19.8.09

Star Crusade #6

“Caminos Cruzados”
Historia: Rodrigo Roa.

I

Planeta Dardac. Ahora.

N’Arek se sentía una vez más en control de su cuerpo. Ya había aprendido a convivir con sus nuevas habilidades, y esperaba usarlas sólo en caso de extrema necesidad. Por lo demás, esperaba que ese caso nunca ocurriese.

Comenzó a vestirse para una nueva jornada de trabajo. Sus grandes amigos, C’Esut y G’Iyb, lo esperaban para continuar las labores que quedaron pendientes de días anteriores. A pesar del complicado trabajo, N’Arek no se sentía cansado, porque estaba haciendo lo que realmente quería hacer.

Terminaba de ponerse sus ropas, cuando sintió una extraña brisa, y tuvo la sensación de una presencia en su choza. Se levantó, y miró en todas direcciones. A sus espaldas, una extraña luminosidad comenzó a tomar forma.

- N’Arek de Dardac… Te saludo – dijo una voz profunda, pero suave – Mi nombre es X’Olahm, representante de nuestro planeta ante el Consejo InterPlanetario. Me han enviado a ti, porque el universo te necesita.

N’Arek sintió un escalofrío al escuchar esto. Sabía perfectamente lo que significaban estas palabras viniendo de un miembro del Consejo.

- ¿A… mi? – preguntó, nervioso - ¿Por qué habría de necesitarme?

- Una serie de sucesos se han desencadenado, y el equilibrio es frágil… Necesitamos que te unas a nuestra cruzada.

- Yo ya no soy un héroe… Sólo soy una dardakiano normal – replicó N’Arek – Busquen a otro… deben haber muchos más capaces…

- No, te necesitamos a ti – dijo X’Olahm, con fuerza – Sólo tú puedes cumplir la misión que el Consejo te encarga. El universo entero… y la Tierra… están en peligro.

N’Arek sabía que era muy difícil discutir con un miembro del Consejo, pero se negaba a que una vez más su vida se convirtiera en un espiral de aventuras sin pausa. Pero entonces, recordó lo que su padre adoptivo, en la Tierra, le había enseñado, y lo que había prometido a su memoria. Nunca más dejaría que un mundo sufriera lo que el suyo había sufrido. Amaba la Tierra, pero no sólo la Tierra, sino que la vida en todos los planetas. Le había prometido a su padre adoptivo, Jarvis Armstrong, que sería un defensor de los inocentes, por el resto de sus días.

Tras hacer un esfuerzo, comenzó a ceder… Quizás debía tomar la misión. Al menos, esta misión, una sola y nada más.

- ¿Y cuál es esa misión? ¿Qué necesitan que haga? – preguntó, convenciéndose poco a poco.

- Tras la Guerra Universal, Umnis fue destruida… pero no completamente – respondió X’Olahm – Necesitamos que encuentres a Talascia, la última ciudad de los Umnitas.

Esto último fue como un golpe para N’Arek. Miró el cielo, y respiró hondo. Creía que no tendría que ver una vez más a nadie de esa raza, pero sabía que debía ir. Cuando bajó la vista, vio que X’Olahm le extendía un ropaje… su traje.

- Bienvenido de regreso, Hyperman.

II

Planeta Anthil, Sistema Algol, constelación de Perseo.

Soulblade demostraba ser un gran guerrero, y atacaba con violencia. El Capitán Estelar, sorprendido por este ataque, sólo alcanzaba a detener los golpes que su oponente le lanzaba con las navajas de energía que brotaban de sus manos.

Arubal, por su parte, se había quedado estático apenas comenzó el combate, pero ahora intentaba intervenir. Lanzó un potente golpe, que impactó a Soulblade, y lo arrojó a gran distancia. Pero su herida le impedía moverse demasiado.

- Tranquilo, Arubal, yo me encargo – dijo el Capitán Estelar, mientras preparaba un ataque. Pero justo antes de que lograra lanzar la energía, Soulblade saltó rápidamente, y lo golpeó, derribándolo.

Una vez que estuvo sobre él, comenzó a golpearlo repetidamente, con fuerza, y el cuerpo del defensor quedó incrustado en el piso. Inmediatamente, Soulblade dio un ágil salto, y golpeó en el rostro a Arubal, lo cual derribó al thilar.

Cuando vio derribados a ambos, Soulblade volvió su vista al Capitán Estelar, y en una de sus manos apareció una navaja de energía. Se acercó y se agachó, y puso su mano en posición para ejecutar a su rival.

El Capitán trató de levantarse, pero estaba en una posición de desventaja.

- He oído muchas historias acerca del héroe del planeta Eburan, y ahora que te veo aquí, me doy cuenta de que… ¡eran exageradas! – le dijo el villano, justo mientras levantaba su mano para darle el golpe de gracia.

En ese momento, súbitamente, Soulblade fue levantado, tomado por un fuerte brazo. Trató de ver al responsable, pero antes de que pudiese girar la cabeza, recibió un potente golpe que lo dejó incrustado a varios metros de distancia.

- ¿Pensaste que con esa caricia me ibas a noquear? – dijo Arubal, desafiante – Jamás me des por derrotado tan rápido.

El Capitán Estelar se levantó con la ayuda del thilar, y un resplandor de energía surgió de sus manos, mientras se escuchaba con fuerza, “¡Polvo Estelar!”.

El ataque impactó de lleno el lugar donde Soulblade había caído tras el golpe de Arubal, y provocó una gran polvareda. Cuando el polvo se disipó, el villano no se levantó.

Sin embargo, los triunfadores de la batalla no pudieron ni siquiera descansar, porque ya llegaban algunos policías de Anthil, y comenzaban a abrir fuego contra ellos.

