19.9.09

Dragón Blanco/Negro #5

“Dragón ¿Rojo?”
Historia: Zirijo.

I

Templo del Dragón de Mil Cabezas.

- ¿Cómo está Liu? – pregunta Tao Po Fu, a Shaman.

- Está estable, ya su cuerpo ha sanado, pero solo su espíritu continúa roto – le contesta el Guardián de Oriente.

Hace un tiempo, Dragón Blanco/Negro sufrió un episodio de descontrol, permitiendo que el poder del Dragón Negro se apoderara de su conciencia. Enfrentó a Goldhem, y ayudó a detener a las bandas que controlaba La Dinastía, en todo Beijing. Shaman había estado cuidando de Liu Fung Dae todo este tiempo, en el Templo de los Mil Dragones, mientras que ayudaba a Tao Po Fu con su entrenamiento y el de los de los monjes.

- Es increíble cómo pasa el tiempo. – reflexiona Tao Po Fu, que se mostraba diferente desde el incidente en la Gran Muralla - La profecía de Liu Cho se hizo realidad, pero gracias a los dioses, pudimos sobrevivir.

- Espero que no vuelva a ocurrir algo así nuevamente… sería desastroso.

- Si… pero, China no tiene a nadie que pueda protegerla mientras Liu no logre ponerse de pie.

- Es cierto. La ayuda de Sú Fú es importantísima – comenta Shaman - Pero a pesar de su gran velocidad, no puede estar en todos lados a la vez, menos en un país tan grande como China.

- Se necesitará más que Los Guardianes de Oriente para poder proteger a los ciudadanos chinos.

- ¿En qué estás pensando, Tao Po Fu? – le pregunta Shaman al discípulo del difunto Liu Cho, que miraba fijamente la tumba de su maestro.

- En nada, Shaman… sólo tratando de ver que podemos hacer.

II

En algún lugar de la Provincia de Liaoning.

En una de las tantas carreteras rurales de la provincia de Liaoning, camina un hombre desconocido, vestido con harapos que en alguna ocasión fueron verdes, buscando un lugar donde dormir, puesto que la noche se aproxima, y, al parecer, esta pobre alma de Dios no tiene un hogar donde regresar. Un vehículo se detiene, para ver si puede ayudar a este vagabundo. Se trata de Xiaomei, esposa de uno de los encargados comunales para la repartición de agua de regadío, conocida por su caridad y buena voluntad.

- ¿Puedo acercarlo a algún lado, señor? – le pregunta desde el asiento del conductor, al vagabundo.

- No tengo donde ir, señora – contesta él – Busco un techo para esta noche de invierno.

- Mmm… Suba, ya veremos donde podemos ubicarlo, siempre hay lugar para uno más en Liaoning.

El vagabundo subió al automóvil, y este comenzó a avanzar. Se dirigían a la Fundación Lupshing, hogar de acogida de los sin hogar.

- Sólo puedo traerlo hasta aquí, mi buen amigo. Espero que adentro le atiendan bien, y le den un plato de comida. Se ve que no ha comido en días, y con su edad, eso es peligroso.

- Muchas gracias, señora, no sé cómo agradecerle.

- Vamos a necesitar mucha mano de obra estos días, ya que debemos arreglar un canal que se desbordó por las lluvias, puede que le den trabajo en eso. Espero verlo ahí.

- Si – responde el hombre de harapos – Todo por un plato de comida.

El vehículo se pierde a lo lejos en el camino, mientras que el vagabundo es anotado como indocumentado y sin nombre en el hogar de acogida.

- ¿Está seguro que no sabe su nombre, y que no trae ninguna identificación? – le pregunta la encargada de recibir a los sin hogar.

- Seguro, señora… sólo quiero dormir y comer un poco, ha sido un largo camino hasta aquí.

- Muy bien, no se preocupe, le vamos a dar un nombre, y un plato de comida.

- Gracias, muchas gracias.

