17.11.08

Mirox Zero: Dragón Blanco/Negro

Historia: Zirijo.

I

“Nunca he creído mucho en el destino, pero cosas como éstas, me hacen dudar”.

Años atrás.

“Mi familia siempre estuvo ligada a la tierra, fuente de vida y la fuerza de los dioses. Pero nunca fue fácil, menos cuando los inviernos son tan fríos y los veranos dejan pasar las llamas del infierno. La tierra no da sus frutos cuando Tan Kuan* se olvida de los hombres y mujeres de Yushu*.
Nunca fue fácil.

- Y, Long Dae, ¿cuándo nos vas a vender tus tierras? – pregunta un vecino a mi padre.

- Estas tierras pertenecen a mi familia desde que el tiempo existe, Hú An, jamás la vendería – responde mi padre con tono serio, pero amistoso.

La verdad es que desde pequeño me dediqué a trabajar la tierra, ayudaba a papá y a mis hermanos mayores. Picar, arar, plantar; eso fortaleció mi espalda, pero no mi carácter. Siempre fui el consentido de mamá, por ser el menor de los cuatro hermanos.

Era una temporada muy mala para la familia, los vecinos querían las tierras para sus animales y las lluvias no llegaban nunca, la sequía amenazaba las plantaciones y nuestro espíritu. Las conversaciones entre mis hermanos mayores y mi padre sobre el destino de la familia eran cada vez más contantes, y siempre terminaban en discusiones. Mis hermanos querían vender las tierras, no veían esperanza, pero mi padre, severo, contestaba que se debía mantener la tradición familiar y continuar con nuestra labor, cultivar la tierra y esperar…pero nunca nos dijo qué. Él sabía algo, con relación a nuestra estirpe, por lo que debíamos esperar en esta tierra dura y desolada.

Una noche, sentimos ruido, y desperté asustado. Corrí al cuarto de mis padres y los desperté. Casi llorando les grité que afuera de la casa se sentían ruidos extraños, como si un demonio estuviera afuera.

- Acompáñame Liu Fung Dae - dictó severo mi padre, con cara de no temer de nada ni nadie - toma una vela y despierta a tus hermanos.

Asentí y los desperté muy rápidamente. El rostro de mi padre infundió un poco de valor y seguridad. Afuera, ante la luz de la Luna llena, se vieron, a lo lejos, mil y un yaks comiendo, destrozando y pisoteando el trabajo de toda una vida. Todo perdido, destruido y sin esperanzas para continuar. El silencio de la resignación es interrumpido por una explosión en el granero, donde guardábamos las cosechas. Corrimos y las llamas consumían nuestro trabajo y la única razón que nos unía a esta tierra maldita por los dioses.

Al día siguiente, muy temprano en la mañana, la familia se dedica a interrogar a todo mundo para saber quién estaba tras la intencional destrucción de la enrejada y la destrucción de nuestro granero. Recorrimos las casas de los vecinos, pero todos alegaban que sus animales habían sido liberados en mitad de la noche, dejándolos sin responsabilidad al respecto.

Toda desgracia esta seguida por otra desgracia, ya no teníamos cosechas y lo peor estaba por venir.

Cuatro noches después del incidente del granero, nuestra casa es asaltada por ladrones profesionales, quienes roban todo nuestro dinero y pertenencias de valor. Los dioses posaban nubes de desgracia sobre nuestras cabezas, repetía mi hermano Li, cada vez que nos reuníamos a comer.

- La única solución es vender y mudarnos a la ciudad - repetía Li a menudo, hasta que mi padre, cansado de tantos problemas, aceptó la idea de vender las tierras.

Sin dinero, sin esperanzas, y sin las tierras que habían acompañado a todas las generaciones de mi familia, la familia se separó, mis hermanos se fueron a trabajar en la ciudad, mi hermana Shun entró a trabajar en un restaurante cercano a Yushu y mis padres compraron una pequeña casa en la periferia de la ciudad. Y lo mejor para mi, era enlistarme en el ejército. Así sería una carga menos y no sería un estorbo”.

