26.8.08

Blackbird #0

Historia: Rodrigo Roa

I

Adam Johnson parecía estar conforme con lo que veía, aunque tampoco tenía por qué quejarse. Realmente le parecía que la señorita Cat O’Neal estaba siendo demasiado amable al ofrecerle un lugar para quedarse, sobre todo, considerando que Adam no tenía mucha seguridad de cómo iba a pagarlo.

- Es muy amable, señorita… - dijo tímidamente Adam.

- Llámame Cat – respondió ella – La verdad es que no tienes por qué agradecerme. Mira, esta puede ser tu habitación.

Y mientras decía esto, le señalaba una amplia pieza, donde Adam vio que podría estar cómodamente instalado.

- Muchas gracias… le prometo que en cuánto pueda le pagaré…

- No te preocupes Adam, luego solucionaremos eso – le interrumpió Cat – Por ahora preocúpate de instalarte aquí, y de ordenar tu vida. Te dejo, luego hablamos.

- Por supuesto. Hasta pronto, señori… Cat.

Cat dejó la pieza con una sonrisa, y cerró la puerta tras de ella.
Adam se dirigió a la ventana que daba hacia la calle. Su pieza estaba en el segundo piso de la acogedora casa de Cat O’Neal, ubicada en un tranquilo barrio de la zona norte de Angalileo. Adam abrió su ventana y observó el barrio. Se sentía extrañamente cómodo allí.

De pronto, el joven fijó su vista en la casa de enfrente, más precisamente en su entretecho. Allí, una familia de aves tenía su nido, y el mayor de ellos, un gran pájaro de color negro, protegía al resto de los suyos del ataque de otro pájaro. Entonces, recordó a ese pájaro negro que lo había mirado fijamente. Adam miró con atención esta escena, porque le hacía sentir algo en su interior, una extraña sensación de que era algo importante, de que la vida le estaba señalando algún tipo de mensaje…

II

Al día siguiente, Adam se dirigió a la sede central de la Universidad de Angalileo. Le parecía una buena idea estudiar alguna carrera, pero no sabía si podría ingresar a esa institución, ya que no tenía ningún antecedente académico. En ese momento se preocupó por no conocer prácticamente nada de su pasado. ¿De dónde venía? ¿Por qué no recordaba nada? ¿Cómo es que simplemente despertó en este mundo?

Esas preguntas daban vueltas en su mente, pero creía que debía empezar por algo. Debía ordenar su vida para encontrar algunos detalles que aclararan sus pensamientos. Además, no podía esperar que la señorita O’Neal lo soportara por siempre sin hacer nada, así que pensó que debía convertirse en alguien de alguna utilidad.

En esto pensaba, cuando llegó a la Universidad. Se notaba un lugar amplio, aunque aún en reconstrucción, como ocurría en muchos otros casos en todo el mundo. En sus oídos sonaba una canción que le parecía especial. Comenzó a recorrer el campus, buscando la oficina del Decano, con quien tenía una cita pedida con anticipación. Esperaba que él pudiese autorizarlo a entrar a la U. Guiándose por los mapas que habían por todo el Campus, llegó hasta el edificio central, donde se encontraba la oficina del Decano. Entró y se dirigió directo hacia allá. Una vez que fue su turno, entró en su oficina, y fue directo al grano. Preguntó por sus posibilidades y las exigencias que la Universidad tenía para aceptarlo.

Luego de una corta charla, Adam comprendió que no sería tan fácil. Debía antes pasar las etapas previas, y demostrar con un certificado que tenía el nivel para postular a la Universidad. Además, debía pensar que carrera quisiera seguir, por lo que sus problemas estaban recién empezando. “Antes, debo ir a una secundaria entonces”, pensó.

Salió del edificio del Decano aún más confundido de lo que había llegado, y comenzó a caminar sin rumbo por el Campus. Así, llegó frente a un edificio más pequeño que otros que había visto. Vio que allí había varios grupos de personas que conversaban amenamente, y notó que en uno de los grupos había una joven que parecía ser quien dirigía la conversación. Ella era el centro de ese grupo, aunque eso era solo lo que le parecía a Adam, y no tenía forma de saberlo con certeza. Pero aún así, le pareció notable la atención con la que el resto escuchaba a esa joven, y el rostro de seguridad que ella tenía al hablar. Adam se quedó absorto observando esto, hasta que se escuchó un repentino ruido a lo lejos.

