19.3.11

Star Crusade #11

“Puertas”
Historia: Rodrigo Roa.

I

La nave de la Policía InterPlanetaria en la que se transportaba al recientemente capturado Nurlabe, ya estaba en el radio de comunicación de la torre de control de la Prisión de Alta Seguridad, pero extrañamente, aún no podían entrar en contacto con ella.

Overtaker, Var-Sokk y Will Bowman comenzaban a preocuparse por esto.

- A estas alturas ya debimos recibir la solicitud de identificación y el código de acceso… Pero ni siquiera responden a nuestros llamados – explicó el Comandante de la Policía -  Esto no es normal… Prepárense para alguna sorpresa…

- Señor… - interrumpió uno de los oficiales que los acompañaban – Hemos detectado la señal de dos naves alejándose de la Prisión.

- ¿Alejándose? – preguntó Overtaker, extrañado.

- Sí, señor. Despegaron hace pocos ciclos… Pero lo más extraño es que la señal parece ser enviada a propósito, como si quisieran dejar rastros de su trayectoria… - explicó el oficial.

Var-Sokk y Overtaker compartieron una mirada de gran preocupación. La humareda que vieron salir desde la Prisión, cuando se acercaron a su micro-atmósfera, confirmó sus temores.

- ¡Rastreen esas señales, y no las pierdan! – ordenó el Comandante – Mientras, aterrizaremos y averiguaremos que sucedió aquí… ¡Preparados todos!

De inmediato, la nave policial aceleró hasta aterrizar en la Prisión, y los policías, junto a Var-Sokk y Will Bowman descendieron, con un escalofrío en sus cuerpos, al ver la destrucción del lugar.

- Sólo pido una cosa... – susurró el defensor de Surn – Que Tak no haya escapado, por favor…

II

Planeta Tenrhant, Sistema Alpha Centauri.

El camino hacia la Mansión Resplandeciente de Renhn era prácticamente el ascenso de una colina, hasta llegar a un sector plano lleno de vegetación.

Al observar el lugar, quedaban claras las grandes diferencias de clase entre estos “Magnates”, y el resto de la población del planeta, algo que llamó profundamente la atención del Capitán Estelar.

- Jamás vi estas diferencias tan radicales en un mismo planeta… - comentó, sorprendido.

- No todos los mundos son tan hermosos y justos como el tuyo – respondió Arubal, con algo de sarcasmo y mucha pesadumbre.

- ¡Hemos llegado! – dijo de pronto el Mercader que los guiaba – Este el lugar del que les hablé, y aquí encontrarán a los betrixs más ricos de este mundo… Quisiera ser como ellos... He-he…

- Llévanos ante ellos, te pagaré entonces – le exigió Arubal, con una seriedad tal, que al Mercader no le quedó otra opción que acatar sin discusión, a pesar de su disgusto.

Siguieron caminando hasta llegar frente a una enorme puerta, adornada con perlas y otras piedras preciosas. El Capitán se adelantó a tocar, y tuvo que hacerlo con fuerza para provocar algún sonido en un trozo de madera tan imponente.

Al poco rato, un extraño alienígena, muy delgado y alto, les daba la bienvenida, presentándose como el mayordomo de los Magnates de Renhn.

- ¿En qué puedo ayudarles, señores?

- Necesitamos hablar con sus amos. Acerca de unos… cristales, que ellos han encontrado recientemente – explicó Capitán Estelar.

- Mmm… Ya veo… - el mayordomo meditó por un momento - Me temo que ellos no podrán recibirlos porq… - pero Arubal lo interrumpió con violencia.

- ¡Al diablo con lo que pienses! Nos recibirán, ¡ahora!

III

Overtaker fue el primero en recorrer los pasillos de la Prisión. Si bien algunos guardianes del lugar estaban ilesos, y buena parte del lugar seguía prácticamente intacto, le llamó la atención el nivel de destrucción de la central de comunicaciones, y del ala de Alta Seguridad del recinto.

