12.11.08

Animal #1

“Espíritus perturbados”
Historia: Zirijo.

I

Diario de viaje.

Lamentablemente la relación entre el hombre y la naturaleza es, de manera irremediable, la destrucción.

Extracción de petróleo, celulosas, represas.
Veneno, contaminación, muerte.

Son esas cosas las que me llevan a querer ser más un animal que una persona, pero como ya no lo fui, trato de hacer la comunicación entre hombres y naturaleza, lo menos destructiva posible.

11 de Enero.

Pedí vacaciones para poder venir al sur del planeta, América Latina, para observar con mis propios ojos el progreso. Millones de dólares invertidos en burlar las regulaciones y tratar de sacar el mayor provecho de un pedazo de tierra fértil. La madre naturaleza no se merece esto.

Sonó mi celular. Mi jefe.

- Tim, ¿cómo estás? ¿Cómo van las vacaciones en Suramérica? – pregunta desde su oficina en Washington.

- Bien George, he visitado muchos lugares. He estado en Chile, Argentina, Ecuador, y ahora estoy en Brasil, en Río de Janeiro. Mañana parte mi avioneta para adentrarme en la selva.

- Ten cuidado con esos viajes. Como biólogo entiendo que te preocupes con lo que pase con la tala de árboles en el Amazonas, pero la travesía es muy peligrosa.

- No te preocupes por eso George. Voy acompañado de personal especializado, conocen la selva como la palma de sus manos.

Cuando termina la conversación con George estoy de camino al Hotel en donde me hospedo.

He presenciado los peores desastres naturales en toda América Latina. Derrames de petróleo, celulosas que contaminan lagos, la privación de la tierra a las especies autóctonas, entre muchas otras. Pero en Brasil, la tala indiscriminada es un problema gigantesco, pues son los pulmones del mundo. Están acabando con la fuente de oxígeno de la humanidad.

Mi vuelo salió a las 8 a.m. del día siguiente.

II

12 de Enero.

Eran las 11 de la mañana y el sonido del viento, chocando contra nosotros, era ensordecedor.

-Capitán, ¿Cómo se ve la situación? - le pregunto en portugués a Cequinha, el capitán de la avioneta.

-Por la visibilidad, y por las condiciones climáticas, es mejor descender y emprender la travesía por tierra - me responde, seguro de lo que hace, volar sobre estas tierras.

Descendimos en el aeródromo de Tabatinga, donde la entrada en la selva es más rápida, hacia al lugar donde tenía datos que se realizaban talas de foresta.

Cuando bajamos al pueblo, nos dispusimos a encontrar un guía y personas que quisieran ayudarnos con las cosas. Encontramos un bar del lugar, donde se juntan los caza-fortunas y aventureros locos.

Comenzamos a hacer preguntas, pero la mayoría no quería ayudarnos. Nos hablaban de espíritus que habitan la selva. Consultamos con varios tipos y uno nos contó una historia…

- “Hace mucho tiempo llegaron unos monstruos desilusionados a esconderse a la selva. Sus gritos y lamentos espantaban a todo mundo, pues querían estar solos. Habían perdido la fe en los hombres. Cayeron bajo una horrible maldición, obligándolos a vagar como esencia entre los árboles y animales, hasta que alguien los libere cre…”

- ¡Puras fantasías! - interrumpió un hombre que está en la entrada a la taberna - Historias de gente miedosa que busca excusas para no estar en la selva.

- ¿Quién es usted? - pregunté - ¿Acaso no le teme a los espíritus de la selva?

- Soy Joao, y la respuesta es que… ¡por supuesto que no! Esas son solo patrañas. Esta gente a lo que realmente teme es a los narcotraficantes y a los taladores de árboles.

- ¿Narcotraficantes?

- Si. Ellos usan la selva como corredor para trasladar su mercancía, y así financian a los taladores de la selva, sobornándolos y haciendo una especie de lavado de dinero. En estos negocios se gana mucho dinero.

- ¿Usted nos llevaría hasta el corazón de la selva? - le pregunté ingenuo.

- Estoy lo suficientemente quebrado económicamente y loco para aceptar tamaña oferta, así es que ya tiene un guía. He explorado esta selva desde que era un mocoso. Sé todo lo que hay que saber.

- ¡Excelente! ¿Puede conseguir en un grupo de gente para salir mañana en la mañana?

- Sí - responde rápidamente - Tengo varios amigos igual de quebrados y locos, no hacen caso a las fantasías de estos aldeanos.

- Se arrepentirán de molestar a los espíritus de la selva - interrumpió el sujeto con el que hablaba - un espíritu perturbado es peor que la muerte.

Con esas palabras decidí tomarme el día libre y pensar en la excursión de mañana.

