24.3.10

Quasar #8

Éxodo (4 de 4)
“Exilio”

Historia: Rodrigo Roa.

Exilio. (Del lat. exilĭum). m. Separación de una persona de la tierra en que vive.

I

La batalla entre D-Tox y Quasar se había prolongado por un largo rato. Algunos soldados se dirigían al lugar, y el General Mathieu transmitía órdenes a todo el equipo al que había enviado a cazar al villano prófugo.

También Quasar escuchaba lo que el General decía por los transmisores, así que sabía que debía remitirse a las órdenes de su superior, y no podía fallarle. Mathieu había ordenado a los demás soldados contener el perímetro, y dejar exclusivamente al defensor combatir contra el villano.

En el lugar, una ventisca llenó el lugar de arena y polvo. El sol aún emitía los últimos rayos, y el calor iba en retirada. Todo el ambiente adquiría un tono rojizo, y un aire de melancolía.

D-Tox lograba absorber energía con algunos de los golpes que daba, y para ello debía moverse rápido, y evitar los ataques de su oponente. También había logrado contraatacar con esa misma energía, pero tras cada golpe o descarga de energía que asestaba, Quasar se levantaba y volvía a la carga, como si nada lo dañase.

Después de varios minutos de combate, D-Tox comenzó a lanzar golpes de desesperación, y olvido toda estrategia. La actitud inmutable de su rival lo perturbaba, y ya no sabía a que recurrir.

Quasar esquivaba con facilidad los golpes, y devolvía ataques específicos hacia el cuerpo de D-Tox, para que éste no alcanzara a absorber su energía.

Así, poco después, la pelea se transformó en un monólogo, y el villano estadounidense cayó de rodillas, vencido.

II

El sol ya se ocultaba en la lejana llanura, y los colores tibios del atardecer dominaban la escena.

Los soldados aguardaban a la distancia, claramente instruidos por el General Bernard Mathieu para mantener el perímetro, sin intervenir en el combate que tenía lugar a un par de kilómetros de distancia.

Allí, en el centro de la acción, el polvo levantado ya cesaba, y dejaba ver la expresión en el rostro de D-Tox.

- Supongo que es el fin, ¿no?... – dijo el villano – No más huidas ni desesperación… no más luchas…

Quasar no respondió nada. Sólo estaba allí quieto, sin saber cómo reaccionar, tal como le sucedía constantemente desde su transformación.

- ¿No dices nada? – espetó D-Tox, perturbado por esta actitud del defensor – Seguramente no sabes qué decir… Tienes que hacerlo, ¿verdad? Ellos te lo ordenaron…

Quasar se sorprendió antes estas palabras, y comenzó a sentir algo que no supo cómo llamar. Las órdenes eran claras, pero él recién comenzaba a tomar el peso de lo que debía hacer. D-Tox continuó hablando.

- Debes ejecutarme… debes acabar conmigo… órdenes de los superiores… ¡Já! – suspiró antes de seguir – Es curioso cómo vivimos nuestras vidas cumpliendo la voluntad de otros, siguiendo órdenes… ¡sin siquiera darnos cuenta de que lo hacemos! Pero esas órdenes marcan nuestra vida, incluso pueden llevarla hasta su fin, como ahora…

El sentimiento que invadía a Quasar comenzó a crecer rápidamente en su interior. Comenzó a sentirse abrumado, porque aún no sabía controlar sus propias emociones, su propio ser.

- Pero ya está… - siguió D-Tox -  Has ganado, y debes cumplir la orden, porque así debe ser, ¿no?... ¿Qué esperas?

Recién ahora el defensor se daba cuenta de lo que debía pasar. Debía matar… ¿Podría hacerlo? La emoción desconocida que sentía comenzó a mezclarse con otra que sí reconoció: la ira… Ira por estar en esta situación, por no poder oponerse a lo que se suponía que debía hacer, por no tener claridad...

- Tú y yo tenemos mucho en común, ¿sabes? Ambos somos sólo títeres de nuestros gobiernos… Ellos son los que tienen planes mucho más grandes, y nos usan para ello… Nosotros nos limitamos a obedecer, como si esa fuese nuestra única vida… Pero dime… ¿alguna vez has pensado la razón por la que te ordenan cada cosa?... ¡Responde, maldición! ¡¿Lo has pensado?!

Quasar se llenaba de ira, estaba sobrepasado, y miles de ideas cruzaban su mente a la velocidad de la luz. Su enemigo tenía razón, pero él no entendía por qué no lograba concebir las cosas de otro modo.

- Estás aún peor que yo… - reflexionó D-Tox – Ni siquiera te has detenido a pensar que no siempre te ordenan lo mejor… ¡A veces debes desobedecer para hacer lo mejor!

Quasar levantó una mano, y la energía comenzó a fluir. Pero no se convencía de dar el golpe.