Muchos corrieron, y Adam no fue la excepción. Al mirar hacia la salida del Campus, se veía la razón del alboroto. Un hombre vestido con un traje militar de color negro y armado hasta los dientes, con extrañas y potentes armas, disparaba hacia al aire, llamando la atención de todos, en una actitud amenazante.

Adam pensó que debía hacer algo, pero antes de que pudiese moverse, una silueta pasó corriendo por su lado en dirección al hombre de las armas. Y era la silueta de una chica…

III

La situación en el Campus era bastante peligrosa, y ya habían varios heridos. En ese momento, el hombre de las armas habló.

- ¡Así me prestarán atención! – dijo, disparando una metralla al aire - ¡Soy Heavy! Y ha llegado el momento de que me consideren como el peligro que realmente soy. ¡Y ahora sí que nadie podrá detenerme!

La gente estaba en pánico. Personas corrían en todas las direcciones, pero nadie hacía nada en concreto. En ese momento, una joven se paró valientemente frente a Heavy, y le gritó.

- ¡Hey! ¡Vete de aquí! Somos más en número y si nos organizamos podemos patearte el trasero fácilmente.

La joven esperaba que su ejemplo motivara al resto a perder el miedo y hacer algo, en conjunto. Pero por ahora sólo lograba las burlas de Heavy.

En ese momento, Adam, impresionado por la valiente actitud de la chica, la misma a la que había observado y en la que había notado una decisión y un liderazgo deslumbrantes, decidió que no podía quedarse de brazos cruzados, y sin pensarlo más, corrió hasta donde estaba la joven.

- Ella tiene razón – dijo repentinamente – Será mejor que te vayas, tipo.

Adam miró a la joven y le habló suavemente, para que Heavy no escuchara.

- Ve a ayudar con la evacuación. Las personas te escucharán. Yo me encargo de este tipo.

La joven lo miró. No confiaba en que Adam pudiese hacer algo al respecto. Pero Adam insistió. Y la joven comprendió que debía usar ese liderazgo que Adam había visto en ella para organizar la evacuación. Asintió y se dirigió a la salida, mientras Adam se interponía entre ella y Heavy.

- Así que esta es la rebelión de los estudiantes – dijo burlescamente Heavy – Pues, jódanse.

Y acto seguido, apuntó su metralleta hacia Adam. Sorprendido, no atinó a hacer nada, y el miedo se apoderó de él en cuestión de segundos. Heavy apretó el gatillo, y las balas salieron en dirección al joven.
En la mente y el alma de Adam sólo había un concepto, “miedo”. Por instinto, Adam levantó sus brazos, pero ocurrió algo inesperado. Súbitamente brotó una extraña energía negra de ellas. Las balas que iban hacía él no pudieron atravesar esa capa de energía, que sirvió de escudo. Lo que menos se esperaba Adam era algo como esto, y no podía creer que hubiese ocurrido. Sorprendido, miró sus manos. No tenía ni un rasguño.

Heavy, igualmente sorprendido, titubeó unos segundos, pero luego apuntó y nuevamente apretó el gatillo. Una vez más, el miedo dominó a Adam, pero no se movió. Y nuevamente esa energía negra que emanaba de su cuerpo detuvo las balas.

- ¡¿Qué eres?! – preguntó confundido Heavy.

Pero Adam no respondió. Ahora sus sentimientos se enfocaban en la ira contra un sujeto que ponía en peligro la vida de inocentes y sin razón alguna. Entonces, la energía negra creció, y Adam la dirigió hacia Heavy. El villano no supo cómo reaccionar, y se quedó inmóvil. Y la energía brotó de Adam como un aura de poder que golpeó a Heavy y lo lastimó, lo suficiente para que soltara su arma.

El villano, sin comprender nada, se levantó, y corrió, abriéndose paso entre la multitud con disparos, hasta perderse sin que nadie pudiese alcanzarlo.

Adam volvió a mirar sus manos, pero no comprendía del todo lo que había pasado. Miró a su alrededor, y vio que nadie más había notado esto, ya que todos estaban ocupados huyendo. Entonces, Adam buscó a la joven que había conocido en esas extrañas circunstancias, y tal como esperaba, notó que ella había dirigido el escape. Y algo se encendió en el alma de Adam, y su mente se despejó…

IV

- Hola. Soy Adam.

- Extraña circunstancia para conocernos – dijo ella sonriendo - Soy Sophie.

Adam vio en Sophie algo que no conocía, pero que lo inspiraba. Pero no pudo desarrollar mucho esta idea, ya que ella habló de inmediato, poniéndolo en aprietos.

