19.10.09

Los Inmortales #2

“Eternidad adelante”, Tercera Parte.
Historia: Diego Arévalo.

I

Kao miraba desde arriba a su hijo, quien estaba congelado frente a ese hombre vestido de negro, al que no podía ver bien.

- ¿Qué te pasa niño? – preguntó arisco Robin.

- Este, yo…

- Mejor dedícate a poner atención por dónde vas y apártate.

- Si, disculpe – respondió Duncan, ya más repuesto, ya que se dio cuenta de que Dark tampoco recordaba nada.

Robin entró a la casa rodante, y Duncan siguió su camino hacia ningún lugar. Kao respiró aliviado de que no hubiera pasado nada; estaba más preocupado por lo que su hijo estaba sintiendo y la pena que le provocó ver a su madre. Pero claro estaba que él no podía hacer mucho en su situación actual.

Se sacudió ese pensamiento un momento para dar paso a otra cosa: ¿Qué tal si entrase a verla? La curiosidad era irresistible. Esperó a que Duncan ya hubiera subido al bus que se lo iba a llevar de vuelta a la ciudad, y descendió.

Al entrar, miró a todos lados, y como era de esperarse, todas las miradas se posaron en él. No prestó atención y se sentó en la mesa vacía más cercana. Inmediatamente se le acercó una joven amable preguntándole que se iba a servir. Kao pidió un café y un sándwich, mientras tendría tiempo de mirar y ver que hacía Jennifer ahí. Pasó un rato y la vio, al tiempo que la otra joven le entregaba su orden. Prestó atención en su rostro; no denotaba tristeza, ni melancolía. Actuaba como si su vida hubiera sido siempre así y que le agradara, se movía con naturalidad no como si estuviera fingiendo vivir una vida que no era la propia.

Pidió la cuenta, y mientras llegaba concluyó que fuera lo que fuera lo que había pasado después de la Última Guerra, debió haber sido muy poderoso para lograr que nadie recordara nada y todos estuvieran tan confundidos. Con esa idea, pagó y se puso de pie para retirarse. Cuando iba acercándose a la salida, escuchó que alguien encaraba a otra persona, muy molesto:

- ¿Cuál es tu problema idiota? – Kao se devolvió un poco para ver al tipo con sobrepeso que había dicho eso.

- ¿De qué hablas, gordito? – contestó burlesco un hombre muy engominado, que al parecer era el mismo que había chocado con su hijo momentos atrás.

- ¿Crees que no te vi hurgar en mi chaqueta? Devuélveme mi billetera.

- ¡Pero hombre! Yo no te saqué nada – respondió, riéndose muy calmado.

- ¡No te burles de mi, pendejo! – dicho esto el hombre le propinó un formidable puñetazo en la cara que hizo voltearse a su rival.

II

En ese momento Kao pudo ver la cara de aquel hombre y quedó helado: ¡Era Dark! ¡Por eso Duncan se había quedado tan quieto, no por haber visto a su madre! No pudo seguir pensando en su sorpresa, porque vio como el tipo que lo encaraba se abalanzó sobre Dark y empezaron a pelear. Entre empujones y tironeos salieron del local hacia el estacionamiento y siguieron peleando bajo la atenta mirada de los clientes, y muy especialmente de Kao, que tenía un mal presentimiento acerca de lo que estaba sucediendo frente a sus ojos.

De pronto, el gordinflón sacó un objeto de su bolsillo, lo presionó y con un clic dejó ver una navaja… en ese momento un recuerdo claro, pero lejano y poco real, lo conmovió: recordaba que en algún lugar, alguien en la misma situación de Dark, moría y renacía recuperando sus recuerdos, eran sólo un par de imágenes rápidas y confusas que conllevaban una sensación muy fuerte que lo hizo estremecer. Mas, por muy vago y extraño que fuese ese pensamiento, no dejaba de ser inquietante. Decidió no tomar ningún riesgo, e intervino. Se transportó entre ambos, y con un rápido movimiento sujetó la mano en que estaba el cuchillo con su izquierda, mientras que en la derecha su katana empuñada se apoyaba en el cuello del tipo.

Se escuchó un murmullo de gente preguntando que había pasado, o cómo había llegado ahí, hasta que Robin, detrás de él, le enrostraba su intromisión.