Tal ataque sólo había podido ser perpetrado por seres tremendamente poderosos, con el nivel suficiente para superar las medidas de seguridad y destruir las barreras del sector.

Los guardianes, que trataban de poner en orden el resto de la Prisión, les narraron el ataque y su impotencia frente a él. Pero también les explicaron que sólo dos celdas habían sido vulneradas: las de Seed Breem… y la de Tak.

- ¿Quiénes fueron?

- No reconocí a su líder… pero el resto… eran ellos… los Guerreros Más Peligrosos del Universo.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de varios de los presentes, al escuchar esas palabras y esos nombres. Un silencio sepulcral se hizo en la sala de comando durante este corto diálogo, que solo fue interrumpido por la llegada de un par de policías.

- ¡Comandante! Hemos identificado la ruta de las naves que escaparon de la Prisión… Se dirigen a Nulm.

Overtaker se puso en acción de inmediato, y ordenó a todos subir a las naves. Will Bowman no entendía del todo lo que pasaba, así que se acercó a él.

- ¿Qué es Nulm? ¿Y quién es Tak?

- Nulm es el planeta más hermoso del universo. No dejaremos que estos sujetos lo arruinen… - respondió mientras seguía caminando, sin mirarlo – En cuanto a Tak… ¿recuerdas la Guerra Universal, y el ataque de los Umnitas a la Tierra?... Creo que no necesito decirte más…

Will recordó el caos de esos días y el peligro que vivió el mundo a manos de los Umnitas y sus aliados. Comprendió la gravedad de la situación, y se propuso ayudar, como fuera.

Poco después, las naves volaban a toda velocidad, rumbo a Nulm, en busca de los enemigos más peligrosos que pudiesen haber encontrado.


IV

Planeta Tenrhant, Sistema Alpha Centauri.


- ¡Señor, lo siento!… No pude detenerlos – explicaba a la carrera el mayordomo a uno de los Magnates, que estaba sentado en el centro de la sala de estar de la enorme Mansión Resplandeciente.

Capitán Estelar y Arubal, acompañados por el Mercader, no hicieron caso al sirviente, y se plantaron frente al Magnate. El defensor de Eburan habló con seguridad.

- Señor, hemos venido desde muy lejos, por encargo del Consejo InterPlanetario. Nos han encomendado la misión de recolectar todos los Cristales de Energía Cor esparcidos por el universo. Hemos recibido información relacionada a que usted se encuentra en posesión de algunos cristales, y debemos pedirle amablemente que los entregue a nosotros.

Mientras decía esto, Arubal recorrió con la vista el salón donde se encontraban. Todo era lujoso y brillante… demasiado brillante. Mirando con atención, identificó Cristales de Cor en las lámparas, vajillas, floreros, las decoraciones de las sillas e incluso, la vestimenta del betrix que tenían enfrente.

- Capitán… - le susurró, indicándole con un gesto lo que había observado. El héroe miró alrededor, y quedó sorprendido.

Mientras, el Magnate se levantó, mirando a los visitantes reflexivamente, y comenzó a explicar.

- Mi compañero y yo hemos encontrado estos Cristales en los alrededores de la región de Renhn, la cual nos pertenece por completo – dijo, pausadamente, pero con seguridad, tratando de demostrar cierta superioridad – Por lo tanto, si éstos vienen desde el vacío del espacio exterior, y caen en los límites de nuestra propiedad, ¿no pasan a ser nuestros también? ¿O acaso ese Consejo que supuestamente los envía se ha arrogado la posesión del espacio y los planetas en él?

- Mi compañero tiene razón – dijo el otro Magnate, que hacía ingreso al salón en ese momento – Y supongo que, de ser así, tendrán ustedes algún registro o papel en el que se establezca esa posesión…

Arubal y el Capitán se miraron entre sí, un tanto desconcertados. No sabían qué responder. El primer Magnate continuó, con su tono “elevado”, “superior”.

