, mucha, mucha electricidad, un hombre sin rostro…

Cayó de bruces sobre el fondo de la barcaza, sujetándose la cabeza con las manos, sintiendo que todo perdía sentido a medida que su cerebro volvía a sus revoluciones normales (normales para un velocista): ¿cómo había encontrado tan fácilmente a Shark? ¿Por qué Oliver había estado tan distante durante estas semanas, sin siquiera referirse a lo que estaba sucediendo? ¿Qué sucedía con Defensores Unidos? ¿Por qué dio por sentado que no lo ayudarían, como si existiese alguna clase de problema superior, sin mayor explicación?

Un grito de dolor llenó la sala, seguido del estallido de la máquina atada a su cabeza. Sus ataduras plasmáticas se fueron deshaciendo a la par que su velocidad vibracional volvía. Una luz apareció frente a él y una voz gimió:

- ¡Está escapando!

Roy no dudó ni un segundo. Completamente consciente de que había recuperado su poder, comenzó a correr… pero la sala oscura parece no tener fin. Acelera y siente su cuerpo estremecerse. La voz continúa exclamando:

- ¡Idiota! Destruirás este mundo si comienzas a desplazarte.

Roy no estaba dispuesto a escuchar, aunque la voz parecía realmente asustada; sin embargo, había una forma de salir. Se detuvo en seco, sólo para comenzar a hacer vibrar el suelo bajo sus pies. Si lograba destruir el piso, las paredes caerían y sería libre.

- ¡No permitiré que destruyas decenios de investigación y progreso! Ya me ocuparé de ti más tarde. Pero ahora… ¡te largas de aquí!

Un rayo salido de quien sabe dónde, golpeó a Roy en el pecho. Sintió que su ser era absorbido por un vórtex…

Estaba afuera. Era un desierto. No estaba ni remotamente cerca del lugar que intentó destruir segundos atrás. ¿Qué demonios es todo esto?, se preguntó. Pero lo primero era lo primero: debe comprobar que no todo es una ilusión. Y enfiló hacia su casa.

La sensación de correr de nuevo era maravillosa, dio un par de vueltas al globo, sólo para percatarse de que nada era como lo recordaba; la pesadilla parece estar lejos de terminar.

Llega a su ciudad. O al menos al lugar donde solía estar su ciudad. Los edificios, las calles, las personas, se parecen, pero hay algo, algo que no está bien.

Su casa. Está distinta. No es el color, no es el pasto nuevo, no es la puerta oxidada, no es el barrio. Con temor entra por la puerta de atrás, distinta también.

- Oliver.

- ¿Quién eres tú y por qué entras aquí?

Oliver lo miró con extrañeza y desconfianza.

- Soy yo, Oliver. Soy Roy.

- No me llamo Oliver, y en mi vida te he visto antes.

VI

Drake estaba ahora seguro. Ni los bastardos ni Quick están en el planeta Tierra. Pero lo que vio era muy parecido a ella. No había otra manera, más que superar la barrera de nuevo.

Se concentró y avanzó hasta toparse con el muro, pero esta vez no le costó abrirse paso a través de él; era como si recordase su presencia y no le ofreciese la misma resistencia. Experimentó la sinestesia, si, pero su campo de acción estaba mucho más calmo, y todo el proceso fue muchísimo menos doloroso.

Su mente comenzó a barrer las infinitas señales. Habían algunas que parecían repetirse: tenían misma longitud de onda, amplitud y frecuencia, pero su módulo, la información que procesaban cada una de ellas era distinta, similar pero definitivamente distinta. Era como encontrarse con un cardumen de peces: todos parecen similares pero sabes que intrínsecamente todos son distintos.

Fascinado por este nuevo descubrimiento, aún sigue sin entender esta nueva multiplicidad de señales… ¿estaría acaso adentrándose en planetas y galaxias lejanos?

- No, Drake. Sigues en la Tierra.

Esa voz. Lo hizo estremecerse.

- Su evolución ha sido fantástica. No pareces deteriorarse con el paso de los viajes, aunque tu organismo ha resentido tu propia falta de cuidado. Tendremos un mayor uso para ti ahora. Sin embargo, esa maldita voluntad tuya es un problema.

Si hubiese podido oír, Drake hubiese escuchado su propio grito de dolor, agudo y larguísimo. Instantes después, la cama donde yacía se encuentra vacía.


Concluye…
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