12.3.11

Arcángel #8

“Ángel Negro” (Parte 2 de 2)
Historia: Jairo Guerra & Rodrigo Roa.

I

Alrededores de Ciudad Costera, Eria.

Arcángel había pasado las últimas cuatro semanas buscando a un tipo que ni siquiera le simpatizaba. Pero sabía de su importancia, de su inteligencia y de cuánto había ayudado a construir el legado del traje que ahora llevaba puesto.

Había volado por horas desde Delta City, y luego había pasado un par de días interrogando al bajo mundo de la ciudad. Al fin creía tener la pista final sobre el paradero de Jake Stone, asistente de Angela Jamseck y co-creador de los implementos que él mismo usaba.

Los responsables no podían ser nadie más que Serpentario y su organización, Nest, aprovechando el caos durante la reciente guerra de pandillas*. Jeremiah estaba cansado de oír de ellos y de otros como ellos, harto de que la vida en su ciudad estuviese en manos de tales escorias.

Se aproximó a uno de los galpones donde Nest almacenaba las armas que recibían de contrabando, y abrió las puertas con violencia. Estaba dispuesto a matar dos pájaros de un tiro: el contrabando y el paradero de Stone.

Iluminó el lugar con una bengala, y comenzó a buscar.

Estaba completamente seguro de que el hombre que buscaba estaba allí.

II

Hace 3 días.


El rostro de Jake Stone ya no reflejaba temor. El miedo era un estado que parecía estar quedando atrás.

Las constantes visitas de Serpentario y las horrendas condiciones del lugar donde trabajaba, parecían haber endurecido su carácter, llenándolo de desesperanza e ira contenida. Sus nervios casi no respondían a estímulos, ya era natural para él vivir en la oscuridad y en la soledad de aquel lugar, dedicado el 100% del tiempo a trabajar.

Su mente ya casi no pensaba en escapes o rescates. Estaba enfocado en sus dos ocupaciones, ambas relacionadas con el Erebo que manipulaba tan grácilmente. Por un lado, las avanzadas armas exigidas por su secuestrador. Por otro, su gran proyecto… El casco ya estaba operativo, la armadura tenía forma… las alas eran el toque final.

Sumergido en sus pensamientos, como estaba, no notó la presencia repentina de Serpentario detrás de él.

- Me gustaría saber cuál es su verdadero plan, Sr. Stone… Por lo visto, sus días aquí han cambiado un tanto su apreciación de las cosas… - dijo Serpentario, con su voz sibilante.

Stone se sorprendió, porque no esperó que conociera su secreto tan pronto. Pero se llenó de un valor que antes no había conocido, pensando quizás en sacar provecho de su desventaja… a pesar de que no tenía fundamentos para creerlo así.

- Yo… he estado trabajando… en las armas que me pidió. Si, lo hice, he cumplido. Pero también… Bueno, también he estado… creando otras… otras cosas… que podrían ser… útiles…

- Ya veo… - replicó el villano – Eso me recuerda que usted aún no ha cumplido con una parte de su trato… En lugar de darme los planos del traje de Arcángel… se ha construido uno propio, con el Erebo que yo le he conseguido para nuestras armas…

El miedo volvió a Jake Stone. No supo que responder a esa afirmación, porque sabía que era la verdad, y sabía las consecuencias de eso.

- Técnicamente… - continuó Serpentario -  ese traje y esas alas que usted tiene ahí, me pertenecen, ¿no? Y técnicamente… usted merece un severo castigo…

Retrocedió unos pasos, temiendo lo peor, recordándose a sí mismo al cobarde Jake Stone del pasado, ese que sólo tenía valor frente a una computadora o algún trozo de metal y cables. Serpentario no se movió, y su expresión denotó cierta alegría bizarra, casi incomprensible. Prosiguió.