- Muy bien, pues… si no hay nada con lo que puedan probar su punto, hay otra circunstancia que nosotros si podemos probar. Ustedes están ilegalmente en nuestra propiedad. Nuestra seguridad se encargará de ustedes...Pero, por favor, no ensucien la platería ni las alfombras. Adiós.

Desde las diversas puertas que daban al salón, comenzaron a entrar betrixs de gran envergadura, vestidos de negro, y con armamento que también tenía Cristales de Cor incrustados, aunque esta vez como fuentes de energía.

El Mercader huyó despavorido. Arubal y el Capitán se vieron acorralados por más de una decena de hombres. Pero la batalla sólo acababa de comenzar…

V

Nishke estaba impaciente. La ansiedad por llegar lo había atormentado por horas, y ahora que estaban arribando, parecía haber aumentado.

Nadie nunca había llegado hasta allí sin autorización previa. El Consejo InterPlanetario era sólo un mito para los habitantes de muchos mundos, y sólo unos pocos habían tenido contacto directo con alguno de sus miembros.

Pero Nishke y el Oficial Lurk creían tener algo grande entre manos, así que su atrevimiento valía la pena. Habían descubierto la identidad de los atacantes involucrados en diversos enfrentamientos con la Policía y sus aliados… aunque resultaron pertenecer a una raza “no registrada”… ¿Cómo era eso posible, si se suponía que todos los planetas estaban representados en el Consejo?

Ellos debían tener las respuestas. Ya era suficiente de juegos.

Una vez allí, en el “Lugar Sin Nombre”, sólo una puerta gigantesca les dio la bienvenida… ¿Cómo entrar?

- Muy bien, Lurk. No se me ocurre otra forma, así que me ayudarás a empujarla – dijo Nishke.

- ¿Empujar? – el policía se sorprendió por la petición de su acompañante, pero accedió. Si ya había llegado hasta allí, no podía acobardarse ahora.

Ambos comenzaron a presionar con fuerza, pero las puertas no se habrían, y parecían inmóviles. Siguieron intentando, pero nada. Nishke usó toda su fuerza, y recién entonces un leve sonido indicó que era posible.

Pero recién cuando recordó el sangriento ataque de Nurlabe a él y a sus aliados, ahora caídos*… sólo entonces, cuando la furia se hizo presa de su emocionalidad, logró mover las puertas.

- ¡Eso es, Lurk!… ¡sigamos así! – poco a poco, mientras la rabia y la impotencia crecían, la enorme construcción fue cediendo, hasta que ya no quedó obstáculo frente a ellos.

Una profunda luz apareció al otro lado. Una figura los esperaba.

- Bienvenido, Príncipe de Uda. Soy Cludvor, miembro del Consejo, representante de tu planeta. He sido enviado a recibirlos, ya que han probado la urgencia de su petición. Y sólo para quienes realmente lo necesiten, estarán abiertas las Puertas Milenarias. ¿De qué manera puedo ayudarles? – dijo.

- Necesitamos hablar con el Consejo, ¡ahora!

VI

En algún lugar de la constelación Ursa Maior.

Tres seres entran en una moderna habitación, llena de aparatos tecnológicos ultra avanzados, pantallas y circuitos. Uno de ellos, de figura insectoide, digita una instrucción en una pantalla a su derecha.

A cierta distancia, una compuerta obedece la instrucción, y comienza a abrirse, dejando ver una especie de ventana gigantesca.

- Es una cantidad… considerable. Creo que sirve a nuestros propósitos. Podemos avanzar a la siguiente fase del plan, ¿no lo crees, Rangg? – dice uno de ellos.

- Estoy de acuerdo, Stalokh. Todo ha salido como estaba previsto: las distracciones, la recolección… Dejemos que las cosas sigan su curso, mientras nosotros procedemos a lo nuestro… -  respondió el que era su líder, para luego mirar al que había abierto la compuerta - Gracias, Bumasunoliumbh. Puedes cerrarlas.

Al otro lado de la ventana el brillo era casi cegador. Allí podía verse una esfera de Energía Cor, descomunal… y peligrosa.


Continúa…
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* En Star Crusade #4

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