13 de Enero

Casi al amanecer partimos en la excursión de mi vida. La idea es registrar y recoger evidencia sobre las atrocidades naturales que están dispuestos a realizar los hombres por dinero.

Sentí que desde el primero momento en que pisé la selva, los espíritus que reinan aquí hacen su aparición. Sonidos extraños, lamentos, gritos y chillidos cantan a coro tétricas melodías, con la intención de ahuyentar a quien ose pisar estos paraísos en la tierra.

Caminamos medio día y nos detuvimos en un claro para descansar y comer algo antes de seguir adelantándonos en la jungla amazónica.

- Tim, ¡esto es una locura! - me dice Cequinha, interrumpiendo mis pensamientos - Nunca debimos adentrarnos en la selva. Nos llevará días llegar a donde quieres ir.

- Esa es la idea, mi querido Cequinha. Descubrir los misterios de la selva y detener por sorpresa a los taladores. Esos bastardos destruyen todo lo que es bello, por un puñado de dinero.

Mientras hablaba con Cequinha, Joao hablaba con sus hombres, todos fieles al loco guía, sobre algo que no logro escuchar.

Nos preparamos para partir y continuar con la aventura.

III

16 de Enero

Fue todo un error. Jamás debimos entrar en esta selva maldita.

Hace días que somos prisioneros de los narcotraficantes. Ese maldito de Joao nos traicionó.

Mientras conversaba con Cequinha, Joao y sus cómplices planeaban como llevarnos con los narcos y los taladores de la selva.

- Seguiremos hacia el oeste – conspiraba Joao – Tal como estaba acordado, y en el Claro del Diablo, correremos en diferentes direcciones. Lo demás se lo dejamos a Javier y sus hombres.

Continuamos con nuestro viaje, y de un momento a otro, llegamos a otro claro en la selva, el llamado Claro del Diablo, donde tras escuchar un alarido de la selva, Joao y sus hombres desaparecen de improviso. Somos capturados por una banda de sujetos encapuchados.

- Estás perdido, maldito ambientalista - me dice uno de los encapuchados - El jefe estará encantado de verte.

Amarrados, amordazados y encapuchados, nos llevaron por senderos indescriptibles, en un laberinto de la selva. Los animales, en la oscuridad de la selva, estaban vueltos locos. Sus gritos eran horripilantes, era como si los estuvieran torturando.

Llegamos al campamento de narcotraficantes y somos llevados donde Javier, líder de la banda, siendo interrogados a golpes y encerrados en una jaula. Somos tratados como verdaderos animales.

- Timothy Valentine, ¿no es así? – me pregunta Javier - Biólogo de la fundación “Un Planeta Para Todos”. ¿Qué es lo que haces aquí, basura ambientalista?

- Vengo a denunciar a puercos como ustedes, que no tienen compasión por la selva ni por la vida que esta alberga - le contesto furioso.

- JA JA JA, me entretienes Boy Scout. Tú no sabes cómo es la vida. Allá, alejado de la realidad de estar en un país de mierda. Tú, con tu conciencia ambientalista que compraste en una tienda, no sabes nada de vivir en una realidad como esta.

- ¿Acaso esta es la mejor solución que se te ocurrió? - lo interpelo -Arrasar con lo que queda de vida natural en este planeta, solo porque no tienes el dinero suficiente para vivir como quieres… ¡te comportas como un niño!... ¡¡Aaarg!!…

Soy interrumpido por un balazo en la pierna, soy callado a golpes y me llevan a mi jaula. Caigo desmayado en un instante.

Despierto con mi diario y la herida curada a medias. “Por lo menos no moriré”, pienso, y miro a mi alrededor. El olor a muerte es el que reina el lugar. Hay otras personas en otras jaulas más alejadas, con las cuales no puedo hacer contacto, pues hay un guardia que nos vigila. Se acerca cuando ve que he despertado.

- Javier permitió que conservaras tu patético diario de viaje para que des cuenta de cómo en realidad es la vida, para que te arrepientas en cada uno de los días que te quedan de vida, de la estupidez que estás haciendo… los cuales no creo que sean muchos.

El bastardo se aleja riendo, como si hubiera ganado una guerra.

Por las noches, los gritos en la selva son ensordecedores, no dejan dormir a nadie, y a ratos se callan con el disparo de una metralleta. Me dicen que mañana al amanecer seré ejecutado, como ejemplo para que nadie se interponga en el camino de los narcos. Sería el peor de todos los finales. Esta noche rezo. No suelo hacerlo a menudo, pero rezo para que la selva haga algo para proteger a los que aún damos un nuestra vida para protegerla a ella.

