11.11.09

Dragón Blanco/Negro #7

Ciudad Dormida (2 de 4)
“Viento del norte”
Historia: Zirijo.

I

El viento. Esa sensación tan refrescante y placentera que deja una brisa matutina del norte, se puede trasformar en el último día de tu vida, si es que está bajo el mando de Ogusa.
Su voz retumba en cada ráfaga, llamando a la muerte.

- ¡Gaia fue débil! – grita – ¡Ustedes, seres humanos, merecen ser destruidos! ¡Ya nada bueno puede venir de ustedes!… yo, Ogusa, les traigo la destrucción, para traer paz y un nuevo comienzo a esta tierra.

Este sujeto está desquiciado. Salto de edificio en edificio para lograr llegar a él antes de que ponga uno de sus pies en la ciudad. El viento se siente más fuerte, y me cuesta mantenerme con los pies en la tierra. Estoy ya en las afueras de la ciudad, y es cuando más necesito a Sú Fú y a los demás. La envié al Templo de los Mil Dragones para que trajera a Tao Po Fu, y con él, un pergamino, un talismán para poder detener a este sujeto.

- ¡Detente! – le grito, mientras noto que el tal Ogusa está montado sobre un tornado. Había visto el tornado antes, pero no a Ogusa sobre él.

- ¿Quién eres tú para detenerme, humano? – me pregunta a la distancia, sin detenerse.

- Dragón Blanco – contesto – Si sigues con esta locura, mucha gente saldrá lastimada.

- ¿Crees que no sé lo que hago? ¿Pones en duda mi juicio superior, insignificante humano?

- No sé de dónde has salido, ni de donde vienes, pero por lo que alcanzo a ver, luces como un humano, y no creo que tu juicio sea superior al mío, si es que tratas de acabar con una ciudad entera.

- No sólo la ciudad, Dragón Blanco. Acabaré con todo el mundo, para que la semilla de la vida vuelva a crecer donde ustedes fallaron… y si me confundes con uno de ustedes, me subestimas. Esta es solo una cáscara, un armazón necesario para poder ser visible en este mundo, ante tus ojos.

- Pues si realmente quieres acabar con todos nosotros, debes pasar por mi cadáver antes – digo, en el momento en que salto y me lanzo en ataque.

Ogusa no es lento, y con sólo levantar su mano, una poderosa ventolera me levanta y me lanza hacia otro lugar.

- Tus esfuerzos son inútiles, Dragón Blanco. Eres patético.

II

- ¿Cómo que no quieres ir con nosotros, Tang Lang? – pregunta She, uno de los Ministros de Meng Li, a este camarada perdido tras los incidentes de la guerra de La Dinastía*.

- No voy a ir con ustedes, y no voy a repetirlo – advierte Tang Lang, mientras vuelve a sus labores de cuidador, del Templo más famoso de enseñanzas de artes marciales: el Templo “Mantis de Fuego”.

- No podemos obligarlo, She – le dice Fu a su compañero – Todos sabíamos que no iba a ser fácil.

- Pero Fu, Meng Li necesita toda nuestra ayuda para volver a comandar La Dinastía. Todo el mundo está buscando a los Ministros faltantes, puse precio a sus cabezas. Es cuestión de tiempo para que venga gente a desafiarte, Tang Lang.

- Este lugar necesita un poco de música amigo… unas cuantas chicas bailando para nosotros, y alcohol en cantidades industriales, ¡hú, hú! – comenta Hou.

- Es un Templo, Hou, es el templo de mi padre, y debo administrarlo, aunque él quiera que esté bajo la tutela del Emperador Meng Li. No son mis deseos estar con Meng Li cuando regrese al trono de emperador, solo quiero una vida tranquila en este templo.

- Tang Lang, te entendemos, pero como fieles Ministros, él nos necesita para poder instalarse en el trono. Necesita gente de confianza para que se encarguen de cada una de las áreas de las cuales Meng Li no pueda atender – argumenta Fu – No es nuestra pura voluntad lo que rige en este momento, son las necesidades de nuestro futuro emperador.

- Es más complicado que eso, Fu. Tú, como líder de brigada, sigues todos los pasos del Emperador sin cuestionamiento, pero yo, no sé si quiera seguir con esta tarea impuesta.