III

Es de noche en el Templo de los Mil Dragones, y Tao Po Fu es el único despierto. Camina por los antiguos pasillos, hasta detenerse en el Cuarto de los Secretos. El candado que resguarda algunos de los secretos más increíbles de China, es abierto sin problemas. Desde que el pequeño Tao Po Fu hizo contacto con el dragón de la Muralla China, había alcanzado un grado de dominio sobre la magia, superior a muchos de los más grandes hechiceros.

Dentro del cuarto, ve el cofre que contenía el cubo, Llave del Cielo, el cual había robado Meng Li. Se para frente a un estante que contiene antiguos pergaminos, de tiempos inmemoriales, saca uno, y lo abre sobre una mesa. Comienza a recitar un antiguo hechizo, que hace que ciertas cosas del cuarto brillen intensamente. De éstas, a Tao Po Fu sólo le interesa una, una caja que está sobre otro escritorio. Se dirige hacia ella, y la abre.

Al día siguiente, Shaman busca a Tao Po Fu por los pasillos del Templo de los Mil Dragones.

- ¡Tao Po Fu! ¡Tienes que ver esto! – gritaba por los pasillos.

- ¿Qué pasa, Shaman? – le contesta, mientras sale apresuradamente de su habitación.

- ¿Dónde estabas, Tao Po Fu? Hace poco te busqué en tu habitación, y no estabas.

- He estado todo el tiempo ahí – contesta el chiquillo.

- Bueno, el tema es que hay un tipo haciendo de las suyas en Beijing… los noticieros hablan de un segundo Dragón Blanco/Negro. Conocen la historia de la batalla con Goldhem, y esta mañana hay pistas de alguien que está deteniendo a todos los bandidos de la ciudad.

- Pero eso es imposible, no hay nadie que pueda superar a Liu Fung Dae, ni siquiera igualarlo.

- Pero alguien trata. Los delincuentes hablan de una sombra roja, que los detuvo en seco. Sólo eso pueden recordar.

- Que extraño – dice Tao Po Fu, mientras camina en dirección a la habitación de Liu Fung Dae. Abre la puerta y lo ve recostado – Es imposible que Liu esté haciendo esto de forma inconsciente.

- Debe ser un imitador, debemos saber quien es, hay que conocer sus intenciones, para ver si es confiable.

- ¿Pero no es suficiente con ver que detiene a los “tipos malos”? – pregunta Tao Po Fu, inconscientemente.

- No me fío, puede ser un desquiciado. En cualquier momento puede matar a alguien. Los ladrones detenidos fueron encontrados gravemente heridos.

- Se lo merecen, por cometer esos delitos, ese tal “Dragón Rojo” debe tener sus motivos.

- ¿Dragón Rojo? – pregunta Shaman – ¿De dónde sacaste que es un dragón?

- Por la semejanza con Liu Fung Dae – contesta Tao Po Fu, rápidamente –… Debo empezar con mis deberes del Templo, Shaman… si me disculpas.

IV

Es un nuevo día en Loitse, y todos se preparan para oír al encargado de las aguas de regadío, una autoridad de tiempo completo en la zona. Esta comuna rural estaba en problemas, ya que tras las lluvias, el canal se rompió, y necesita ser reconstruido rápidamente, para que las cosechas de verano, el único sustento de muchas familias de esta localidad, no se pierdan. Entre toda esta gente se encuentra el vagabundo que fue recogido de la carretera el día anterior. Estaba ahí solamente por gratitud a la esposa del encargado, que le había enviado a un lugar donde dormir y comer, y donde hasta le dieron un nombre: Lee.

- Amables ciudadanos de Loitse, nos hemos reunido hoy para solucionar el problema que nos aqueja – dijo la autoridad, hablando a todos, desde la parte superior del canal – Sólo les puedo decir que el gobierno central no ha enviado dinero para arreglar el canal, por lo que todos tendrán que poner algo de su dinero para comprar material y repararlo.

