4.2.09

Fuego #3

“Derecho de Propiedad” (Parte 3 de 3)
Historia: Rodrigo Roa.

I

Si bien la primera reacción de la Mujer de Fuego fue de desesperación, y preocupación por su hermano, pronto su atención de desvió hacia el enorme incendio que se expandía en las casas y edificios cercanos al galpón donde había ocurrido la gigantesca explosión.

Su instinto de heroína, desarrollado a través de los años, le hacía pensar primero en solucionar los mayores peligros, por lo cual, debería aplazar a su hermano, para salvar a las demás personas. Haciendo un esfuerzo mental para superar esto, voló sobre las casas, observó la situación, y se preparó.

Dentro de sus habilidades de manipulación del fuego, estaba la posibilidad de absorberlo, tal como había hecho hace algunas semanas durante su combate con Erdol, y en algunas otras ocasiones en el pasado. Sin embargo, esta vez era muy distinto. La cantidad de fuego que había en toda la zona iba mucho más allá de lo que ella, o alguno de sus hermanos, alguna vez hubiese controlado. No sabía con certeza si sería capaz de absorberlo todo… y mucho menos si eso no acabaría con ella.

Pero no lo pensó demasiado, y sin titubear, se lanzó a realizar su idea, la única posibilidad que veía de detener una catástrofe mayor. Y mientras volaba, se repetía a si misma lo único que la tranquilizaba.

- Tú sabes cómo hacerlo, Justin. Por favor, escapa…

II

Abrió los ojos, después de varios segundos, que en realidad parecieron minutos. Sintió una fuerte respiración a su lado, y vio como el pequeño espacio en el que estaba, estaba libre de escombros. Sólo habían fuego y químicos a su alrededor, pero él no tenía ningún daño mayor. Justin Smith, el Hombre de Fuego, podía decir que había sido afortunado. Pero, ¿cómo?

Se giró, aunque le costó hacerlo, y vio que un gran cuerpo se había interpuesto entre él y los escombros, y le había permitido librarse de cualquier daño. Era Escorpión, y estaba sosteniendo todo lo que cayó sobre ellos. Confundido, sólo atinó a decir lo más lógico.

- Gra… gracias…

El guerrero no respondió nada, y lanzó los trozos de materiales a una gran distancia. Dándole la espalda al joven héroe, comenzó a caminar, buscando lo que vino a buscar.

La única intención que había tenido al venir, era encontrar a Espuma. Había llegado justo a tiempo para proteger al defensor, pero en realidad no lo hacía por nada más que por su orgullo. No podía quedarse sin un rival, y menos, dejar ganar a Espuma.

Escorpión lo rastreo por todo el lugar, sin importarle si pasaba entre las llamas. “Al menos tiene alguna ventaja”, pensaba acerca de su nuevo cuerpo de concreto. Miraba en todas direcciones, y recorría lo que antes había sido un galpón, y también los alrededores.

De pronto, desde la oscuridad, Espuma saltó a atacarlo, y lo envolvió con su cuerpo moldeable. El guerrero no alcanzó a reaccionar y quedó cegado, lanzando manotazos al aire, tratando de zafarse de lo que lo asfixiaba.

Mientras, el Hombre de Fuego buscó la salida de lo que quedaba de galpón, y corrió como pudo hacia ella… Necesitaba aire, y pensar qué debería hacer. Al salir, notó que el desastre era aún mayor de lo que pensaba, y que todo se quemaba a su alrededor.

De pronto, levantó la vista, y allá arriba, vio como su hermana absorbía el fuego. Preocupado, gritó.

- ¡Julie, no! ¡No lo hagas! ¡Detente!

III

La fuerza de Escorpión era mucho mayor que la de cualquier ser humano. Por ello, con un esfuerzo, no tardó en sacarse de encima a Espuma. Estirando sus brazos, lo arrojó a varios metros.

Pero el villano no se daba por vencido, y volvió a la carga, arrojando todo su cuerpo sobre el guerrero. Esta vez, Escorpión lo esperó y lo recibió de lleno con un puñetazo. Cómo eso no detuvo totalmente a Espuma, le arrojó otro de inmediato, y lo hizo retroceder un poco. Decidido, el guerrero, furioso, comenzó a lanzar un golpe tras otro, con gran velocidad y sin detenerse en ningún momento.

Poco a poco, Espuma fue retrocediendo, y volviendo a su forma antropomorfa. Pero el guerrero no paraba, y Espuma no lograba hacer nada ante la presión de esos golpes, más duros que el concreto.

Y Escorpión no se detuvo hasta que derribó a Espuma, y siguió, hasta que los golpes comenzaron a deshacer el cuerpo de Espuma. El guerrero ahora golpeaba el suelo, a través de trozos de espuma, que salpicaban en todas direcciones.

El último golpe del guerrero encontró directamente el concreto del piso, y Espuma estaba reducido a varios trozos sin forma. El villano recurrió a sus últimas fuerzas para volver a unir su cuerpo, pero no logró levantarse, agotado, derrotado y destrozado.

Escorpión se levantó, arrogante, miró con desprecio a Espuma, y le habló con la intención de humillarlo aún más.

- No eres nada, Espuma. Ni siquiera me agité, y quedaste reducido a la nada. ¡No te vuelvas a atrever! Imbécil…

Escorpión volvió a levantar la vista, parado sobre el cuerpo del villano, y vio como el Hombre de Fuego salía del galpón, y como la Mujer de Fuego flotaba sobre el lugar, absorbiendo el fuego…

IV

- ¡Julie! ¡Julie! – gritaba Justin, con desesperación - ¡No lo hagas! ¡No lo hagas tu sola, es demasiado! ¡Espera!