- ¿Cómo lo hiciste para espantarlo?

- Eh… la verdad… yo sólo tuve suerte – dijo atropelladamente – Tampoco entendí mucho por qué huyó.

En la mente de Adam rondaba una idea. Recordó lo que vio en el nido de los pájaros, frente a su ventana, temprano ese día. Recordó como ese pájaro negro defendía a quienes le importaban, como se entregaba por completo a ello, porque tenía la capacidad de hacerlo. Y recordó también la inspiración que Sophie le había dado, para ser valiente y usar sus capacidades sin ser egoísta, incluso hasta sacrificar algo, y tomando el riesgo hasta los límites que su voluntad le impusiera, sólo para ayudar en momentos de necesidad.
El silencio de Adam motivó a que Sophie hablara.

- Y… ¿estudias aquí?

- Eh… no, la verdad es que sólo estaba aquí hoy, pero aún no estudio aquí… ¿tú sí?

- Si. En esa facultad – dijo, señalando el edificio que había visto antes Adam – Estudio Psicología.

Adam aún estaba ensimismado, así que decidió que sería mejor volver a casa.

- Lo siento, Sophie. Debo irme. Espero que nos veamos otro día… de verdad me agradó hablar contigo.

Se despidió, y caminó rumbo a su casa. Sophie quedó extrañada por este misterioso chico, pero presentía que lo volvería a ver. Pero además, se alegró, porque en sus ojos encontró cierta confianza, cierta complicidad que la tranquilizaba.

Una vez en casa, Adam miró por su ventana. Le pareció que los pájaros negros se veían majestuosos. Recordó también la canción que había escuchado temprano, y que lo inspiraba, y decidió comenzar con algo. Tomó unos trapos y comenzó a diseñar. No se daba cuenta de cómo estos hechos cambiarían su vida para siempre.

V

Esa noche, Adam durmió muy poco. Se quedó hasta tarde trabajando en su loca idea. Sentía una curiosa inspiración, después del intenso y significativo día que había vivido.
Después de varias horas, se recostó y se durmió profundamente.

Al día siguiente despertó muy tarde, cuando notó que una de sus cortinas estaba abierta y el sol entraba por ese espacio. Se levantó, y notó que además, su puerta estaba levemente abierta. Miro a su alrededor, y su vista se detuvo en el traje que había estado diseñando. No estaba seguro, pero le parecía que lo que había hecho la noche anterior no estaba tan avanzado. Lo tomó, lo revisó y notó que de alguna forma, su diseño y su trabajo habían sido mejorados. Abrió su puerta y recorrió la casa, pero no había nadie.

Extrañado, decidió retomar su trabajo. Lo que le inspiraba era una serie de extrañas sensaciones, que no sabían si eran recuerdos, o simples emociones provocadas por lo ocurrido desde que despertó, o bien una mezcla de todo. Pero sentía responsabilidad de hacer algo, porque descubrió que tenía la capacidad de hacerlo.

Así, inspirado por el ejemplo de otros defensores, y un poco por lo que le había transmitido esa chica, Sophie, decidió transformarse en una figura que diera tranquilidad a las personas, y les protegiera de amenazas impensadas. El traje, inspirado por los pájaros negros que había visto frente a su casa, debía ocultar su verdadera identidad, ya que no estaba seguro de poder soportar la presión de ser un símbolo, y necesitaba cierta tranquilidad que le permitiera equilibrar sus emociones.

- “Emociones” – pensó – “mis extraños… poderes… o lo que sean… se manifestaron en momentos de gran emoción…”

Esa noche, Adam se durmió tratando de entender cómo funcionaban sus habilidades, además de intentar trazar un plan de lo que haría a continuación.

Al día, siguiente, una vez más, su traje amaneció mejor terminado de lo que él lo había dejado. Y así ocurrió día tras día, hasta que lo hubo terminado. Su imagen estaba lista, y era hora de dar un nuevo paso. Adam se puso su traje, y comenzó a recorrer la ciudad, observando, aprendiendo y ensayando. Debía prepararse para ser lo que quería ser. No sólo debía disfrazarse, sino que debía convertirse en un defensor, un verdadero héroe.

Adam se paró en la parte más alta de la ciudad. Observó y se sintió como volando. “Seré Blackbird”, pensó, y comprendió que su momento se acercaba.

Mientras, en cuanto vio aparecer a Blackbird, Cat O’Neal sonrió, satisfecha…

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