Las palabras del conocido Yuga Ming no fueron alentadoras, pero todos confiaban en él, ya que había sido el encargado del canal por muchos años. Mientras continuaba con su discurso, un funcionario de la municipalidad interrumpió el discurso.

- ¡Todo lo que dice este hombre es mentira! ¡Este hombre se está quedando con el dinero! ¡Ustedes no deben pagar nada!

Las palabras del funcionario estremecieron al encargado, que sin pensarlo, lo golpeó hasta hacerlo caer.

- Cómo se te ocurre decir algo así, sabes que esta gente es ignorante. No tiene derecho a ese dinero, solo yo puedo administrarlo de la mejor forma.

- Eso es mentira, usted es un ambicioso y mentiroso. Ha estado quedándose con el dinero del gobierno por muchos años - le responde el valiente funcionario, antes de ser reducido por los guardaespaldas de Yuga Ming.

En eso, el vagabundo ve lo que pasa y no le gusta. Ese sujeto no debe ser el responsable por esta comunidad. Al ver la reacción pasiva de la gente, Lee salta ágilmente hasta donde está Yuga Ming, y lo enfrenta.

- Ese tipo tiene razón, no puedes seguir haciendo esto con estas personas – lo confrontó el hombre de harapos.

- ¿Cómo subiste así de rápido aquí, viejo? – preguntó el encargado – Además, no eres nadie, sólo un vago. No puedes hacer nada para impedir que siga en mi puesto.

El tipo tenía razón. Lee no podía hacer nada, era un don nadie, lo más bajo de la sociedad china. Pero un segundo después, sintió un calor familiar en sus manos, y una gran energía que luego dirigió hacia Yuga Ming, y pronunció palabras que desencadenaron recuerdos.

- ¡¡¡Long Do!!!

Yuga Ming quedó calcinado bajo la técnica. Ahora todo era claro, Lee no era una vagabundo; alguna vez fue el Emperador de China, se enfrentó ante Liu Cho en la Gran Muralla China, y fue derrotado.

Xiaomei, la mujer de Yuga Ming, se acercó al humeante cadáver de su marido, llorando.

- ¿¡Qué has hecho, Lee?! ¿¡Qué has hecho?! – le preguntaba con gritos, a este vagabundo que había recogido en la carretera.

- Lee no, señora. Lee nunca existió… yo soy Meng Li, el futuro Emperador de China.

La población no supo qué hacer, se sentía liberada de las manos de Yuga Ming, pero ante ellos se erigía Meng Li, un asesino.

- ¡Gente! – se dirigió Meng Li, al público – Ante la corrupción, y ante toda la escoria gubernamental y todo los que amenace, yo, el Emperador Meng Li, soy la solución. Síganme, y yo les daré todo lo que necesitan.

Un grito de alegría general se escuchó en Loitse, por la campaña de Meng Li para hacerse con el poder. Meng Li caminaba entre la multitud, saludando. Algo se alcanzó a escuchar de sus labios, mientras se dirigía al edificio del municipio.

- Ahora, necesito hablar con mis ministros.

V

Las calles de Beijing eran resguardadas por Sú Fú, mientras que este nuevo “Dragón Rojo” aparecía repentinamente en acción. Una banda de asaltantes estaba vaciando una bodega en el puerto, cuando apareció desde las alturas este nuevo defensor. Sin preguntar, comenzó a repartir golpes a todos los que se encontraban ahí. Uno tras otro, los ladrones caían, hasta que uno le hizo frente a los golpes del Dragón Rojo.

- ¿Cómo te llamas? – preguntó Dragón Rojo.

- Sería bueno saber quien lo pregunta – respondió el asaltante, que estaba junto a otro de los ladrones que no alcanzó a recibir la paliza de “la sombra roja”, como lo había bautizado la prensa.

- Eres más inteligente que todos estos tipos, ¿por qué estas robando?

- El por qué no es la verdadera pregunta, la pregunta es qué estamos robando. Pero si insistes, es porque hace tiempo no hacíamos ejercicio.