- No vengas con cuestionamientos estúpidos, Tang Lang. Es nuestro destino servir al Emperador, tal como lo hicieron nuestros padres y sus padres – comenta She – Además, venimos a reclutarte, y si te niegas serás condenado bajo pena de muerte, por ir en contra de los deseos de Meng Li. Ya conoces las reglas de La Dinastía.

Tang Lang lo piensa un momento. Sabe que si se niega a volver a las actividades de La Dinastía, ninguno de los tres compañeros de entrenamiento, y prácticamente de vida, dudaran en atacarlo. Sabe también que si fuera un enfrentamiento uno contra uno, el único capaz de darle una pelea difícil sería Fu, pero con She y Hou a su lado, sería una muerte segura. Su respuesta viene precedida por un suspiro.

- Ok, vuelvo a la Dinastía.

- Yo sabía que iba a aceptar, ¡hú! – comenta Hou – ¡Por eso debemos celebrar! ¡Hú, hú!

III

Templo de los Mil Dragones.

- Sólo es cuestión de segundos para que llegue Sú Fú – comenta Shaman a Tao Po Fu, en el interior del Cuarto de los Secretos.

- Por eso ya me puse el traje de Dragón Rojo – contesta Tao – Pero no puedo encontrar el talismán que pidió Dragón Blanco.

- Dijo algo de “mil sueños”, pero en ese momento perdió la concentración. Debe de haber ido tras eso que manipulaba los vientos.

- Es increíble que tus habilidades también puedan ser usadas para la comunicación mental, Shaman – dijo el niño.

- Es una de las primeras cosas que aprende un Lama. Comunicarse sin hablar. Algún día te enseñaré como hacerlo.

- Perfecto, yo también quiero saber cómo se hace – interrumpe Sú Fú, que llega en ese mismo instante desde Beijín hasta el Templo.

- Gracias al gran Buda que llegaste – exclama Shaman - Deben prepararse para la batalla. Liu Fung Dae no solicitó mi presencia en la batalla, por lo que me quedaré en el Templo, por si pasa algo. Nunca más el Templo debe quedar solo.

- Bien, ya lo encontré. Vamos Sú Fú.

IV

Logro detener la caída de la ventolera, mientras que Ogusa sigue con su camino. Las casas periféricas son las primeras en ser afectadas por los remolinos que controla Ogusa. Sus techos salen volando y los árboles se mesen de un lado hacia otro, y algunos salen disparados por la intensidad del viento.

- ¡Detente ahí, Ogusa! – grito, y salto nuevamente para detenerlo, esta vez por su espalda. Logro asestar una patada, pero se mueve de un lado a otro, sin bajar de lo más alto del remolino que se forma en sus pies. Me lanza un remolino directamente hacia mí, haciéndome girar tantas veces, y con tanta velocidad, que no puedo contarlas. Soy expulsado del remolino, y me golpeo contra uno de los pocos muros que sigue en pie de las casas que han sido azotadas por Ogusa. Escucho una vibración extraña en el ambiente, eso sólo significa que…

- ¿Te ha costado mucho detener a este tipo? – pregunta Sú Fú, antes de que pueda pensar siquiera que estaba aquí.

- Se llama a si mismo Ogusa, y sí, creo que me ha costado un poco. Ahora, debemos detener los remolinos para poder sellar en él el talismán. ¿Lo trajeron, verdad?

- Si, lo tengo aquí – indica Tao Po Fu, a su ahora maestro, Dragón Blanco.

- Perfecto. Liu Cho me habló de este talismán hace muchos años, y no sé por qué se me vino a la mente justo contra este tipo.

- Eso no importa ahora, lo que hay que hacer es detenerlo – dice Sú Fú, que inmediatamente sale en una carrera desesperada por atravesar el remolino, pero el viento tiene tanta fuerza, que no lo logra, pareciendo que la velocista más rápida del continente, chocara frenéticamente contra un muro invisible.

Voy a ver si está bien, pero no hay nada que temer, Sú Fú es un hueso duro de roer.

- Necesito que corras en contra del sentido del remolino Sú Fú, del remolino que mantiene volando y alejado de nosotros a Ogusa, para que yo pueda “ablandarlo” un poco, y Tao Po Fu active el talismán.

- No hay problema – dice Sú Fú, instantes antes de correr a toda velocidad a la base del remolino de Ogusa.