- ¡Vamos, hazlo! – le dijo el villano, desafiante – Cumple tus órdenes… Eso es lo mejor que puedes hacer, ¿no? ¡Usa tu poder de una vez, para acabar con esto! ¡Mátame, arráncame de este mundo! ¡Cumple tu orde…!

El villano no alcanzo a terminar de decir esa frase. Una descarga de energía que surgió de la mano de Quasar, lo golpeó en el pecho, y de inmediato, cayó, sin vida.

III

Dos semanas después.

Quasar pasó varios días sin pronunciar palabra alguna. Guardó silencio incluso en el momento en que recibía las felicitaciones de su superior, el General Mathieu, por la misión perfectamente cumplida.

El cuerpo de D-Tox era ahora un secreto militar, y los operativos relacionados con su caso habían sido constantes.

Pero durante los últimos días, todo en la base parecía haber vuelto a la normalidad, y ya no se hablaba de lo que había ocurrido. Todo estaba normal, excepto una cosa: Quasar estaba inquieto, y había comenzado a cuestionar la orden que había cumplido… ¿Qué significaba haber tenido éxito en su misión?

En su mente daba vueltas, una y otra vez, la imagen de D-Tox dando su último suspiro. Sentía que cada vez estaba más lejos de su humanidad, y que así como le había quitado la vida al villano, también había perdido parte de su vida en esa decisión. Peor aún, no comprendía del todo lo que sentía, ni lo que significaba haberle quitado la vida a un hombre. Por eso, preguntaba al resto, tratando de que lo viesen como un humano aún, esperando escuchar una palabra que lo ayudara a resolver el puzle de su mente. Sin embargo, esa palabra no llegaba.

- Señor… - dijo un Coronel, al General Mathieu, una vez que entró en su oficina – Quasar… es decir, Levesque… ha seguido haciendo preguntas respecto a lo que pasó… ¿Qué debemos decirle?

- Mmm… Les daré instrucciones, más tarde. Denle el día libre – dijo Mathieu, que parecía estar más preocupado de otras cosas.

En efecto, lo que llenaba su atención, era que minutos más tarde, el Primer Ministro de Canadá haría su llegada hasta el lugar.

- General Mathieu… He sabido que su principal arma, el agente llamado “Quasar”, ha tenido éxito en ejecutar al agente enviado por la inteligencia estadounidense…

- Así es, señor Primer Ministro. Hemos hecho tal como planeó inteligencia. Con la muerte de D-Tox, el mensaje ha sido enviado, fuerte y claro.

- Bien. El gobierno de Estados Unidos creyó que podían jugar con nosotros sin consecuencias… Pues, les hemos demostrado que no les tememos, y que tenemos el poder para enfrentarlos – respondió la máxima autoridad canadiense - Ha hecho bien su parte, General… Ahora, es nuestro turno. Usaremos la segunda arma más poderosa que poseemos…

- Como diga, señor… Pero, si me permite la curiosidad… ¿cuál es esa arma?

- Por supuesto, General. Es el turno de que usemos la Política.


Epílogo.

Un día después.


- Señor. Hay algo que debería ver.

- ¿Qué sucede, soldado? ¿Por qué tanta urgencia en su llamado? – respondió Bernard Mathieu.

En las pantallas de la sala de observación astronómica del ejército de Canadá, una serie de gráficos y mapas se mezclaban, pero la explicación estaba en la boca de los científicos y soldados del lugar, quienes, hace unas horas, habían enviado una alerta al General Mathieu.

- No queremos alarmarlo, señor, pero hemos detectado una fuerte emanación de energía, proveniente desde el espacio, y que entró a la atmósfera de la Tierra, cerca de la frontera canadiense, en los alrededores de Detroit, para ser más específico – explicó el soldado – Lo más extraño, es que luego esa firma energética parece haber salido una vez más hacia el espacio, con rumbo desconocido…

- ¿Y ya saben de qué se trata?

- Ese es el problema, General – acotó un científico – Las lecturas se asemejan a las de la Energía Cor, pero la cantidad de energía que entró en la atmósfera es tan grande, que hemos teorizado que podría tratarse de un ataque… de algún tipo.

El General lo pensó por un momento. No podía dejar pasar un suceso tan extraño, tan cerca de los límites de su país, sobre todo considerando la cantidad de energía de la que se trataba. Entonces, una idea surgió en su mente.

- Enviaremos a Quasar… Si se trata de un ataque de respuesta de los estadounidenses, será mejor que nos anticipemos. Él investigará. Transmítanle mi orden, ¡de inmediato!

Pero en esta decisión había mucho más involucrado. Secretamente, en su mente, Mathieu estaba satisfecho, porque al fin había encontrado la forma de mantener ocupado a Quasar, y evitar que su principal arma encontrara las respuestas que no debía encontrar.


Fin...
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