Inmediatamente, el Capitán instó a Arubal a abordar la nave, para evitar que alguien más retrasara su partida. Corrieron hasta ella, y entraron, cerrando la escotilla. Los disparos se sucedían, pero el defensor no tardó en encender los propulsores, y despegar rumbo al espacio.

Arubal miraba con nostalgia alejarse a su planeta natal. Una nueva vida comenzaba para él, lejos de su tierra, pero con un verdadero compañero a su lado, compartiendo su cruzada.

Mientras la nave se alejaba, y los policías aceptaban su derrota, desde debajo de un montón de rocas, Soulblade emergía, furioso. Mirando la nave que cruzaba la atmósfera, lanzó un grito de ira, pero que luego cambió por una sonrisa llena de malicia. Su propia nave le aguardaba, oculta, para continuar con la cacería…

III

Asteroide Prisión de la Policía InterPlanetaria. Ahora.

Lorgann, Mafve y Cludvor, miembros del Consejo InterPlanetario, hicieron una visita a la Prisión donde la Policía mantenía custodiados a los criminales más peligrosos del universo. Su objetivo era supervisar que todo estuviese en orden, y quitar sospechas acerca de la participación de villanos tan poderosos como Tak, quien podría orquestar algo sin necesidad de moverse, si su mente volviera a la normalidad.

- Todo parece estar tranquilo aquí… - observó Cludvor, representante del planeta Uda.

- A veces las apariencias engañan – reflexionó Mafve, quien representaba al planeta Qotae.

- Los análisis que nos han entregado, y la observación que hemos realizado, demuestran que ni Tak, ni ninguno de los criminales reclusos tiene algo que ver con todo lo que ha pasado – concluyó Lorgann.

Tras recorrer por última vez los pasillos de la Prisión, los tres miembros del Consejo se retiraron a un salón, donde, más tranquilos, repasaron los hechos que les preocupaban.

- Después de la Guerra Universal, la Policía persiguió y encarceló a todos los criminales… - dijo Mafve - ¿Es posible que alguien haya escapado?

- Nadie de importancia… al menos en nuestros registros… - respondió Lorgann.

- Umnis fue destruido por el mismo Tak… así que no creo que ellos sean responsables. Talascia no tiene el poder ni los recursos para llevar a cabo un plan así – complementó Cludvor.

- De todas formas, Hyperman se dirigirá hasta allá – explicó Lorgann – Pero me preocupa el ataque que sufrió Nishke y la patrulla que lo acompañó… Además, Overtaker nos ha explicado que uno de los cristales de Cor cayó en la Tierra. Esto debe ser mantenido en secreto, claro está.

- Nishke dará un reporte… Pero, ¿qué hay de todos los cristales que no hemos alcanzado a recolectar, y que han desaparecido? – preguntó Mafve, preocupado.

- Esperemos que el viaje del Capitán Estelar sea provechoso en ese sentido. Confiamos en él – dijo Lorgann – Pero me temo que hay algo que no encaja en todo esto… Como si estuviésemos pasando algo por alto…

Los tres se miraron, preocupados. A pesar de que todos sus agentes trabajaban con dedicación, y de que tenían cubiertos todos los factores involucrados, sabían que algo más sucedía en el trasfondo. El problema era que no tenían ninguna pista de lo que era realmente.

- Sea lo que sea, debemos descubrirlo pronto… El tiempo que perdamos es valioso. Ordenaremos que la recolección se acelere – dijo Lorgann, aunque su mente estaba en otro lado – Y roguemos porque no estemos cometiendo un error… o para que no sea demasiado tarde…

Lorgann, Mafve y Cludvor dejaron el lugar, y se teletransportaron de vuelta al Salón Central del Consejo. Las siguientes acciones se pusieron en marcha, pero aún estaban lejos de saber la verdad detrás de los hechos.

IV

La Luna, Sistema Solar.

Will Bowman pasó horas y horas en el satélite natural del planeta Tierra. A pesar de la monotonía del paisaje, siempre encontraba algo nuevo que observar, y todo le parecía una metáfora de lo que pasaba en su vida actual. Esto, porque en realidad no tenía idea de lo que estaba pasando, y le era imposible definirlo.

Entonces, pensó en las estrellas. Todos esos pequeños puntos brillantes a la distancia eran verdaderas máquinas del tiempo. Su luz tardaba en llegarnos, pero curiosamente él sentía que estaba tan cerca… Él mismo sentía que una estrella ardía dentro de él, en el centro de su cuerpo.

¿Cuántas de esas estrellas estarían ya muertas? ¿Cuántas renacidas?

Por momentos se sentía en armonía con el universo, y veía en esos puntos luminosos, verdaderas hermanas, bellas, brillantes, cercanas, a pesar de los años luz que los separaban. No era casualidad que una de esas estrellas hubiese caído sobre él. El universo quería cruzar su camino con la vida de Will Bowman.

¿Cuántas estrellas habían renacido, tal como él lo había hecho? Había muerto y renacido a través de un punto brillante, un cristal de Cor, una estrella caída del cielo.

Él mismo había vivido el proceso de una estrella. Su vida había acabado, y comenzado, violentamente, con belleza… una explosión… quizás eso era lo que él era ahora… una nova…

En ese momento, algo desvió su atención… A gran distancia, una estela interrumpía la armonía universal, el silencio eterno. Will agudizó sus sentidos, y se le hizo natural esta capacidad.

Allá, con una trayectoria directa hacia la Tierra, una extraña nave viajaba a toda velocidad. Y dentro de ella, Nurlabe contaba los segundos para pasar a la siguiente fase de su misión.

Lo que no consideraba, era que en ese exacto momento, su camino se había cruzado con el del hombre que alguna vez fue Will Bowman…


Continúa...
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