II

“Me enlistaron y nos llevaron al norte de Quinghai para hacer el entrenamiento militar. En el ejército nos trataban peor que animales, nos despertaban con baldes de agua fría, nos hacían correr por horas y comíamos cosas peores que la basura.
Un día comenzaron a desaparecer mis compañeros cadetes; éstos eran enviados a realizar trabajos cerca de las montañas, pero no volvían. Una noche, burlamos la seguridad de las barracas, y con dos compañeros, Ku Han y Lao Fez, nos escabullimos a la base de la montaña del dragón.

- Mira Liu, son instalaciones militares también - me dijo Ku Han, mientras nos escondíamos tras unos arbustos.

- Puede que sea una base secreta del gobierno - comentó Lao - He escuchado que realizan experimentos atroces.

- Entremos a averiguar - dijo Ku Han – No sacamos nada con quedarnos aquí esperando.

- ¿No será muy peligroso? - exclamé, preocupado y con una poco de miedo.

- Hemos llegado muy lejos para dar pie atrás. Hay que descubrir el misterio de las desapariciones.

Las palabras de Ku Han me llenaron de valor y entramos. Los pasillos de la cueva estaban húmedos y daba la sensación de ser un lugar tétrico. A lo lejos se escuchaban pasos.

- ¡Cúbranse! – nos dijo Ku Han, líder por naturaleza - Debe ser un guardia.

Las sombras de los centinelas armados nos avisaban del peligro y pudimos escabullirnos entre los túneles hasta un cuarto con la puerta entreabierta. Decidimos entrar y para nuestro asombro vimos algo que no debíamos ver.

- ¡Por Buda! – exclamó Lao – llevándose una mano a la boca para evitar vomitar por lo espantoso de la situación.

Junto con Ku Han quedamos pasmados ante la escena. Cuerpos mutilados, miembros en frascos de cristal, y partes del cuerpo humano en lugares donde no deberían estar… separados los unos de los otros.

- Son nuestros compañeros - dije, al percatarme de los rostros de los malformados soldados.

En la profundidad de la caverna se escucha una voz dura y gastada por los años: un General que habíamos visto en el cuartel, Koji Tsé, el más grande de los generales de nuestra división, estaba hablando con una pantalla en la pared.

- Están los preparativos listos señor, nada puede retrasar nuestros planes. Los sujetos de prueba ya están en condiciones de ser “armados” nuevamente para insertar las partes robóticas.

- Perfecto. El plan va en orden. Conoces las consecuencias de fallar - respondió la figura que se escondía tras la pantalla.

- Sí, señor. Nada va a empañar la perfecta realización del plan.

- Muy bien Koji Tsé, ningún error será tolerado.

En ese momento Lao da un paso hacia atrás y choca con el estante que está al lado de la puerta. El movimiento bota un vaso que alerta al entrado en años General Koji.

- ¿¡Quién anda ahí!?" – preguntó Koji. Al no tener respuesta toma el radio que tiene en su escritorio – Seguridad, alerta naranja, peligro de intrusos – dictó decidido a los soldados.

- Hay que salir de aquí - dice Ku Han – Nos han descubierto”.

III

“A toda velocidad salimos del cuarto y corremos por los pasillos. Cuando vamos saliendo de la cueva nos divisan los guardias.

– Atrápenlos, ¡que no escapen!

Mientras dicen esto, logramos escapar y nos disponemos a escondernos en el cerro, pues los caminos estaban siendo vigilados.

- ¡Corran! En estas montañas hay miles de túneles escondidos, de la época feudal, aquí se escondían criminales y luego los monjes tibetanos cuando huían de la prohibición - nos cuenta Lao, quien nació y creció en estas tierras.

