27.4.08

Mirox Zero: Capitán Cometa (Parte 2)

Historia: Rodrigo Roa

V

La ciudad de Angalileo estaba en un estado de tranquilidad poco común esa noche. En parte la aparición del cometa O’Neal-Sheer, y en parte el ritmo desenfrenado del día, eran los responsables de que la ciudad descansara a esas horas. La gente que estaba en las calles miraba el cielo o simplemente disfrutaba la suave brisa que regalaba esa noche de Junio.

Pero pronto los gritos de terror se apoderaron de la calma de las calles. Una extraña criatura, llamada burlescamente “el hombre castor” por sus antiguos opresores, dejaba libre su furia largamente contenida, destruyendo todo a su paso, hiriendo a quien se le cruzara.

- ¡Burlense ahora! – gritaba y gruñía, causando miedo, vengándose de todo el dolor que le causaron en sus días enjaulado, siendo considerado menos que un animal.

La situación se había salido de control. La policía no había tenido éxito y la criatura seguía avanzando.

Mientras, unos brillantes ojos observaban ocultos en la oscuridad, esperando su momento.


VI

Kathreen fue la primera en ver a Jack inconsciente. Llamó a sus hijos y a James, y decidieron llevarlo a un hospital. Subieron a su auto y se dirigieron a la ciudad. Jack no reaccionaba y la preocupación creció. La mano de Jack, apretada, contenía el gran secreto de lo que había pasado aquella noche bajo el cometa.

Jack fue ingresado de urgencia al hospital, y extrañamente no se detectó nada más que un desmayo, por lo que fue dejado en reposo, aún sin reaccionar.

Jack quedó solo por un momento. En la sala donde reposaba se pasó del silencio al alboroto, ya que por las ventanas entraban los gritos de las personas que veían como la extraña y furiosa criatura atacaba sin dudar a todo lo que le pareciera.

De pronto, una gran luz salió de la mano apretada de Jack. Abrió los ojos, y comprendió lo que debía hacer. Alzando la mano con el Núcleo en ella, sus ropas se transformaron y el poder lo invadió; había nacido el Capitán Cometa.

Volando, salió del hospital y se dirigió a donde sabía que debía ir: enfrentar a la criatura, salvar y proteger. Era su responsabilidad, era su misión.


VII

Las personas vieron descender a un hombre con un cometa en su pecho en pleno centro de Angalileo. Era algo que nunca antes se había visto, por lo que la sorpresa era general.

Incluso la criatura se detuvo, y lo observó maravillado.

- Detén esto – exclamó apenas pisó el suelo, dirigiéndose a la criatura.

Pero ésta sólo gruñó y lo atacó directamente.

El Capitán respondió creando un campo de fuerza y luego lanzandole un fuerte golpe que lo alejó varios metros. Así comenzó un corto combate, en la que el Capitán siempre tuvo la ventaja. La criatura nunca tuvo respuesta y cayó una y otra vez ante el poder del defensor.

- Ríndete y acompañame, te ayudaré.

- Yo… ¡no necesito tu ayuda! – respondió la furiosa criatura, y se lanzó en una rápida huida.

El Capitán Cometa lo siguió, pero la criatura trató de perderlo entrando en un oscuro callejón. Cuando lo alcanzó sólo vio una brillante luz que se desvanecía, y una voz le dijo:

- Interesante… y se pondrá aún más.

- ¿Quién eres? – preguntó el Capitán.

- Un diamante brilla como nada más, y trae gran poder; es lo más adorado. ¡Yo soy el Diamante!

Y se desvaneció por completo, al momento que un fuerte rayo proveniente de su estela impactaba al Capitán y lo lanzaba hacia atrás. Luego, silencio.

Las personas ensimismadas esperaban alguna respuesta, y no creían que esto ocurriese en la vida real. En el cielo, aún brillaba el cometa. El Capitán se levantó, quizás tan sorprendido como ellos, pero respiró profundo y les dijo en voz alta:

- Tranquilos. Soy el Capitán Cometa y estoy aquí para protegerlos a ustedes y a toda la Tierra – miró al cielo y unas palabras se vinieron a su mente – ... Cuando me necesiten, estaré.

Enseguida se elevó y un segundo cometa se vio en el cielo de la ciudad, mientras su nuevo defensor se alejaba.

Había comenzado su misión, y la Tierra había comenzado a cambiar.


VIII

En algún lugar sombrío y solitario, dos figuras muy dispares entrelazan sus historias.

- Sé lo que has sentido, y sé que necesitas. Te daré la consideración que siempre has deseado. Te veo como un humano, no como una bestia… ¿cómo he de llamarte?

- Yo… nunca he tenido un nombre. – respondió la criatura – Me llamaron “hombre castor”. Pues bien, seré Beaver, ¡pero ya nadie se burlará de mi!

- Así es… Beaver. Y lo único que requiero es tu servicio absoluto.

- Hecho, señor…

- Diamante. Estás al servicio del Diamante. Hoy comienza tu verdadera vida, ¡y que el mundo se prepare!

El lugar se iluminó completamente, y ambas figuras se desvanecieron en el brillo. Luego, todo fue oscuridad.



_

1 comentario:

zirijo dijo...

keo hombre castor homobre!


wuena...todo venia a la mente como si presenciara la aparición de este sujeto conm un cometa en el pecho...

diamante...cometas...brillo..



wareomarmotamon