IV

- ¡Despierta, condenado Hippie! Llegó la hora de que sirvas para algo.

Esas son las primeras palabras que escucho al amanecer. Me amordazan y soy llevado por la selva. Mi rostro es sereno, pero mi alma pide a gritos que alguien me ayude.

- Escucha, Boy Scout, ¿quieres decir algo antes de morir? - me pregunta Javier, con una sonrisa macabra.

- Sí. Solo que personas como tú, hacen que las personas, y hasta los monstruos de las historias, pierdan la confianza en la raza humana y en su capacidad de cuidar lo que nos rodea. Pero siempre hay un grito de esperanza que nos guía a seguir en pié. Yo podré morir, pero mis ideales seguirán combatiendo contra la gente como tu, que solo busca una recompensa material. No permitiré que este tipo de cosas ensucie el potencial creador y protector que pueden tener las personas.

Aplaudiendo, Javier, me responde irónicamente.

- Grandes y poderosas palabras, Boy Scout… pero la verdad es que este mundo está hecho para el beneficio del hombre, cueste lo que cueste, y si eso me lleva a tener que matarte, eso me hace feliz – y con un repentino cambio de voz, gritando alterado, da la orden - ¡disparen!.

Escucho la orden y cierro los ojos. Es un acto reflejo, porque la verdad es que quería ver a los ojos a los infelices secuaces del mal nacido de Javier, pero no puedo. Con los ojos cerrados pienso en todo lo que he visto en mi viaje, personas preocupadas por los desastres que produce el progreso. Este supuesto progreso que hace todo lo que es necesario para obtener un beneficio al corto plazo. Veo personas preocupadas del medio ambiente, y veo también solidaridad, amor y compromiso por la casa justa que es cuidar lo que nos rodea.

Escucho los disparos, pero luego un silencio que lo embarga todo. Pienso que he muerto, pero al abrirlos, me doy cuenta que una sombra tapa mi vista. La espalda de un ser gigantesco se interpone entre las balas y yo. Sigo sorprendido cuando esa bestia se abalanza en contra de los secuaces de Javier. De un solo manotazo los deja fuera de combate.

El monstruo trae consigo a la fuerza de la selva, destruye todo lo que se le cruza por delante, dejando hecho añicos el campamento de Javier. Los narcos, en sus vehículos, embisten a la bestia salida de un cuento de terror, pero esta toma los vehículos, y los manda a volar. Con un rostro semejante a un león, y la fuerza de mil humanos, el gigante de la selva toma las armas de los narcos y las destruye, como si de arrugar un papel se tratara. Libera a las personas que había en las jaulas, presas por tratar de detener a Javier, las olfatea, y las deja ir en paz, corriendo de extremo a extremo del campamento, destrozando los cimientos de todo. Algunos de los hombres de Javier escapan a la selva para resguardarse. Otros, al intentar detener al monstruo, caen muertos por la fuerza de esta criatura. Alocado, el ser no distingue entre detener y matar, abalanzándose contra todo lo que trate detenerlo.

El ultimo en quedar en pie es Javier. La bestia selvática así se lo permite. Sus palabras son profundas y su voz es casi inentendible.

- Por personas como tú, nuestras almas dejaron de creer en la gente. Ahora pagarás por lo que le has hecho a los hermanos árboles y a las criaturas que vivían aquí en paz.

Me interpongo entre la magnifica bestia y Javier, gritando a los cuatro vientos.

- ¡¡No!! Las cosas no se solucionan así, estarías cayendo en su juego fácil. Este hombre debe pagar ante los hombres…

20 de Febrero

Decidí seguir escribiendo en el diario de viaje. Es necesario que todo esto se sepa.

Entregamos a Javier ante la justicia de su país, para que sea enjuiciado y no vuelva a ver la luz del día en libertad, en mucho tiempo. Y con ese ser torturado del que hablaban las leyendas, sostuve una interesante conversación.

- Así que eres el de las leyendas, el ser torturado por haber perdido la fe en los hombres.

- Sí, pero tu última oración nos hizo entender que no todos los hombres son iguales. Gracias a ti desperté de nuevo, pero me sobrepasé. Antes, en otro tiempo, fui muchos héroes al servicio de las personas, pero las personas no cuidaban de lo que tenían, no respetaban lo que les daba todo lo que necesitaban para vivir. Eso nos molestó y vinimos a escondernos, pero ahora somos uno solo, con la naturaleza y la verdad es que hay que pelear, hasta las últimas consecuencias por lo que uno cree.

- ¿Y… cómo podemos llamarte? Bestia de la selva, monstruo, gigante… ¿Cómo? – pregunté, curioso.

Y me contesta tan sereno como el océano.

- Sólo llámame Animal.


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