- Pero todo esto me ha dado una idea mucho mejor, a la que usted no podrá decir que no… - el sonido susurrante, metálico, de la voz del villano se había acentuado, y ya sacaba de quicio a Jake – Eso, si quiere conservar su vida, por supuesto…

- Esc… Escucho…

- Terminará las alas. Se pondrá el traje. Trabajará para mí. Será mi propia “arma alada” – una sonrisa siniestra cerró la última frase, para luego adoptar una actitud más dura – Mira… dices conocer los secretos de Arcángel, ¿no? Pues, tráeme pruebas… su identidad o algo así… Y serás recompensado largamente… ¿Me hago entender?

Jake sintió un escalofrío… Pero pronto, reconoció otra idea en su cabeza… curiosidad.

III

Alrededores de Ciudad Costera, ahora.


El único sonido que se escuchaba eran los golpes, y lo único que se veía era el color metálico de las alas desplegadas de Arcángel.

Sólo un hombre se mantenía de pie, aunque a duras penas. El defensor lo cogió de sus ropas y lo arrinconó con rudeza contra la pared.

- ¡¿Dónde está Stone?!

- Eres… un… estúpido… - recibió como respuesta, acompañado por un escupitajo.

Un potente golpe en el rostro bastó para dejarlo inconsciente, y para liberar la ira que sentía Arcángel.

Había caído en una pista falsa. Jake Stone no estaba allí, y él había perdido valioso tiempo. Se sentía estúpido, y una vez más se pensó como un fracasado. Sus cuestionamientos lo perseguían hace semanas, y estos errores no hacían más que reafirmarlos.

Se sentó, frustrado, desorientado. Incluso su orgullo se estaba derrumbando.

Un sonido en su cinturón lo sorprendió. Reconoció la voz de Angela en su intercomunicador.

- Jeremiah…tzzz… No sé dónde…. stés… Debes volver… Tengo una pista… tzzz

A pesar de sus dudas, Jeremiah sentía que estaba en deuda con Angela. Incluso, reconoció que le debía una sincera y sencilla disculpa, y aún no era demasiado tarde.

Suspiró profundamente. Primero debía entregar la información del contrabando a la policía, lo cual le tomaría unos minutos. Se contactó con ellos, y les entregó a los miembros de Nest y sus armas.

Luego volvió a suspirar, y abrió sus alas. Se elevó, y partió hacia Delta, esperando, esta vez, hacer bien las cosas.

IV 

Delta City, horas más tarde.

Los sistemas de seguridad del Domo estaban completamente operativos, pero no eran perfectos, y era difícil que lo fueran sin Jake Stone. Por lo demás, Angela y Jeremiah habían pasado buena parte del tiempo investigando acerca de su paradero, por lo que habían hecho lo mejor que podían dentro de sus posibilidades.

Por eso, el pequeño Joshua y la Abuela pasaban sus días en las habitaciones seguras del lugar, ubicadas en la zona interior del edificio, y que funcionaban casi como un búnker.

Tenían órdenes precisas de no dejar entrar a nadie, excepto a quienes ya conocían. La Abuela, de avanzada edad, tenía una salud frágil, por lo que debían tomarse muchas precauciones con ella.

El plan era que en los días en que Joshua tuviera escuela, Angela se haría cargo de ella… Pero con los hechos recientes, el pequeño ni siquiera había podido pensar en asistir a clases.

En ese momento, un ruido conocido alertó a Joshua. Era la señal de acceso, que significaba que alguien de confianza entraba al Domo. Además de él, sólo Angela, Jeremiah y Jake conocían la contraseña.

Le tranquilizó saber que alguien más llegaba allí, alguien de confianza. Esperó unos minutos, y ocurrió lo esperado. Otra señal, que significaba el acceso al búnker.

La puerta se abrió, y allí apareció Jake, para sorpresa del niño.

- ¡Sr. Stone! Mi hermano y la Sra. Angela lo están buscando por todas partes… ¿Dónde estaba?