La Mujer de Fuego había absorbido una gran cantidad de fuego, y su cuerpo había crecido. Alrededor de él, se habían formado dos gigantescas estelas de fuego, que la rodeaban por completo, y en sus manos se concentraban grandes llamaradas. Julie gritaba de dolor, y soportaba a duras penas. Sin embargo, poco a poco, los edificios del lugar se apagaban, y sólo humo surgía de ellos. El plan de la defensora estaba surtiendo efecto… ¿pero a qué precio?

El Hombre de Fuego, miraba a su hermana, pero sus fuerzas no lo dejaban actuar con rapidez. Se sentía mareado, y su visión estaba borrosa. Los efectos de los químicos en la explosión estaban llegando a su cuerpo, a pesar de la ayuda de Escorpión, por lo que dejó su forma ígnea, demasiado débil para retomarla. Ahora, era sólo Justin Smith.

El fuego de los alrededores era cada vez menor, y el fuego que rodeaba a la Mujer de Fuego era cada vez mayor. La heroína siguió así, hasta ver que no quedaba nada más que una humareda. Pero al terminar, la cantidad de fuego era tal, que la forma humana de la mujer, era irreconocible. Al levantar la mirada, sólo se veía una masa gigantesca de fuego, flotando sobre el lugar.

Justin no sabía que hacer. Algunas lágrimas, de desesperación y miedo, salieron de sus ojos, pero las ocultó cambiando una vez más a su forma ígnea. No podía ver con claridad a su hermana, y el espectáculo de fuego era sobrecogedor. De pronto, notó algo. Entre las llamas, distinguió una figura humana.

- ¡Julie! ¡Estás bien! – dijo, con esperanza, disfrazada de alegría.

La silueta estaba cada vez más cerca, y Justin comenzó a sentir un escalofrío. ¿Qué tal si…?

A los pocos segundos, Justin vio la verdad. Julie caía, desvanecida, envuelta en llamas, y todo el fuego caía con ella.

V

Sólo un círculo de fuego decoraba el lugar, aunque sin peligro para los edificios cercanos. En los alrededores había un silencio absoluto, que permitía escuchar el crepitar de las llamas, que formaban una especie de muralla circular. Al centro de ellas, una columna de fuego se elevaba, pero cada vez se hacía más tenue.

Justin, en su forma ígnea, se acercó y cruzó la muralla de fuego. Caminó lentamente, observando a su alrededor, y buscando algo que le indicara que su hermana estaba bien. Pero cuando se acercó a la gran columna del centro, notó que esta brotaba del cuerpo de la Mujer de Fuego, que estaba recostada, y que poco a poco se estaba desvaneciendo.

Justin corrió hasta ella. La tomó entre sus brazos, y trató de calmarse a sí mismo, hablándole.

- ¡Julie! ¡Al fin te encuentro! ¡Todo estará bien! Ya verás… tú eres fuerte, tan fuerte como nuestro hermano… - en ese momento, el cuerpo de la mujer se hizo aún más tenue - ¡No me dejes solo, hermana!

- Justin… - le respondió la defensora, con una voz débil – Debes ser fuerte… debes aprender a vivir sin George… y sin mi… Es tiempo de que trascienda…

Justin no podía contener las lágrimas, pero en su forma ígnea, las lágrimas no salían más allá de su rostro. Sólo el vapor que salía de su rostro de fuego lo demostraba.

- Julie… no… No me dejes solo… Te necesito a ti… - Justin la abrazó más fuerte, pero notó que el cuerpo de su hermana, la Mujer de Fuego, prácticamente no tenía consistencia sólida.

- Justin… te quiero… Debes crecer y aprender… Ahora tú eres el Hombre de Fuego… Debes ser fuerte… Debes ser fuerte… Debes ser…

El rostro de Julie ya no era visible. Las últimas palabras sonaron como un eco en el aire, y el fuego que componía el cuerpo de la mujer, se desvaneció en el aire, por completo. Ya no quedaba nada en los brazos de Justin.

El joven defensor se puso de pie, aún con “lágrimas” en sus ojos. Miró a su alrededor, y notó que aún quedaba fuego. A varios metros de distancia, Escorpión observaba la escena. Justin no tenía fuerzas para hacer nada, así que sólo lo miró. El guerrero, tomando en uno de sus hombros el cuerpo inconsciente de Espuma, le habló con voz fuerte y segura, y con una expresión dura en su rostro.

- No creas que hice esto por ti. Deberías escuchar las palabras de tu hermana, y ser fuerte. Por esta vez, lo dejaremos así… pero me verás cerca, pronto – y dando media vuelta, se fue.

Justin volvió a mirar alrededor. No había nadie. Estaba rodeado por un círculo de fuego, y abrumado por el recuerdo de su hermana. El viento soplaba con más fuerza que antes. Miró fijamente el fuego cercano, tratando de encontrar un consuelo. Pero no lo había. Y ahora si comprendió que todo había cambiado. Ya no había una “Familia de Fuego”, sino que sólo él, el nuevo Hombre de Fuego. Debía crecer, porque sólo era él. Debía ser fuerte, porque así era como iba a vivir a partir de ahora. Solo.


Fin...
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