9.4.11

Quasar #10

“Star Crusade” (1 de 3)
Historia: Rodrigo Roa

I

Henry Levesque ya no disfrutaba volar. Cuando lo hacía, casi no lo notaba, ya que sólo le tomaba segundos desplazarse de un lugar a otro, desmaterializando su cuerpo para convertirse en un haz de luz muy brillante, para luego volver a su composición natural en su lugar de destino.

Tal era el alcance de sus poderes, y tales eran las consecuencias que ellos causaban en su psique.

Todo parecía plano y decepcionante a sus ojos. Le parecía que podía ver a través de las cosas, comprendiendo todas sus complejidades, y volviéndolas absolutamente pequeñas y prescindibles. Pero al mismo tiempo existía en él un dejo de desesperación, al descubrir y comprender la existencia de otras complejidades, mayores, de nivel cósmico, inaccesibles para una mente que aún, en algún nivel, era humana.

Se sentía atrapado entre un mundo demasiado pequeño y fútil, casi absurdo, y un universo demasiado vasto e inaprehensible, pero que se abría a sus ojos casi como burlándose de su conciencia.

Se sentía conectado con el cosmos, casi como su hijo bastardo, pero su carácter actual tenía más que ver con su desconexión absoluta de todo lo humano, que había comenzado en el momento exacto del extraño accidente que lo transformó en Quasar.

¿Accidente? No podía asegurar que lo haya sido… Y ahora mismo, que se preguntaba por su lugar en el universo, había una duda mucho más visceral, que se apoderaba de sus pensamientos: “¿Qué soy? ¿En qué me he convertido?”.

II

Tras un corto “vuelo”, Quasar llegó al lugar exacto donde se había detectado una gran firma de energía similar a la Cor.

Usando sus habilidades, pudo distinguir que aún existía el rastro energético, pero que aparte de eso, no existía pista alguna de lo que allí había ocurrido.

- General. Quasar nos ha enviado datos que ha recogido en el lugar, pero no tenemos más pistas – explicó uno de los científicos militares al General Bernard Mathieu – Lo único que hemos descubierto es que la energía penetró en la atmósfera en una trayectoria que parece indicar que provenía desde el espacio profundo, aunque no sabemos desde qué distancia.

-Mmm…  Ordénenle a Quasar que siga esa trayectoria – dijo el General, tras reflexionar un momento – Que busque su origen con esos poderes tuyos… ¡Y más le vale que lo encuentre!

Una vez transmitidas las órdenes, el General se retiró, pensando secretamente en dejar a Quasar “jugar”, el tiempo suficiente para que la tensión disminuyera, y traerlo de vuelta en el momento preciso en que los planes de su gobierno lo requirieran…

III

Quasar rastreó la ruta trazada por la firma energética, y descubrió que, además de la trayectoria de entrada, había una ruta de salida, mucho más fresca, y que incluso iba hacia la ciudad de Detroit.

Ya tenía claro que se trataba de Energía Cor, y apenas recibió la orden de su superior, emprendió vuelo hacia la atmósfera, y más allá.

Al ver las estrellas, recordó el momento de su transformación. También vinieron a su mente, una vez más, algunas memorias de sus sueños de juventud, de sus amigos Jean y Jacques, de su padre, y de Mia… pero eligió dejarlos de lado, antes que crecieran, y se enfocó en su misión.

El rastro lo llevó hasta la Luna, donde la firma de energía parecía concentrarse. Un poco más lejos, detectó rastros de varios otros tipos de energía, como si allí hubiese ocurrido un combate. Siguió esa ruta, que se mezclaba con el reciente recorrido de lo que parecía ser algún tipo de vehículo espacial, o de varios de ellos, y siguió adelante, a una velocidad increíble, tal como se lo permitían sus habilidades.

Una vez que se hubo alejado lo suficiente de la Tierra como para perder todo tipo de comunicación, se detuvo, aterrizando en un pequeño asteroide.

La energía ya era tenue, y se dispersaba en la vastedad oscura. Trató de presionar al máximo sus poderes, pero apenas daba con lejanos y múltiples trayectorias de Energía Cor.

Sin embargo, había algo en la profundidad del espacio, que lo llamaba a continuar. No era una voz, ni algún tipo de señal, sino que simplemente sentía que debía hacerlo, que algo lo esperaba en algún punto del infinito…

No lo pensó más, y una vez más emprendió vuelo. Viajó cruzando años luz, dejando atrás estrellas que nunca antes había visto, y buscó un lugar donde detenerse. Cuando lo hizo, en medio del vacío, asomó en él un leve temor a lo desconocido, a la profundidad que veía en todas direcciones.

De pronto, el movimiento de un objeto a la distancia, llamó su atención. Una pequeña cápsula de metal, similar a un pequeño cohete espacial, se acercaba rápidamente hacia allí.

Un momento más tarde, frente a sus ojos, se abría una escotilla, y desde adentro, emergía un extraño alienígena, con rasgos similares a los de un insecto. Provisto de un extraño aparato en su boca, pudo comunicarse con Quasar.

- Henry Levesque de la Tierra. No sabes cuánto placer siento al ver en lo que te has convertido – dijo el alien – Todos nuestros esfuerzos no han sido en vano…

Quasar no podía entender lo que oía. ¿Cómo era posible que, a tanta distancia de su planeta, alguien lo conociera, llamándolo incluso por su nombre real?

- Ven… ven conmigo -  continuó la extraña criatura – Déjame mostrarle a todos el resultado de milenios de investigación.

Pero no obtuvo respuesta. Pasaron los minutos, y Quasar sólo lo observaba, sin saber qué hacer.

Entonces, perdiendo la paciencia, el extraterrestre tomó otro dispositivo, y presionando con sus dedos en algunos puntos, la cápsula expulsó una extraña malla de luz, que inmovilizó a Quasar, y de inmediato apagó su conciencia. Ahora, todo era oscuro…


¡Continúa en "STAR CRUSADE" #12 y en "QUASAR" #11!

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