Las luces de las linternas nos perseguían muy de cerca, casi dejándonos al descubierto. Corrimos por casi una hora, por la montaña del dragón. Los guardias no nos podían dejar escapar ya que habíamos visto cosas terribles dentro de esas instalaciones militares ocultas. En un momento de silencio escuchamos los pasos de los soldados que nos perseguían. Lao nos lleva a una caverna que según sus propias palabras no había visto nunca. Pero justo antes de entrar nos ven nuestros perseguidores y entran tras nosotros a la caverna.

- Por aquí - dice Lao – Estos pasadizos son seguros, nadie entra a las cavernas, y menos de noche. He pasado mis días de niñez en esta montaña, casi puedo ver sin luz dentro de las cuevas.

Lo seguimos, y perdemos por unos instantes a los soldados que nos siguen. Una extraña fuerza me atrae a un túnel que había pasado por alto Lao, y yo también casi soy capaz de ver el túnel sin la necesidad de luz.

- Que extraño. He visto estos túneles antes, pero no recuerdo cuando - dije en voz baja, pues podía ser escuchado por los guardias armados.

- En un sueño, o hasta en otra vida puede haber sido - contesta Lao - En alguna encarnación pasada viviste en esta zona, o hasta podrías haber sido un monje.

Pero es una fuerza muy grande la que me atrae hasta el fondo de la caverna. Aquí extrañamente se encienden unas velas, y descubren un salón lleno de inscripciones en las paredes, con dibujos en blanco y en negro. Figuras sin sentido, que terminan en la cabeza de un dragón, con media cabeza pintada de negro y la otra mitad pintada de blanco. Sorprendidos, pero extrañamente sin miedo, nos acercamos a un altar en el fondo del cuarto.

- ¿Qué es eso? – pregunta Ku Han, dirigiendo su mirada a un extraño estuche con los mismos colores de ese dragón en el muro, sobre el altar.

En el momento en que abro el estuche se deja ver una cinta blanca adornada con el símbolo del yin yang en el medio. La tengo entre mis manos, cuando de pronto, escucho los pasos de los soldados atraídos por la luz de las velas que parecían de mil años.

- ¡Alto ahí, mocosos! - nos gritan los guardias, con metralletas en las manos - Nunca debieron entrar en la base. Se llevarán lo que han visto al infierno.

Congelado por el pavor, no puedo mover ni un músculo y presencio el acribillamiento de mis dos amigos, asesinados a sangre fría y hechos pedazos por una lluvia de balas. Mientras veo las balas salir de las armas, mi corazón late a una velocidad increíble y mi cuerpo se congela. No atino a nada más que poner la extraña banda en mi cabeza y vengar la muerte de mis amigos. La extraña cinta de blanco, al ponérmela tiene el color negro del otro lado, quedando la parte de color negro visible cuando la tengo puesta en la frente. Una luz ciega a los soldados”.

- ¡¿Qué es esto?! ¿¡Quién eres tú?! – pregunta uno de los soldados, asombrado frente a una figura oscura, sombría y que podía penetrar sus pensamientos con la mirada.

Ante la luz de las velas, esta sombra viviente se veía más aterradora y trasmitía un aura imponente y siniestra. Con movimientos certeros y rápidos, la sombra de un dragón atacó a los soldados. Una ola de golpes y patadas llevaron a encontrarse con la muerte a los guardias que seguían a los tres jóvenes.

- "La venganza es el instrumento de la justicia"- pronunció la sombra, antes de que los ojos del último soldado se cerraran para siempre.

Un par de minutos más tarde la sombra del Dragón está en la cima de la montaña, observando el amanecer de un nuevo día, contemplando el mundo que lo ve de nuevo despertar en el cuerpo de un muchacho que tiene mucho que aprender para manejar este inmenso poder, que es su karma y su bendición.

"Despierto en la cima de la montaña, con la cinta de dos colores en las manos y con extraños recuerdos en mi mente, y con la convicción de que cuando se presente el mal, va haber alguien quien le haga frente".


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*Deidad china de la lluvia y el rayo.
*ciudad de la provincia de Quinghai, en China.


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