- ¿Por qué te metes, rarito? ¿Cómo llegaste aquí?

- No tiene por que importarte – comentó sobre su hombro Kao, al tiempo que le lanzaba una mirada asesina y fría a su desmemoriado enemigo.

Dark quedó helado con esa respuesta, mientras el gordito ya había retrocedido lo suficiente como para volver a entrar al restaurante y emprender su huida. Dark miraba iracundo a Kao, mientras éste se marchaba dándole la espalda, presumiendo tanto como su superioridad en ese momento le permitía. “Nos volveremos a ver”, se dijo Robin.

III

Duncan mientras tanto caminaba muy apenado por las calles luego de volver de ver a su madre. Era tal como lo había dicho el libro; ella no recordaría nada, pero no pensó que iba a ser tan duro y desgarrador ver que ella no supiera nada de él o ni siquiera mostrara algún gesto de lejana familiaridad. Fue terrible, a pesar de lo maduro e inteligente que Duncan pudiera ser, porque mal que mal aun era un niño. Alternando con ese pensamiento estaba su encuentro con Dark. ¿Acaso sería coincidencia? ¿Por qué justo él?

Después de mucho rato, decidió hacer algo para distraerse, así que se encaminó al “bikepark” al que iba antes de la Última Guerra. Tal como pensó, estaba distinto, se notaba que ya lo habían reparado y que tenía cosas nuevas. Lo que no cambiaba era la multitud de niños jugando, y los skates, bicicletas y patines en línea.

- Supongo que viniste por esto – dijo una voz detrás de Duncan. Se volteó y vio a Phil que le extendía una tabla, la misma que usara antes de despertar.

- Ah, eres tú, Phil – Duncan recibió su skate y ambos avanzaron hacia las rampas.

- ¿De dónde vienes? Te noto medio bajado.

- Es que fui a ver a mi mamá y ella no me recuerda para nada… A todo esto, ¿cómo es que tú recuerdas todo lo que pasó?

- Es que yo me escondí en el Mundo de los Espejos. Fue como si me escondiera por un segundo y en cada “ventana”*, se veía sólo luz. Así que decidí salir casi de inmediato, pero me encontré en este mundo cambiado, sin guerra, reconstruido y… sin mi mamá tampoco.

- Lo más probable es que le haya pasado lo mismo que a la mía, y espero no te duela pero… no creo que te recuerde.

- Lo sé. De hecho la he buscado, pero no la encontré

Se hizo un silencio breve y pesado, que al cabo de unos segundos, Duncan lo cortó dándole una palmada en el hombro a su amigo, y con un gesto, lo invitó a patinar un rato en una de las pocas rampas que se estaban desocupando.

IV

Kao por su parte, volaba distraído, luego de haber evitado un pelea entre esos dos. Pensaba en ese extraño presentimiento que le indicó salvar a Dark. ¿De donde provenía esa idea? ¿Que hubiera pasado si realmente Robin hubiera muerto? Y recordó de pronto a Rose… ¿y si alguno de los otros murieran? Sería un experimento cruel, pero lo sacaría de dudas. Además no era algo tan terrible, porque hasta donde sabía él, aún era inmortal, sus poderes estaban ahí también, así que era ilógico que ellos los hubieran perdido. Por otro lado, ese mismo presentimiento confirmaba su teoría hasta cierto punto. Decidió comprobar su idea, pero primero debía pensar quien era el más apto para tal tarea. Volvió a la mansión a pensar y calmarse un poco, y de paso descansar, había sido un día pesado.

Se sentó en el sillón de la sala de estar, encendió un cigarrillo y echó su cabeza hacia atrás para pensar. Se convenció, primero que todo, de que no estaba matando o experimentando con alguno de sus amigos, sino que más bien los estaba “despertando”, de modo que no sonara tan poco atractiva la idea. Descartó de plano a alguno de los secuaces de Dark, pensó también en Vuelo, pero el no querría ver a su hija desmemoriada, ni menos estar lejos de ella, Boom era un poco malhumorado y no quiso que su irracionalidad provocara algún desastre. De este modo, sólo quedaban X e Y, y además, así podría darle la oportunidad a Phil de ver a sus padres de nuevo. Sin embargo, el alivio que le causó llegar a una conclusión favorable lo relajó, y eso sumado al cansancio que sentía, terminó por dormirlo.

