28.10.09

Blackbird #9

“Hijo de la Fe” (Parte 3 de 4)
Historia: Rodrigo Roa.

I

Lo que rodeaba a Adam era absolutamente blanco. La radiante silueta de Itfad se marcaba ante el fondo incoloro, y transmitía una calidez única.

- ¿Mi… mi… madre? – susurró Adam, confundido - ¿Cómo puede eso ser posible…?

- Tranquilo, Adam, hijo mío. Te lo explicaré todo, pero debes mantener la calma – le dijo la diosa, con voz maternal.

Las emociones de Adam eran diversas e intensas, y su aura de energía lo demostraba, ya que comenzó a manifestarla involuntariamente. No sabía que decir, pero quería escuchar lo que esa mujer tenía que decirle.

- Has podido acceder a este plano gracias a tu experiencia pasada. Estuviste junto a otros humanos en el plano llamado Nardom, donde se nos dio origen a nosotros y a Logos… Ahora te he traído aquí para hablarte de tu origen.

Adam estaba cada vez más interesado en escuchar. Maravillado por la experiencia y lleno de curiosidad, miraba a la diosa con atención y admiración, sobre todo tras escuchar de su boca la palabra “madre”.

- Adam… Tú naciste en un plano distinto al que ahora habitas. Eres especial, hijo. Único.

- Pero… ¿cómo puede ser cierto…? Soy sólo una persona…

- Eres mi hijo. Eres hijo de la fe, y de un hombre del cual se cantará su grandeza por siglos desde ahora.

- ¿Quién…? ¿¿Quién es mi padre?? – preguntó el joven defensor.

- Querido mío… Tu padre es Rick Johnson… el hombre que fue llamado Capitán Cometa.

II

Matt llevaba varias horas sentado en el banco de la pequeña plazoleta donde solía juntarse con Sophie desde que ambos eran pequeños.

Hasta ese día, la chica nunca había fallado cuando se había comprometido. Pero después de la segunda hora de espera, Matt pensó que quizás esta sería la primera vez.

Esto motivó que muchos pensamientos surgieran en la mente del joven. No lo había notado, pero desde que Adam apareció, cada vez era menos el tiempo que él podía pasar con su mejor amiga…

Además, el comportamiento de ella no era el mismo en los últimos días, y parecía insegura, muy diferente a la Sophie normal.

Muchas ideas se vinieron a la mente del joven. Ninguna era muy feliz, y la mayoría relacionaban a Adam con la extraña actitud de su antigua amiga. Los minutos pasaban y se hicieron horas. “Sophie ya no llegó”, era la frase que se decía a si mismo Matt.

Se levantó, y se fue. Dejó atrás la plazoleta, pero no podía dejar atrás sus pensamientos, y menos lo que realmente sentía: ira.

III

El relato de Itfad era tan real, que Adam podía ver las imágenes del pasado pasar frente a sus ojos.

Allí estaba, el héroe más grande que ha existido, el segundo hombre en llevar el nombre del Capitán Cometa, volando sobre la ciudad, desplegando su gran poder para salvar e inspirar a las personas.

La imagen era imponente, y Adam quedó impresionado ante lo que transmitía el más grande defensor de todos. Entonces, Itfad habló.

- Él, querido Adam, era tu padre…

La diosa hizo una pausa, y las imágenes fueron explicando lo que estaba a punto de narrar. El joven escuchaba, impresionado.

- Hace años, Rick Johnson, el segundo Capitán Cometa, vino a nosotros en busca de consejo. Los Hachit lo recibieron como el héroe que era, y su Guía profetizó lo que vendría para él… tiempos oscuros en su vida y la del mundo… Pero el futuro requería de una luz… La historia no habría de terminar durante la “Última Era de los Héroes”, y el Capitán Cometa no sería el último de los grandes. El futuro necesitaba que la Fe continuara…

Una lágrima brotó de los ojos de Adam. Las emociones lo dominaban, y sentía que algo crecía dentro de él. Se daba cuenta de lo que todo esto significaba.

- Tú, Adam Johnson, eres esa luz, ese hijo de la fe, que el mundo necesita. Debes continuar el legado de tu padre, y transmitirles la fe a todos los habitantes de tu mundo. Ese es tu destino, para eso fuiste concebido.

El joven defensor sentía escalofríos en su cuerpo. Saber que era el hijo de una diosa y del héroe más grande del mundo era casi un sueño. Estar ahí era irreal, pero sabía que todo lo que había visto y oído era verdad. Itfad siguió.

- Durante años habitaste un plano distinto al que ahora habitas. Fuiste preparado, y cuando el nacimiento del Nuevo Mundo llegó, tú llegaste con él – la diosa lo miró con ojos comprensivos - Debes ocupar ese lugar, Adam. Debes seguir el camino de tu padre.

Una leve sonrisa se esbozó en el rostro de Adam. La gran energía que expulsaba su cuerpo seguía demostrando la mezcla de emociones, y la intensidad de lo que estaba sintiendo. Sentía que era la verdad, y sentía esa fe de la que su madre hablaba.

- Madre… Intentaré ser digno… - se atrevió a decir Adam.

La diosa intentó abrazarlo, con una luz que se iba haciendo sólida poco a poco. Pero algo, una mancha de oscuridad, detuvo su intención…

IV

La oscuridad creció y comenzó a engullir la luz que rodeaba a Adam y a su madre, Itfad. Las emociones del joven cambiaron, e incluso la diosa retrocedió.

Frente a ellos, desde la oscuridad, una figura comenzó a formarse, como si surgiera desde un fluido informe, hasta hacerse sólida. Una risa escalofriante interrumpió el silencioso momento.

- Estás equivocado si crees que con ponerte del lado de la fe, lograrás algo – dijo una voz escalofriante – Si realmente quieres verdadero poder, déjame mostrarte la fuerza más poderosa en este mundo…

- ¿Qué… quién eres tú? – preguntó Adam, mientras Itfad se ponía en guardia, con mirada de recelo.

- Los hombres me temen, y evitan nombrarme. Me temen, y no se atreven a mirarme a la cara, creyendo que olvidándome, desapareceré... ¡Porque saben el poder que poseo! ¡Saben que no hay nada que me supere, ni la fe ni el destino, ni ninguna emoción! Ellos, débiles como una hoja, me conocen como Itmed, el dios del miedo… ¡y yo te demostraré el verdadero poder de la emoción más poderosa que existe! ¡¡Abraza el horror!!


Continúa...

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