- Shh… ca-calla, niño… calla… - dijo Stone, un tanto nervioso – No digas nada…

Avanzó hacia el cuarto de la Abuela sin detenerse. Abrió la puerta con violencia, y entró. Joshua lo seguía, y quedó sorprendido por la agresividad de un hombre al que él había conocido pacífico.

Al verlos entrar tan repentinamente, la Abuela se sobresaltó, y emitió un sonido apenas perceptible, por sus múltiples dificultades.

Jake comenzó a registrar todos los rincones del cuarto, lanzando objetos, golpeando las mesas, desordenando y dejando todo revuelto en el caos.

- Sr. Stone… ¿qué hace? ¡Deténgase…! ¿Qué le sucede? – dijo Joshua, con un tono de miedo en su voz.

El hombre lo ignoró y siguió como loco buscando algo, quizás un documento de Jeremiah Burke. Pero, de pronto, alguien sujetó uno de sus brazos y le impidió moverse. Era la Abuela.

- ¿Qué… qué está haciendo… señora? Será mejor que me suelte… déjeme… ¡¡¡Que me suelte le he dicho!!!

Jake Stone giró para enfrentarla, y levantó su mano, dispuesto a golpearla. Pero antes de lograr tocarla, la anciana retrocedió, y cayó sobre su silla, sentada. Su cara demostraba dolor y ahogo, se enrojecía y luego se ponía morada. Le costaba respirar y sentía un profundo dolor en el pecho, que la hizo agacharse poco a poco… hasta caer desplomada.

Con la Abuela en el suelo, Jake retrocedió, sorprendido, temblando de nerviosismo. Joshua miró sin entender, pero pronto sintió pánico, y se acercó a la mujer, intentado reanimarla, hablándole, gritando…

Jake quedó inmóvil por un instante, pero luego aprovechó la extraña inyección de adrenalina que sintió, y huyó, corriendo, alejándose de lo que había hecho… alejándose de quien alguna vez había sido.

Poco después, Swallow regresó a casa. Entró y notó que alguien más había estado allí. Encontró a Joshua de rodillas, con su rostro empapado de lágrimas, y aunque no sabía cómo pudo ser, comprendió lo que había ocurrido.

La Abuela yacía en el piso, y ya no reaccionaría más.

V

Los minutos que le tomó a Arcángel regresar volando desde Ciudad Costera, le parecieron eternos. Sin embargo, los había disfrutado de alguna extraña manera.

El viento pegando en su rostro le había quitado un poco del peso que llevaba encima, y ahora se sentía dispuesto a enmendar sus vías. Podía ver el atardecer, a la distancia, y eso parecía regalarle cierta dosis de energía, muy necesaria, por lo demás.

Jeremiah ya podía ver el Domo, y nunca le había parecido tan acogedora la vista. “Parece que es cierto eso de que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, pensó, y su idea le provocó una leve sonrisa sarcástica.

Aterrizó cerca de su nuevo hogar, cerró sus alas, y entró por una de las puertas traseras, salidas secretas creadas especialmente para el defensor.

Pero desde el momento en que puso un pie en el edificio, un presentimiento le llevó un nudo a su garganta. Comenzó a recorrer los salones, y el silencio del lugar le provocó un escalofrío.

Siguió recorriendo, hasta llegar a los pasillos del búnker. Llamó una vez, pero nadie respondió. Corrió hasta el cuarto de su hermano y su abuela… Allí estaba Angela, que lo miraba con una expresión de lamento.

- ¿Qué pasó? ¡Dime, Angela! – exigió.

Pasó por el lado de la mujer, sin importarle si la pasaba a llevar. Miró hacia adentro, y encontró de inmediato el cuerpo pálido de la Abuela sobre la cama, y a Joshua a su lado, con la cabeza gacha, apegada  su pecho.

- ¿Quién…? ¿Quién hizo esto? – preguntó Jeremiah, mirando con asombro a Angela, sin asimilar aún la muerte de su abuela.