- ¿Te crees muy gracioso? Ya verás que sucede si te enfrentas al Dragón Rojo.

Cuando estaba a punto de atacar, se escuchó un zumbido que sólo pudieron detectar personas altamente entrenadas. Ambos ladrones saltaron hacia atrás, mientras pasó una ráfaga blanca en frente de ellos. Era Sú Fú, que realizaba la ronda nocturna. Se detuvo al lado de “Dragón Rojo”.

- ¿Tao Po Fu? ¿Qué haces disfrazado así? – preguntó Sú Fú.

- ¿Cómo supiste que era yo? – preguntó Tao Po Fu, que se sacó la máscara que tapaba su boca.

- Tus nuevos ojos rojos son inconfundibles… además es imposible no reconocerte.

- Mi identidad secreta ya no importa, hay que encargarse de estos dos – dijo Tao Po Fu, el Dragón Rojo.

- Si nos disculpan, preferimos no estar aquí – dijo uno de los ladrones, mientras saltaban sobre el bunker y trataban de escapar.

- No será tan fácil – dijo Sú Fú, mientras los seguía, lanzando unos golpes a una velocidad impresionante.

Lo más impresionante de todo, era que el gracioso de los ladrones esquivaba la mayoría de los golpes, mientras que se cubría de los otros. Sú Fú quedó perpleja, y se quedó quieta. Dragón Rojo saltó desde las espaldas de Sú Fú y atacó al otro ladrón, que realizó una maniobra elástica, doblándose entero y dejando pasar de largo a Tao Po Fu.

- Si nos perdonan, debemos irnos, tenemos hora con el dentista, y no saben lo que cuesta conseguir una, ¡hú, hú! – dijo el gracioso de los ladrones, de una forma simiesca, mientras escapaba con su compañero.

- ¿Quiénes son esos tipos? – se preguntó en voz alta Sú Fú.

- Yo tampoco lo sé, pero debemos averiguarlo – dijo una voz.

- ¿Liu…? – se volteó Tao Po Fu, para ver de quien era la voz que venía de atrás de ellos.
Efectivamente, era Dragón Blanco.

- ¿Pero qué estás haciendo aquí? – le preguntó Sú Fú a Dragón Blanco – Se supone que estás… no sé, ¿enfermo?

- Lo que sea que haya estado, ya me recuperé y partí en seguida, luego de que Shaman me contara del nuevo guardián. Y supe inmediatamente de quien se trataba, al no encontrarte en el Templo.

- Estaba tapando el agujero que significaba tu ausencia, Liu, sólo eso.

- Lo sé, “Dragón Rojo”, pero puedes encontrarte con personas preparadas, como las que vimos ahora. Esos dos no eran ladrones comunes, estaban buscando algo específico dentro de ese contenedor, estaban de infiltrados en esa banda de ladrones.

- ¿Cómo sabes eso, Dragón Blanco? – preguntó Sú Fú.

- Porque son muy talentosos como para ser ladrones comunes. Creo que sé de quien se trata. Y hay que estar preparados, lo que hemos vivido hasta ahora, no es nada comparado con lo que viene.

VI

- Tienes un llamado – dice el guardia de la prisión de alta seguridad de Beijing a Tcheng, que había sido encarcelado luego de la guerra de pandillas.

- ¿Una llamada? – pregunta Tcheng – Mi familia no me quiere ver, y fui despedido… nadie quiere hablar conmigo.

- Hay alguien… apresúrate, tienes poco tiempo – contesta el guardia que abría la celda.
Tcheng levanta el auricular con su única mano, y dice:

- ¿Aló? ¿Con quién hablo?

A lo cual, la misteriosa y familiar voz le contesta:

- Es hora del verdadero plan, Tcheng. Los “Death Soldiers” ya fueron probados, ahora hay que seguir con el procedimiento.

La cara de Tcheng se llena de sorpresa, y sólo atina a pronunciar tres palabras.

- Contactar a Ogusa.


Continúa...
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