- ¿Qué haces, humana? ¿Crees que eres tan veloz para romper con la fuerza de los vientos?

- ¿Qué crees que es lo que estoy haciendo? – contesta la heroína.

Y es verdad. La velocidad que alcanza Sú Fú contrarresta la fuerza del remolino, dejando a Ogusa desplazado en el aire. Es cuando yo y Tao Po Fu nos adelantamos al ataque. Sincronizados a la perfección, ambos lanzamos puños y patadas, tal como si dos dragones danzaran de forma majestuosa en el aire, asestando limpiamente cada golpe a Ogusa. El último golpe lo da Tao Po Fu, que logra pegar el talismán a la frente de Ogusa.

- ¡¡No!! ¿Qué me pasa?… ya no me quedan energías… - dice, cayendo en un sueño profundo.

- No importa lo que pase… pasarán mil días y mil noches antes de que pueda despertar del hechizo del talismán – digo – Para cuando despierte, podremos detenerlo antes de que comience a causar destrozos nuevamente.

Los pocos Guardianes de Oriente involucrados en al batalla nos llevamos a Ogusa al Templo de los Mil Dragones, para dejarlo en un cuarto, y vigilarlo de cerca. Mientras que… de los escombros de una de las casas, se libera un extraño cofre, que es encontrado por un joven sobreviviente.

- ¿Qué es esto? – se pregunta el joven, mientras lee el cofre, que lleva el nombre de un templo olvidado por el tiempo: “Templo de Shozan”.

V

Mientras que Dragón Blanco combate contra el autodenominado Ogusa, en otro lado del país más poblado del planeta, hay una persona que recuperó su memoria luego del incidente en la Gran Muralla China: el Emperador Meng Li.

- Increíble – comenta Meng Li, mientras está en el edificio de la gobernación de Liaoning - He despegado como un héroe popular. Las masas se aglomeran ante este edificio para poder hacer pagar a los que los han maltratado. Es iluminador saber que lo que pensaba de las grandes élites gobernantes estaba mal enfocado. Es la muchedumbre, el pueblo ignorante, el que me va a llevar a ser Emperador, no el control de las grandes esferas de poder. Quiero más de esto… quiero más de este nuevo poder.

- Señor Meng Li… – lo interrumpe uno de sus nuevos seguidores – Hay alguien que quiere verlo, señor.

- Muchos quieren verme, Xiaoqing – responde el Emperador, sin mirar.

- Se hace llamar Ying Zhao… dice que usted la conoce, señor.

- Tetsu No Ying Zhao, águila de metal – susurra Meng Li – Dile que pase inmediatamente.

Tras la orden, entra en la sala una joven, casi adolescente, con un peinado alocado, como si se trataran de alas, y en su frente, un copete hacia abajo. Su caminar es sereno y seguro. Era la más joven de las hijas de uno de los Ministros de Meng Li.

- Ying Zhao, no te veía desde que eras una niña – comenta Meng Li – Has crecido mucho, ya casi eres una mujer.

- Sí, señor Meng Li – responde la muchacha tomando asiento – Traigo malas noticias. Mi padre ha muerto, y eso significa que es mi turno de tomar su puesto en La Dinastía. Fui enviada por mi madre hasta aquí. Ella escuchó de sus hazañas, señor.

- Me parece lamentable la noticia, pero a todos les llega la hora de partir… – comenta cínicamente Meng Li – y ahora que lo dices, si, ha pasado la noticia de mi regreso de boca en boca.

- Todos en casa nos alegramos, ya no podíamos vivir con los guardias que pusieron en nuestra casa, Mao Güi-Weng y Huan Ping. Esos despreciables nos tenían bajo vigilancia. Cuando murió mi padre, no había nada que me detuviera para matar a nuestros captores.

- Es un agrado saber que no eres tan sumisa como tu padre, Ying Zhao… Pero ahora que estás aquí, necesito que hagas algo por mí.

- Sí, señor Meng Li, ahora vivo para servirle.

- Quiero que encuentres a Chi Ku, y quiero que lo traigas aquí… Mis otros Ministros no tardarán mucho en conocer las noticias de mi regreso, y cuando eso suceda… China volverá a ser mía.


Continúa…
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* ver “Alianzas” #5: Guardianes de Oriente

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