- No me creerás… yo aún no lo entiendo… - comenzó explicando, pero un golpe en la puerta, de Jeremiah, la detuvo – Está bien, está bien… Fue… Jake.

Un segundo después, Arcángel salió del búnker y luego del Domo, abriendo sus alas con una furia incontenible.

- ¡¡Jeremiah!! ¡Espera! Por favor, ¡¡espera!!

Pero de nada sirvieron los gritos de Angela. Nada detendría la búsqueda de Arcángel, nada detendría su venganza…

VI

El defensor, furioso, sobrevoló toda Delta City durante un par de horas. Bajo su máscara había lágrimas de rabia y frustración, y en su pecho, un profundo dolor. No sabía lo que estaba dispuesto a hacer, y no quería planteárselo tampoco.

Sólo quería, y necesitaba, sacar todo eso que sentía y que parecía no tener principio ni mucho menos, final.

No fue necesario buscar demasiado. Sobre un edificio, en el centro de la ciudad, divisó una figura que no había visto antes. Voló hasta allí, presionando al máximo sus alas.

Entonces, quedó anonadado por lo que vio, aunque no lo entendió del todo. Un hombre provisto de un traje similar al suyo, pero que más parecía una armadura, con un diseño agresivo, y un par de  alas más grandes… pero muy similar, demasiado.

- ¿Quién eres tú?

- ¿No me… reconoces… Jeremiah? – dijo el sujeto, e inmediatamente procedió a sacarse el casco que llevaba puesto – Soy yo… me has buscado tanto… ¡y ahora yo te encuentro a ti!

Jake Stone estaba frente a él. La ira se apoderó de Arcángel, pero estaba petrificado, tratando de encontrar respuestas a todo lo que estaba ocurriendo, que ya era suficientemente extraño.

- ¡Stone! ¡¿Qué carajo está pasando?! ¿Qué haces?

- Yo… yo estuve equivocado todo este tiempo… - explicó Jake Stone – Creía que tu no eras el indicado para vestir ese traje… eras demasiado violento, demasiado agresivo, sin control… Pero ahora, ni siquiera fuiste capaz de encontrarme y salvarme de todo eso… ¡Tal vez ni siquiera me buscaste!

La ira se acumulaba en Arcángel, y apretaba sus puños, dispuesto a partirle la cara de un golpe. Stone continuó.

- Así como me fallaste a mí, ¿a cuántos más le has fallado en tu irresponsabilidad? Lo que esta ciudad… necesita… es medidas radicales… He visto su verdadero rostro, y merece alguien que escupa en él… ¡Y ese alguien, claramente no eres tú!

- Stone… - dijo al fin el defensor, apretando aún más sus puños – De todas formas, nunca me simpatizaste…

Arcángel se lanzó con furia al ataque, pero súbitamente, sus alas dejaron de responder, y sintió un golpe eléctrico en su espalda.

- No, no… No me digas “Stone”, no. ¡¡Alastor!!

En sus manos, un dispositivo desactivaba el equipo de Arcángel. El defensor cayó rápidamente hacia el piso, y se golpeó duro contra el concreto, en un solitario callejón.

- La ciudad ahora es mía. Te mostraré, “Arcángel”… - dijo, con ironía. Tras verlo allí, inconsciente, el ahora llamado Alastor emprendió vuelo.

Jeremiah sintió una curiosa dulzura y una enorme paz. Cerró los ojos, la oscuridad se apoderó de él, y ya no quiso salir de ella. Lo había perdido todo, y ni siquiera le quedaba la energía para ponerse de pie nuevamente. Se suponía que era Arcángel, pero se daba cuenta de que había fallado definitivamente, y que incluso esa identidad ya no era suya.

Se quedó allí, tirado, derrotado. Esperó que el tiempo pasara. Había perdido.


Fin… por ahora.
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* En Arcángel #4 al #6

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