V

Duncan, por su parte, caminaba junto a Phil por las calles de Unife, esperando encontrarse por casualidad con alguno de sus padres. Está de más decir que las esperanzas que tenían eran más bien irreales, ya que ellos no sabían del circo, y mucho menos que estaba ubicado al otro extremo de la ciudad. Por ello, todo el tramo que recorrieron fue infructuoso e inútil. O por lo menos parecía serlo, hasta que vieron una cara conocida entre la multitud. Carl Dennis, o como ellos lo solían llamar más a menudo: Boom.

- El problema es que no nos va reconocer – apuntó Phil.

- Es cierto – comentó un poco desazonado Duncan.

- Pero deberíamos hacer algo… se me ocurre llevarlo a casa, a ver si tu papá sabe como hacer que vuelva su memoria – además Phil decía esto con la esperanza de que pasara lo mismo con sus padres.

- Es buena idea, ojala mi papá no se enoje…

- No creo. Yo creo que le va a gustar saber que encontramos a uno de los nuestros.

- Si… - Duncan hablaba preocupado, ya que no sólo Boom se le aparecía hoy, sino que su mayor enemigo también. – En todo caso, su libro no decía nada de recuperar la memoria…

- ¿Libro? ¿De qué hablas?

- ¿Ah? – se dio cuenta de que estaba diciendo exactamente lo que estaba pensando: en lo que ese libro decía de su madre. Quizás mas adelante diría como hacer que ella lo recordara – No, no es nada. Sólo estaba pensando en voz alta

Decidieron hablarle, se le acercaron con la excusa de que estaban perdidos y que necesitaban que alguien los llevara a alguna estación de policía.

- Está bien chicos, yo los llevo. De todas maneras no está tan lejos.

- Gracias, señor – le dijo Duncan, pensando que Boom era mas servicial y amable sin su memoria – Pero, ¿son calles seguras? Es que no queremos importunarlo mucho.

- No, no se preocupen. – Carl decía esto desconociendo que la intención de los niños era pasar por algún lugar poco transitado para que nadie los viera transportándolo a la mansión. – Las calles a esta hora están medio vacías hacia la estación, pero como nos dirigimos hacia allá, no debería haber nada peligroso si a asaltantes se refieren.

Phil y Duncan sonrieron alegres, quizá un poco de más para el pequeño favor que Carl les hacía. Pero no le importó mucho, ya que encontró a este par de niños los más educados y respetuosos que había visto en su vida (o por lo menos aquella que recordaba). Emprendieron su camino, charlando animosamente, preguntándoles a los niños donde estudiaban y que hacían sus padres, todo con la intención de felicitarlos por la excelente crianza que les estaban dando. A todas estas preguntas, los chicos se vieron obligados a mentir, pero no era la primera vez que lo hacían, y todo resultó muy convincente.

Todo iba bien, hasta que en una esquina, los pequeños se detuvieron ante un semáforo rojo, pero Carl, despistado como iba, y concentrado en la conversación, siguió caminando un poco más, quedando en la calle misma.

- ¿Qué les pasa niños? ¿Por qué se quedan….? – no alcanzó a terminar, porque se dio cuenta de que se había pasado el rojo del semáforo…

- ¡Cuidado! - gritaron ambos, pero era muy tarde. Carl giró un poco su cabeza para ver lo que venía, y sólo vio dos buses a toda velocidad, uno en cada pista, cerrándole el camino.

Se quedó helado por el instante que lo separó del impacto, y toda la adrenalina que se liberó de golpe lo hizo ver las cosas pasar lentamente. Vio la cara de terror del chofer al verlo de pronto en medio de la calle, lo vio moverse como si frenara y tratara de virar, pero era demasiado tarde. El bus lo impactó de lleno en un costado, su cabeza casi inmediatamente se azotó contra la parte baja del parabrisas, abriéndole el cráneo al instante, oyó el crujir se sus huesos al romperse, y alcanzó a lanzar una mirada asesina a los niños, antes de que su vista se nublara por completo, mientras se lamentaba el haberlos ayudado…


Continuará…
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* Phil llama “ventanas” a lo que se ve desde el otro lado de los espejos.

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